Felipe González, la CIA y la III República

Germán Gorraiz López*. LQSomos. Diciembre 2017

En su libro “La CIA en España”(1), el periodista de investigación Alfredo Grimaldos asegura que la llegada al poder del socialista Felipe González como presidente del Gobierno español en 1982, fue en realidad la alternativa “diseñada y controlada por la CIA para mantener la tutela sobre España”, estrategia diseñada en el Congreso de Suresnes tras el que asistimos al acta de defunción del camarada Isidoro y al nacimiento de un Felipe González convertido ya en Secretario General de un PSOE tutelado por la CIA .

La deriva involucionista del Régimen del 78

La deriva totalitaria del Estado Español arranca con la implementación de la doctrina de la alternancia en el Poder del bipartidismo PP-PSOE como defensa y garante del citado establishment dominante, fruto del acuerdo tácito entre los partidos políticos tras el simulacro de golpe de mano de Tejero (23-F de 1981) y alcanzó su mayoría de edad con la llegada al poder del PSOE y el nombramiento como Presidente del Gobierno de Felipe González (1982), con quien asistimos al finiquito de la idílica Transición y al inicio de la deriva totalitaria del sistema mediante la implementación del llamado “terrorismo de Estado” o “guerra sucia” contra ETA y su entorno, del que serían paradigma los Grupos Armados de Liberación (GAL).

Un hito fundamental en la espiral involucionista del Régimen del 78 sería la implantación por el Gobierno socialista de Felipe González de la Ley Antiterrorista de 1985, definida por José Manuel Bandrés en su artículo “La Ley antiterrorista: un Estado de excepción encubierto”, publicado en el diario “El País” (2), como “la aplicación de facto del estado de excepción encubierto”. Dicha Ley Anti-terrorista (todavía vigente a pesar de la ausencia de actividad por parte de ETA), sería un anacronismo propio de la dictadura franquista, un limbo jurídico que habría convertido los sótanos de cuartelillos y comisarías en escenarios distópicos de naturaleza real (no ficticia) y en Guantánamos virtuales refractarios al control de jueces, fiscales y abogados y que facilitarían la labor de los Cuerpos de Seguridad del Estado para obtener evidencias delictivas mediante prácticas inadecuadas (léase tortura), prácticas confirmadas por las declaraciones de Luis Roldán, Director General de la Guardia Civil con Felipe González.

La deriva regresiva tendría su continuación con la Ley Orgánica 7/2000 del Gobierno Aznar que incluyó como novedad la aparición del llamado “delito de exaltación del terrorismo” y prosiguió su escalada con la firma por Aznar y Zapatero del llamado “Pacto por la Justicia y las Libertades” de 2003 que instauraba de facto “la cadena perpetua estratosférica” al elevar la pena máxima de cárcel hasta cuarenta años, superando la “crueldad del Régimen de Franco “ que contemplaba los 30 años de cárcel como pena máxima). Finalmente, en el paroxismo de la involución, hemos asistido a la reciente modificación del Código Penal para constreñir hasta su nimiedad los derechos de expresión (Ley Mordaza) y a la firma entre Rajoy y Sánchez del llamado “pacto anti yihadista” que bajo la falacia de combatir el terrorismo yihadista “convierte en delitos terroristas infracciones menores o conductas lícitas y supone un ataque a la línea de flotación del sistema constitucional” en palabras de Manuel Cancio Meliá, con lo que el PSOE se convierte en garante de la estabilidad del establishment dominante en el Estado español.

Reforma vs. Ruptura

El puzzle inconexo del caos ordenado puede esbozarse mediante la llamada “Teoría de las Catástrofes” del científico francés René Thom (3) y se basaría en dos conceptos antinómicos para intentar “comprender el orden jerárquico de la complejidad biológica”. Así, el concepto de estabilidad o equilibrio se refiere a un sistema que permanece estable aunque registre un cambio, principio que trasladado a la esfera política se traduciría en la Reforma del Régimen del 78 sin alterar sus principios esenciales (Monárquico, jacobino y neoliberal), tesis que defenderían los partidos del establishment dominante del Estado español (PP, PSOE y Ciudadanos).

En la orilla antónima, encontramos el concepto de cambio cualitativo o discontinuidad que se produce cuando simples cambios cuantitativos pasan a ser otra cosa diferente y el sistema se transforma internamente de modo radical en una nueva realidad que modifica su situación de equilibro interno y se crea una situación nueva (Nuevo Régimen), tesis defendida tan sólo por Podemos y los grupos independentistas periféricos (EH BILDU y CUP) y que es asociada por el aparato mediático del sistema dominante (mass media) con el advenimiento del caos.

¿Hacia la III República?

El actual sistema dominante o establishment de las sociedades occidentales utilizaría la dictadura invisible del consumismo compulsivo de bienes materiales para anular los ideales del individuo primigenio y transformarlo en un ser acrítico, miedoso y conformista que pasará a engrosar ineludiblemente las filas de una sociedad homogénea, uniforme y fácilmente manipulable mediante las técnicas de manipulación de masas. En consecuencia, la estrategia electoral del PP se basó en el mantra de la recuperación económica edulcorada con sibilinas promesas de aumento del techo de gasto autonómico, subidas salariales a funcionarios y jubilados así como reducciones fiscales al estar la sociedad española integrada por individuos unidimensionales que no dudaron en primar el “panem et circenses” frente al vértigo que suscitaba la utopía de un Nuevo Régimen propugnada por Podemos (“El cielo no se toma por consenso sino por asalto”).

En consecuencia, la utopía deberá esperar a que un determinado número de personas (Masa Crítica), alcance una conciencia más elevada , momento en que el individuo es capaz ya de realizar un salto evolutivo y lograr un cambio de mentalidad , tesis conocida como “Teoría del Centésimo Mono” (4) y citada por el biólogo Lyan Watson en su obra “Lifetide” (1979), por lo que se antoja inevitable un proceso de catarsis y posterior metanoia colectiva en el Estado español. Dicho proceso tendrá como efectos benéficos la liberación de la parte indómita del individuo primigenio (el lobo estepario) que ha permanecido agazapado en un recodo del corazón, sedado y oprimido por la tiranía del actual sistema dominante, neoliberal y constrictor de las libertades democráticas. Así, tras un parto agónico en el que agonizará lo viejo sin que amanezca lo nuevo, asistiremos al nacimiento del “Individuo Multidimensional” como generador de un tsunami popular de denuncia del actual déficit democrático, social y de valores e instaurador del caos constructivo que terminará por diluir el opiáceo inhibidor de la conciencia crítica (consumismo compulsivo), finiquitar las estructuras del obsoleto Régimen del 78 y proceder a la instauración de la III República en el horizonte del 2020.

Notas:
1.- La CIA en España, de Alfredo Grimaldos. Descarga libre en formato PDF
2.- La ley antiterrorista, un estado de excepción encubierto
3.- Teoría de las Catástrofes, de René Thom
4.- Teoría del Centésimo Mono

* Analista

civilizados contra bárbaros

Nònimo Lustre. LQSomos. septiembre 2017

“…todos aquellos que creemos en la vida civilizada”: así comienza el manifiesto de profesores de universidades españolas sobre la situación en cataluña, con savater como primer firmante. este libelo exige que catalunya sea invadida inmediatamente por los tanques, la guillotina y las multas monstruosas. a ese primer espada, le siguen 233 firmas más, suponemos que todas ellas orgullosas de ser civilizadas, extremo que no cuadra con los tanques pero, si los firmantes presumen de ser instruidos y refinados ¿quién soy yo para negarlo? por mero afán clasificatorio, les etiqueto como milicos ilustrados y, por prudencia, evito su proximidad desde el martes 19.ix.2017, día en el que su frustración y su rencor comenzaron a circular por internet.

este manifiesto delata su sustancia desde esa primera oración y, sobre todo desde que escogen “civilizada” como su palabra clave. los firmantes creen en la vida civilizada y la erigen en su banderín de enganche dando por supuesto que catalunya no es tierra civilizada ergo entendemos que es tierra de bárbaros. vaya, un país dirigido por políglotas es bárbaro mientras que el otro país, el dirigido por paletos monolingües como rajoy que ni siquiera habla gallego, es paradigma de la civilización. ha vuelto el lema franquista de españa como “reserva espiritual de occidente” -aunque fuera saqueada por la guardia mora-.

