Residencias para mayores, gran negocio en el capitalismo

Cecilia Zamudio*. LQS. Agosto 2019

La capitalización sobre el maltrato y degradación de los ancianos causa un terrible sufrimiento, depresión, pérdida de facultades que no son estimuladas, e incluso la muerte prematura en los peores casos

Abunda la crueldad, escasea el personal y se degradan los ancianos…

Los ejemplos de maltrato y degradación son múltiples. Por ejemplo, los ancianos no son alentados a caminar si caminan lentamente: para «optimizar tiempo y recursos» la mentalidad capitalista los arroja a la silla de ruedas antes de tiempo, atrofiando así prematuramente su masa muscular.

En algunas residencias, los ancianos solamente tienen derecho a una ducha semanal, los demás días tienen derecho al intrusivo, veloz y tosco «guante de limpieza». El guante de limpieza recorrerá bruscamente el cuerpito del anciano o la anciana, a manos de un trabajador acosado por la patronal (tiene que limpiar una cantidad de ancianos tan elevada en un tiempo especificado, que obviamente lo hace mal y sin delicadeza alguna). No hay delicadeza posible cuando el ritmo lo marca la capitalización.

En las residencias abunda la sobremedicación: un anciano durmiendo exige menos cuidado que uno despierto, hacerlo dormir economiza «recursos» al capitalista propietario del centro.

Y hay muchísimos más ejemplos de maltrato relativos a los «cuidados», la alimentación, la medicación, el mercadeo con enseres, el abandono, la ofensiva de venta de ciertas empresas que se dedican a embaucar a los ancianos (muchas veces en connivencia o «vista gorda» de las residencias), etc…

El lucro que sacan los que capitalizan sobre la tercera edad, y en particular los dueños de residencias, es gigantesco: capitalizan sobre la plusvalía que le sacan a los trabajadores que exprimen en jornadas extenuantes (hay trabajadoras que testifican de las condiciones laborales, llorando de impotencia, presas entre el trabajo a realizar a destajo, y la rudeza que imprime ese destajo en las relaciones con los ancianos, ya que es muy escaso el tiempo para pararse a ser dulces con quienes más lo necesitan). La capitalización sobre el maltrato y degradación de los ancianos causa un terrible sufrimiento, depresión, pérdida de facultades que no son estimuladas, e incluso la muerte prematura en los peores casos. La tortura en esos centros es inherente a un sistema putrefacto cuya lógica primordial es capitalizar.

Luchar contra el capitalismo y la barbarie que le es consustancial, también es un imperativo para proteger a las personas más frágiles, las que ya han sido succionadas toda su vida por la patronal, las que además han dedicado su vida a cuidar a sus familias, esas personas merecen un final de vida digna, en respeto y cariño… pero hasta que no salgamos del capitalismo, serán millones más los ancianos y ancianas torturados.

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* LQSomos en Red
– Ilustración de Alejandro Pacheco

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