Consistencia y levedad de aquellos sabores. Todo acercamiento a la posible trascendencia de Fresa y chocolate (1993, Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío) debiera pasar por el tamiz de que ninguna película es capaz de cambiar la mentalidad sectaria, intolerante, machista, y de ascendencia hispana, judeo-cristiana y católica, que ha gobernado en los primeros doscientos años de historia nacional. El cine puede contribuir, atisbar un futuro de aceptación y proponer el reconocimiento de la diversidad sexual que conlleve la aceptación y comprensión de la homosexualidad, así como el emplazamiento activo y crítico a la sociedad discriminadora y represiva. Por mucho…
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