Reflexiones sobre Chipre

Del Euro no se sale. Esta es la primera cuestión que, por si alguien tenía dudas, queda clara. El mundo de la hegemonía estadounidense se está acabando. El nuevo, aún por definir, parece estar organizándose en torno a tres polos: Los Estados Unidos, China, que le disputa ya abiertamente el liderazgo de la zona Asia-Pacífico, y Eurolandia, con Alemania a la cabeza.
 
Hay confusión en cuanto a quién  ha tenido la idea de confiscar ahorros en depósitos por debajo de 100 mil euros. Se habla en general de la troika, es decir del Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea.
 
Desconozco los detalles, pero la cuestión merece ser analizada. Existen dos posibilidades.
 
Primera, que Alemania haya tomado la decisión. Lo cual constituiría un grave error, ya que introduciría un fuerte factor de incertidumbre en su propia zona. Y ello pagando un coste muy elevado, mucho mayor que la propia suma del rescate chipriota (10 mil millones de euros, más o menos el agujero de una vulgar caja de ahorros española).
 
Segunda, que, como dice Schauble, ministro de finanzas alemán, la idea haya sido de otros. Esos otros no podrían ser más que el Banco Central Europeo, es decir Draghi, es decir, un hombre de Goldman Sachs y de los mercados internacionales, que suele actuar de la mano del presidente de la Fed, Bernanke (a los dos se les conoce como Thelma y Louise por su alocada carrera hacia el abismo). O, quizás se trate del FMI, que, aunque esté presidido por una francesa, es el brazo armado de los mercados y especialmente de Wall Street. O, puede, que los dos, BCE y FMI, juntos. Entonces estaríamos, en parte, en un episodio más del enfrentamiento Estados Unidos-Alemania.
 
Así que la pregunta tiene su importancia. Sobre todo si añadimos que la medida va muy dirigida contra los intereses de los rusos que utilizan Chipre como paraíso fiscal (Putin, que por cierto es con Irán, el principal aliado y apoyo de Siria, ya ha protestado).
 
Estemos atentos y seamos prudentes, porque podemos estar ante algo bastante más complejo que una simple muestra de prepotencia germánica.
 
Los medios españoles ya han tomado, con el simplismo que les caracteriza, la posición interesada de siempre: atacar la medida como una decisión alemana. Se trata de aprovechar la cuestión para lo de siempre. Ya sabemos que “nuestra” clase política, con la doblez que le es propia, aplica medidas salvajes de austeridad, aprovecha para culpar de ellas a Merkel, y, a la vez, se pone al pairo, esperando “vientos de crecimiento” que, lógicamente vendrían de unos Estados Unidos empeñados en añadir más y más combustible (deuda) a la ya insoportable crisis de la deuda.
 
Entiendo a los que proponen, desde la izquierda, una salida del euro. Esa salida, unida a una banca nacionalizada y unas cuantas medidas más, resultaría beneficiosa.
 
Pero, cuidado. Proponer ahora ese tipo de soluciones sin haber resuelto antes nuestro principal problema, no sólo resultaría inoperante, sino altamente  perjudicial. Sería otro (uno más) “Vivan las cadenas”.
 
Nuestro principal problema es “nuestra” clase política.
El 10 de Septiembre de 2012, César Molinas publicó un excelente artículo en El País. Se titulaba “Una teoría de la clase política Española” y lo subtitulaba Las élites extractivas.
 
En este artículo, César Molinas afirma: “En lo que sigue, argumento que la clase política española ha desarrollado en las últimas décadas un interés particular, sostenido por un sistema de captura de rentas, que se sitúa por encima del interés general de la nación. En este sentido forma una élite extractiva, según la terminología popularizada por Acemoglu y Robinson. Los políticos españoles son los principales responsables de la burbuja inmobiliaria, del colapso de las cajas de ahorro, de la burbuja de las energías renovables y de la burbuja de las infraestructuras innecesarias”.
 
El artículo desarrolla muy acertadamente los mecanismos por los que tener un sistema de captura de rentas permite (a la clase política), sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población en beneficio propio.
 
Así que, si me permiten, mucho cuidado con razonar en términos de “país” (con respecto a “salir del euro” o con lo que sea), porque puede que, sin quererlo, estemos razonando en términos de “clase política”. Más aún cuando el efecto combinado de la rapiña de esa clase y la crisis financiera mundial han llevado al “Estado de las Autonomías” al punto de estado fallido.
 
Como la situación es endiabladamente compleja, tampoco podemos obviar que el “corralito chipriota” forma parte de un proceso de devaluación iniciado mucho antes del 2007. Antes, se devaluaba la moneda. Ahora, como aquello ya no es posible, se devalúa un país arruinando el factor trabajo (España) o, más directamente, quitándo el dinero a la gente (Chipre).
 
Y para terminar estas primeras reflexiones sobre lo ocurrido en Chipre, fíjense en qué momento se ha decidido el corralito chipriota.
En los mercados hay cuatro días muy, pero que muy importantes, al año. Son los terceros viernes del último mes de cada trimestre. Entonces se producen los vencimientos de futuros sobre índices, acciones, opciones sobre índices y opciones sobre acciones (la cuádruple hora bruja). Son momentos propicios para giros de esos mercados. Como este viernes pasado. La configuración de varios de ellos invitaba a pensar que algo importante les iba a ocurrir. Fíjense qué casualidad (aquí se ve también la mano de Draghi). O mejor, fíjense que grado tan extremo de coordinación o, mejor, de centralización entre mercados y política. Mientras nosotros seguimos divididos, incapaces de levantar alternativas de unidad, ellos funcionan con precisión milimétrica. Chapeau.
 

 

 

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