comentando la imagen que el neo franquismo se hace de los catalanes, el ilustrado pasquín el retorno de las antiguas diosas (internet, lunes 18.sept), escribía que, para el gobierno español, los que exigen votar en referéndum “son como los bárbaros de la antigüedad, salvajes que hablan una lengua ignota y que amenazan las fronteras del reyno”. esto conlleva que no se puede negociar con ellos puesto que los bárbaros son peligrosos e intratables o, en el mejor de los casos, niños malos (kipling dixit)

por tanto, para estos 234 profesores universitarios, los catalanes no son ciudadanos y no son acreedores de ningún derecho -sólo del deber de someterse a la casta civilizada. contra ellos no existe ninguna posibilidad de actuar políticamente. en la batalla entre el gobierno central y los bárbaros, sólo cabe el uso de la fuerza civilizadora: es decir, como bien saben los pueblos tercermundistas, de la fuerza bruta. se nota que algunos de los firmantes son historiadores puesto que conocen las tradiciones de los civilizados y hasta exigen que sean reimplantadas contra los barbaroi tarraconensis. y, ¿qué han hecho los occidentales para embridar a los bárbaros? pues invadirlos y colonizarlos.

estos presupuestos apolíticos son epígonos vergonzantes de un sempiterno imperialismo occidental del que sólo se diferencia en matices banales: antes, el imperio sometía a los negritos, indiecitos y chinitos y ahora intenta someter al ‘enemigo interno’. ¡ah, savater & co!, qué pena me dan… han caído del imperio donde no se ponía el sol al imperio donde se pone en cuanto sales de zaragoza.

por si fuera poca su rotunda separación entre civilizados y bárbaros, el manifiesto añade otro rasgo que confirma su racismo: líneas después de su segunda adhesión a la civilización, este panfleto señala que los defensores del referéndum traspasan “todos los límites de la legalidad y de la decencia” (mis cursivas) léase que, por su condición de bárbaros, los catalanes son indecentes. nada más lógico que los salvajes sean sucios. es más, seguro que algunos de los 234 notables académicos propusieron que, además, se les retratara como obscenos y paganos. y hasta puede que otros crean que el gobernó se reúne en aquelarres a los que llega el president montado en una escoba -huelga añadir, y en pelota picada-.

supongo que, en su próximo manifiesto, los 234 se quejarán de que los bárbaros han internacionalizado su salvajismo. majadera objeción porque, ¿quién les manda confundir el cosmopolitismo con el imperialismo? bueno, sabemos que les manda la voz de su amo pero, ahondando en sus consecuencias: ¿quién les manda acabar con la política y abrazar la colonización?

521 detritus

el manifiesto sin las firmas contiene 521 palabras cuya lectura completa puede obviarse porque todo él pivota alrededor de la clave “vida civilizada”. el resto, es desechable. pero, metidos en harina, voy a glosar tres de sus expresiones.

a) se mofa del “inexistente derecho a decidir”. parece algo superficial esto de despachar el meollo del asunto con el único adjetivo “inexistente”, máxime cuando buena parte de los 234 estuvieron entre los 4 millones de firmas que, en abril de 2006, presentó rajoy en el congreso como apoyatura a la pnl (proposición no de ley) por la que pedía convocar un referéndum para destrozar el estatut de catalunya. sí, la misma campaña que tuvo como lema todos tenemos derecho a opinar. ah!, eran tiempos en los que el pp exigía referéndums, aunque los retirara antes de que su fracaso fuera excesivamente notorio.

pues bien, ilustrísimos 234, mal que les pese, opinar y decidir son sinónimos -o, por si entre ustedes hubiera filólogos tiquismiquis, parónimos. decidir es una forma de opinar y viceversa. claro que la expresión o sintagma “derecho a decidir” no figura en ningún articulado normativo como tampoco figura formalmente el derecho a respirar: porque son la base de todo derecho. o, como diría un futbolista, de su filosofía. comprendo que, prisioneros de los papeles escritos, los 234 desprecien todo aquello que no esté tipificado –a ser posible, en el código penal- pero ello no les autoriza a confundir la esencia de todos los derechos con el registro formal que los clasifica.

b) su psicopática animadversión contra los bárbaros lleva al manifiesto a perpetrar graves insidias. una de las más groseras es escribir que “los nacionalismos del siglo xx llevaron al mundo a dos guerras apocalípticas” con el descarado propósito de tildar a los catalanes de nacional-socialistas. está feo mezclar churras con merinas pero ésta implica olvidar que las dos guerras mundiales fueron perpetradas bajo las banderas de ese tipo de totalitarismo que, a veces, se disfraza de nacionalismo. los nazis luchaban por las prebendas del iii reich antes que por deutschland; los franquistas, por las limosnas del caudillo antes que por hispania. las respectivas patrias eran (son) no sólo “el refugio de los canallas” sino también la excusa perfecta para el aplastamiento de las pequeñas naciones. daños colaterales; subsumir la patria en un personaje físico presenta esos problemillas menores, sean los ídolos un rey sean un señor con bigote.

c) el manifiesto llama golpistas a los votarem en lo que entendemos como la actual inversión de imagen ante el espejo, usada hasta la saciedad por los hijos y los nietos –biológicos o intelectuales, poco importa- de los golpistas franquistas. o versión españolista del dicho “los humildes pájaros disparando a la escopeta totalitaria”. pero hay más: ¿quién es el abanderado del epíteto?, naturalmente, ciudadanos. ¿y quién es el cerebro gris -y tan gris- de esos ultras neoliberales que han surgido como el séptimo de caballería para salvar a rajoy? naturalmente francesc de carreras. por ello, no me extraña que el susodicho cerebrito publicara poco después el belicoso artículo debilidad desconcertante del ejecutivo (ep, 20.sept) en el que, amén de insistir en lo de golpistas, exige que se apliquen inmediatamente en catalunya los famosos artículos 155 y 116 so pena de que rajoy pase de “prudente” a “patético” (¡uyy lo que le ha dicho!) carreras no está entre los 234 pero, sabiendo la afinidad entre la mafia savateriana y esa actualización de upyd que han llamado “ciudadanos”, es plausible suponer que ha estado en el origen del manifiesto.

“haga uso de la fuerza legítima que al estado le corresponde en exclusiva”

de mal en peor porque eso es lo que, literalmente, piden al gobierno central los eximios 234 manifiestativos. desde luego, originales no son porque están copiando la clásica definición de estado que escribió max weber -por no hablar del perverso carl schmitt-. y, por si no estaba meridianamente claro, remachan: “no duden en recurrir a todos los medios constitucionales sin excepción”. traducido al roman paladino, dicen precisamente lo que servidor escribía al principio de esta nota: ¡que vayan a catalunya los tanques y la legión!, ¡que la invadan sin andarse con chiquitas democráticas ni con escrúpulos legalistas!, ¡que escarmienten a los catalanes con tal ferocidad que la haga inolvidable!.

en este caso, sólo puedo comentar que este coro de 234 vengativas erinias no tiene motivos para preocuparse: el estado usurpado por los neofranquistas y sus cómplices socialdemócratas siempre usa absolutamente todos los “medios constitucionales” a su alcance. es más, tanto usa los medios coercitivos -de los redistributivos ya tal- que, frecuentemente, los sobrepasa. ¿o es que se nos han olvidado los gal de unos y la conjura ministerial contra catalunya de los otros?
sólo puedo estar de acuerdo con este manifiesto cuando usa el reiterativo término de re-caiga (“recaiga sobre ellos todo el peso de la ley”) bien escrito porque, en efecto, no sería la primera vez que a los catalanes les ha aplastado el peso de la ley española.

apunte histórico: alejandro lerroux, alias carnicerito de asturias, rey del estraperlo y emperador del paralelo, fue un ególatra que traicionó a todo el espectro político español: comenzó siendo defensor de los anarquistas y terminó besándole el culo a franco. entre medias, fue poli-ministro y presidió el gobierno de la república durante un bienio negrísimo (1933-1935) durante el cual fingió ser republicano mientras pasteleaba con los militares golpistas. asimismo, en 1934, aliado con los democretinos de la ceda, aplastó -huelga añadir, por la fuerza-, la enésima proclamación del estado catalán. cuando aparentemente eran la izquierda corrupta y bocazas, sus sicarios fueron llamados los jabalíes.

buena parte de los 234 manifiestativos son del psoe o chapotean en sus redes. visto desde el punto de vista porcino, la similitud es escandalosa: hoy, el psoe cría cerditos vietnamitas y luego los abandona hasta que se convierten en una plaga y entonces los ametralla. ahora y siempre, para mejorar su raza y empeorar las demás, el psoe quiere ligar con los gorrinos domesticados. conclusión: el psoe es la piara de los nuevos jabalíes.

