Recordando a Siqueiros

David Alfaro Siqueiros nació en Chihuahua en 1898. Gran pintor, tal vez la figura máxima –junto a Diego Rivera y Clemente Orozco– del muralismo mexicano. Tributario de la estética expresionista y la concepción que le exigía su ideología política. Su pintura aunó la tradición popular mexicana con el surrealismo y el expresionismo europeos.

De joven se alistó en el ejército para luchar por la Revolución, una experiencia que lo llevaría a descubrir «las masas trabajadoras, los obreros, campesinos, artesanos y los indígenas… y, por sobre todas las cosas, las enormes tradiciones culturales de nuestro país, particularmente en lo que se refiere a las extraordinarias civilizaciones precolombinas».

Influenciado por ello, tampoco fue menor la huella que dejaron en él los tres años que pasó en Europa. Ambas experiencias determinaron su filosofía artística.

Por el aburguesamiento de la Revolución Mexicana se deterioraron sus relaciones con el gobierno. Su afiliación al partido comunista de México y su participación en la fundación del Sindicato de Artistas hicieron que dejara de recibir encargos «oficiales».

Reinicia su vida artística en los años 30. Su militancia determinó su compromiso. Pasó varios meses en la cárcel por su participación en una manifestación de 1º de mayo, y fue enviado al ostracismo interno en Taxco. En 1936 luchó en la Guerra Civil española, junto al ejército republicano. Fue desterrado a Chile por su posible participación en el asesinato de Trotsky. En 1960 fue otra vez encarcelado.

David Siqueiros aunó socialismo revolucionario y modernidad tecnológica. Decía que la naturaleza revolucionaria del arte no dependía sólo del contenido de sus imágenes sino de la creación de un equivalente estético, ético y tecnológico.

Su vida artística está marcada por la voluntad de crear una pintura mural innovadora.

Adaptó sus composiciones a lo que llamó la «arquitectura dinámica», basada en la construcción de composiciones en perspectiva poliangular. Estudiaba los posibles recorridos de los espectadores en los lugares de sus murales y definía así los puntos focales de la composición. Llegó a usar una cámara de cine para reproducir la visión de un espectador en movimiento y ajustar más eficazmente la composición a esa mirada dinámica.

Creó un Taller Experimental en Nueva York. Las prácticas del taller trataban de integrar la arquitectura, la pintura y la escultura con los métodos y materiales ofrecidos por la industria. Experimentaba a partir del «accidente pictórico», la práctica de la improvisación con técnicas como el goteo de pintura y las texturas con arena. Los chorreones y salpicaduras dejadas caer sobre el lienzo fueron una práctica gestada en el taller de David.

El mural que realizó en la sede del Sindicato Mexicano de Electricistas bajo el título “Retrato de la burguesía”, recoge el aprendizaje obtenido tras las investigaciones efectuadas a lo largo de toda la década de los 30 y constituye una de las obras murales más significativas del siglo XX.

Si en este último, el uso de la fotografía documental dota al mural de un espíritu de contemporaneidad, en “Nueva Democracia” (Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México) construye un icono del triunfo de la libertad. La pintura tenía dieciséis metros de longitud, pero para él no era más que «un cuadro grande»; las únicas obras que, según él, merecían el nombre de murales eran las que se articulaban con la arquitectura.
Pudo hacer realidad el proyecto que ocupó sus últimos años, el Polyforum Cultural Siqueiros (1967-1971, Ciudad de México). El edificio, concebido por el mismo pintor, es un dodecaedro totalmente cubierto por murales en cada uno de sus lados, cada uno con un tema diferente.

En el techo abovedado del piso superior pintó “Marcha de la humanidad en América Latina hacia el Cosmos”, para cuya contemplación los observadores se colocan sobre una estructura móvil que gira siguiendo el sentido narrativo de las imágenes, mientras un juego de luz y sonido hace más vívida la experiencia.

Lo espectacular del proyecto supuso un gran logro como empresa colectiva que aglutinó a un equipo enorme de técnicos y artistas, a los que Siqueiros supo infundir el gran ideal de un arte socialmente revolucionario.

El 6 de enero de 1974, en Cuernavaca,  murió el gran muralista mexicano David Alfaro Siqueiros.

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