Tras el #22M.

No importa que la prensa, con honrosas excepciones, nos ningunee. No importa que digan cuatro mil o cincuenta mil donde había un millón de personas. Nosotros sabemos la verdad y, a diferencia de otros días, cuando la calle estaba demasiado verde para entender su propio pulso, es una verdad que empieza a tener el filo necesario.

Sé que muchos compañeros no lo quieren decir en voz alta; por un concepto en mi opinión mal entendido de la unidad, se callan cosas que los ciudadanos tienen derecho a saber. Las Marchas de la Dignidad no se organizaron para terminar en otra demostración de fuerza que se apaga antes de la medianoche. Los que tengan buena memoria recordarán que se trataba de hacer algo diferente. Y se intentó hacer algo diferente. Pero hay organizaciones que sólo buscan ruido para sus objetivos electorales y organizaciones de discursos revolucionarios que, a la hora de la verdad, no son capaces de apoyar ninguna acción que desborde el marco de la ley.

Este sábado, la calle estaba preparada para bastante más y habría dado bastante más si se le hubiera pedido. ¿Por que no se le pide o, mejor aún, por qué no se responde a sus expectativas? El juego de esas organizaciones es extraordinariamente peligroso. Cuando la izquierda renuncia a cambiar el mundo, la extrema derecha ocupa su espacio. Francia, Gran Bretaña, Holanda, el norte de Italia, etc. Nosotros lo sabemos, y ya somos suficientes para no esperar a que lo sepan todos.

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* Escritor y traductor literario. Editor del diario La Insignia

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