Si el antineoliberalismo no es anticapitalismo, siempre ganará Bolsonaro

Juan Chaneton*. LQS. Octubre 2018

“O ya no pasa lo que yo entendía, o ya no entiendo lo que está pasando”

La escenografía dispuesta para disimular las espantosas carencias intelectuales y morales del recién electo presidente de la República Federativa del Brasil, Jair Messías Bolsonaro, incluyó un texto leído y breve y un hombre negro detrás, con camiseta amarilla, con cuya calculada presencia se buscaba desmentir el racismo explícito del estrafalario personaje devenido presidente.

Las cifras, finalmente, no fueron de catástrofe. En primera vuelta, Bolsonaro obtuvo el 46 % frente al 29 % de Haddad. Hoy, los guarismos marcaron 55 a 44, poco más o menos. Pero la catástrofe, política y cultural, reside en que el final del ciclo soberanista en América Latina haya sido remachado en formato fascistoide y anunciador del relanzamiento de un nuevo ciclo de gestión económica neoliberal en escala ampliada.

Bolsonaro tendrá que gobernar a partir del próximo 1º de enero. Y tendrá dificultades para hacerlo. Pero no se hallarán éstas en aquellos temas más marquetineros y sensacionalistas de la campaña, a saber, la baja en la edad de imputabilidad penal de 18 a 16 años; o la libre portación de armas; o la persecución a minorías raciales, nacionales o de género; o conferir inmunidad a la policía para matar en la calle y a como dé lugar, a rateros y delincuentes de poca o mucha monta. Bolsonaro deberá consolidar su base social electoral en términos de legitimidad para completar su primer mandato, y los temas en agenda, aquí, se hallan vinculados al desempleo estructural, a la inflación, a la cobertura de salud, a la previsión social (jubilaciones y pensiones), a la educación, a la vivienda y a la tierra. Y esta agenda no la satisface Paulo Guedes ni la ortodoxia pro mercado, que es lo que ha venido a implantar Bolsonaro en Brasil. La paradoja, su paradoja, será dura: para imponer el programa que posibilite un nuevo ciclo de acumulación en escala ampliada en favor de los bancos, los terratenientes y la industria, debería contar con un consenso social presto a evaporarse a las primeras medidas ortodoxas y que, entonces, sólo podrá obtenerse mediante la represión como política de Estado. Hoy, tal escenario parece un salto al vacío.

El Partido de los Trabajadores (PT) será la primera fuerza política en la Cámara de Diputados de 513 miembros: tendrá 56 legisladores frente a los 51 del Partido Social Liberal (PSL) de Bolsonaro. El Senado Federal se compone de 81 miembros y allí también golpeará la fantasmagórica reconfiguración de la representación política brasileña: de 18 partidos que había hace veinte años se ha pasado a treinta en la actualidad, algunos de los cuales son cofradías de policías y predicadores milenaristas impregnados de odio al «comunismo», al «izquierdismo», al «populismo» o al «terrorismo», conceptos cuyas definiciones no preocupan a nadie, por estos días, en Brasil.

El tercero en la próxima legislatura será el centrista Partido Progresista (PP), con 37 diputados, y el cuarto el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), cuyo jefe, aunque parezca mentira, es el corrupto actual presidente, Michel Temer, con 34 legisladores.

Así las cosas, esta fragmentación obligará al elegido presidente a maniobrar para obtener lo que, en democracia, se llama consenso, indispensable para gobernar, sobre todo cuando el Poder Judicial (Tribunal Supremo, en Brasil) parece dispuesto a hacer respetar el Estado de derecho y el libre juego democrático de mayorías y minorías.

En otro orden y en lo que hace a la potencial nueva ubicación de Brasil en el tablero regional, hay que ponderar, en primer término, la integración continental.

Estados Unidos es, por antonomasia, el enemigo jurado de los espacios integrativos soberanos en clave Mercosur y será éste el primer mojón que removerá Bolsonaro. En el derecho de la integración se distingue entre Zona de Libre Comercio (circula entre los miembros «lo esencial del intercambio») y, un paso más allá, la Unión Aduanera (circula sin aranceles todo menos algún producto puntual exceptuado). La UA más TEC (Tarifa Exterior Común) da lugar al Mercado Común, que es el nivel que ha alcanzado la integración en Sudamérica con el Mercosur. Con el resultado electoral de Brasil, el futuro inmediato nos reserva el retroceso hacia el estatus de «zona de libre comercio», de tal modo que los miembros ya no están obligados a actuar en bloque y puede, cada uno por su cuenta, firmar un tratado aparte con Estados Unidos. Como quería Bush, con el ALCA, en 2005.

Enmarcar el triunfo de Bolsonaro en el contexto más amplio de qué es y qué significa el neoliberalismo y la globalización capitalista y de qué es y qué significan las «interrupciones» nacional-fascistoides de esa dinámica (al estilo Trump), excede por completo el espacio y fin de esta nota, pero se trata de desarrollos indispensables para fundar sobre bases firmes las nuevas políticas nacionales, populares y anticapitalistas en la región centro y sudamericana. El tiempo está apremiando al progresismo y a las izquierdas en ese sentido.

