Reírse de lo más sagrado

CS-Yg7NXAAEddooIon Arretxe. LQSomos. Diciembre 2015

Casi desde el primer día que se empezó a hablar de esto de la crisis, he escuchado afirmar con rotundidad en la barra de algunos bares, en los ascensores, los autobuses o las comidas familiares, que lo que necesitamos la gente es risa y evasión; que “con la que está cayendo”, no necesitamos dramas ni comernos más la cabeza; y que bastantes miserias tenemos ya en nuestras casas como para que nos vengan contando miserias ajenas.

Lo primero que salta a la vista en esta sentencia es la dicotomía que se establece de manera excluyente entre risa y pensamiento, y entre drama y evasión, dejando claro que reír es lo contrario de pensar y que para evadirse hay que alejarse de los dramas y huir de las tragedias. Lo siento por Medea y Arthur Miller.

Yo no estoy de acuerdo con ninguna de estas dos afirmaciones, y aunque pueda parecer que vienen de abajo -de la gente que se expresa en la barra de los bares, los autobuses, los ascensores o las comidas familiares-, pienso que es un axioma pérfido y tendencioso, una consigna dictada desde las televisiones y desde otros púlpitos mediáticos con el único fin de entontecer más al pueblo y escamotearle su capacidad crítica, dando una vuelta de tuerca al “pan y circo” del Imperio, que 2000 años después, desde sus catódicas tribunas, se atreve a hacernos tragar el circo a secas, sin empujarlo siquiera con un trocito de pan.

“Circo y hambre”, podría ser la nueva máxima. O “Circo para combatir el hambre”, como es el caso de tantos y tantos pobres que inhalan pegamento o beben vino barato para olvidarse de que no han comido, ni van a comer.

Por esto, o más bien contra esto, he decidido escribir una serie de artículos, el primero de los cuales tienes en la pantalla de tu ordenador (hace no mucho hubiéramos dicho “tienes entre tus manos”), en los que voy a recorrer las posibilidades críticas del humor y de la comedia como herramientas para penetrar en las fisuras de la Realidad y del Poder, y hacerle tambalear con muestras cosquillas en lo más inamovible de su núcleo duro, cuando nos reímos de lo más sagrado, cuando nos reímos de nuestro padre o cuando nos reímos de nuestra sombra.

Aunque tengan mucho que ver y respondan a los mismos mecanismos psicológicos, yo me voy a referir principalmente a lo cómico en el arte, lo humorístico, lo cómico elaborado de manera poética por la inventiva de un autor para provocar la risa, o al menos la sonrisa, en el espectador. Y lo voy a distinguir de lo cómico cotidiano, lo risible, esas situaciones en las que nos reímos espontáneamente por la mueca gracioso de un animal, por el choque contra una farola de un peatón despistado, o por el susto injustificado de nuestro acompañante ante el ladrido de un perro de peluche.

Yo entiendo la comicidad -o lo que es lo mismo, el humor- como la facultad de descubrir aspectos insólitos y ridículos de nuestra realidad existencial y social, la capacidad para descubrir y mostrar lo ridículo de las situaciones, de las instituciones, de las cosas, de las personas, y por supuesto, después de un largo etcétera, de nosotros mismos.

Es por lo tanto una manera de enfrentarnos a la vida, una manera de pensar, un cristal con el que mirar este mundo traidor, un talante concreto, una predisposición, un estilo…

Podemos decir que la comicidad no es un problema objetivo, sino un problema de forma. Y que no se puede hablar de temas trágicos y temas cómicos, sino de temas que tratados de una determinada manera son cómicos, pero tratados de una manera distinta pueden resultar trágicos.

El ser humano, además de un animal racional y político, es un ser riente e irrisorio, esto es, un ser capaz de reírse, y a la vez, motivo de risa él mismo.

Y para entrar en materia, nos vamos a reír de lo más sagrado:

Un excursionista resbala y cae por un precipicio. En el último momento, al borde mismo de la roca, consigue agarrarse a una rama.
Pataleando sobre el vacío, empieza a gritar con voz angustiada:
-¿Hay alguien por ahí que pueda ayudarme?
Tras unos cuantos gritos, una voz de resonancia sobrenatural contesta:
-Soy Yo, tu Creador, y vengo a auxiliarte. Abre las manos y déjate caer. No te preocupes, yo extenderé para ti un manto protector y te depositaré con cuidado, sano y salvo, en tierra.
Enmudece el excursionista durante unos segundos, y luego vuelve a gritar con voz desesperada:
-¿Hay alguien más?

Estoy seguro de que el chiste os ha hecho reír tanto como a mí, pero también de que os ha hecho pensar, aunque solamente sea un poquito y de una manera ligera y risueña, que es como se suele pensar con lo cómico. Y es que este chiste, todo hay que decirlo, tiene mucha miga.

Los expendedores culturales y televisivos que tratan de anestesiarnos con su circo sin pan, llevan muchos años obligándonos a una dieta de humor zafio de chistes chabacanos y sin miga.

Este chiste, el chiste de ¿hay alguien más?, es un chiste revelador que descubre lo irrisorio de lo humano, pero también de lo divino. Por eso es humor del bueno.

En el siguiente artículo trataremos de explicar los mecanismos de lo cómico -¿por qué algo nos hace reír?- y nos reiremos hasta de nuestro padre, que es otra manera de desvelar las trampas, los disimulos, y los engaños del Poder. Seguiremos con un tercer artículo en el que intentaremos reírnos de nuestra sombra. Y acabaremos riendo por no llorar, que es el título de la cuarta entrega.

Reírse no es de tontos. Lo que es de tontos es reírse por todo.

Para eso, los que piensan por nosotros, los que nos embrutecen y atontan, los que nos hacen reír para que no pensemos -hazme reír y dime tonto-, inventaron las risas enlatadas. ¡A reírse de todo, como tontos, a reírse hasta de lo que no tiene gracia!

Me despido, por ahora, con el convencimiento de que otro humor es posible. Y otro mundo más justo, más gracioso y menos ridículo, también.

Otras notas del autor

Nota de LQSomos:
Primer artículo de la serie: ¿Malos tiempos para la gente, buenos para la comedia? Notas sobre el humor y las mentiras en torno a esta capacidad de la imaginación

Un comentario en “Reírse de lo más sagrado

  • el 12 diciembre, 2015 a las 18:16
    Permalink

    Siempre es bueno saber que hay «alguien mas por ahí».

    Respuesta

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