Soberanía Alimentaria: mucho más que una frase

Por Acacio Puig. LQSomos.

Desde el colectivo Loquesomos hemos suscrito y difundido la Declaración por un sistema alimentario basado en la agroecología y la soberanía alimentaria  un documento que suma ya en nuestro país más de 500 adhesiones de colectivos y unas 2000 adhesiones individuales.

Esa declaración constituye una referencia importante para la constelación de anticapitalismos que habitamos el mundo rural, pero en buena medida sigue pendiente la asunción de su dimensión estratégica por colectivos urbanos (sindicatos, movimientos, partidos de izquierda…) asunción muy necesaria porque agroecolología y Soberanía Alimentaria son piedras angulares del combate integral frente a la catástrofe climática y las depredadoras políticas neoliberales que afectan tanto la despoblación como la liquidación de servicios públicos, la destrucción de empleo rural y el derecho a una alimentación sana. Ese combate requiere el concurso de fuerzas rurales y urbanas, locales e internacionales y sin esas convergencias en debate y acción, su avance será muy limitado y condenado al propagandismo y en última instancia, al fracaso.

Por eso este artículo de divulgación se propone como modesto punto de partida ser temáticamente recopilatorio y estimulo de la acción colectiva. Apuntamos pues una síntesis con voluntad de aproximar la estrategia de la Soberanía Alimentaria a sectores aún lejanos a la misma; empezaremos repasando la génesis y contenidos del concepto y de su importancia en la tarea de construir otro presente y otro futuro para tod@s.

En 1992 inició su andadura Vía Campesina. Liderazgos campesinos de Centro América, Norteamérica y Europa, se reunieron en Managua en el marco del Congreso de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos; poco después, en mayo de 1993 Vía Campesina se constituyó como Organización Mundial con el proyecto de desarrollarse política y organizativamente para contestar las políticas agrarias dominantes (y enfatizando desde entonces la urgencia de fortalecer el protagonismo de las mujeres campesinas en las luchas y la auto organización del medio).

Buscando el protagonismo de las mayorías sociales para el avance de esas políticas transformadoras desde 1996 y en torno a la estrategia de Soberanía Alimentaria, se articularían temas como la defensa de la Reforma Agraria generalizada, la protección de la biodiversidad y la exigencia de procesos de producción, comercialización e investigación al servicio de las personas y con base en la autogestión (1)

Durante el Foro Mundial celebrado en la Habana el año 2001, la Soberanía Alimentaria se fundamentó como el derecho de los pueblos a definir sus políticas de producción, distribución y consumo de alimentos para garantizar el derecho a la alimentación sana y erradicar el hambre. Se constataba así el fracaso de la “Revolución Verde” (maquinaria + pesticidas + abonos químicos + manipulación de semillas) que desde los años 60 del pasado siglo había constituido el paradigma impulsado por la FAO y el Banco Mundial y que generó más producción sí, pero más hambre, exclusión y agotamiento de acuíferos y suelos.

Como proyecto vinculado al territorio, la Soberanía Alimentaria puso en valor la agricultura a pequeña escala y orientada a la satisfacción de necesidades humanas frente al macro-modelo jerarquizado y plegado al beneficio de las transnacionales de la agricultura y ganadería, precisamente el modelo arropado por la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Así, frente a la privatización de recursos genéticos, de aguas y tierras, Vía Campesina defendía que, siendo propiedad común y resultado de milenios de evolución, esos recursos ni pueden ser privatizados ni registrados como tal, rechazando tanto la biopiratería como las talas de bosques y la expulsión de comunidades de sus territorios.

La Soberanía Alimentaria constituye pues un pilar de los proyectos anticapitalistas, por que se apoya en la primacía del derecho a la alimentación, en reformas agrarias que favorezcan el acceso a la tierra (algo que ya venía exigiendo el MST de Brasil, por ejemplo) y en que créditos y tecnología blanda constituyan la base autogestionada para la reorganización de producción y comercio de alimentos saludables, de la protección de la continuidad del asentamiento de comunidades junto al acceso a tierras por quienes han sido expropiados por las estrategias usurpadoras de los oligopolios agrarios (2)

¿Una estrategia “solo” para el Sur? Aunque la incidencia política y organizativa de Vía Campesina se asienta aun fundamentalmente en el Sur Global, avanza –lentamente- en los nortes del planeta. Las campañas por circuitos de proximidad en producción y comercio de alimentos y contra la colonización comercial por las grandes superficies alimentarias, frente a la invasión de organismos genéticamente modificados (también en la variedad de piensos animales que pasan al consumo humano) y otras, forman parte dese hace años de campañas internacionales en que participan -de modo desigual, ciertamente- el Sur y también el Norte.

Hace unos años “La Agroindustria bajo sospecha” (3) un trabajo de Frenando F. Such y Gustavo Duch-coordinador de la revista Soberanía Alimentaria– definía la Soberanía Alimentaria como una alternativa frente a gobiernos, instituciones multilaterales, grandes corporaciones y el desarrollismo de cogestión, que resultaban incapaces de combatir las raíces de la pobreza. En ese documento se ordenaban los objetivos de la Soberanía Alimentaria en torno a los siguientes ejes temáticos:

-Hacer efectivo el derecho a una alimentación adecuada para tod@s.
-Garantizar el acceso a los recursos productivos (tierras, agua, semillas, créditos…) frente a su acaparamiento en manos privadas.
-Acabar con la vulnerabilidad de trabajador@s agrícolas (salarios, prestaciones sociales… derechos sindicales).
-Reconocimiento de la identidad y derechos de las comunidades indígenas que viven de (y en) la agricultura campesina.
-Creación de espacios de control campesino de las políticas internacionales marcadas por la FAO (Organización para la Alimentación y Agricultura de la ONU).
-Contra el descontrol de las agricultura y ganadería industrial y por la evaluación permanente de sus costes ambientales y sociales, hoy de mucho relieve por la proliferación de macro granjas
-Contra los transgénicos, que suponen una amenaza para la agricultura y consumidores y que escapan a todo principio de precaución (recordemos que la reciente manifestación agraria del 20 de marzo en Madrid, reclamaba la reintroducción de piensos transgénicos procedentes de Argentina y EEUU, piensos que hasta el momento no eran autorizados en la UE).
-Por último, la afirmación del derecho a definir políticas de producción, distribución y consumo desde espacios participativos que garanticen la igualdad de género.

(…) En definitiva, la Soberanía Alimentaria pugna por reconstruir los sistemas agroalimentarios en dimensión alternativa y ecosocialista y esa es una tarea enorme, de calado internacional y que solo avanzará si se establecen puentes de comunicación, debate y acción entre la izquierda urbana y la rural. No es fácil pero es el camino a recorrer sin pausa.

Notas:
1.- Ver: https://www.eurovia.org/es/ y https://viacampesina.org/es/
2.- Guía para una Globalización Alternativa/ ed. B (194-197) Francisco Fernández Buey
3.- https://www.cristianismeijusticia.net/sites/default/files/pdf/es171.pdf

* Artista plástico. Militante de la izquierda revolucionaria, represaliado por el franquismo, activista memorialista de la asociación «En Medio de Abril». Miembro del Colectivo LoQueSomos

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