Guadi Calvo*. LQS. Abril 2018

Tras el final de la guerra contra los tigres tamiles, las autoridades comenzaron a perseguir a la minoría musulmana, contra la que periódicamente se ejecuta hecho de suma violencia quemando y saqueando, sus barrios y sus propiedades, llegando a quemar mezquitas y asesinar fieles

Los disturbios anti islámicos que estallaron en las últimas semanas en la ciudad de Kandy, la segunda más importante de Sri Lanka, después de Colombo, su capital, han dejado tres muertos y más de 200 propiedades pertenecientes a musulmanes, un 10 % de la población, destruidas por efecto del fuego y el estallido de algunas granadas.

En cercanías de Kandy, se encuentra el Sri Dalada Maligawa (Templo del Diente Sagrado) el lugar más sagrado del budismo en el país, donde se cree se conserva un diente de Buda. Este templo fue atacado durante la guerra civil por los Tigres Tamiles en enero de 1998 dejando 17 muertos y 25 heridos.
Los ataques, aparentemente provenientes de otros lugares de la isla, contra la población musulmana, instalada en la antigua Ceylán hace más de mil años, han sido llevados a cabo por militantes budistas de la escuela Theravada, la religión mayoritaria del país un 75 % de los 22 millones de habitantes. Con la anuencia de la policía fueron profanadas 17 mezquitas, saqueadas e incendiadas 150 casas y 113 locales comerciales, mientras que cerca de 60 vehículos fueron destruidos.

La noticia no es menor si se tiene en cuenta la intermitente guerra civil que vivió el país desde 1983 a 2009 entre las fuerzas del gobierno central, budistas cingaleses, la mayoría étnica del país unos 15 millones contra la guerrilla separatista conocida como “Los Tigres de la Liberación de Tamil Eelam (LTTE)”, según el FBI los inventores de los chalecos explosivos, que asesinaron nada menos que al Primer Ministro hindú Rajiv Gandhi en 1991, al presidente de Sri Lanka Ranasinghe Premadasa en 1993 y en 2005 al Ministro de Relaciones Exteriores Lakshman Kadirgamar. Los tigres eran una fuerza constituida por elementos de la minoría tamil unos cuatro millones de mayoría hinduista, un 16 % de la población. Traídos desde la India por los británicos en 1815, para trabajar en las plantaciones de café, té y caucho.

Aquella guerra que dejó cerca de 60 mil muertos y más de un millón de desplazados, también ha dejado una animadversión entre etnias y religiones, ya que la guerra también dejó muchas víctimas musulmanas y cristianas. Los ataques anti islámicos del 5, 6 y 7 de marzo pasado podrían ser el preámbulo de nuevos enfrentamientos ante la embestida del budismo radical no solo en Sri Lanka sino también en Birmania, Tailandia e Indonesia.
Estos últimos ataques se iniciaron en la localidad de Pilimathalawa, para extenderse más tarde a otras poblaciones cercanas a Kandy, como Pallekele, Digana, Teldeniya y Ambaten. Situación que obligó a las autoridades a declarar el toque de queda, el que fue violado en reiteradas oportunidades. Según algunos testigos “los atacantes eran forasteros que se habían cubierto la cara y teñido el cabello con colores llamativos”. La restricción policial fue levantada unos pocos días después.

El origen de los disturbios tuvo lugar tras la muerte de cingalés, quien fue atacado por parroquianos de un restaurant musulmán. Aunque según algunas versiones los estallidos son el productos de las reiteradas acusaciones de la sociedad cingalesa que acusa a los musulmanes de obligar a convertirse al Islam a sus empleados y destruir lugares sagrados budistas.

La relación, entre ambas comunidades, tras la guerra, había sido cordial, aunque hace un par de años se están tensando, por el estallido fundamentalista de muchos monjes budistas y grupos cercanos que acusan a los musulmanes de expansionismo y de intentar socavar a la comunidad budista.
Tras el final de la guerra contra los tigres tamiles, las autoridades comenzaron a perseguir a la minoría musulmana, contra la que periódicamente se ejecuta hecho de suma violencia quemando y saqueando, sus barrios y sus propiedades, llegando a quemar mezquitas y asesinar fieles.
Estos hechos han sido alentados por el monje budista Galagoda Aththe Gnanasara, jefe de la Bodu Bala Sena (BBS) o Fuerza del poder Budista, una organización nacionalista budista cingalés, radical, que junto a otras del mismo cuño como Sinhala Ravaya (el rugido de los cingaleses), y el Ravana Balaya (la fuerza de Ravana) firmaron durante una cumbre en Colombo en 2014, un acuerdo de colaboración con la organización ultra nacionalista birmana Movimiento 969 que encabeza la persecución de los rohingyas en su país.

