Los restos de Julio Álvarez del Vayo no deben acabar en una fosa común

Mirta Núñez Díaz-Balart. LQS. Marzo 201

Diputado socialista durante dos legislaturas, representó el socialismo más combativo pero, a la larga, en enfrentamiento con la línea más burguesa, le expulsaría del PSOE y acabaría sus días como presidente del FRAP

Pocos rememoran su figura, tan importante en los años treinta y cuarenta. Sorprende que un hombre tan relevante hoy no esté en el escenario intelectual de España. Hombre de gran envergadura intelectual, político y periodista, había salido de España cuando sólo unos pocos salían más allá de sus fronteras. Periodista y escritor, una gran talla física acompañaba su enorme vitalidad. Su gran dominio de idiomas cuando ni los universitarios españoles tenían esa cualidad que le permitió conocer y conversar con figuras como Rosa Luxemburg o, el propio Karl Lieknetch.

Hombre del ala izquierdista del PSOE, fue ministro de Estado con Largo Caballero, Ya en el difícil año de 1938, siguió la senda del Dr. Negrín, intentó cambiar la suerte de la España republicana en los foros internacionales. Diputado socialista durante dos legislaturas, representó el socialismo más combativo pero, a la larga, en enfrentamiento con la línea más burguesa, le expulsaría del PSOE y acabaría sus días como presidente del FRAP.
La creación en 1936 del llamado Comité de No Intervención, allá por el verano de 1936, fue mal enemigo pues, sin duda, según el dicho tradicional “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, algo que en el caso español se repetía una y otra vez. En un penoso diálogo de sordos que se mantuvo durante los casi tres años de guerra para España, Vayo ejerció su patriotismo hasta la extenuación. En la Sociedad de Naciones en que predominaban los “sepulcros blanqueados”, Vayo ejercía de la voz de la conciencia de las democracias occidentales. Para sonrojo de franceses e ingleses, su presencia en Ginebra le permitió intervenir en primera línea en el traslado del Tesoro Artístico del Museo del Prado a territorio neutral como Suiza. De esa manera, evitó que las bombas que lanzaban los insurrectos sobre Madrid y de las cuales alguna cayó en el propio Museo del Prado, acabase por agujerear alguno de los magnífico lienzos de Velázquez o Goya. En un escenario internacional tan hostil fue siempre un observador con ojos sagaces y, en plena guerra tituló uno de sus reportajes “Dos años de fascismo internacional”.

Las últimas gestiones políticas que presidió estuvieron encaminadas a intentar convencer a Azaña de que volviese desde Francia a territorio leal para hacer valer la voz legítima de la República frente al golpe del Coronel Casado, en una de esas últimas intervenciones que convirtieron en premonitorio el título de sus memorias, “El Último Optimista”, publicado en inglés.

Hoy sus restos descansan junto a su esposa, en la Ginebra que conoció la inútil esgrima diplomática de la Sociedad de Naciones para ocultar el entreguismo ante Hitler y Mussolini. El periodo suscrito para la sepultura de Vayo y su esposa se agota y el siguiente paso será lanzarlos a la fosa común.

La ciudad que posee un impresionante Monumento a los Reformadores, que soñaron un mundo diferente desde la fe y el pensamiento, no debe contemplarlo.

Los restos de Julio Álvarez del Vayo, quien tanto luchó por España en los escenarios internacionales, no deben acabar en una fosa común.

* Profesora titular en el Departamento de Historia de la Comunicación Social, en la Universidad Complutense de Madrid, actual directora.

Inolvidable: Julio Álvarez del Vayo

Señas de identidad: Julio Álvarez del Vayo

Redacción. LQS. Febrero 2019

En septiembre de 2016, se salvó in extremis la tumba de Julio Álvarez del Vayo en el cementerio de Saint Georges (Ginebra-Suiza) gracias a la gestión, siempre encomiable de l’Amicale des Anciens Guérilleros Espagnols en France – Forces Françaises de l’Intérieur (AAGEF-FFI). Sin su mediación, los restos de del Vayo y su esposa habrían ido a la fosa común.

A nosotros nos produjo alegría, e incluso tranquilad. Es un tributo a la memoria, a la nuestra y a la colectiva, a la historia de un país –el nuestro– que parece olvidar a cientos de personajes que nos han precedido y han sido ejemplo en la lucha por un mundo mejor.