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Felipe González: “Por consiguiente…”

felipe-gonzalez-psoe-lqsomosIñaki Alrui*. LQSomos. Septiembre 2016

Sorprendido (¡o no!) de la intensa actividad mediática en este último año de la eterna reina regente del PSOE, me vienen pensamientos y reflexiones acerca de este curioso personaje, que uno arrastra desde los años 70. ¡A su salud!

El famoso congreso de Suresnes, en 1974, fue su acta de presentación, y así nos lo han hecho saber desde la armada mediática a lo largo de todos estos años, los narradores-bufones de la Transición.
Asistió a tal Congreso acompañado por el general José Faura, agente del SECED, el servicio de inteligencia creado por el almirante Carrero Blanco, y allí desbancó a la vieja guardia burocratizada en el exilio. Estados Unidos, Alemania y Gran Bretaña, defensores agradecidos del Régimen franquista por su papelón en la lucha anticomunista, necesitaban una organización opositora fiable, con aires más renovados y capaz de negociar y gestionar “el cambio” una vez muerto el dictador.

“¿Marxismo o yo?” “Antes socialista, que marxista”

Anteriormente a su elección como Presidente de Gobierno, ya fue partícipe de aquella farsa de auto-golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, para crear un gobierno cívico-militar. El montaje se les vino abajo en el ultimo momento, pero les sirvió para afianzar el régimen y acabar con “cuestionamientos”.

Recibió un cheque en blanco en 1982, y tenía claro el encargo para el que había sido elegido por sus mentores de la Trilateral, las familias españolísimas de “bien”, las fuerzas armadas… Ya se sabe: los demócratas de toda la vida.

Inició su andadura de gobierno, entre otras heroicidades, con un durísimo ajuste económico neoliberal, basado en una feroz reconversión industrial (imposible haberla realizado bajo otras siglas), la creación de los contratos basura, el recorte de las prestaciones de desempleo, o el fin de las subvenciones a ciertos medicamentos prescritos por la Seguridad Social (el famoso “medicamentazo”, ¿recuerdas?).

Incumpliendo sus promesas electorales, Felipe González consiguió la plena integración de España en la OTAN y envió tropas a la Primera Guerra del Golfo en 1991, poniendo al servicio del “amigo americano” bases y aeropuertos para los bombardeos de Irak, donde murieron al menos 5.000 civiles y unos 30.000 combatientes iraquíes.

“OTAN, de entrada, no”

En su haber también figura la guerra sucia contra la izquierda abertzale y ETA. Siendo presidente de gobierno (Señor X), entre 1983 y 1985 dio luz verde a la actuación de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL): 27 personas asesinadas y cientos de damnificados “colaterales”… Recuerdo a vuelapluma el caso de Lasa y Zabala, jóvenes de veinte años, secuestrados en Francia, torturados en el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo y asesinados a sangre fría por los agentes Enrique Dorado y Felipe Bayo, cumpliendo órdenes directas del general Rodríguez Galindo y del socialista Julen Elgorriaga, gobernador civil de Guipúzcoa… O el caso de Mikel Zabalza…

“El Estado de derecho también se defiende en las alcantarillas”

Las amistades peligrosas. Desde siempre, este “hombre de Estado” ha tenido una innata propensión a rodearse de compañías turbias, personificaciones de la codicia, elqs-cartel-psoe-1989poder y el dinero. Mucho dinero. Sólo apuntamos ahora, dado su beligerante papel contra el actual gobierno venezolano que, en sus inicios, años 1974-90, fue apadrinado por Carlos Andrés Pérez (presidente de Venezuela, vicepresidente de la Internacional Socialista), con el que mantuvo una estrecha amistad. El tal Carlos Andrés fue responsable del brutal ajuste neoliberal inspirado por el FMI que, en febrero de 1989, dio origen a revueltas populares y terminó en el “Caracazo”, criminal represión militar de tales revueltas que causó más de 400 muertes. No afectó eso a la entrañable amistad entre estos personajes. Carlos Andrés Pérez murió como corresponde a un patriota venezolano, en Miami. De modo que la relación entre Felipe González y Venezuela no es una veleidad de última hora, sino que viene de lejos y siempre ha estado del mismo lado.
Podría seguir con otras amistades del hampa criminal como Farshad Zandi, pero entraríamos en un listado peligrosamente interminable.

En esta dorada época del PSOE y su máximo líder no podríamos terminar con un clásico español: la corrupción, institucionalizada como parte del botín de esa España creada para ávidos inversores y desarrolladores del levantamiento de ladrillo, desarrolladores de macro-construcciones civiles de dudoso uso, especuladores a las rebajas de las privatizaciones… reparto generalizado de prebendas, comisiones, amiguismo, institucionalización de la mordida para fieles colaboradores de la “casa común”.

Y acabando con un recuerdo muy especial, a la ley de la “patada en la puerta” (¡grande siempre Corcuera!), al encarcelamiento de los insumisos al Servicio Militar, al régimen FIES, creado en 1989 por Antoni Asunción, Ministro de Interior, la dispersión penitenciaria… Cambio y corto.

«La soledad del poder consiste en saber que éste es siempre el último teléfono que suena. Y que yo tengo que decidir. No puedo trasladar la decisión a una instancia superior»

polis632Y ahora Felipe González reaparece con la fuerza mediática que le corresponde a uno de los padres de la patria, alma mater de la Transición.

En verdad nunca se fue. Es como los súper héroes, siempre están ahí… en caso de emergencia tire de la cadena. Defender el sistema, el régimen, que al fin y al cabo para eso fue creado, son tareas que le apartan de su ajetreada vida de Consejero de Gas natural, cuenta-cuentos de ex presidente de gobierno, y pescador en yates con abolengo, entre otras tremendas obligaciones.

Nunca lo ocultó. Ya en 2014 dijo eso de: Coalición entre PP y PSOE: “Si el país lo necesita, lo deben hacer”. Y ahora, a estas alturas, hay gente sorprendida por sus declaraciones, cuando el icono de la democracia española siempre ha estado ahí desde Suresnes, y siempre volverá ¡a la carga! Él sabe que entre esos partidos no hay diferencias, en lo esencial defienden lo mismo.

“La decisión de Rivera es el primer acto de responsabilidad política desde las elecciones”

La eterna reina regente del PSOE, también señor de las alcantarillas y rey de las cloacas, entregado a la ciega defensa al régimen del 78 y de la dictadura parlamentaria española. Felipe González es parte del problema(s) y no de las soluciones.

Termino ya este escrito, que no se por qué y para qué, pero tenia ganas de decirlo…

“Por consiguiente…”

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Reflexiones cortas

refle27Patxi Ibarrondo*. LQSomos. Mayo 2016

Los PesPuntes de Cosidó

Ignacio Cosidó, es director general de la Policía. Su misión, por tanto,es atrapar delincuentes para ponerlos ante los jueces. Sin embargo y en España, un director general de la policía se cree con derecho a opinar sobre los asuntos de la política de Estado, suplantando a su jefe, el ministro del Interior, quien nombró para el cargo y le considera su brazo derecho.

Cosidó se ha atrevido a decir en el canal meapilas 13TV, que “Podemos”· defiende el proyecto que ha representado ETA y es una formación peligrosa para la democracia”. Hay que suponer que este policía sabe de democracia como aplicador de la Ley Mordaza; y que ejerce de demócrata, con suficiente entusiasmo laboral. En cualquier caso, nadie en el gobierno le ha llamado al orden; empezando por el presidente Rajoy y el propio ministro Los PesPuntes de Cosidó Fernández, que son quienes más directamente se deberían dar por aludidos y suplantados por el pasma lenguaraz.
No es la primera vez que el “pelotari” Cosidó “se va de la lengua” como un descosido, en su afán de significarse en público. Pero esta arremetida contra un partido legal y que ha condenado repetidamente la violencia, es puro partidismo PP. Es una manifestación lo bastante grave como para amordazarlo un rato.

