Marie Bourreau*. LQS. Mayo 2018

La Minurso ha sido renovada por seis meses con el único fin de poner presión máxima sobre Marruecos y el Frente Polisario

Veintisiete años después de su creación, la misión de la ONU en el Sahara occidental es objeto de una renovación anual tormentosa entre los aliados de Marruecos, con Francia y Estados Unidos en primera línea, y los del Polisario

Antigua colonia española, el territorio del Sahara occidental es objeto de disputa entre los independentistas del Frente Polisario – apoyados por Argelia – y Marruecos, que controla el 80 % del territorio saharaui desde 1975. El Polisario reclama la celebración de un referéndum de autodeterminación, tal y como quedó fijado por las Naciones Unidas, mientras que Rabat considera que la zona forma parte íntegra de su territorio, y propone un estatuto de autonomía. Desde 1991, se decidió aplicar un alto al fuego y un área de amortiguación.

Vencimiento de seis meses

Tras varias semanas de negociaciones y de tres días de aplazamiento del voto, el viernes 27 de abril, las partes han acordado finalmente un texto que pone presión máxima a retomar negociaciones directas y llegar a un « compromiso justo y duradero » para el Sahara occidental.

Sin embargo, Rusia, China y Etiopía, y en menor medida Suecia, se han manifestado en contra de un texto que consideran demasiado favorable a Marruecos pero sin oponerse a la renovación de la Minurso (Misión de las Naciones Unidas para el referéndum del Sáhara Occidental), a la que han reconocido un « papel estabilizador ».
No obstante, por primera vez, el Consejo fija una fecha límite. El mandato sólo ha sido renovado por seis meses, hasta el 31 de octubre de 2018, en lugar de por un año. Esto debería permitir, según un diplomático, « poner presión » sobre las partes para volver lo antes posible a la mesa de negociaciones bajo los auspicios del nuevo enviado especial, el ex presidente alemán Horst Koehler.

De lo contrario, los americanos han avisado: «En caso de fracaso, deberemos asumir nuestras responsabilidades», tal ha sido la amenaza de Amy Tachco, coordinadora política de la misión americana. «Tras veintisiete años, el status quo ya no es aceptable. Estados Unidos quiere que por fin las cosas avancen».

Conflicto congelado

El texto solicita a las partes unirse a la mesa de negociaciones «sin condiciones y con buena fe» y reafirma la voluntad del Consejo de «ayudar a las partes a alcanzar un solución política realista, justa, duradera y mutuamente aceptable y que permita la autodeterminación del pueblo saharaui». Ahora falta un entendimiento en la semántica de la palabra «realista». Los americanos han indicado que el plan de autonomía propuesto por los marroquíes podía representar «un posible acercamiento que satisfaga las aspiraciones del pueblo saharaui». Una propuesta que rechaza categóricamente el Frente Polisario. Rusia ha objetado inmediatamente que «todo reglamento debía ser mutuamente aceptable».

El enviado especial Horst Koehler, que espera relanzar un quinto ciclo de negociaciones directas, se ha mantenido muy prudente hasta ahora, y ha indicado que las partes habían dado muestras de un «cierto deseo» de alcanzar una solución. Al finalizar la votación, la intensidad de este deseo parecía estar ya bastante mermado.

En un comunicado del Frente Polisario, Mahmed Khadad indicaba «no aceptar nada menos que [nuestro] derecho legal a la autodeterminación y a la independencia» pero «estar dispuesto a implicarse en las negociaciones». Por su parte, Omar Hilale, representante de Marruecos en la ONU, ha considerado «que no podría haber proceso político» si el Polisario no se conformaba con la resolución que le ordena retirarse de la zona de amortiguación de Guerguerat, escenario de tensiones entre Marruecos y el Polisario desde 2016.

Las partes disponen de seis meses para encontrar un terreno de entendimiento, de lo contrario Washington ha enviado una advertencia apenas velada lamentando que la Minurso «se haya convertido en el típico ejemplo de un conflicto congelado y de una misión que ya no sirve como objetivo político».

* Marie Bourreau, corresponsal de Le Monde en Nueva York, Naciones Unidas. Artículo original, clic aquí
Traducido para LoQueSomos por Mireille Tumba

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