Julio Álvarez del Vayo es casi un desconocido en el estado español, uno de los “borrados” de la historia. Militante del PSOE -cuando aún era partido republicano-, ministro de exteriores de la República durante la guerra civil, es recordado con orgullo y reconocimiento por toda la militancia antifranquista y especialmente por la que pasó por el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP) del que fue fundador en 1971 (comités pro-FRAP) y que presidió hasta su muerte en 1975.

Toda una vida entregada a defender la República que combatió al fascismo, fue una de las caras más visibles de la diplomacia republicana en el escenario internacional y posteriormente un fiel defensor de la legalidad republicana en el exilio.

Abrimos un hilo de notas y colaboraciones, que se irán publicando a lo largo de este año 2019, para glosar la figura de del Vayo a lo largo de su vida política, rescatar para la verdad histórica su figura militante y lograr para él y su esposa una sepultura a perpetuidad como el digno Lugar de Memoria que merecen.

Algunos datos biográficos (1):

Julio Álvarez del Vayo y Olloqui
Villaviciosa de Odón (Madrid) 09/02/1891 – Ginebra (Suiza) 03/05/1975

“Vayo fue una de las caras más visibles de la República en el escenario internacional, con diferencia… Era un hombre capaz y realizó una labor más que digna durante toda la guerra; además de ser políglota, como Negrín, una rareza para la época y que le ayudó de cara a su papel en el exterior. Fuera de España era muy respetado”. (2)

Periodista. Hijo del general Juan Álvarez del Vayo y Navarro, realizó sus estudios secundarios en El Escorial, rompe con la tradición militar familiar, y decide estudiar Derecho en las Universidades de Madrid, Zaragoza y Valladolid donde se licenció.

En 1911 fue becado por la Junta de Ampliación de Estudios (JAE). Marchó a Londres para estudiar ciencias políticas y económicas en la London School of Economics, entró allí en contacto con Beatrice y Sydney Webb, bajo cuya influencia se adhirió al socialismo, para ingresar en el PSOE ese mismo año.

En 1913 se trasladó a Alemania, prosiguiendo sus estudios en la Universidad de Leipzig y participando activamente en el movimiento socialista alemán. Trabó relación con Rosa Luxemburgo, dirigente y teórica del socialismo de izquierda, a favor de la cual tomó posición. Fue protagonista de las campañas contra la I Guerra mundial y las movilizaciones que tuvieron lugar en protesta por el asesinato en Francia del líder socialista y antimilitarista Jean Jaurès.
A consecuencia de ello fue expulsado de Alemania, y tuvo que marchar a Nueva York donde, entre 1914 y 1916, fue corresponsal de El Liberal.

En 1916 regresó a Europa, concretamente a Dinamarca, con intención de llegar a Rusia como corresponsal de guerra. Al no lograrlo viajó a Alemania y posteriormente a Suiza, donde trabajó como corresponsal de guerra para los periódicos El Sol de Madrid, La Nación de Buenos Aires y Manchester Guardian, colaborando además con revistas españolas como Vida Socialista y España. En Berna frecuentó los grupos de exiliados antizaristas, donde conoció a Lenin pocos meses antes del regreso de éste a Rusia a bordo del famoso vagón sellado que atravesó Alemania.

Después de la guerra mundial trabajó como corresponsal de La Nación para Europa, residiendo sucesivamente en Viena (1919), Praga y Berlín (1920) y viajando a Rusia por vez primera en 1922 como miembro de la Comisión Nansen para la ayuda al pueblo ruso.

En 1918 se inició en la masonería con el nombre simbólico de «Luxemburg» perteneciendo a la logia «Ibérica» de Madrid.
Fue candidato del PSOE en las elecciones generales de 1919 y 1920 por Villena (Alicante) sin resultar elegido.
En 1920, junto con Luis Araquistáin y Juan Negrín, constituyó la empresa editorial España. Partidario de la Tercera Internacional, abandonó el PSOE en 1921, reingresando en la agrupación socialista de Madrid en 1925.

En 1924 fue nombrado representante en España para Europa del diario La Nación, viajó varias veces a la Unión Soviética escribiendo los libros La nueva Rusia (1926) y Rusia a los doce años (1929), como fruto de dichos viajes.
Durante la Dictadura de Primo de Rivera compaginó su corresponsalía de La Nación con la del periódico británico Manchester Guardian.

En mayo de 1926 estuvo en prisión por unas palabras de apoyo a Miguel de Unamuno, pronunciadas durante un banquete celebrado en honor del Dr. Tapia.

