Rory Gallagher

Mariano Muniesa*. LQS. Julio 2020

Músico trabajador, dedicado y entregado a su pasión como pocos, merced a su pasión por componer, crear, tocar, logró que sus primeros álbumes en solitario, en especial su debut «Rory Gallagher» de 1971 fuera un importante éxito

Desde Billy Gibbons de ZZ Top y Slash de Guns N’Roses hasta el guitarrista de U2, The Edge o Joe Bonamassa, que le definió como «el Rocky Balboa de los guitarristas de rock», Rory Gallagher fue uno de esos músicos que no llegó nunca a lo más alto del mundo del rock, pero que dejó una huella muy profunda de admiración, reconocimiento y respeto en la práctica totalidad de artistas que le conocieron y que siempre reconocieron en él a un auténtico referente, como los que hemos citado. Cuando se cumplen 25 años de su muerte hoy 14 de junio de 2020, sigue siendo obligado reivindicar su legado y su memoria.

Desde el momento en que convenció a su devota madre para que le adelantara parte del dinero que costaba la guitarra Fender Stratocaster roja del 61 de precio exorbitante en 1963, Rory Gallagher supo exactamente lo que quería hacer el resto de su vida: Rock´n´Roll. Y siempre conservó esa guitarra, un instrumento con cicatrices de batalla que duraría más que su maestro, un hombre que se convirtió en uno de los músicos de blues y rock blanco más trabajadores y entregados a la causa de los últimos 50 años. Entre 1971 y 1974, lanzó seis álbumes imprescindibles para entender la historia del rock: «Rory Gallagher», «Deuce», «Live In Europe», «Blueprint», «Tattoo» y «Irish Tour ’74», que mostraban a un músico cuya dedicación a su oficio solo coincidía con la devoción de su audiencia.

Rory Gallagher nació el 2 de marzo de 1948 en Ballyshannon, Condado de Donegal, Irlanda, aunque se crió en Cork. Su padre cantaba y tocaba el acordeón en bandas locales, mientras que su madre había sido actriz de teatro. El joven Rory se inició en la música con aquella mítica guitarra en principio con Lonnie Donegan, aunque pronto pasó del skiffle al blues, como muchísimos otros músicos de su generación, de la mano de Leadbelly y Big Bill Broonzy. A medida que se fue introduciendo en la escena de grupos y bandas locales, fue creciendo como guitarrista, hasta el punto de que en 1966 formó su propio grupo, el poderoso y mítico trío Taste, posiblemente la primera auténtica banda de rock irlandesa. Un grupo cuya potencia en directo era tal, que cuando los ejecutivos ingleses de Polydor les vieron en directo, no lo dudaron y les ofrecieron un contrato en virtud del cual, grabaron dos formidables álbumes de british blues proto-heavy metal, «Taste» de 1969 y «On The Boards» de 1970, que les hicieron parecer los sucesores naturales de Cream –de hecho, Taste fueron los teloneros de Cream en sus shows de despedida en el Royal Albert Hall- y que les llevaron a hacer una inolvidable actuación en el Festival de la Isla de Wight de 1970.

Pero divergencias musicales entre los miembros de Taste y desacuerdos muy profundos con su manager propiciaron que Rory Gallagher decidiera abandonar el grupo, que se separó tras anunciar su marcha, y decidiera iniciar su propia carrera en solitario. A partir de ese momento es cuando va a nacer el Rory Gallagher que se convertirá en un mito.

Músico trabajador, dedicado y entregado a su pasión como pocos, merced a su pasión por componer, crear, tocar, logró que sus primeros álbumes en solitario, en especial su debut «Rory Gallagher» de 1971 fuera un importante éxito en Europa y en Estados Unidos, que allanó el camino al que fue su álbum definitivo en 1973, «Tattoo», el disco que le lanzó al estrellato mundial. En la memoria colectiva de toda aquella generación quedaría aquel clásico imperecedero, «Tattoed Lady» que llegó a ser la canción emblema del gran guitarrista irlandés. Sus giras por Europa, absolutamente legendarias, mostraban a un músico de puro rock, con una formación muy básica, un trío de guitarra, bajo y batería, pero que en directo era absolutamente incendiaria y a un cantante y guitarrista cuyo carisma residía en gran medida, en su sencillez. En plenos años 70 seguía pareciendo un hippie, con sus vaqueros desgastados y sus camisas desgastadas y rotas, como los Status Quo de aquellos años. Para mucha gente en nuestro país, muy especialmente para uno de los grandes nombres de nuestro rock, Rosendo Mercado, o para Boni, guitarrista y cantante de Barricada, otra institución de nuestra música, el nombre de Rory Gallagher era el de su maestro musical, su mentor, su influencia más profunda y primigenia.

Rory Gallagher fue protagonista de uno de los hitos más celebrados y recordados de los tiempos heroicos del rock español: el 7 de marzo de 1975, todavía en pleno régimen franquista, Rory Gallagher dio un histórico concierto en el Teatro Monumental de Madrid, que de hecho fue grabado y filmado por RTVE y emitido poco después. No es difícil encontrarlo en YouTube o en RTVE a la carta, y si les gusta el rock sincero, duro, desgarrado y auténtico, les recomiendo su visionado.

Tras una carrera llena de éxitos y de grandes álbumes – «Photo-Phinish» de 1978, «Top Priority» de 1979 o el grandioso directo de 1980 «Stage Struck»-, a partir de mediados de los 80, su estrella comenzó a declinar. Sus excesos con la bebida afectaron tanto a la calidad de sus actuaciones como a su relación con su entorno profesional de manera muy negativa. Durante varios años no tuvo un contrato discográfico, en parte porque se negaba a cosas tan fundamentales en aquellos años como por ejemplo, hacer videoclips, o a que las compañías decidieran los singles de sus álbumes.

En los últimos años de su vida, Rory Gallagher desarrolló un incontenible pánico a viajar en avión. Para poder superar esta circunstancia, se le recetó el consumo habitual durante las giras de un fuerte sedante, que combinado con el alcohol que bebía en grandes cantidades, le produjo una severa dolencia hepática, pese a la cual, continuó girando hasta poco tiempo antes de su muerte. Su última actuación fue el 10 de enero de 1995 en Holanda, tras la cual se canceló el resto de la gira debido a sus problemas de salud.

En marzo de 1995 tuvo que ser ingresado en el King’s College Hospital en Londres y en ese momento la gravedad de su estado se hizo evidente: su hígado estaba fallando y los médicos determinaron que, a pesar de su corta edad, un trasplante de hígado era el único medio posible de evitar complicaciones posteriores e incluso de evitar su muerte. Después de trece semanas en cuidados intensivos, mientras esperaba ser trasladado a la planta de convalecientes, su salud empeoró repentinamente cuando contrajo una infección por estafilococos y murió el 14 de junio de 1995, a la edad de 47 años. Fue enterrado en el cementerio de San Oliver, cerca de Cork City, Irlanda. Miles de personas se alinearon en las calles de Cork para despedirle con una inmensa ovación el día de su entierro.

Si existió alguna vez alguien que encarnase esa expresión que los diskjockeys de radio-rock empleamos a menudo de “rock desde las tripas”, ese rockero, no lo duden, fue Rory Gallagher. El pasado 14 de junio se cumplieron 25 años que nos dejo. Demasiado tiempo…

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* Nota original del diario “La Región”

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