El riesgo de otra rueda de ayuda a Haití frente a los desastres

Kim Ives*. LQSomos. Diciembre 2016

Reforzando la dominación estadounidense

Las imágenes y los relatos de la devastación de Haití después del paso del huracán Matthew el 4 de octubre son desgarradores. El número de muertos es de muchos cientos y sigue aumentando. Fueron totalmente borradas varias aldeas en el suroeste del país. La respuesta de un gobierno haitiano abandonado, sitiado y sin recursos por sucesivos saqueos extranjeros al país, es anémica. Los angustiosos llamamientos de ayuda de las víctimas son desgarradores. Las Naciones Unidas ahora dicen que hay 1,4 millones de personas necesitadas de asistencia, urgentes e inmediatas para la mitad de ellas. Los espectadores angustiados de todo el mundo quieren hacer algo, cualquier cosa, y rápido.

Pero el mayor peligro en las secuelas del huracán tal vez no venga de la destrucción de cultivos e infraestructuras, el inevitable aumento en los casos de cólera, o la repentina falta de vivienda de decenas de miles. Puede provenir de portaaviones, tropas extranjeras, envíos de comida y hordas de trabajadores de ONG’s que ahora están descendiendo a Haití para ayudar a las víctimas del huracán.

Esta supuesta ayuda puede acabar socavando la producción alimentaria local, saboteando las elecciones pendientes, reforzando la intervención militar extranjera en el país y en trabando en definitiva los recientes movimientos de Haití por recuperar su soberanía.

Vimos este escenario hace casi siete años, después del terremoto de 7,0 que azotó la ciudad de Léogâne y la región alrededor de la ciudad capital de Puerto Príncipe el 12 de enero de 2010. En los días posteriores al terremoto, Estados Unidos desplegó 22.000 tropas en Haití sin el permiso del gobierno nacional, tomó el aeropuerto de Puerto Príncipe y militarizó la respuesta humanitaria.

“Marines armados a guerra”, exclamó el ex presidente venezolano Hugo Chávez a principios de 2010. “No hay escasez de armas ahí, Dios mío. Médicos, medicamentos, combustible, hospitales de campaña, eso, es lo que Estados Unidos debe enviar. Están ocupando a Haití de forma encubierta. ”

Ahora, Estados Unidos ha enviado el portaaviones USS George Washington y un buque de transporte anfibio, el Mesa Verde, con 300 marines a bordo, y también 100 infantes de marina con nueve helicópteros desde Honduras. Richard Morse, que dirige el emblemático Oloffson Hotel de Puerto Príncipe, regresó a Haití el 9 de octubre y twitteó: “Hay un montón de militares estadounidenses en el avión”.

En cambio, al día siguiente del impacto del huracán Matthew, Venezuela envió 20 toneladas de ayuda humanitaria a Haití: alimentos, agua, mantas, sábanas y medicamentos. Despachó otros dos embarques en los días siguientes, incluyendo un barco con 660 toneladas de material que incluye 450 toneladas de maquinaria para remover escombros y arreglar carreteras y puentes además de 90 toneladas de medicamentos y alimentos no perecederos, suministros, tiendas de campaña, mantas y agua potable. También ha enviado a 300 médicos, muchos de ellos cubanos. Todo esto a pesar de las condiciones económicas muy difíciles en Venezuela, así como de un incesante asalto político por Washington contra el gobierno venezolano. En este último desastre, “Venezuela fue la primera en ayudar a Haití”, dijo la embajadora haitiana en Caracas, Lesly David.

Cuba, por su parte, ha complementado su reconocida misión de 1.200 médicos en Haití con 38 personas del Contingente Internacional Henry Reeve de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Epidemias Serias, que también montaron hospitales de campaña en Haití en 2010. Mientras Washington envía soldados, Venezuela y Cuba envían a médicos.

A largo plazo, es probable que Washington intente utilizar la crisis post-huracán para reforzar su fuerza de representación, la MINUSTAH (Misión de las Naciones Unidas para Estabilizar a Haití) del Consejo de Seguridad de la ONU, que ha ocupado Haití violando el derecho haitiano e internacional durante 12 años, tras el derrocamiento del presidente electo de Haití el 29 de febrero de 2004.