Buda versus Allah

No solo en Sri Lanka sino en otros países donde el budismo es mayoría, se está notado un incremento de su vertiente más extremista de este culto, el Theravada como sucede en Birmania y Tailandia.

Desde hace algunas décadas se ha venido notando la radicalización de sectores fundamentalistas dentro del budismo, algunos autores citan como el punto de inicio o profundización de esta vertiente la destrucción parte de los talibanes en 2001 de los Budas de Bāmiyān, dos colosales esculturas de Buda, talladas en las paredes de un acantilado en el valle de Bāmiyān a 230 km al noroeste de Kabul, realizadas en el siglo VI.

Quizás sea el Theravada, (Doctrina de los Ancianos) una de las diecinueve escuelas que conforman el budismo y que se asienta particularmente Tailandia, Birmania, Camboya, Laos y Sri Lanka, reuniendo unos 100 millones de adeptos, la que está tomando un carácter más extremo ligado al ultranacionalismo.
Muchos de los líderes budistas acusan al islam, más allá de siglos de coexistencia pacífica, que desde la expansión de wahabismo, alentado por Arabia Saudita y en el contexto de la guerra fría por los Estado Unidos y el Reino Unido, como freno al surgimiento de los nacionalismos y socialismos, que se daban fundamentalmente en los países árabes, de haber extremado las acciones contra su culto.

Los radicales budistas, justifican su violencia, tachando de invasiva las políticas de los seguidores de Allah, quienes llegaron al sudeste asiático en el siglo XIII, que les ha hecho perder antiguos imperios budistas como lo fueron Malasia e Indonesia, esta última nación el país con mayor población musulmana del mundo casi el 90 % de un total de 270 millones de personas y donde la tensión entre musulmanes y la minoría budistas, está entrando en un espiral cada vez más confrontativo.

Para muchos budistas la expansión del islam a través de la jihad y las altas tasas de natalidad, amenazas otras naciones donde son mayoría.
En Birmania, son los monjes Theravada, quienes han liderados junto al ejército y organizaciones paramilitares y ultranacionalistas como el 969,(por los 9 atributos de Buda, los 6 atributos de sus enseñanzas y los 9 atributos de la orden de Buda) y el ultranacionalista e islamofóbico movimiento Ma Ba Tha, (asociación patriótica de Myanmar) liderados por el monje Ashin Wirathu, que ha encabezado la persecución y asesinato de miles de rohingyas, la minoría musulmana asentada en la provincia de Rakhine, que desde agosto pasado prácticamente la totalidad de su población, unos 900 mil, han debido refugiarse en Bangladesh, tras sufrir hostigamiento sistemático, la destrucción de sus aldeas y en miles de casos tortura y muerte de sus integrantes.
En el caso de Tailandia, gobernado por una dictadura militar tras el golpe de 2014, que niega la existencia de un movimiento insurgente, existen algunas diferencias respecto a las razones del espíritu anti islámico.

Desde hace unos 15 años existe un fuerte movimiento insurgente separatista de origen musulmán, el Barisan Revolusi Nasional-Koordinasi (BRN-C) o Frente Nacional Revolucionario Malayo, cuya aparición en 2004 con el asalto a un cuartel militar y el incendio de una veintena de escuelas y el asesinato de tres monjes budistas obligó al gobierno a decretar el estado de sitio en las provincias sureñas de Pattani, Yala y Narathiwat de población mayoritaria musulmana. Sus ataques han hecho inmigrar a muchos budistas del sur de país, aunque una dotación de 60 mil hombres del ejército tailandés se encuentran en la región.

Las acciones del Barisan Revolusi, cuya lucha podría catalogarse más que religiosa como etno-nacionalista continuaron con violencia teniendo a los monjes como principal objetivo por considerarlos como símbolo del poder central. Estas acciones generaron la reacción de Phra Apichart Punnajanto, el monje principal del Templo de Mármol de Bangkok, que declaró “La situación requiere una respuesta violenta: por cada monje budista que es atacado, los budistas deben quemar una mezquita”. Al tiempo que han despertado un espíritu anti islámico, en la población del país de mayoría budista con un 95% de su población. La aparición de un grupo conocido como “la Red de Budistas para la Protección del Budismo”, con una sede central en la provincia de Yala, conformado secretamente por monjes que se centran en acciones anti islámicas en el sur del país y también han llegado a atentar en Bangkok presupone el agravamiento del conflicto que podría derivar en una guerra religiosa en todo el sudeste asiático, donde los monjes bajo su manto azafrán parecen llevar ropa de combate.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
Asia global – LoQueSomos

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