Sarkozy, Zapatero… y la silla del primero

No suelo meterme con ZP porque hasta ahora, a pesar de sus frecuentes y escandalosas meteduras de pata y del amor filial que le profesa a papaíto Borbón y que, como es lógico, a mí me pone de los nervios, me caían bastante bien su famoso talante, su idealismo ideológico, su clara apuesta por los avances sociales y su valiente toma de postura personal en política exterior. Repito, hasta ahora, ni su evidente falta de preparación para el cargo que ocupa, ni sus errores flagrantes en el tema de las conversaciones con ETA, ni la defensa a ultranza de la táctica del avestruz en el espinoso asunto de la supercrisis económico-financiera que padecemos (y que negó por activa y por pasiva hasta que ésta se lo comió por los pies) fueron suficientes para que renegara en lo más íntimo de mi ser de mi zapaterismo no militante.
        
Pero lo visto, oído, leído, imaginado, especulado… y hasta revelado por el Espíritu Santo, en relación con “la perra” cogida por este hombre para que le invitaran a la reunión del G-20 en Washington, ha podido conmigo. Mi cuerpo serrano ha sido incapaz de metabolizar las toneladas y toneladas de vergüenza ajena y de sensación de ridículo patrio que le han sido servidas en los últimos días por los fontaneros de la Moncloa, los subordinados partidarios de Ferraz y los palmeros mediáticos del sistema; empeñados todos ellos en cambiar su estúpida actuación como mendicante presidente del Gobierno (recorriendo medio mundo en súplica perenne de una silla para sentarse en la mesa de camilla de Bush) por un espectacular éxito internacional de consecuencias inimaginables para nuestro país.

Lo he pasado fatal todos estos días, lo reconozco, y lo sigo y seguiré pasando hasta que este joven muchacho, de carácter afable, luchador tenaz, cabezón donde los haya, antiguo y anodino calientaescaños y “culiparlante” en el Congreso, aventajado político luego que tuvo la osadía  (y la suerte) de ganarle la partida al ladino Bono, más tarde secretario general de su partido y ahora, parece ser, presidente delegado para el sur de los Pirineos del nuevo Ente económico mundial liderado por su amigo Sarkozy, vuelva de esa reunión/trampa de alto nivel organizada y gestionada por el “patocojo” de Bush (con la boleta de la jubilación ya en el bolsillo de su uniforme de combate de top gun).

Cónclave económico global que, sin embargo, amenaza, si hacemos caso a los últimos informes de prestigiosos centros de poder financiero, con terminar como el rosario de la aurora, es decir, como acaban siempre esas almibaradas, sosas, irrelevantes, improductivas y caras “cumbres iberoamericanas” a las que ZP acude anualmente, acompañado por su inseparable pareja política de hecho, el rey Juanito, con el fin de vacilar un poco con nuestros subdesarrollados amigos de allende el charco, pedirles que tengan un poco de paciencia con nuestras empresas/tiburón, ponerse hasta las cejas (nunca mejor dicho) de comer y beber productos de la tierra y, si se tercia, y hay que hacer callar a algún líder sureño antiespañol, respondón y revolucionario, para que el campechano y abotargado Borbón,  oído el grito zapateril de “Majestad, a por él”, se lance al cuello del interfecto con su atiplada voz y sus suaves maneras diplomáticas tan reconocidas internacionalmente.

Por cierto, ahora que hablamos de viajes. ¿Pero quién autoriza en este país la orgía viajera que últimamente protagonizan el Marco Polo con barriga cervecera que tenemos en La Zarzuela y su abultada familia? Porque, vamos, es que no paran de subirse y bajarse de aviones (oficiales, claro) para ir a los lugares más recónditos (cuantos más mejor) y con los motivos más fútiles: olimpiadas, bodas, visitas oficiales, la ya reseñada cumbre/juerga de El Salvador (dos aviones oficiales de gran capacidad mejor que uno), excursiones de la señora consorte a escuelas de Tailandia o sabe Dios donde, revistas protocolarias a soldados españoles en el exterior (que dan mucho de sí,  sobre todo cuando hay muertos de por medio)… y, en el colmo de los colmos, el reciente viaje al Japón (del que acaban de regresar los señores Borbón) para inaugurar ¡un centro del Instituto Cervantes!, señores. ¡Casi nada! Pero, coño, con perdón, que uno se calienta sin querer ¿es que no podía haber protagonizado esa memez cultural el embajador español en Tokio, que está allí, en lugar del ya feo y gordo rey de todos los españoles? Ya que, y no descubro nada nuevo, todos estas excursiones internacionales de nuestra amada pareja regia (y de la juvenil subsidiaria que ahora tampoco descansa ni un minuto desde que la Leti se modernizó sus estructuras) las acabamos pagando todos los contribuyentes. En una época de crisis letal como la presente en la que ya empieza a haber gente que ha decidido ponerse a adelgazar, pero no por cuestión estética o por indicación médica de su endocrino (que no lo tienen) sino por cuenta de Solbes. 

Bueno, pues vuelvo con Zapatero para terminar. ¿Pero que le ha podido pasar a este hombre con la cumbre de Washington que, a todas luces, no va a servir para casi nada pues todos sabemos que nació sobre la marcha, en aquella minicumbre de Sarkozy a la que él no fue invitado,  porque en aquellos momentos de pánico algo había que hacer ante el peligro cierto de que se derrumbara con estrépito todo el sombrajo financiero mundial. Y que, a dos días de su comienzo, no cuenta todavía con un orden del día fiable (circulan por ahí documentos-propuestas para todos los gustos: el europeo, el americano, el del G-20. el de los países emergentes…¡ah! y el de Zapatero-Blanco) ni ninguno de sus invitados sabe a ciencia cierta de que se va a hablar allí en realidad, teniendo en cuenta que el  poderoso jerarca que debe gestionar en buena medida sus resultados (el bronceado Obama) ha decidido poner tierra de por medio entre él y el “cadáver político” que todavía ocupa la Casa Blanca.
                              
¡En lucha por la III República!

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