Reflexiones sobre el vicepresidente de Lula

Por Sebastián Costa*. LQSomos.

Mucho ruido dentro del propio PT, con Alckmin al frente de todas las apuestas para cerrar una sociedad, lo que seguramente llevará la candidatura de Lula al centro de la plaza ideológica.

El PSDB, del que el exgobernador fue durante mucho tiempo un líder lleno de prestigio, nació de la costilla izquierda del MDB pero, para llegar al poder, forcejeó con el derechismo abierto del DEM y se fue de paseo el paseo marítimo de centro-derecha. Alckmin pasaba por la derecha de este paseo marítimo.
O sea, es mucho derechismo para el paladar más depurado de muchos PT.

Pero, cabe preguntarse hasta qué punto un simple candidato a vicepresidente puede producir desviaciones en las propuestas de un gobierno debidamente comprometido con los segmentos más vulnerables, según indicadores observados en los tiempos de la asignación familiar inclusiva, el salario mínimo digno, los diversos programas sociales.

Quizás sería más productivo debatir al interior del PT y de las fuerzas más progresistas, cuándo y cómo se discutirá un proyecto que permita ampliar la representación de estos partidos en el Congreso Nacional, para que el apoyo de los fisiólogos de turno no hace falta, que ahí al frente, cuando Faria Lima cambie de humor, se articulará otro golpe.

Cabe agregar que la izquierda en el poder (casi nunca) siempre se ha visto obligada a cumplir con las normas vigentes, conectadas con los intereses de los inquilinos de Casa Grande.

Pregúntele a diez izquierdistas por qué su desempeño es tan bajo en elecciones proporcionales y todos culparán al modelo electoral, atado al poder económico. ¡Absolutamente correcto!

Pero cabe preguntarse por qué las izquierdas nunca discuten la elaboración de un proyecto comprometido con el redireccionamiento de esta lógica perversa, que produce una dependencia absoluta de los gobiernos progresistas de los fisiólogos antes mencionados. ¡Siempre!
Por otro lado, la derecha, cuando estuvo en el poder (casi siempre) nunca necesitó de la minoría ruidosa, sin fuerza y dirección para producir cualquier cambio que pudiera comprometer el mantenimiento del statu quo.

Cuando, bajo el gobierno de Lula, 35 millones de pobres y miserables fueron a disfrutar de las prebendas de la clase media, fueron sensibilizados desde un punto de vista puramente social. Nunca se ha observado la necesidad de trabajar la conciencia política de los segmentos apretados en la base de la pirámide. Hay 63 millones de brasileños (2018) que nunca fueron debidamente sensibilizados, en el sentido de que son representantes del campo progresista, que están ideológicamente comprometidos con mejorar su calidad de vida. La ausencia de esta conciencia de las clases sociales menos favorecidas es que mantienen el poder económico llenando las Cámaras Legislativas de diputados movidos por los hilos de la Casa Grande para mantener sus privilegios, para perpetuar la pobreza, el hambre y la miseria, en un país con una PIB entre los más altos del mundo.

Solo recordando: En 1989, 1994, 1998 Lula tuvo como compañeros de carrera a José Paulo Bisol, de PSB, Aloizio Mercadante de PT, Leonel Brizola de PDT, todos nadando en la piscina de la izquierda. Tres derrotas seguidas.
En 2002 Lula se pronunció y trajo a José Alencar del PL a la vicepresidencia; repitió la dosis en 2006. En la elección de Dilma en 2010, el PT fue en busca de los votos del MDB y Temer fue postulado como vicepresidente, lo que repitió en 2014. Cuatro victorias consecutivas del PT se abrazaron con la multitud que cumple con las exigencias de Faria Lime.

En otras palabras, el PT con todo el prestigio y carisma de Lula, junto con la izquierda, siempre ha sido visceralmente dependiente de partidos que orbitan a la derecha del espectro ideológico para ser elegido, para gobernar.

Y no hay noticias de una discusión, de un debate objetivo sobre un proyecto que pueda otorgar carta de manumisión a la izquierda, en el sentido de tener algún día la libertad y la fuerza para ganar y gobernar sola, como viene haciendo la derecha. desde el grito de Ipiranga.

Mientras tanto, Lula sigue hablando con descendientes de los verdugos de Getúlio en el 54; confabulando con los nostálgicos del régimen del 64; componiendo con los golpistas de 2016.
Lula, para quien no se acuerde, es quien sufrió la mayor violencia judicial de la historia y se vio obligado a ‘disfrutar’ 580 días de ‘vacaciones’ en la colonia penal de Curitiba. Mucha celebración en los simpatizantes organizados de los correligionarios de Alckmin.

Vale la pena visitar al sociólogo Jessé Souza en el libro ‘A elite do atraso’:
“La izquierda, por ejemplo, nunca desarrolló una concepción crítica de ella y, por eso… tuvo que amargar los demoledores efectos prácticos, como tan bien lo demuestran los recurrentes golpes de Estado”.

Traducido por Mónica Oporto para LoQueSomos
Nota original: Reflexões sobre o vice de Lula

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