Sánchez no fue Sánchez

Tras meses de tira-afloja, nos vemos otra vez con cara de idiotas en el punto de partida. Despilfarro de oportunidades y dispendio económico en tiempo de vacas flacas. El bla-bla-blá, el océano de palabrerría narcisista, nos impidió descubrir enseguida Sánchez nunca fue Sánchez, sino un bluff de rancio pastel teledirigido por la vieja, obsesiva y repulsiva política de Estado de don Felipe González de la Cal y compañía.

El error

De todos los animales del mundo, tan solo el ser humano está capacitado para dar marcha atrás a voluntad y rectificar su trayectoria. Sin embargo, esa mecánica posibilidad no se utiliza casi nunca. Está demostrado que el ser humano prefiere instalarse firmemente en el error. Eso le tranquiliza. Así no elige el riesgo de ser distinto y posiblemente rechazado.

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Cal viva

felipe-gonzalez-y-rey-juan-carlos-LQSJuan Gabalaui*. LQSomos. Marzo 2016

García-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores en funciones, se refirió a las palabras de Pablo Iglesias sobre el PSOE y su pasado “manchado de cal viva” como un intento de abrir heridas que estaban tapadas. No pudo elegir mejor verbo: tapar. Las heridas se pueden cubrir con una venda para que sanen pero después de ser curada. La democracia española está llena de cicatrices, de heridas mal curadas y algunas abiertas pero escondidas por el mal olor que desprenden. Son tantas que la democracia de las palabras y de la retórica es mediocracia en la práctica. Mediocracia entendida como el gobierno de los mediocres. La cal viva, los asesinatos y la tortura amparada por el Estado, los fondos reservados que financiaron el GAL, los jueces, políticos y civiles que ampararon, miraron hacia otro lado o, directamente, justificaron los crímenes de Estado. Todo esto forma parte de la pos dictadura española. En el contexto europeo, la lucha contra bandas terroristas llevó a algunos gobiernos a defender la legalidad desde la ilegalidad. No fue solo el Estado español. Hablamos también de lo que hizo Alemania contra la Baader-Meinhof o Italia contra las Brigadas Rojas. Mal de muchos, consuelo de tontos. Esto no justifica sus crímenes sino que pone de relieve que esos países, que se autodenominan democráticos, no dudan en utilizar la ilegalidad en sus acciones, en sus leyes, en lo que llaman la lucha contra el terrorismo, porque la idea de que el terrorismo justifica la excepción es ampliamente compartida. La deriva ética de las sociedades y de los gobiernos que viran en esta dirección no tiene vuelta atrás sin reflexión, reparación y justicia. No podemos borrar nuestro pasado, pero sí elevarnos por encima del mismo desde su conocimiento.

Parece que no hubo nadie mejor que Felipe González para liderar al partido socialista. Un caballo de Troya que desnaturalizó el partido y fue dejando por el camino todo rastro de izquierdas. Fue una época de renuncias del socialismo que décadas después ha permitido que sea más coherente que los hijos de esas renuncias lleguen a acuerdos con partidos de la derecha política y económica, como Ciudadanos, que con aquellos que quieren representar lo que sus referentes dejaron en el camino. Buscar un socialista en el actual PSOE se antoja una tarea infructuosa. Al menos entre sus dirigentes. Felipe González se encargó de destrozar a la izquierda española. Este es su legado. También la aparición de gobernantes que constituyeron el GAL, que asesinó y torturó, y el uso de los fondos reservados para financiarlos. Es fácil culpar a González pero no podemos olvidar que en la sociedad española preocupaba más la corrupción que los crímenes de Estado porque, en el fondo, se aceptaba que a un terrorista se le pudiera torturar para evitar que se cometieran otros crímenes y los asesinatos se podían digerir más fácilmente ya que los muertos no dejaban de ser el enemigo. Y la muerte del enemigo no crea problemas de conciencia. Para algunos era más sencillo comprender a un asesino del GAL que a uno de ETA. Esta perversión ética ha atravesado a la sociedad de lado a lado y nos ha convertido en lo que somos. La admiración y la protección de la figura de González es un ejemplo de esta deriva, de esta anomalía que forma parte incuestionable de esa democracia que se defiende desde las instituciones. Las mismas que continuaron la lucha contra el terrorismo retorciendo las leyes y mirando hacia otro lado ante las constantes denuncias de torturas. La cal viva pesa sobre nuestras conciencias y sobre la naturaleza de este régimen. Sin reparación ni justicia, así con estos mimbres, no se construye democracia.

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* El Kaleidoskopio

Unos chutes de poder

losotros412Patxi Ibarrondo*. LQSomos. Febrero 2016

Sabemos que el ejercicio del poder es la droga más potente del mercado. Eso de mandar que todo el mundo te obedezca debe ser como una bomba nuclear estallando dentro del cráneo y desparramando neuronas por los confines del encéfalo.
Y como todo lo que sube baja, una vez enganchados, los que pierden los poder no se resignan. El mono de la abstinencia les atenaza., el sistema nervioso se desequilibra, oyen voces donde solo hay silencio, la paranoia es su flor favorita, creen en las brujas y se convierten en víctimas de sí mismos.
En esta España de esparto, hemos podido constatarlo en tres casos: Felipe González, José María Aznar y ahora Mariano Rajoy. Atrapados en el síndrome de la Moncloa, ya no vuelven a ser los mismos. Desvarían. No se resignan a ser espectros de un pasado fantasmal y de cadenas de amplio ruido.

Ante al actual coyuntura democrática con una política barroca y a menudo churrigueresca que vive el país, al estadista sureño González, hijo de profundos ganaderos de vacas lecheras del norte montaraz, se le ocurre y ha repetido que su partido socialista debe pactar con las fuerzas más reaccionarias y corruptas que vienen asediando al país desde 1936. Estas siglas ultraístas y de signo fanático requeté consideran que la tierra y todo lo que hay sobre y bajo ella es suyo. Incluso los cadáveres de los fusilados al amanecer de la injusticia, la venganza y la codiciosa envidia. Quemar los registros de la propiedad e inscribir nuevos propietarios fue, durante un dilatado tiempo, motivo suficiente para dar el paseo definitivo al más allá.
Los que se titulan cristianos creen en un cielo simétrico del latifundismo. Estar en los libros del Registro es como incluirse en las Tablas de Ley de Moisés. Felipe González es un feliz terrateniente.

Por su parte, el mesetario José María Aznar cifró su salida al mar de las ambiciones maridándose con el Nerón imperial del momento en que el presidente más necio de los EEUU decidió que el sátrapa Saddam Hussein fabricaba armas de destrucción masiva. Lo cual se demostró falso, aunque demasiado tarde para Irak y para el mundo.
Su máxima actual es que facilitar las cosas al movimiento Podemos, supone regresar a la oscuridad del sovietismo comunista o cosa similar. Desde que salió junto a George Bush en el famoso “selfie” de las islas Azores no ha parado de amasar pasta. A la hora de analizar, sus despropósitos políticos son legendarios por lo folklóricos.

En cuanto a Mariano Rajoy, es el prototipo de burócrata de amianto que aguanta lo que le echen, con tal de seguir apalancado al sillón. Es capaz de sacar provecho personal de situaciones extremas y es altamente inmune a la corrosión del error. Desde el naufragio del petrolero “Prestige” hasta la metástasis de la corrupción generalizada, desde los «hilillos de plastilina «nunca mais» hasta la huida Gürtel y Bárcenas, Rajoy ha sido fiel a sí mismo como percebe apalancado en su roca. Su única misión es continuar al frente del desastre programado.

Sea pues el fin de una España de bostezo con tristes abanicos, zapateados, pasodobles y chovinismo de plasma enfermizo y clériga con espíritu de sotana preconciliar. Siempre fuimos Trento.

