Sobre los de allá y los de acá: divagaciones

Fabiola Calvo*. LQSomos. Junio 2020

Los antiguos “querían que los ciudadanos de sus Repúblicas ideales viviesen en el mayor ocio, pues añadía Jenofonte, el trabajo roba todo el tiempo y con él no hay ningún ocio para la República y sus amigos”, nos refiere Pablo Lafargue en “El derecho a la pereza”

Tomaré prestada una frase del título de un libro del maestro Nicolás Buenaventura “El derecho a hablar mierda”, que posiblemente para nuestra cultura cachaca suene vulgar o posiblemente poco elegante.

Quiero decir que ese derecho lo tenemos tanto los dueños del poder como quienes carecemos de éste, la diferencia la encontramos en los porqués, la intención y los resultados: cuando hablan mierda los de allá, desde sus búnkeres, la materializan y destrozan la paz, destrozan el país, vidas humanas y el ecosistema, por omisión o acción. Creo que Karl Marx no alcanzó a mostrarnos esta capacidad del Estado y sus alrededores.

En cambio, cuando los del populacho hablamos mierda es para relacionarnos, para “botar corriente”, “hablar pajarilla” o sencillamente para pasar bien un rato, descargar frustraciones personales, sociales, económicas… o para hacer una catarsis del sabor amargo que nos queda cuando los otros, los de allá, hablan mierda y la concretan.

Algo parecido acontece cuando procastinamos, o sea “mamamos gallo”, y damos vueltas para no centrarnos en el cometido principal: si lo hacen ellas y ellos, los de “allá”, le están dando vueltas al asunto para consolidar lo acordado con su derecho a hablar mierda.

En un mismo país no damos el mismo sentido a las palabras así seamos de la misma ciudad, así los de allá vivan en el Palacio de Nariño y otros en la tradicional localidad de La Candelaria de la vieja Bogotá, donde fue fusilada en tiempos de la independencia Policarpa Salavarrieta y donde te mira sin reparos el Cerro de Monserrate.

Hablemos de la pereza en un país donde “los paros son innecesarios”, la “psicología sobra” y los militares de Estados Unidos son asesores en nuestro territorio. Sí, de la pereza, el dulce placer de no hacer nada, ese derecho a rascarse panza arriba como un gato. Ese derecho que es posible si tienes con qué mantenerte sin trabajar así sea sólo una temporada.

La pereza como derecho al “ocio” para los de allá, pero tildada de “holgazanería” para los del populacho ¿Qué diferencia hay entre estas dos palabras?

Los antiguos “querían que los ciudadanos de sus Repúblicas ideales viviesen en el mayor ocio, pues añadía Jenofonte, el trabajo roba todo el tiempo y con él no hay ningún ocio para la República y sus amigos”, nos refiere Pablo Lafargue en “El derecho a la pereza”.

Pero si nadie trabaja ¿cómo se crea riqueza? ¿Riqueza para quién? Mientras los de allá tienen derecho al ocio, a la pereza y a pensar, los del populacho tenemos derecho a trabajar y a no pensar, a hacer mecánicamente cuanto se nos ordena dentro de un sistema establecido para que nada cambie aunque parezca que sí. Lograr ese estado del cuerpo y del alma es producto de un gran esfuerzo.

A propósito del trabajo, los de allá se preocupan porque tengamos empleo y hasta se les quita el sueño porque se estanca el crecimiento del capital. El populacho se preocupa por tener trabajo remunerado para su sustento y el de su familia; si no lo hace dejaría de comer, educar a sus hijos e hijas y perdería lo poco que tiene a manos de los de allá.

Escuchamos decir a los de allá que “nos preocupan los empleos…” ¿El empleo o sus ganancias? Estamos entonces frente a un eufemismo, que según el diccionario de la Real Academia de la Lengua se trata de “una manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”.

Estamos frente a diccionarios diferentes, circunstancias distintas, lecturas clasistas, miradas de allá y de acá, o ante concepciones diferentes de vivir, ver, entender y sentir la vida cotidiana y las decisiones que hacen que cada día estemos mejor, si así lo decidimos, o peor si nos invade el miedo a lo nuevo y a exigir lo propio.

Nos quedarían muchísimas palabras para echarles un repaso y ahí les dejo de tarea los significados de mentira y demonio: ¿qué es para los de allá y qué es para nosotros?

Nota: Invito a escuchar la radionovela Lazos Invisibles, una producción de la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género y PCI Media Impact. El guion fue construido con historias contadas por personas de diferentes localidades de Bogotá que participaron en todo el proceso y con el apoyo de Radios Comunitarias. En iVox están todos los capítulos https://us.ivoox.com/es/podcast-lazos-invisibles_sq_f1903347_1.html. Aumenta con cifras escandalosas la violencia contra las mujeres. La radionovela a modo de antídoto.

* El Espectador
@fabicalvoocampo

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