Los pueblos vienen perdiendo la fe en las así llamadas democracias. Parecen haber decodificado el mensaje implícito en las gestiones gubernativas de las últimas décadas, tanto en Brasil como en el conjunto del continente. Los pueblos parecen ya no creer que con la democracia se cura, se come y se educa, porque esos pueblos (los pueblos de Brasil o los que describe Juan Grabois en su último indispensable libro titulado «La clase peligrosa») languidecen en la pena del hambre cotidiana y un mesías les viene a decir que esa democracia no sirve, y entonces ocurre lo que dice Héctor Abad Faciolince, un escritor colombiano que me regaló una novela de mi flor que se llama «La Oculta», y dice así Faciolince: «Que gane entre los más ricos y reaccionarios es normal. Pero si gana entre las clases medias y marginadas, esto no se debe ni siquiera a lo que dice, sino a que al menos le entienden lo que dice, sobre todo si lo que dice se parece a lo que los pastores evangélicos gritan en los sermones».

Y concluye su diagnóstico con un epigrama que sería para celebrar si no se refiriera a lo que se está refiriendo: “O ya no pasa lo que yo entendía, o ya no entiendo lo que está pasando”. Inmediatamente, el colombiano aclara que tal dicho no es de él sino de otro ilustre de las letras, pero mexicano: Carlos Monsiváis (El País, Madrid, 25/10/18).

Ha ganado, como parecía que iba a ser, el capitán Bolsonaro. Sería un exceso decir que el PT nos ha traído hasta aquí, como la socialdemocracia de Weimar nos llevó a Hitler. Sería pura usura, sobre todo porque Lula puso a Brasil como sexta economía del mundo por encima de Inglaterra, en cambio Friedrich Ebert todavía tiene que pagar una cuenta: fue su firma la que dispuso el asesinato de Karl Liebnecht y Rosa Luxemburgo. Después -después de la socialdemocracia y de esos crímenes- vino Hitler, de modo que no se trata de un improcedente y anacrónico recuerdo, sino de una esencial advertencia de la historia. Todo tiene que ver con todo. La globalización nos envuelve a todos. Y ya es hora de comprender que o nos salvamos todos, sin sectarismos ni prejuicios ideológicos, o moriremos todos.

* América Latina en Movimiento
Brasil – LoQueSomos

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Un comentario sobre “Si el antineoliberalismo no es anticapitalismo, siempre ganará Bolsonaro

  • el 30 octubre, 2018 a las 11:51
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    La elección terminó, pero la lucha está apenas empezando: ¡seguimos de cabeza erguida resistiendo por Brasil!

    Por Frente Brasil Popular y Frente Pueblo Sin Miedo

    Vivimos un proceso electoral totalmente atípico. Desde el cierre del período militar no teníamos la prisión política de un líder, como la de Luiz Inacio Lula da Silva, injustamente condenado, y que tuvo su candidatura impugnada por el Tribunal Superior Electoral. Un proceso en que fuerzas que actuaban hasta entonces en las bodegas del país, emergieron la disputa presidencial provocando una gran ola de odio y violencia contra el pueblo brasileño.

    Nuestra candidatura fue una respuesta democrática al arbitrio que contamina el escenario político desde el golpe parlamentario que en 2016 derribó a la presidenta Dilma Rousseff. Enfrentamos abusos y patifares practicados por corrientes comprometidas con mezquinos intereses antipopulares, antidemocráticos y antinacionales.

    La elección de Bolsonaro representa una ruptura política, cuyos signos están representados en el asesinato de Marielli, de Moa Katendê – líder capoeirista, Charlione – joven cearense que aún ayer participaba de una carruaje. Ellos amenazan nuestras vidas por luchar por un país igual y justo.

    Incluso bajo balas, resistimos en defensa de la soberanía nacional, violada de tantas maneras en los últimos dos años. Protegido por sectores del sistema judicial y de los medios monopolistas, el candidato diputado Bolsonaro se quedó de manos libres para financiar su máquina de mentiras con dinero clandestino, incitar la violencia contra sus adversarios, huir de debates públicos y burlar reglas electorales.

    Estas fuerzas, a través de la tramoya y de la truculencia, con maniobras aún sujetas a investigaciones y juicios, llegaron a la Presidencia de la República.

    A pesar de tantos obstáculos, nuestra alianza organizó una poderosa resistencia por todo el país, que llevó a la realización de la segunda vuelta ya un formidable movimiento en defensa de la civilización contra la barbarie, de la democracia contra la dictadura, del amor contra el odio.

    En esa segunda vuelta, que hoy se cierra, hombres y mujeres de todos los cuadrantes se manifestaron a favor de los pilares constitucionales de nuestro país. Esta jornada jamás habría sido posible, sin embargo, sin la dedicación y la valentía de los movimientos sociales y sectores democráticos de la sociedad.

    En el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se celebrará en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, de la violencia institucionalizada.

    En este momento, es fundamental continuar juntos y cohesionados en torno a la democracia, la soberanía nacional y los derechos. Por lo tanto, orientamos que la próxima semana se organicen plenarias en todas las ciudades, reuniendo a la militancia ya todos aquellos que se sumaron en esa batalla. Cuando sea posible, también debemos organizar manifestaciones, tal y como ya está marcado para el próximo martes, 30 de octubre en São Paulo.

    No debemos dejar caer por el miedo, pues tenemos unos a otros. A diferencia de lo que piensan, el pueblo brasileño sabrá resistir.

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