El mandato de la MINUSTAH expiraba el 15 de octubre. Ante el clamor haitiano e internacional y el retiro de la fuerza de varias naciones latinoamericanas clave -Argentina, Uruguay y Chile- el Secretario General Ban Ki-moon recomendó el 31 de agosto prorrogar el mandato por sólo seis meses, menos que la renovación habitual de un año. Dice que es necesaria una “evaluación estratégica de la situación en Haití”. Sin embargo, Ban condicionó este mandato más corto en la esperanza de que “se mantenga el actual calendario electoral” para que una “misión de evaluación estratégica se despliegue en Haití después del 7 de febrero de 2017”, la fecha en la que un nuevo presidente electo prestará juramento.

De no haber un nuevo presidente electo de Haití en esa fecha fijada constitucionalmente, eso sería usado como una excusa para la extensión del mandato de la MINUSTAH, a pesar de que los haitianos se oponían casi unánimemente a la presencia de las tropas. La MINUSTAH, que ahora cuenta con 5.000 soldados y policías, es denostada por sus masacres, asesinatos, violaciones y otros crímenes contra haitianos, pero sobre todo porque su contingente nepalés introdujo el cólera en Haití en octubre de 2010.

Casi 10.000 haitianos han muerto de cólera y más de un millón han sido infectados. La ONU ha rechazado ferozmente cualquier culpabilidad por el desastre del cólera. La enfermedad se propaga cuando las aguas residuales infectadas por el cólera se mezclan con agua potable y de lavado, situación que se presenta más fácilmente cuando hay inundaciones masivas.

En cuanto a la relación entre la reconstrucción posterior al huracán y las elecciones, las secuelas del terremoto son instructivas. En aquel momento la secretaria de Estado Hillary Clinton y el ex presidente Bill Clinton asumieron el mando de la reconstrucción después del terremotos a través de la Comisión Provisional de Recuperación de Haití (IHRC), marginando al gobierno haitiano y al presidente René Préval que, resentido, se convirtió en un mascarón de proa con los Clinton y su corte comandando el barco.

Detrás de MINUSTAH las grandes potencias -Estados Unidos, Francia y Canadá- intervinieron muy agresivamente tras el terremoto de 2010 para instalar un flexible presidente. Cuando el mandato electoral de Préval estaba terminando, el candidato de su partido, Jude Célestin, terminó la primera vuelta de la votación presidencial en noviembre de 2010 en segundo lugar. Pero Washington intervino, encabezado por el secretario de Estado Clinton, y reemplazó a Célestin por el tercer clasificado, Michel Martelly, un insolente artista musical de la extrema derecha política, que terminó ganando la votación de la segunda vuelta de marzo de 2011.

Está también el tema de la ayuda de emergencia: alimentos, agua, refugios y ayuda médica. Existe una necesidad obvia de todo esto en forma inmediata, como lo enviado por Venezuela. Sin embargo, en el pasado, Washington ha utilizado su ayuda alimentaria para aplastar y debilitar la producción local de alimentos de Haití. El ex empleado de CARE y el investigador residente en Haití, Tim Schwartz, lo documentó extensamente en su libro “Travestismo en Haití: La verdadera historia de las misiones cristianas, orfanatos, fraude, ayuda alimentaria y narcotráfico”. Dijo allí que el papel de la ayuda alimentaria “no era principalmente para ayudar a la gente sino para promover las ventas en el extranjero de los productos agrícolas de los Estados Unidos. Las consecuencias han sido devastadoras en todo el mundo. “Esa ayuda, argumentó, trajo la ruina a los pequeños agricultores haitianos”.

“Los occidentales que quieren ayudar no deben asumir que no hay recursos disponibles para los haitianos en el país”, escribe el haitiano Jocelyn McCalla en The Guardian el 6 de octubre. “Si bien los bienes de caridad pueden proporcionar alivio temporal, pueden obstaculizar la recuperación a largo plazo en la medida en que puedan tener un impacto negativo en la economía local“.

En 2010, la mayor parte de la ayuda humanitaria por desastres se canalizó a través de organizaciones internacionales no gubernamentales (ONGI) y el resultado fue desastroso. Incluso la propia hija de Clinton, Chelsea, estaba “profundamente perturbada” por lo que vio en el terreno. Escribió en un correo electrónico desclasificado a principios de 2010 que “la incompetencia es entumecimiento mental”, “los haitianos quieren ayudarse a sí mismos y quieren que la comunidad internacional los ayude a ayudarse a sí mismos”, y que “no hay actitud de responsabilidad en el sistema de las Naciones Unidas o internacional Humanitario (incluso para las OING) “.

