Fernando Guillén; el adiós al viudo Rius

Es a partir de 1956 cuando se incrementa considerablemente su prestigio profesional al integrarse a la compañía de Tamayo supliendo a Julio Núñez por unas desavenencias económicas, que él mismo cuenta en el libro “Fernando Guillen, un actor de hoy” de César Oliva y Jesús García de Dueñas, y que con el paso del tiempo parecen ridículas. Cuenta que Julio pretendía cobrar 200 pesetas día y Tamayo solo estaba dispuesto a darle 175, pero esa minucia suponía 750 pesetas mensuales, a mitad de la década de los cincuenta, era el sueldo de un trabajador sin cualificar en Madrid, y daban para alejar algunas incertidumbres de la profesión

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