Haití. Una intervención que se perpetúa

Mejor haría la ONU –dijo– en destinar el dinero que dedica a financiar una intervención militar en ayudar a combatir la hambruna que afecta a seis de los 10 departamentos del país o a las decenas y decenas de miles de personas que todavía viven en campamentos tres años después del terremoto que mató a un cuarto de millón de haitianos

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Monsanto intenta beneficiarse del terremoto de Haití

La supuesta “ayuda” fue aplaudida por el Foro Económico Mundial de Davos y para distribuirla, ofreció sus servicios “gratuitos” la polifacética Agencia Internacional de Desarrollo de EEUU (USAID, por su sigla en inglés), cuya versatilidad abarca múltiples actividades, desde el financiamiento de grupos terroristas y oscuros negocios de “obras públicas”

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Haití y la respuesta latinoamericana

Consulte usted cualquier enciclopedia. Pregunte cuál fue el primer país libre en América. Recibirá siempre la misma respuesta: los Estados Unidos. Pero los Estados Unidos declararon su independencia cuando eran una nación con seiscientos cincuenta mil esclavos, que siguieron siendo esclavos durante un siglo, y en su primera Constitución establecieron que un negro equivalía a las tres quintas partes de una persona.

Y si a cualquier enciclopedia pregunta usted cuál fue el primer país que abolió la esclavitud, recibirá siempre la misma respuesta: Inglaterra. Pero el primer país que abolió la esclavitud no fue Inglaterra sino Haití, que todavía sigue expiando el pecado de su dignidad.

Los negros esclavos de Haití habían derrotado al glorioso ejército de Napoleón Bonaparte y Europa nunca perdonó esa humillación. Haití pagó a Francia, durante un siglo y medio, una indemnización gigantesca, por ser culpable de su libertad, pero ni eso alcanzó. Aquella insolencia negra sigue doliendo a los blancos amos del mundo.

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De todo eso, sabemos poco o nada.

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