Spencer Tracy antifascista

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez. LQSomos.

Es una manera de definir Conspiración de silencio (John Sturges, 1955) con un reparto a lo grande: Spencer Tracy, Robert Ryan, Lee Marvin, Anne Francis, en 1945, un hombre con un solo brazo llega al desolado pueblo de Black Rock. Es John MacReedy (Spencer Tracy) y busca a Joe Komaco, un granjero japonés cuyo hijo le salvó la vida durante la guerra. El comportamiento de los vecinos es extrañamente hostil y grosero, y las preguntas de MacReedy sobre Komaco no reciben respuesta. Es evidente que ocultan algo, lo que despierta la curiosidad del forastero, que no está dispuesto a irse antes de averiguar el terrible secreto que esconde Black Rock…

El filme obtuvo tres nominaciones a los Oscar (actor principal, director y guion). Ganó el premio al mejor actor en el Festival de Cannes. La acción muestra cómo las actitudes racistas y xenófobas pueden desencadenar tragedias personales y colectivas, injustas y rigurosamente punibles. Los prejuicios y la intolerancia que las informan no tienen sentido, carecen de justificación, se alimentan de odio y engendran odio, inseguridad y angustia. El guion hace una excelente descripción de personajes, con especial atención al protagonista. Se muestra una comunidad en la que el imperio de la ley ha sido desplazado por grupo de granujas a las órdenes de Reno Smith (Robert Ryan), lo que se dice un líder fascista natural, ordinario. Los espectadores que la hemos visto no pocas veces recordamos escenas memorables del film la lucha a golpes de Coley Trimble (Ernest Borgnine) contra Macreedy, la defensa de este frente a Reno en una noche cerrada, el hostigamiento del jeep que conduce Macreedy por parte de Coley y la convincente denuncia de la debilidad de Reno por parte de Macreedy al haber confiado en cómplices en los que anida la traición.

La música suena con fuerza y solemnidad, interpretada por una orquesta de viento y percusión. La fotografía hace uso de encuadres excelentes, escenas nocturnas iluminadas con sabiduría, un discreto recurso a la «noche americana», planos medios bien centrados en la pantalla de cinemascope y los travellings excepcionales de la presentación del tren. La dirección desarrolla el descubrimiento del secreto de Macreedy y el hostigamiento al que se ve sometido, de modo pausado y gradual, con lo que enriquece el film y absorbe al espectador.

La película, pausada y solemne, denuncia el sinsentido del racismo, la xenofobia y la tiranía. Exalta la resistencia al miedo y el imperio de la igualdad ante la ley. En realidad, la película es una suerte de “western”, un género donde Sturges llegó a la maestría. Para las nuevas generaciones se trata de un descubrimiento del mejor cine “rojo liberal” norteamericano.


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