Redacción. LQS. Octubre 2018

Cinco años y medio después de la huelga de hambre de Figueroa, su denuncia sigue siendo necesaria, a la vista de los datos presentados en febrero por la AECC en su informe en el que concluía que el cáncer empobrece hasta la exclusión social a muchos de los pacientes de cáncer

En septiembre de 2011, Beatriz Figueroa se encontraba recibiendo quimioterapia tras una mastectomía radical a la espera de otra mastectomía. En aquellos días cayó en sus manos el libro “Sonríe o muere” de Barbara Ehrenreich (también paciente de cáncer de mama), una de las feministas norteamericanas más críticas con la cultura rosa. Un libro que para Beatriz supuso un consuelo ya que su proceso tampoco era rosa: enferma y desempleada, sus únicos ingresos eran 426 euros mensuales, cargaba con una reciente hipoteca cuyas cuotas superaban este importe y además tenía que pagar el 40% de la aportación de sus medicinas.

La cultura rosa centra como objetivo la supervivencia “heroica” de las mujeres teniendo una “abundancia de oportunidades” que predomina en la tiranía del positivismo. El rosa como símbolo de lo femenino promulga la suavidad del cáncer de mama convirtiendo el padecimiento en un objeto muy atractivo para el marketing.

Como la propia Beatriz manifiesta:
El panorama tan negro no me dejaba ver el rosa por ninguna parte.
El efecto de esta implacable cultura es transformar el cáncer de mama en un rito de paso y no en una injusticia o una tragedia para las mujeres. con poder pastoral muy típico de Norteamérica. El negocio y los intereses económicos son los mejores ‘amigos’ de esta causa en un muy rentable, comprometido y solidario mercado femenino por la ‘causa’. Esta ‘cultura rosa’ no tiene en cuenta en qué medida las mujeres están en posición de atender sus necesidades socioeconómicas ni si cuentan con los medios para recuperarse y reinsertarse sin estigma en la sociedad”.

En la “cultura rosa” no se encuentra ira, ni dolor y son pocas las quejas de las mujeres por los efectos nocivos, en ocasiones permanentes, de los tratamientos. Sólo hay buenos relatos de las mujeres supervivientes. Algo que contrasta con los miles de testimonios que recibe Figueroa desde que denuncia la desprotección socioeconómica de los enfermos de cáncer.

Susana G. se desplazó a Vigo en septiembre del 2015 para apoyar a Beatriz Figueroa cuando se rodó el cortometraje denuncia “Ir a ningún sitio. Cáncer y desamparo. Asturiana, casada y con un hijo, fue diagnosticada de carcinoma de mama en 2011, con 41 años. Su marido también es paciente de cáncer. Susana escribe a Beatriz hoy para denunciar que el cáncer no es de color rosa:
“Mi situación actual es que soy una mujer, con 48 años, miembro de una familia azotada por el cáncer donde la lucha no cesa, con un hijo que sacar adelante, desempleada y plagada de incertidumbre ante un futuro que está claro no me pertenece. Una mujer que ha tenido que reinventarse. Me levanto cada día para enfrentar con la esperanza de no caer en una depresión o en una exclusión personal y laboral”.

Anne Claire S. enfermó de cáncer de mama en Barcelona. En 2013 creó una tienda online para la venta de productos que ayudan a las mujeres a cuidarse durante el cáncer. No ha dejado de estudiar y formarse desde ese momento con gran esfuerzo ya que sus dos hijos aún son menores.
Estas son sus palabras:
“Me molesta mucho esa visión ‘angelical’ del cáncer de mama. El color rosa, es tan bonito, tan glamuroso! Viene a ser muy leve, insignificante, cosa de mujeres, es casi nada. Podríamos decir que es algo más que una gripe, ¿no? Pues lo siento, pero el cáncer de mama no es esto que nos hacen ver o que nos transmiten. Es cirugía con ablaciones y cicatrices, es quimioterapia, tratamiento duro, difícil, tanto física como emocionalmente, es radioterapia con quemaduras, es el miedo constante a perder una parte importante de una misma, a perder tu vida, a morir, a marchar, a faltarle a tus seres queridos…”

Marga Prado padeció un segundo cáncer en 2010, esta vez de mama. Cuando se reincorporó a la empresa fue despedida. El pasado año fue nuevamente intervenida de una mama. En febrero acompañó a Beatriz Figueroa a Madrid para entrevistarse con el Defensor del Pueblo y reunirse con todos los partidos políticos que cuentan con representación en el Congreso.
Marga concluye su testimonio diciendo:
“Después de 17 años cotizados, dependo totalmente de la renta de mi marido, que vive y trabaja fuera de Vigo durante toda la semana, encontrándome sola para llevar adelante el cuidado de mis hijos, el mío propio y el intento por todos los medios de incorporarme de nuevo al mundo laboral.”

Cinco años y medio después de la huelga de hambre de Figueroa, su denuncia sigue siendo necesaria, a la vista de los datos presentados en febrero por la AECC en su informe en el que concluía que el cáncer empobrece hasta la exclusión social a muchos de los pacientes de cáncer (2).

Recientemente se ha creado la plataforma de Jóvenes Pensionistas (3), una iniciativa de personas que por padecer una enfermedad como el cáncer se ven incapacitadas laboralmente a una edad temprana, con el objetivo de visibilizar sus necesidades y exigir derechos que les garanticen una “supervivencia” digna. Su portavoz para Galicia es Beatriz Figueroa.

Notas:
1.- Ir a ningún sitio – Cáncer y Desamparo
2.- Cambien la ley y protejan a los enfermos de cáncer
3.- ¿Jóvenes y pensionistas? La enfermedad no es una elección

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