Lilith Rojo*. LQS. Septiembre 2018

A veces sucede que la democracia no la trae la mayoría, hay ocasiones en que hay que derrocar desde los postulados de la no violencia a quienes la ejercen de manera gratuita desde su monopolio de la represión y no esperar quimeras de mayorías absolutas

Cuando quieres cambiar cualquier cosa, a pequeña que sea, buscando algo mejor en contra de lo establecido se produce una revolución aunque sea en miniatura. No siempre puede hacerse aprovechando los huecos del sistema, que te impone la injusticia en sus múltiples caras, a veces hay que correr el riesgo de saltarse la ley para obtener justicia. Los avances en materia social por desgracia no han venido envueltos en una urna, ni en papel de celofán, han sido forzados e incluso impuestos contra la opresión y la tiranía. Mejoras y ventajas que solo cuestionan quienes hipócritamente defienden el modelo neoliberal, pero que acuden a los amorosos brazos de los estados cuando les sube la fiebre de su ambición ciega y no pueden sostenerse sobre sus cuerpos corruptos.

A la vista de las últimas noticias sobre el llamado Procés creo que este no es un país para revoluciones desde arriba empujadas desde abajo, puesto que los que se hallan en el vértice de la pirámide política no siempre tienen el valor y la determinación para llegar al final del camino y cómo no, tratándose de Catalunya, lo disfrazan de seny y de consenso, porque han descubierto que las revoluciones a coste 0 no existen. Mientras, el pueblo que marcó la senda paga el precio de la candidez, de la ignorancia o de la cobardía de cierta clase política.

Siempre he defendido el Procés como un proceso revolucionario desde abajo para derrocar el franquismo que corroe las estructuras del estado español. Ahora somos muchos más los que en Catalunya compartimos que Franco no es que esté vivo, es que ordena y manda desde su mausoleo a través de los convencidos y de los que aun le tienen miedo. Esto no es una anécdota, es más bien lo cotidiano. Lo hace cómodamente instalado en el mastodóntico edificio construido por esclavos defensores de la República, mientras los descendientes de los antifascistas represaliados seguimos pagando las costosas reparaciones de las goteras. Mientras tanto un Pedro caprichoso deshoja la margarita del futuro del esperpento franquista, que algunos quieren vender como escenario de la reconciliación nacional. Así el fascismo español camuflado de democracia en siglas ladronas sigue rigiendo nuestros destinos universalmente aceptado por demasiados súbditos, que no son conscientes de que la podredumbre del sistema viene de no haber saneado y seccionado lo putrefacto con el bisturí de la ruptura democrática.

Ahora se ve que la materialización de la República necesita de los permisos y bendiciones, que nunca le serán concedidos, de quienes conforman el estatus quo de la política vivendi en las españas. Ya no valen las victorias en las urnas porque la aritmética es elásticamente interpretable, ahora no hay suficiente quórum social y se hizo la luz con la llegada del verano, aunque ya se les veía transitar por la sumisión antes de las elecciones del 21-D. Cuando llega el momento de la verdad, que en estos últimos meses se han dado muchos y variados, no ha habido valentía para asumir la responsabilidad que se les había otorgado escudándose en la protección de un pueblo, que les votó precisamente para llevar a buen puerto sus reivindicaciones desde su mayoría de edad.

Si para hacer una revolución democrática que ponga en jaque al régimen monárquico parto de un golpe de estado allá por julio de 1936, una revolución que sea punta de lanza de la democratización del estado español en forma de república, hay que pedir cita previa a quienes te niegan el pan y la sal, bajémonos todos de ese tren y cojamos otro con fogoneros dispuestos a respirar hollín.

A veces sucede que la democracia no la trae la mayoría, hay ocasiones en que hay que derrocar desde los postulados de la no violencia a quienes la ejercen de manera gratuita desde su monopolio de la represión y no esperar quimeras de mayorías absolutas que secunden la escrupulosa defensa de los derechos humanos y de las libertades, porque hay momentos para soñar revoluciones y otros para arriesgarse a hacerlas realidad.

Ahora quieren volver al modus soñemos que algún día será posible, pero acompañados de quienes han sido artífices de la traición al pueblo de Catalunya desde su triste patriotismo en defensa de la unidad de una España ya inexistente. De ese imperio que ya se lloró en 1898 y cuyo orgullo vacuo se sigue reclamando desde las tonadillas más casposas de los que apadrinaron el 155 y negaron a los presos políticos, bailadores al son que les toca la columna vertebral del Estado. También acompañados de los de hoy sí y mañana no, veletas giratorias al viento de las encuestas. Porque se ve que ahora toca ensanchar horizontes aunque sean lejanos, aunque sean espejismos fruto de la desolación en el desierto del coraje.

Si lo que nos queda es un Govern para ser tutelados y llamados al orden vía intervención cuando estimen oportuno los constitucionalistas, esos que tanto mancillan su libro sagrado. Si no se ve más salida que firmar las capitulaciones y volver a la senda de lo que dicten los que secuestran la democracia y la justicia, pues que salgan a cara descubierta y lo digan claramente. Sin subterfugios, sin excusas, con toda la verdad por delante, renunciando a la República ahora y asumiendo un más que posible coste electoral. Y si les queda dignidad y palabra, que nos dejen decidir, sin chantajes emocionales, sin tanto teatro.

Hay trenes que pasan pocas veces en la historia y aun menos maquinistas heroicos que asuman la responsabilidad de llevar a cabo los designios de los pueblos humillados. Por eso capitular en nombre de quienes no quieren hacerlo, rendirse sin admitirlo con valentía, sin llamar a las cosas por su nombre como si el patio electoral fuera una guardería, es un verdadero insulto a quienes un Uno de octubre se emanciparon como defensores de la democracia anteponiendo sus propios cuerpos para defender urnas y votos de los golpes del poder perpetuo. Menos cantos de sirena y más verdades aunque duelan, pero sin insultar, no somos estúpidos.

A veces cuando se ha perdido tanto, el único camino para avanzar es recuperarlo luchando por ello, no arrodillarse ante quien te lo roba todo. Si cuando tiendes la mano te escupen a la cara porque te menosprecian o te minusvaloran, sino te ven como a un interlocutor sino como a un vencido, no es el momento de pedir día y hora para decir basta. Y de eso sabemos mucho los que todavía arrastramos el estigma de perdedores pero no nos resignamos a agachar la cabeza.

Feliz Diada a todas y todos, este año compartida con 600 antidisturbios llegados desde diferentes punto del estado español.

Por las repúblicas, las perdidas, las soñadas y las que debemos conquistar.

Llibertat preses i presos polítics!

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