Carlos Olalla*. LQS. Mayo 2018 Vivir encerrados en un piso con las ventanas cerradas y las cortinas corridas, con las puertas atrancadas por uno y mil cerrojos, sin agua y con luz a ratos, rodeados de francotiradores que a diario ejercitan su puntería sin importar a quien asesinan, con violadores, ladrones y asesinos que campan a sus anchas y merodean tu puerta… Cuando el horror se hace cotidiano, cuando solo nos queda huir o resistir, cuando la muerte llama a diario a la puerta de tu casa, es cuando surge tu yo verdadero, ese yo que desconoces aunque siempre ha…
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