Carlos Olalla*. LQS. Abril 2018 Lo que aquellos campesinos presenciaron aquella tarde les acompañaría el resto de sus vidas. Desarmados, incapaces de oponer la más mínima resistencia, vieron como uno a uno, aquellos hombres cansados y desaliñados eran obligados a correr cuesta arriba para, por la espalda, ser acribillados a balazos por aquellos héroes de la patria que llevaban la cobardía por galón y la barbarie por bandera Estamos en 1936. Caían las últimas horas del 25 de agosto. El calor había sido agobiante en la Fuente de la Vega pero aquella tarde, como todas las demás, los labriegos seguían…
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