Son preciosas

Me he entrometido sin querer queriéndolo en una conversación muy animada entre dos amigos encontrados por sus ideas, que, a veces, las más, se dan de hostias, pero sin partirse la jeta.

El uno es de Cantimpalos, en Segovia, y el otro de Gamonal, en Burgos; no podía ser menos, Gamonal, por la notoriedad global que ha adquirido con el rabioso teatro de calle con rotura de cristales y quema de contenedores, y su poética de acción contestataria.

Los dos han bajado de dos pisos distintos de alquiler de sexo, y muy cercanos; el uno en la calle Calera, el otro en la calle Trinas; lo dos a un tiro de canto de piedra, o de un gargajo, como dice el de Cantimpalos. Pisos donde mozos y viejos se escogen y entran con amor físico, esperando apagar su sed en la pita del botijo. Suelen ir casi siempre por San Juan y por San Pedro, que por eso ellos dos dicen riendo, hacemos san Pedro y hacemos san Juan, mudándose de una casa a otra.

Nos hemos encontrado en El Baúl de la Piquer, café karaoke bar con actuaciones en vivo y que, ahora, por petición mía, están cantado Las Vulpes, de las que me hubiera gustado ser pariente, con su “Me gusta ser una zorra”; grupo de cuatro chicas de Barakaldo, preciosas ellas, a cual más:

Loles Vázquez «Anarkoma Zorrita» – guitarra

Mamen «Evelyn Zorrita» – voz

Begoña «Ruth Zorrita» – bajo

Lupe Vázquez «Pigüy Zorrita» – batería

En 1983 fundaron su grupo de punk-rock, “cuando aún teníamos la democracia prácticamente recién estrenada, y, en España, como hoy,  había gente que aún vivía con el misal bajo el brazo y anclada en la época del "bajo palio" y las procesiones. Y lo que es peor, pretendiendo que todo el país viviera en un estado de Cuaresma permanente (incluidos los del partido "progre")”. (Somos ochenteros)

Sacaron una sola canción, titulada "Me gusta ser una zorra", con una entrada triunfal, para después, como siempre pasa en esta sucia y guarra piel de toro,  sufrir un ataque soez y criminal por la asnada y bobería del cristianismo rampante, por lo que se disolvieron, llevándose en esta riada fundamentalista a Carlos Tena, director del programa musical en TVE “Caja de ritmos”.

Carlos Tena declaró entonces: "Me encuentro en un grado de indefensión jurídica de la que no puedo escapar. Yo reivindico el derecho a informar y no a poner canciones erótico-festivas. Agradezco la defensa que se hizo por parte de la dirección de TVE, pero esta empresa parece que tiene ahora muy claro lo que no debe salir, y eso es hacerle el juego a los que se escandalizaron por el espacio de Las Vulpes".

Y Las Vulpes también dieron su opinión: "Nos gusta ser como somos y pensamos que a nadie debe escandalizar que digamos que nos masturbamos, porque eso es natural, eso lo hace todo el mundo. Es más fuerte poner películas violentas u obligar a niños a seguir determinado tipo de religión".

“Episodio vergonzoso de censura retrógrada en un país democrático cuya Constitución garantiza la libertad de expresión, que acabó con un programa musical y dio al traste con el proyecto de cuatro jóvenes”. (Somos ochenteros)

¡ A que nos suena¡

“Vena en las venas es  esta canción”, me dijo una vieja honrada de Villalbilla, en Burgos, que hacía sexo tomando vino, quien, a la pregunta: Mujer ¿a cuanto?, respondía:

-Por mar y por tierra yo soy honrada, cincuenta. Y echaba un trago.

Cuentan de ella las buenas y las malas lenguas que estuvo junta o casada, según la lengua, con un marino mercante.

Pero a lo que vamos: Los dos amigos estaban hablando muy acalorados sobre las mujeres españolas de derechas y de izquierdas. El de Cantimpalos, segoviano cristiano de derechas, decía que las mujeres de derechas son sencillas amigas de cura e iglesia, con malicia rústica, buenas amas de casa y cría niños, que nunca saldrán al camino del vecino, ni tratarán a solas con el párroco, a no ser en el confesionario. Decía: “Yo no me casaré con una de izquierdas, ni de coña”. Después me enteré en este mismo Baúl de la Piquer, que vivía en pecado con una.

El de Gamonal, decía que las mujeres de izquierdas conocen su cuerpo y su guarda, son revoltosas, saben lo que firman en el contrato de trabajo, y lo que hay que ganar y ganan. Son ateas, republicanas. Son hermosas y bellas, que por eso han sido odiadas y lo son por los fundamentalismos y las religiones de todo tipo.

El de Gamonal reía, en este momento, sólo, pues recordaba como nos dijo, que le había preguntado a la trabajadora del sexo si era cristiana, y que ella le respondió: “sí, pero, anda tonto, entra en tu casa”.

Con la canción de las Vulpess sonando, yo estaba un poco ido. Andaba en mi mente buscando el sexo de los grillos, con mi cabeza y pellejo sobre los hombros, de puerta en puerta de conventos de Burgos, a ofrecer huevos por encontrar la buena moza soñada.

Estando yo así, el de Gamonal, me zarandeó. El tenía confianza,  pues yo le conocía, ya que éramos casi vecinos. El, de Gamonal, yo, de Caspiscol. Va y me pregunta:

-¿Y tú que  piensas?

Le respondí en voz muy alta, como despertando de un sueño:

-Yo digo, en verdad os digo,  lo que dijo mi padre “que de cintura para abajo están todas las tías buenas, abrazando y besando lo de arriba.

Prosiguiendo:

-Ah, y os digo la verdad, Tengo una foto de dos chicas bellas de izquierdas,  que me encantan. La llevo siempre conmigo. Sueño con ellas. Me gustaría ser pariente de ellas, encontrarme con ellas; con Alba, tan especial. Más, también, en este mi sueño y, antes de despertar, veo venir unos ladrones marca España, que me quitan la ropa de la cama y me traen un orinal de roda, para mear y no echar gota.

-Mirad la foto. Vedlas. A que son guapas, ¿eh?

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