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Desideologización

diana281Juan Gabalaui*. LQSomos. Enero 2016

El proceso de desideologización nos ha acompañado en las últimas décadas y no ha sido un proceso natural sino consciente. El PSOE marcó el paso con su renuncia al marxismo, al socialismo y a su conciencia obrera. En un país marcado por 40 años de dictadura en la que el socialismo y, especialmente, el anarquismo y el comunismo fueron revestidos de trazas demoníacas, se concibió que la ideología que formaba parte del origen y la historia del partido era una losa demasiado pesada como para aspirar a ganar unas elecciones. Este acto de desposesión doctrinal favoreció que millones de personas confiaran en el cambio que prometía Felipe González pero también se vació de significado la palabra socialismo. Ser socialista se convirtió en votar al PSOE sin importar que sus decisiones políticas, especialmente las relacionadas con la economía, se enmarcaran dentro de la doctrina neoliberal. No importó que en los años ochenta se desarrollaran las bases que permitieron privatizar las empresas públicas, flexibilizar el mercado laboral o reducir la capacidad de maniobra de los sindicatos. Ser socialista era votarles y si les votabas eras socialista. En esto se han quedado la mayoría de los militantes y la mayoría de los que los denostan. Las mayorías absolutas de los gobiernos de Felipe González convencieron a la izquierda mayoritaria de que ese era el camino que había que seguir, pagando como precio la renuncia a unos principios que modelaban una manera de entender el mundo que poco tenían que ver con la acción política de su descafeinado partido. La esquizofrenia que se produjo es que se era socialista en la intimidad y a la vez se votaban medidas que entraban en contradicción con su pensamiento. Las crisis económicas fueron el momento crucial para acelerar el proceso de desregulación y flexibilización del sistema financiero y del mercado laboral. Pocos dijeron algo en contra. Era lo que había que hacer. Esto, años después, lo llamó Zapatero la responsabilidad de gobernar. La desideologización convirtió a los militantes en dóciles seguidores, acríticos e inofensivos para el sistema. Pasara lo que pasara seguirían votando al PSOE porque eran socialistas.

El Partido Popular también participó en el proceso. No tanto por la renuncia a un ideario sino por saber aprovechar la deslegitimación de las ideologías que les permitió convertirse en un partido con aspiraciones reales de gobierno. Dos hechos ayudaron a conseguirlo. El primero la transformación de Alianza Popular en Partido Popular. Esta refundación ayudó a distanciarse del franquismo, una losa demasiado pesada para poder gobernar un país harto de cuarenta años de dictadura. El segundo fue la caída del muro de Berlín y la posterior abolición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que significaron el pistoletazo de salida para ver quién desarrollaba el capitalismo más extremo en el mundo occidental y, también, el denuesto inmisericorde del comunismo por parte de la derecha planetaria. La lectura conservadora nos devolvía sistemáticamente la derrota del comunismo ante el capitalismo. Se acentuaba la victoria de una vida occidental llena de oportunidades y libertades que paradójicamente nos fueron retirando una vez desaparecido el antagonista soviético. En este contexto los populares empezaron a virar dialécticamente hacia el centro, ese lugar tan poco definido pero el más adecuado para captar a una población cada vez más desideologizada que no le importa votar a este o aquel siempre que les prometan resolver sus problemas individuales. Las políticas propias de los gobiernos conservadores no cambiaban y menos en un contexto que las favorecía. Solo cambiaba la manera de definirse. De repente la derecha recalcitrante, rancia y casposa quería gobernar para todos, incluidos esos desnortados, desorientados y huérfanos creyentes de la izquierda. El comunismo había muerto y antes de enterrarlo ya habían colocado en el trono, sin nadie que le hiciera sombra, al exclusivo rey capitalista. La horquilla de posibles votantes se amplió lo suficiente como para subirse a las barbas socialistas, infestadas de corruptelas y terrorismo de estado.

La mayoría de la población ya no era socialista, comunista o fascista. Estaban en terreno de nadie y en terreno de todos, especialmente de los dos grandes partidos. Un buen número de votantes podía votar a uno u otro partido, en función de las circunstancias y de los intereses. Se imponía en el imaginario que los populares eran buenos gestores y los socialistas especialmente sensibles a los temas sociales. Los que apostaban por la ideología se quedaban en los márgenes, pasados de moda, arrinconados por la historia. La realidad era que los votantes desideologizados sí votaban ideología, oculta tras el maquillaje de la comunicación y la apariencia. Han votado capitalismo, es decir, flexibilidad del mercado laboral, desregulación del sistema financiero, privatización de las empresas públicas y prevalencia del consumo y de las mercancías. Han votado corrupción, violencia estatal, mentiras y propaganda electoral. La decisión del voto empezaba a estar condicionada por la gestión a corto plazo y se consideraba la ideología como una carga que impedía afrontar los problemas actuales de manera eficaz. Los políticos ya no eran socialistas o fascistas sino buenos o malos gestores. La ideología solo servía para criticar y desacreditar al de enfrente. Los medios de comunicación se encargaron de difundir la muerte de las ideologías y nos mostraban los perfiles de los políticos como simples administradores del bien común, sin una visión concreta de la sociedad que querían construir, más allá del socorrido solucionar los problemas que afectan a sus electores. Muchos se lo creyeron.

Claro que existen las ideologías. El bipartidismo ha tenido una y dos formas de defenderla e implantarla. Los electores se han dividido y han votado a uno o a otro en función de las formas que adoptaban cada partido, más suaves las de PSOE y más rudas las del Partido Popular, pero en la práctica han ayudado a implantar una ideología neoliberal que ha modificado nuestra forma de estar en la sociedad y nuestra perspectiva de futuro, cada vez más inestable y oscuro. Lo que hemos vivido en las últimas décadas es una estrategia consciente de desideologizar a la población para conseguir implantar una ideología, contraria a los intereses de la gran mayoría, sin que apenas se den cuenta. Las ideologías de izquierda alertaban contra este riesgo por lo que se las ha recluido al rincón oscuro de la historia. Ahora son una mochila que pesa demasiado. Un acompañante mal avenido al que se tiende a hacer poco caso y al que se mira con cierta condescendencia. Los nuevos partidos rechazan las ideologías y siembran sus discursos de indefinición porque son plenamente conscientes de que sus mensajes van dirigidos a una población ideológicamente vacía, sin una idea clara de la sociedad que quieren construir y alojada en el cortoplacismo del aquí y el ahora, del solucióname mis problemas. Ya no se fijan en qué tipo de sociedad quieren construir los partidos que votan sino en quién me convence mejor. La cuestión ya no radica en qué se piensa sino en cómo se comunica. No importa tanto que nos cuenten cómo van a transformar la sociedad sino que nos vendan una idea, un concepto. Han reducido la política a una cuestión comunicativa y publicitaria. Y la conciencia política y la ideología ya no pueden hacer frente a esta manipulación porque se las ha anulado.

* El Kaleidoskopio

Felipe González: la impudicia de un político indecente

lqs-cartel-psoe-1989Marcos Roitman Rosenmann*. LQSomos. Marzo 2015

Para muchos, Felipe González es un icono de la democracia española. Sin embargo, nada más alejado de la realidad. Su pasado es otro. Hoy se presenta al mundo como el abogado defensor de Leopoldo López, dirigente del partido Voluntad Popular, y del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, elegido por la Mesa de Unidad Democrática (MUD). Ambos políticos venezolanos, imputados por participar y urdir la trama de golpe de Estado para derrocar al gobierno constitucional del presidente Nicolás Maduro.

Felipe González tiene una cara oculta. Tiene en su debe político urdir parte del proceso desestabilizador que culminó en el fallido golpe de Estado del 23-F en España, para crear un gobierno cívico-militar. También tiene gestar la guerra sucia contra la izquierda abertzale y ETA. Siendo presidente de gobierno, entre 1983 y 1985 dio luz verde a la actuación de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL). El resultado: 27 personas asesinadas y cientos de damnificados colaterales.

La historia de Felipe González está ligada indisolublemente a la evolución del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) desde los años 70 del siglo XX. La modernización política había desplazado a los viejos camisas azules y una generación de nuevos políticos tecnócratas asaltaban el poder. En este contexto, Franco nombraría en 1969 a su sucesor. El régimen tendría continuidad bajo la restauración monárquica. El elegido no sería el hijo de Alfonso XIII, don Juan, sino su nieto, Juan Carlos, saltándose la cadena sucesoria. El 20 de noviembre de 1975, Franco, tras 40 años de dictadura, moría en la cama. Su régimen sobrevivía. El 22 de noviembre de 1975 Juan Carlos I es coronado rey. En noviembre de 1976 las cortes franquistas aprueban convocar un referendo para la reforma política, a celebrarse el 15 de diciembre. Los actores de la modernización están en el poder. Adolfo Suárez preside el gobierno y una oposición tolerada se legitima. En febrero de 1977 se legaliza al PSOE y en abril del mismo año el Partido Comunista. Los interlocutores se reconocían, pero el itinerario había sido diseñado con el caudillo en vida. El objetivo, encontrar una salida negociada, redactar una ley de amnistía y punto final para salvaguardar a los dirigentes del Régimen.

