Redacción. LQS. Diciembre 2018

Para comprender bien el presente, es necesario conocer el contexto en el que se produjo la transición, y los límites que se impusieron a sangre y fuego. Porque esta transición, esta constitución, está teñida de sangre y no se fraguó en un clima de verdadera libertad

Esta nota es la continuación de una serie de publicaciones recopilatorias que recogemos en La transición ensangrentada, una introducción para el recuerdo de l@s asesinados y represaliados en esa época que nos han impuesto como ejemplo de democracia… a golpe de tortura, detenciones y 159 vidas segadas. Y es que en este 2018 se cumplen cuarenta años de Constitución (¿In?)

Ninguno de los crímenes aquí recordados han tenido su merecido castigo, ni siquiera han sido juzgados penal o políticamente como lo que son: asesinatos. Asesinatos de Estado o amparados por el Estado.

1976

15 DE DICIEMBRE. MADRID

Ángel Almazán Luna. 18 años. Trabajador administrativo y estudiante. El gobierno de UCD había convocado un referéndum sobre el Proyecto de Ley para la Reforma Política, lo que sería el principio de la Transición. Martín Villa era ministro del Interior. El referéndum se celebraba con todos los partidos de oposición ilegalizados, con varias decenas de antifascistas asesinados en los escasos meses transcurridos desde la muerte de Franco, con decenas de presos políticos en las cárceles, sin ningún derecho democrático reconocido… Todo ello hacía que dicho referéndum fuera un gigantesco e ilegítimo fraude político… Todavía se apostaba masivamente en la calle por la “ruptura” con el franquismo. Eran muchas las organizaciones y colectivos de izquierda que promovían la abstención en esa mascarada continuista. Martín Villa había advertido que sería “beligerante” contra dicha abstención y fueron muchos los detenidos en todo el Estado por hacer propaganda en ese sentido.
El 15 de diciembre era el día en que tal referéndum tenía lugar. En paralelo, fueron convocadas muchas manifestaciones de denuncia y rechazo del mismo. Una de ellas, en Madrid, convocada por el PTE y la JGRE, es brutalmente disuelta por la Policía antidisturbios. El joven Ángel Almazán es detenido y apaleado en plena calle; con ensañamiento, le propinan culatazos, patadas y golpes en la cabeza y en todo el cuerpo. Las heridas eran mortales de necesidad. Los policías le arrastran hasta un portal, agónico. Posiblemente discuten qué hacer con Ángel, dada su crítica situación. La ambulancia tarda más de una hora en llegar, y le traslada al hospital La Paz.
Mientras los franquistas travestidos de demócratas celebraban a bombo y platillo el “éxito” de SU fraudulento referéndum y su “beligerancia” antiabstencionista, Ángel agonizaba hasta acabar muriendo el día 20 de diciembre.

1977

En diciembre de este año hubo 2 jóvenes asesinados por cuerpos represivos del Estado con apenas ocho días de diferencia: Manuel José García Caparrós (Málaga) y Javier Fernández Quesada (Tenerife). La escritora Rosa Burgos ha realizado, con extraordinarias tenacidad y exhaustividad, investigaciones sobre cada uno de estos casos, publicadas en dos libros imprescindibles: Las muertes de García Caparrós (Libros del Observador) y La bala que cayó del cielo. Crimen de Estado: el caso Fernández Quesada (El Garaje Ediciones).

4 DE DICIEMBRE. MÁLAGA

Manuel José García Caparrós. 17 años. Trabajador de Cervezas Victoria y militante de CC.OO. Ese día, una manifestación reivindicaba en Málaga la autonomía andaluza. Un joven, Manuel Trinidad Berlanga, trepó por la fachada del edificio de la Diputación de Málaga para colocar una bandera de Andalucía. A partir de ese momento, la Policía realizó un despliegue masivo por toda la ciudad. En las cargas que realizó para disolver a los manifestantes utilizó balas de goma y fuego real. Como consecuencia de ello, resultaron heridos una joven y un joven (ambos de 15 años), y Manuel José resultó muerto.
Hasta el funeral de García Caparrós la ciudad estuvo bajo el estado de excepción y se sucedieron las detenciones y malos tratos en las comisarías. El entierro fue una masiva manifestación popular de condena y, desde entonces, el joven asesinado es considerado un mártir y símbolo de la autonomía andaluza.
La escritora Rosa Burgos ha investigado durante más de 10 años este crimen. Señala que “a los pocos días [de la muerte] se incoa un sumario, se inicia una investigación gubernativa para identificar a los responsables. También se inicia por la Jurisdicción Militar un procedimiento para esclarecer los ultrajes a la bandera española y para investigar las lesiones e injurias a los miembros de la Policía Armada, y se crea un Comisión dentro del Congreso para analizar los sucesos ocurridos en Málaga durante esos tres días [manifestaciones, muerte de Manuel José y estado de excepción en la ciudad]”. El proceso judicial y la Comisión del Congreso se cerraron precipitadamente sin llegar a ninguna conclusión efectiva: nadie es responsable de esa muerte.
Rosa Burgos, en su libro “Las muertes de García Caparrós” hace públicos los documentos de los procesos incoados (que sorprendentemente siguen calificados como “Secretos” por la administración). En ellos, se cita un informe de balística del Ministerio del Interior que concluye que el arma de M.P.R, “puede haber disparado la bala ‘dubitada’, la extraída del cuerpo de García Caparrós”. Como si nada.

