Arturo del Villar*. LQSomos. Enero 2018

Su majestad el rey católico nuestro señor, que Dios guarde, se autoentregó el premio Derechos Humanos Adolfo Suárez 2017, concedido por la Fundación Víctimas del Terrorismo

La autoceremonia se celebró el 15 de enero de 2018 en el Centro de Arte Reina Sofía, que para eso está, y no para esa tontería de exhibir objetos de arte, según opinan sus responsables. La relación entre las víctimas del terrorismo y las artes plásticas se explica por sí misma, no hace falta exponerla, dicen ellos. El premio por los Derechos Humanos es independiente de las cargas de las fuerzas policiacas represoras del pueblo bajo el mando supremo del rey, no se tienen en cuenta sucesos brutales tan recientes como los acaecidos en Catalunya para impedir al pueblo ejercer el derecho democrático de votar en unas elecciones.

En su discurso de autoagradecimiento Felipe de Borbón declaró que estos premios anuales “contribuyen o han contribuido de manera significativa a la mejora del colectivo de víctimas del terrorismo: son, en definitiva, una muestra más de la propia generosidad de las víctimas, de vuestra generosidad, pues sois vosotras las que de verdad sois acreedoras por siempre de cualquier gesto de gratitud”.

No explicó su majestad qué es lo que el pueblo debe agradecer a las víctimas del terrorismo, por el hecho de haber muerto en atentado que los servicios de seguridad del Gobierno de turno no supieron prever, y menos a sus familiares, que por serlo gozan de unos privilegios que vamos a examinar.

Varias clases de víctimas

Integran la Fundación Víctimas del Terrorismo 22 asociaciones y fundaciones de toda España. Sorprendentemente, ninguna de ellas acoge a las víctimas del terrorismo de Estado, a los supervivientes o familiares de los asesinados por las fuerzas armadas del Estado. Por ejemplo, los tres jóvenes secuestrados el 10 de mayo de 1981 en el cuartel de la Guardia Civil de Casafuerte (Almería), torturados, asesinados, descuartizados y carbonizados en su automóvil, por orden del teniente coronel Carlos Castillo Quero, al haberlos confundido con militantes de ETA.

Tampoco hay una asociación de víctimas de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), organizados por el Gobierno presidido por el presunto socialista Felipe González, que entre 1983 y 1987 provocó 35 atentados, de los que fueron víctimas 60 personas. Desde el ministro del Interior hasta gobernadores civiles, militares y altos cargos policiales fueron juzgados y condenados por sus crímenes, excluido el padrino de la mafia porque es feo condenar a un presidente de un Gobierno europeo presuntamente democrático. Sin embargo, no existe una asociación de víctimas de los GAL, aunque las hay con el nombre de una sola víctima.

Ingresos y gastos en 2016

En el Boletín Oficial del Estado fechado el 7 de setiembre de 2017 se publican las cuentas correspondientes al año anterior de la Fundación Víctimas del Terrorismo, calificada como Fundación del Sector Público Estatal, sin ánimo de lucro, lo mismo que el Instituto Nóos de Iñaki Urdangarin. Los ingresos debidos a los patrocinadores ascendieron a 327.244,95 euros, las subvenciones monetarias de los ministerios del Interior y de Sanidad y de las comunidades autónomas sumaron 641.500,00 euros, y las subvenciones de otras entidades fueron de 68.490,00 euros. El efectivo en cuentas corrientes en las entidades BBVA, Santander, Caixabank y Bankia ascendía a 1.536.285,43 euros.

Pasemos a los gastos, siempre contados en euros: 249.735,42 en ayudas a las 22 asociaciones o fundaciones de víctimas, 5.000,00 en premios como el otorgado a su majestad católica, 249.735,42 en ayudas a los colaboradores, 202.596,70 de fondo asistencial, 309.302,87 en gastos de personal incluida la Seguridad Social de los trabajadores, y 307.612,49 en el capítulo de otros gastos. Total gastos: 1.074.247,48. A esa cifra hay que añadir los gastos de programas de actividades, que fueron 574.289,97 euros, y los gastos indirectos, 11.424, 63 euros, que se contabilizan aparte.

Estas cifras se justifican con las ayudas prestadas a las varias asociaciones de víctimas para sostenerlas, programación de actividades para recordar su existencia, edición de publicaciones con el mismo fin, y de premios para animar a tenerlas en cuenta. Los gastos de personal no están desglosados, por lo que ignoramos el número de trabajadores empleados para la organización y ejecución de esas tareas. Las conclusiones son fáciles de deducir. A mí ya sé que me van a anatematizar por facilitar estas cuentas.

Llibertad presos polítics!

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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– FOTO JOSE LUIS ROCA (El Periódico)

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