Estados Unidos, Alemania y Gran Bretaña, valedores de Franco y agradecidos por su papel en la lucha anticomunista, requerían una organización opositora fiable, capaz de negociar una vez muerto el dictador. Sus ojos se ponen en el PSOE. Partido con poca actividad durante la dictadura y considerado pro occidental. En esta estrategia, el Departamento de Estado estadunidense entra en contacto con un hombre oscuro, abogado laboralista y militante del Partido: Felipe González. En poco tiempo pasaría a transformarse en una figura destacada de la Transición. La operación contó con fondos y aval de los países señalados y la socialdemocracia internacional. Previamente, Felipe González y su equipo debía tomar las riendas del PSOE, en manos de la vieja guardia desde 1944. El momento idóneo, el 26 Congreso, a celebrarse en la localidad francesa de Suresnes, en 1974. En dicho evento, Felipe González será nombrado secretario general, desplazando a Rodolfo Llopis. Dos años más tarde, en diciembre de 1976, el PSOE celebrará, en la clandestinidad, su 27 Congreso en Madrid. Radiado y televisado, nadie será detenido. En ese instante, Felipe González, aclamado por el Partido, se convierte en el hombre de Estados Unidos en España y el interlocutor de la socialdemocracia europea para América Latina. En 1982 su Partido obtendrá mayoría absoluta, siendo elegido presidente de gobierno. Allí se quita su careta. En medio de la guerra contrainsurgente en Centroamérica, declara: “Habría que ayudar a Estados Unidos a encontrar la dimensión positiva de su liderazgo en América Latina”. Y de paso no sorprender nunca a la administración Reagan en las decisiones que tomara el Ejecutivo.

Su periplo por América Latina no tiene desperdicio. En su currículum debemos destacar la relación con el entonces miembro de la Junta Militar Argentina, almirante Eduardo Massera, para crear el partido Democracia Social, integrado en la Internacional Socialista. Maniobra que fracasó estrepitosamente, no sin antes González presentar a Massera como socialdemócrata. Dichos datos salieron a la luz en la causa instruida por el juez Garzón contra la dictadura Argentina. Publicitados por el equipo Nizkor y el periódico argentino La Nación. Durante la dictadura de Videla, Felipe González condecoró a varios militares. Entre otros, al almirante Rubén Franco, condenado posteriormente a 25 años de cárcel por participar en el secuestro y apropiación de hijos de desaparecidos, con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Aeronáutico. Asimismo, no tuvo escrúpulos en convertirse en fiador para la venta de armas a las dictaduras latinoamericanas. Sólo en el Chile de Pinochet, entre morteros, lanzacohetes, ametralladoras, aviones de entrenamiento, helicópteros, en el año 1983, los beneficios superaron los 80 millones de dólares. No es de extrañar que pidiera la libertad de Pinochet con tanto ahínco tras su detención en Londres, sin olvidar que en los años 80 recomendó a Ricardo Lagos que fuese Pinochet el timonel de la transición. La visita de ministros de Pinochet a España para asesorar las privatizaciones, la reforma laboral y abrir las puertas a Telefónica, Iberdrola, Endesa, Repsol, Santander, BBVA, en Chile fue una constante. Financió la “contra” nicaragüense, apoyó el informe Kissinger y negó apoyo al FDR-FMLN en El Salvador. Tras su salida de la política se transformó en asesor de lobbys y empresas trasnacionales españolas, estadunidenses y europeas, entre otras de venta de armamento, obteniendo pingües beneficios. Además de asesorar empresarios latinoamericanos para esquilmar sus riquezas, entre los que destaca Carlos Slim.

Ahora se presenta como un demócrata comprometido con las libertades en América Latina. Nunca lo estuvo ni lo estará. Mientras cultiva su hobby, comprar y diseñar joyas, alienta la desestabilización de golpistas. No puede ser de otra forma. Siempre revoloteó en su nido. Estados Unidos se lo agradece. Su impudicia no tiene límite.

* Diario “La Jornada”

Felipe González: el rey de las cloacas entra en campaña

El ex Presidente Felipe González se ha manifestado a favor de una coalición entre el PP y el PSOE: “Si el país lo necesita, lo deben hacer”. Imagino que el principal fontanero de la Transición se expresó de la misma manera cuando se entrevistó con Manuel Fraga para obtener su apoyo en la guerra sucia contra ETA. Al parecer, Fraga le contestó que aprobaba su estrategia y que jamás afearía su decisión. El responsable de la masacre de Vitoria-Gasteiz y los asesinatos de Montejurra ya estaba familiarizado con el terrorismo de estado y no le importaba mancharse las manos de sangre una vez más. Felipe González agradeció su colaboración y ordenó que comenzaran los atentados, tal vez con el conocimiento de la Casa Real, pues el CESID siempre informaba en primer lugar a Juan Carlos I y parece improbable que desconociera una operación cocinada en la cúpula del poder. El ex policía José Amedo siempre ha afirmado que González fue el creador de los GAL y que levantaba el pulgar cada vez que le informaban de un asesinato. Creo que ese gesto refleja la magnitud de su miseria moral como político y ser humano.

En 1982, Felipe González capitalizó los votos de la izquierda. Nadie imaginaba que aplicaría un durísimo ajuste económico, basado en una feroz reconversión industrial, la creación de los contratos basura, el recorte de las prestaciones de desempleo, la legalización de las empresas de trabajo temporal y el fin de las subvenciones de ciertos medicamentos prescritos por la Seguridad Social (el famoso “medicamentazo”). Incumpliendo sus promesas electorales, Felipe González consiguió la plena integración de España en la OTAN y envió tropas a la Primera Guerra del Golfo en 1991, prestando bases y aeropuertos para los bombardeos de Irak, donde murieron al menos 5.000 civiles y unos 30.000 combatientes iraquíes, casi siempre aniquilados por la maquinaria bélica norteamericana sin ofrecerles la oportunidad de rendirse. Los escándalos de corrupción, el encarcelamiento de los insumisos al Servicio Militar y a la Prestación Social Sustitutoria (casi siempre en régimen FIES, creado en 1989 por Antoni Asunción, Ministro de Interior), la dispersión penitenciaria y el terrorismo de Estado completan un cuadro desolador que malogró los sueños de un socialismo real y revolucionario. No está de más recordar los casos de Lasa y Zabala, ambos de veinte años, secuestrados en Francia, torturados en el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo y asesinados a sangre fría por los agentes Enrique Dorado y Felipe Bayo, cumpliendo órdenes directas del general Galindo y el socialista Julen Elgorriaga, Gobernador Civil de Guipúzcoa. También hay que incluir en el catálogo de infamias del gobierno de Felipe González la muerte de José Manuel Sevillano Martín, militante del GRAPO que mantuvo una huelga de hambre de 175 días, pidiendo el fin de la dispersión penitenciaria. Enrique Múgica, Ministro de Justicia, declaró que “la huelga de hambre era ficticia” y que se mantendría la dispersión “por justa y necesaria”. Cuando falleció Sevillano, extenuado tras dos infartos y horribles sufrimientos físicos y psíquicos, se prohibió a su mujer y a su hija Aida que se despidieran de sus restos mortales.