Favores envenenados en dos casos de la transición

12 DE DICIEMBRE. LA LAGUNA (TENERIFE)

Javier Fernández Quesada. 23 años. Estudiante de Biología. La Universidad tinerfeña de La Laguna es escenario de una masiva protesta estudiantil en solidaridad con la huelga general obrera que en ese momento tenían lugar en Tenerife. El gobernador civil, Luis Mardones (Cruz del Mérito de la Guardia Civil, en la Categoría Plata, entre otras), considera que todos esos conflictos tienen por objetivo “la desestabilización ácrata”. Varios destacamentos de la Guardia Civil entran en la universidad. Al menos seis guardias civiles armados con metralletas y pistolas irrumpieron por la entrada lateral disparando a todos lados. Muchos pensaron que eran balas de fogueo. No era así. Javier se agachó junto a un muro, en la escalinata del Paraninfo, para protegerse de los tiros. Una bala, posiblemente disparada a bocajarro, le atravesó el corazón. Contra toda lógica procesal, los casquillos aportados por diversos testigos no fueron depositados en el Juzgado civil ni en el militar al que se desvió la causa, sino que se enviaron directamente a una comisión creada en el Congreso para investigar las muertes de Manuel José y Javier. Esta comisión, según Rosa Burgos, no sirvió para nada efectivo; si acaso, apunta, “más bien para ocultar pruebas y encubrir a los culpables”. El sumario fue sobreseído el 11 de marzo de 1978 “por falta de autor conocido”. Como en el caso del joven malagueño, nadie resultó ser responsable de esa muerte. Las balas caían del cielo.

Fernández Quesada, ¿crimen de Estado?
La bala que cayó del cielo. Crimen de Estado: el caso Fernández Quesada

1978

4 DE DICIEMBRE. ANGLET (FRANCIA)

José Miguel Beñarán Ordeñana “Argala”. 29 años. Miembro destacado de ETA en los últimos años del franquismo y primeros de la Transición. Participó en la Operación Ogro, con la que se eliminó al almirante Carrero Blanco, recién nombrado Presidente del Gobierno por Franco y destinado a suceder a éste al frente de la dictadura. Tuvo un importantísimo papel en la redefinición de la estrategia del movimiento abertzale tras la muerte de Franco, proponiendo el desarrollo de un frente político diferenciado de lo estrictamente militar, que quedaba reservado a ETA militar. Refugiado en el sur de Francia, el 4 de diciembre de 1978 murió al estallar una bomba que el Batallón Vasco Español había colocado en su coche.

1979

13 DE DICIEMBRE. MADRID

Emilio Martínez Menéndez (20 años) y José Luis Montañés Gil (23 años). Las centrales sindicales habían convocado una manifestación en Madrid contra el Estatuto de los Trabajadores que se elaboraba en esos momentos en el Congreso. Unas 300.000 personas participaron en ella. Centenares de jóvenes estudiantes se incorporan a la manifestación coreando: «Todos unidos, estudiantes y trabajadores» y «Universidad para los hijos de los obreros». La Policía aprovecha para cargar contra ellos. Los dirigentes de CC.OO. y el PCE –Tamames, Santiago Carrillo, Julián Ariza…– ven con desagrado y temor la incorporación de los grupos estudiantiles. Carrillo se esfuma. Tamames ondea pañuelos blancos entre el ruido de los pelotazos de goma y el humo de los botes disparados por la Policía. Los manifestantes se dispersan por las calles alrededor de la Glorieta de Embajadores, y hacen barricadas para protegerse. Empieza el fuego real. La dotación de un jeep de la policía dispara sobre los grupos de jóvenes. Más de 15 disparos. José Luis Montañés cae con un tiro en el cuello. Apenas a 5 metros, otro joven, Emilio Martínez, es alcanzado por un tiro en el corazón. Los manifestantes pintan en el suelo con una tiza blanca un cuadrado alrededor de la mancha de sangre que han dejado. Ellos y los vecinos depositan flores.
El juez que instruyó el caso, José Clemente, confirmó que la bala era de nueve milímetros y pertenecía a la policía. Nunca fueron dados a conocer los nombres de los cinco ocupantes del jeep, autores de los disparos.

1980

28 DE DICIEMBRE. VALENCIA

Francisco José Rodríguez López. 21 años. Junto con otros cuatro jóvenes se dirigía por la calle del Mar a recoger una furgoneta aparcada en la zona. A su paso, un grupo de diez o quince jóvenes situado en una de las aceras, les gritó: “Viva España”, “Arriba España”. Francisco José y sus compañeros continuaron su marcha, ignorándoles. El grupo de fascistas les siguió. De pronto, un individuo de entre ellos gritó: “Apartaos” y se abrió paso empuñando una pistola con la que empezó a disparar sobre los cinco, a corta distancia y sin mediar palabra. Ocho balas alcanzaron a Francisco José Rodríguez López y lo mataron. Resultaron heridos también Vicente Castro Llopis, Salvador Peiró y Benjamín Carracedo Ruiz. El autor de los disparos fue José Palazón Sánchez, de veinte años, miembro activo del entorno ultraderechista.

30 DE DICIEMBRE. BIARRITZ (FRANCIA)

José Martín Sagardía Zaldua. 29 años. También miembro de ETA, refugiado en el sur de Francia. Residía en Biarritz y trabajaba en una localidad cercana. Al poner en marcha su coche para ir al trabajo, una bomba de vibración instalada en el motor y compuesta por 3 kilos de goma-2, le hizo saltar en pedazos.

¡No olvidamos!
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– La transición ensangrentada

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