El actual gobierno haitiano, encabezado por el presidente interino Jocelerme Privert, está tratando de tomar el control de los esfuerzos y fondos de ayuda humanitaria. Tras el terremoto, sólo un 1% de los fondos de ayuda fueron destinados a las autoridades haitianas. Esta vez, la oficina del presidente ha reforzado la Oficina Nacional Permanente de Atención de Riesgos y Desastres (SNGRD), a través de la cual se deben canalizar y coordinar todos los desastres nacionales e internacionales. ¿Cuál sería la respuesta de Washington a esta iniciativa?

Los Estados Unidos se enojaron a principios de este año cuando el gobierno de Privert resistió su presión de no formar una comisión de verificación independiente para investigar las elecciones del 9 de agosto y del 25 de octubre de 2015. La ira se volvió indignación cuando el CEP de Privert respetó la recomendación de la comisión de verificación de rehacer la primera ronda presidencial de 2015, y Washington y la Unión Europea dijeron que retendrían todo el apoyo financiero. Pero Haití, con escasos recursos, no se detuvo y ha logrado financiar las elecciones por sí sola.

El número exacto de víctimas humanas de Matthew no está claro

El liderazgo del gobierno haitiano en los esfuerzos de socorro debe comenzar con la posibilidad de establecer el número de muertos. El gobierno de Haití y los medios de comunicación extranjeros publican diferentes cifras sobre cuántas personas han muerto a causa del huracán Matthew. Los medios de comunicación internacionales dicen que murieron más de 900 personas, mientras que la Dirección de Protección Civil (DPC, por sus siglas en inglés) del gobierno haitiano cuenta con 372 muertos, cuatro desaparecidos, 246 heridos y 175.509 personas alojadas en 224 refugios temporales.

El 8 de octubre, la periodista haitiana Dady Chery informó: “Una vez que los militares y periodistas de los Estados Unidos empezaron a evaluar el daño del huracán mediante algún sistema de recuento de su propia invención, el número de bajas haitianas se disparó y no hubo informes de cómo ocurrieron esas muertes”.

“De hecho, el número de muertos haitianos por el huracán Matthew se ha duplicado aproximadamente cada 12 horas desde el martes 4 por la mañana y ahora se estima que es de 800.
“El recuento de heridos debe ser examinado cuidadosamente y con gran escepticismo”, continúa Chery. “Por un lado, ya no parece haber una distinción entre los desaparecidos y los muertos. Por ejemplo, se supone que los niños de un orfanato que colapsó murieron, pero no se ha presentado evidencias de su muerte “.

“Es el interés de las potencias ocupantes presionar a Haití para que exagere los costos humanos y materiales del huracán”, concluye Chery.

Washington probablemente usará esta última crisis haitiana para promover su propia agenda económica y política y para intimidar y socavar al presidente Privert, que ha mostrado cierta temeridad e independencia desde su nombramiento provisional al rehacer las elecciones presidenciales de 2015 ante la fiera oposición de Washington, Ottawa y París. Después de su experiencia de los últimos seis años, está justificado que el pueblo haitiano sea cauteloso con los extranjeros que les llevan regalos, pero cuyas políticas siempre han socavado la democracia y la soberanía de Haití.

Roger Annis, de la Red de Acción por Haití de Canadá, dijo al diario Globe & Mail el 9 de octubre: “Si la gente está preocupada por la soberanía a largo plazo y la capacidad del país en desarrollar sus propios recursos, sus recomendaciones serían contra las grandes organizaciones benéficas, que en mi opinión sólo perpetúan las condiciones de pobreza y de inestabilidad política que hacen que el país sea tan vulnerable, en primer lugar “

Cualquier ayuda a las víctimas del huracán Matthew y al gobierno nacional por parte de cualquiera que sea capaz de brindarla será bienvenida. Pero la lección del terremoto de 2010 es que la ayuda y la reconstrucción deben ser dirigidas por y para haitianos. De lo contrario, este último desastre sólo agravará el largo desastre de la intervención de las grandes potencias en el país. Ese, y no las inevitables tormentas y eventos sísmicos, es el mayor obstáculo que enfrenta Haití en su lucha por el desarrollo y la soberanía.

* Kim Ives es editor del semanario Haití Liberté http://haiti-liberte.com/ , donde se publicó esta nota por primera vez. El periódico se publica en francés y en kreyol con una página semanal de inglés en Brooklyn y es distribuido por todo Haití. Resumen Latinoamericano

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