En los ochenta, la tortura era el procedimiento ordinario de las Fuerzas de Seguridad del Estado, según los testimonios del prestigioso antropólogo Francisco Etxeberria. No se torturaba tan solo a los militantes de ETA. El simple chorizo que robaba un radiocasete también sufría malos tratos en las comisarías de la Policía o en los cuarteles de la Guardia Civil. Sería injusto atribuir a Felipe González la implantación de un método que se había aplicado sistemáticamente desde la primera hora de la sublevación militar de 1936. Lejos de acabar con esa lacra, Felipe González proporcionó nuevos instrumentos para perpetuar la tortura. La Ley Orgánica 9/1984 –aún vigente- estableció un período de incomunicación de cinco días prorrogables hasta trece. En ese tiempo, el detenido no puede hablar con un abogado ni con un médico de su elección y ni siquiera su familia es informada de su paradero. Se puede hablar de un secuestro o desaparición temporal que se ha empleado para torturar con impunidad. Las víctimas de esa aberración jurídica han soportado suplicios tan inhumanos como la bañera, la bolsa, la barra, el quirófano, el misionero, la privación de sueño, los abusos sexuales y los simulacros de ejecución. La Fundación Euskal Memoria estima que cerca de 10.000 vascos han sido torturados en los últimos 50 años. Sólo entre 1978 y 1988 se detuvo a 7.370 y el 40% denunciaron torturas. Desde entonces, se han producido otros 1.700 casos.
Al declararse partidario de un pacto de estado entre el PP y el PSOE, Felipe González se ha quitado definitivamente la careta, evidenciando que no cree en la democracia ni se inquieta por el sufrimiento de la clase trabajadora. Desde que comenzó la crisis, se han recortado libertades y derechos, empujando a la pobreza a millones de personas, niños incluidos. Desahucios, malnutrición infantil, bajada de salarios, paro masivo, brutalidad policial, exclusión sanitaria de los inmigrantes sin papeles, leyes represivas que limitan la libertad de expresión, el derecho de manifestación o el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, privatización encubierta de la sanidad y la educación, supresión de becas y servicios sociales. Durante el gobierno de Mariano Rajoy, se han destruido más de un millón de puestos de trabajo y se ha promovido el empleo basura, que permite explotar al obrero y rescindir los contratos al antojo de los empresarios. Se han socializado las pérdidas de la banca y se ha amnistiado a los grandes defraudadores, sin adoptar medidas para combatir el colosal fraude fiscal (72.000 millones de euros al año). Emilio Botín ha felicitado a Mariano Rajoy y el IBEX 35  no oculta su regocijo. La Troika también se muestra complacida, pero exige nuevos recortes para cumplir el pacto fiscal que ha fijado para 2020 unos objetivos (reducir la deuda al 60% del PIB, contener la inflación en un 3%) que implicarán un gigantesco recorte de 400.000 millones de euros. Dicho de una forma sencilla: ha prevalecido la inhumanidad y la barbarie. Felipe González apuesta por continuar en esa dirección. Su actitud solo corrobora que la Transición fue un cuento y que desde entonces sufrimos los abusos de un régimen cada vez más intolerante y represivo.

La abstención activa es un recurso legítimo, pero no creo que invierta el curso de la historia. La sociedad debe seguir el ejemplo de la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) y luchar por sus derechos, sin dejarse intimidar por una policía con barra libre para aporrear, humillar o multar a los activistas sociales. La historia juzgará a Felipe González y, si es justa, no será benévola. Personalmente, creo que debería acabar en el banquillo de la Corte Penal Internacional, acompañando a José María Aznar, su viejo antagonista. Ambos se implicaron en guerras inmorales e ilegales y han tolerado y promovido la tortura. Así los prueban las sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y los informes de Amnistía Internacional, por citar solo dos ejemplos. Si el PP y el PSOE pactan, se confirmará que la soberanía popular solo es un principio retórico y una realidad. Podremos hablar de dictadura sin exagerar un ápice. Mientras el pueblo trabajador sufre lo indecible, los canallas que nos gobiernan se marcharán de crucero en una nueva versión del Azor (el célebre yate del Generalísimo), felices de haber obrado el milagro de transformar el franquismo en autoritarismo parlamentario. La historia de España ha dibujado un bucle y ni siquiera tenemos a un Miguel Hernández, apilando versos llenos de rabia y esperanza:

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

Si la Audiencia Nacional leyera esta estrofa, ordenaría a la Guardia Civil que detuviera al poeta. Nada ha cambiado en la España negra y cainita que combina la mitra, la toga y el tricornio para acallar el viento del pueblo.

* Rafael Narbona

Bestiario: Felipe González

Felipe González ha pasado a la historia como rey de las cloacas, señor de las alcantarillas, plenipotenciario de los desagües, emperador de los albañales. Sus frases escatológicas (“Aznar y Anguita son la misma mierda”, “El Estado de derecho también se defiende en las alcantarillas”, “El Estatuto de Cataluña es una cagada porque Zapatero es una mierda”) revelan una inequívoca vocación por lo pútrido, lo hediondo y lo infecto. El adalid del cambio no era tan sólo un político hábil y marrullero, sino un prodigioso alquimista que transformó la inmundicia franquista en inmundicia democrática. Para conseguir este milagro, empleó una fórmula magistral: unas gotas de socialdemocracia, grandes dosis de pasión neoliberal, la persuasiva retórica de un comerciante acostumbrado a vencer las formas más insólitas de resistencia y el ingenio de un tahúr que esconde un Colt debajo de la mesa, mientras despluma a sus rivales con una bajara de naipes marcados.

Desde niño, Felipe González soñó con bajar a las alcantarillas e inspeccionar sus aguas, embriagándose con su olor a letrina. Algo le decía en su interior que en ese mundo de hedores, turbulencias y penumbras, se hallaba el verdadero poder, ese cetro invisible que determina el rumbo de la historia. Se imaginaba a sí mismo con botas de pocero, un casco y una lámpara, adentrándose en un territorio, donde estorba moral y los principios sólo son argucias para sobrevivir. Ser el príncipe de las tinieblas le parecía mucho más seductor que ser un bobo idealista. Sabía que le esperaba un largo camino y que no llegaría muy lejos sin dotes de comediante, capaz de fingir, aturdir, enredar y seducir. En los sesenta, se apuntó a la pana, el pelo moderadamente largo, los vaqueros de campana y la canción-protesta. Aprendió a cerrar el puño, lanzar arengas y argumentar como un leguleyo curtido en mil batallas judiciales. Se tomó ciertas molestias que consideró ineludibles: participar en manifestaciones ilegales, conocer las dependencias policiales en calidad de detenido, escuchar resignadamente a Mercedes Sosa, hojear ostentosamente El Capital y leer con aparente arrobo a Julio Cortázar. Nunca le gustó Rayuela, pero entendió que un estudiante de derecho antifranquista debía pasearse con una novela experimental debajo del brazo y no ser descubierto con su lectura favorita: Los complots del gran visir Iznogud. Ambicioso, ladino y traicionero, Iznogud era su personaje de ficción favorito y su inequívoco modelo. Aunque González no hablaba inglés, le agradaba saber que el nombre de Iznogud había surgido de un juego de palabras: “He’s no good”. Aún no había descubierto a Nicolás Maquiavelo, el diplomático florentino que iluminaría sus largas noches como Presidente del Gobierno, y los Hermanos Malasombra le parecían demasiado ingenuos, pese a su indudable iniquidad. En cambio, Iznogud se le antojaba insuperable, con sus alfombras voladoras, sus genios embotellados y sus brebajes mágicos. “Ser califa en lugar del califa” era un bonito sueño, pero se conformaba con ser un pocero, un mago que hace desaparecer la porquería con cal viva y perfuma el ambiente con su sonrisa de mercader deshonesto.

Sus ilusiones comenzaron a materializarse cuando se convirtió en Isidoro y escaló hasta el Comité Ejecutivo del PSOE. Era un paso importante, pero insuficiente. El famoso congreso de Suresnes en 1974 sería su 18 de Brumario. Escoltado por el general José Faura, agente del SECED, el servicio de inteligencia creado por el almirante Carrero Blanco, logró desbancar a la vieja guardia, acusándola de conspirar contra la civilización occidental, con su estalinismo trasnochado. Su pretensión era reinventar el PSOE, extirpando cualquier tendencia utópica y revolucionaria, pero sin despilfarrar las palabras mágicas “socialista” y “obrero”, excelentes cebos para los incautos. Felipe González entendía que aceptar el apoyo del SECED no constituía una traición ni un signo de oportunismo, sino un gesto de madurez y pragmatismo, que serviría de inspiración en el futuro. En 1994, Faura sería recompensado con el cargo de Jefe del Estado Mayor del Ejército. Por supuesto, no hay ninguna relación entre su nombramiento y el golpe de mano de Suresnes. Simplemente, las distintas etapas de la historia se comunican como los canales de una red de alcantarillado. Algunos se obstinaban en no comprenderlo, pero Felipe González ya lo tenía muy claro en 1979, cuando dejó una frase para la posteridad: “Marxismo o yo”. El tiempo demostraría que “marxismo o yo” significaba sí a la OTAN, sí al terrorismo de Estado, sí al encarcelamiento de insumisos, sí a la precariedad laboral, sí a los contratos basura, sí a la reconversión industrial, sí a la guerra contra Irak, sí a la inmolación del pueblo saharaui, sí a la corrupción, sí a la tortura y sí a la dispersión penitenciaria. “Marxismo o yo” significaba renunciar a las veleidades republicanas y rendir vasallaje al Borbón rijoso, beodo y botarate. Por descontado, Felipe González era más inteligente que Iznogud. Por eso, dejó al califa ser califa y no fantaseó con coronarse emperador. Se contentó con pequeños gestos simbólicos, como realizar una excursión de pesca con el Azor, el yate preferido de Francisco Franco. Sólo fue una pequeña debilidad, que no puede empañar su profunda comprensión de los asuntos de Estado. De hecho, su gran capacidad política se puso de manifiesto en su premura por halagar y mimar al califa con automóviles de lujo, motocicletas de gran cilindrada, aviones, helicópteros, barcos y un auténtico harén, con actrices, cupletistas, vedettes y strippers. Por supuesto, todo a cargo de los Presupuestos Generales del Estado.

Es mejor ser pocero que ser califa, pues el pocero es un verdadero demiurgo, que esculpe su época desde el subsuelo. Los años ochenta y la primera mitad de los noventa siempre tendrán la marca de Felipe González. Es un período de rufianes, arribistas, bellacos, bribones, alcahuetes, granujas y timadores. González reclutó para su guardia pretoriana a los canallas más conspicuos y desalmados: Barrionuevo, un carlista con la piel estragada por la viruela y aficionado a resolver los problemas, enterrándolos dos metros bajo tierra; Solchaga, un tahúr que impulsó la cultura del pelotazo (“España es el país donde es más fácil enriquecerse en menos tiempo”) y confraternizó con los criminales de cuello blanco; Miguel Boyer, amante de las villas ostentosas, lector empedernido del Hola e implacable cruzado contra la clase obrera; José Bono, nostálgico del yugo y las flechas, propietario de un rico patrimonio de origen turbio, españolista histérico y gran admirador del inmundo Manuel Fraga; Enrique Múgica, enredado en la trama del 23-F e inverosímil Defensor del Pueblo; Rubalcaba, embaucador incansable, conspirador discreto, parlanchín con tendencia al sermón moralizante, superviviente nato. La lista de villanos sería inacabable y tediosa, pero no quiero dejar de mencionar ciertos nombres, particularmente los de los facinerosos que se encargaron del trabajo sucio: José Amedo, Rodríguez Galindo, Luis Roldán, Vera, Sancristobal, Corcuera, Damborenea, Elgorriaga. Ninguno de estos malhechores se caracterizaba por su inteligencia o finura. Luis Roldán era un vulgar ladrón, torpe y sin imaginación. Amedo, antiguo inspector de la Brigada Político-Social, pasaba la mayor parte del tiempo en locales del alterne, presumiendo de sus hazañas, con una mano en la bragueta y la otra ocupada en sostener un vaso de whisky barato. Corcuera era un lunático, que resolvía los dilemas morales y legales con una patada en la puerta, y Damborenea un visionario, que acusaba a Amnistía Internacional de boicotear los interrogatorios de la Guardia Civil, cuestionando su derecho a propinar bofetadas, patadas y, de vez en cuando, una inofensiva descarga eléctrica. Todos eran rematadamente estúpidos y perversos, pero sus perfidias disfrutaban del tupido paraguas de Felipe González, un artista del engaño, el fraude y la superchería. Cuando Iñaki Gabilondo le preguntó en una famosa entrevista televisiva si sabía algo sobre los GAL, González respondió con indignación: “Nada, salvo lo que he leído en la prensa”. Desmintió que fuera Mr. X y repudió las acusaciones, asegurando que todo eran calumnias. “Falso, radicalmente falso. Mienten. Falsean la realidad”. Gabilondo arqueó las cejas con incredulidad y Felipe le fulminó con una mirada digna de Fu Manchú. Los creadores de mitos dicen que se limitó a seguir el lema de su adorado Maquiavelo: “Yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla”.

Felipe González perdió su puesto de Pocero Mayor del Reino en 1996, reemplazado por José María Aznar, un verdadero prócer, que ejerció un hiperliderazgo de tintes sobrenaturales. “Yo soy el milagro”, exclamó el pequeño cesar, encaramado sobre sus zapatos con alzas invisibles. España siempre ha tenido suerte con sus gobernantes, grandes hombres que han dejado una huella imborrable. Después del aznarismo, vino el zapaterismo y ahora el marianismo, que lucha con denuedo contra rojo-separatistas, perroflautas, antisistema y altermundistas. Pero ¿qué ha sucedido en estos años con Felipe González? ¿Echa de menos las alcantarillas? ¿En qué se ha convertido? Increíblemente, en un “jarrón chino”. Con la ternura de un verdugo jubilado, ha explicado su insólita transformación: “Soy como un jarrón chino en un apartamento chiquito. Como se supone que es valioso, nadie se atreve a romperlo, pero estorba en todas partes”. Pobre jarrón chino, que acumula ganancias millonarias como asesor de magnates, políticos y empresarios. Su abultada fortuna personal convive con su sueldo vitalicio de ex presidente, una prebenda que estableció antes de abandonar La Moncloa para asegurar su vejez. Se codea con los grandes: Henrique Capriles, cruzado antichavista y valedor de las oligarquías; Carlos Slim, prestidigitador de los negocios sucios y uno de los hombres más ricos del mundo, y Álvaro Uribe, ex presidente de Colombia, narcotraficante y asesino de masas. Emprendedor infatigable, Felipe González cobra unos 125.000 euros al año como asesor de Gas Natural. A pesar de su éxito como hombre de negocios, su vocación política no ha desaparecido. Cuando hace poco unos felones realizaron escraches contra políticos del PP, reaccionó con ese afán justiciero que siempre le ha acompañado: “¿Por qué un niño va a tener que aguantar una presión en la puerta de su casa?”. Es evidente que los escraches son terrorismo. Se trata de una acción mucho más violenta y despiadada que desahuciar a un menor, un aciano o un discapacitado. ¿Por qué los talibanes de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) no toman ejemplo de los votantes del PP, que pasan hambre antes que cometer la villanía de no pagar una letra?  Felipe González, que se define como “un cristiano con minusvalías”, considera que la solución de todos los males consistiría en imitar a los Estados Unidos, donde puedes morir apuñalado en el metro, pero disfrutando hasta el último estertor de una reconfortante libertad. Al igual que Millán Astray, le preocupa que los anhelos independentistas de Catalunya y Euskal Herria mutilen la indisoluble unidad de la Nación española. En cuanto al paro, coincide con la patronal. La verdadera tragedia de nuestra sociedad es que nadie quiere trabajar. Por eso, se deben vincular los salarios a la productividad o nos convertiremos en “un rincón de Eurasia”, con ridículas pretensiones de igualdad y solidaridad. Es evidente que tanta sabiduría no debe caer en saco roto. La Fundación Felipe González, creada y presidida por Felipe González, se dedicará a estudiar su trayectoria personal, profesional, política e institucional. Es una gran noticia que enseña al mundo la trascendencia de los poceros, infravalorados fontaneros del Estado.

Felipe González sigue fumando puros superlativos y cuidando bonsáis. Al mirar hacia atrás, piensa con melancolía en la graciosa ondulación de las aguas fecales. Sigue amando el subsuelo, pero agradece su jubilación, pues ya no tendrá que sufrir los baños de multitudes (nunca aguantó el contacto personal con la chusma) ni soportar que le llamen “Felipe”, un gesto de confianza que jamás le agradó. Hace unos días, un periodista se atrevió a escarbar en su intimidad y le preguntó si desearía ser recordado como un nuevo Adriano, el emperador humanista y helenófilo que inspiró una excelente novela a Margarite Yourcenar: “Miré usted –contestó con su inconfundible acento sevillano-. Cité la obra de Yourcenar para quedar bien. El que a mí me gusta de verdad es Iznogud. Me río mucho con sus álbumes. Yo nunca quise ser califa en lugar del califa, pero entiendo su ambición y sus artimañas”. “No le comprendo”, comentó el periodista. “¿Desea ser recordado como una especie de Iznogud?” “Eso es. A mí no me gusta el poder, lo que me gusta es mandar y eso sólo lo consigue un visir. Mandar con las botas y no con los votos. No me interprete mal. Se lo digo sin acritud”. El periodista, estupefacto, le hizo una última pregunta: “¿Añadiría alguna frase? ¿Algo que resuma su visión del mundo?”. “Sólo dos palabras”, respondió González. “Por consiguiente…” Después se alejó, pensando que sus restos merecían un Mausoleo más grande que El Valle de los Caídos. ¿Cuál será el lugar que reservará la Historia a Felipe González? Indudablemente, una letrina. A veces, los sueños se hacen realidad.

* Publicado en “Into The Wild Union