Tras la proclamación de la Segunda República, en junio de 1931, fue nombrado Embajador de España en México y con el reconocimiento de la Unión Soviética por parte del gobierno republicano fue designado Embajador de España en Moscú, aunque no llegó a tomar posesión de su nuevo destino a consecuencia de la caída del gobierno presidido por Manuel Azaña en 1933 y la constitución de uno nuevo, protagonista del llamado “bienio negro” de orientación filofascista, que paralizó el reconocimiento diplomático de la Unión Soviética.

En 1934 fue Presidente de la Comisión creada por la Sociedad de Naciones para restablecer la paz en El Chaco, región fronteriza entre Bolivia y Paraguay, cuya disputa había dado lugar a un enfrentamiento bélico entre ambos países. Elegido diputado por Madrid-capital en las elecciones generales de 1933 y 1936, formó parte en la legislatura 1933-1936 de la Comisión de Estado y en la legislatura 1936-1939 de las Comisiones de Estado, de Defensa Nacional y de Presidencia (suplente). Fue además miembro titular de la Diputación Permanente de las Cortes desde el 8 de abril de 1936 al 1 de octubre de 1938.

En julio de 1936, pocos días antes de la sublevación militar, acudió como miembro de la delegación de la UGT, presidida por Francisco Largo Caballero, al VIII Congreso de la Federación Sindical Internacional celebrado en Londres. Integrado en el sector de la izquierda del PSOE fue Ministro de Estado en los dos gobiernos presididos por Largo Caballero desde septiembre de 1936 a mayo de 1937, siendo además Comisario General del Ejército de la República y formando parte del Consejo Supremo de Guerra.

En mayo de 1937 rompió con Largo Caballero apoyando la designación de Juan Negrín como Presidente del Consejo de Ministros, en cuyo último gobierno, entre abril de 1938 y abril de 1939, ocupó de nuevo la cartera de Estado. Como representante español en la Sociedad de Naciones en Ginebra, denunció en la asamblea la ayuda prestada por Italia y Alemania al bando sublevado. También organizó la salida de España de los fondos del Museo del Prado que se encontraban en Figueras para trasladarlos a Ginebra, donde serían custodiados por el secretario general de la Sociedad de Naciones.

Partidario de la resistencia hasta el fin, con la idea de enlazar el conflicto español con el estallido de la inminente guerra europea, propuso continuar la batalla mediante la «guerra de guerrillas».

Tras la caída de la República, se exilió en Francia, México, Estados Unidos y Suiza. Desarrolló una intensa actividad como escritor, publicista y político al frente del sector del PSOE encabezado por Ramón González Peña, Ramón Lamoneda y Juan Negrín.

En 1945 acudió junto a este último a la Conferencia de San Francisco, donde se constituyó la Organización de Naciones Unidas. Fue expulsado del PSOE en 1946, junto a otros treinta y cinco militantes, entre ellos Max Aub y Amaro del Rosal, por la radicalidad de sus posiciones. Eran los comienzos de la guerra fría, y todo lo que no fuera abiertamente anticomunista fue penalizado y excluido.

Al inclinarse la Internacional Socialista, en febrero de 1948, por el reconocimiento como miembro de la misma del sector dirigido por Indalecio Prieto y Rodolfo Llopis, participó en la creación de la Unión Socialista Española, de la que fue presidente de 1951 a 1964.

En 1957 viajó por primera vez a China, invitado por las autoridades de la República Popular. Repitió visitas en 1961, 1967 y 1973 y fruto de ellas fueron sus obras Reportaje en China (1958) y China Vence (1964).

En 1964 fue promotor del Frente Español de Liberación Nacional.

Entre 1971 y 1973 se formó una amplia red de comités pro-FRAP en prácticamente todas las regiones de España. El FRAP se constituyó formalmente el 24 de noviembre de 1973, en una Conferencia Nacional celebrada en París, en la que Julio Álvarez del Vayo fue elegido presidente y se ratificaron sus puntos programáticos.

El 3 de mayo de 1975 falleció en Ginebra y fue enterrado en el cementerio de Saint Georges, tras la celebración de un acto laico al que asistieron el Presidente de la República Española en el exilio, José Maldonado, y el Jefe del Gobierno republicano, Fernando Valera.

«Me gusta que se me tenga por lo que siempre he sido: un socialista de izquierda, firme partidario de la unidad de acción obrera y en España defensor, dentro de la medida de mis posibilidades, de la unidad en la lucha contra Franco” (3)

Lo último que sabemos sobre la situación de su tumba fue «el interés de las autoridades españolas en asegurar su cuidado (el de la tumba) y mantenimiento».

Notas:
1.- Fuentes: Fundación Pablo Iglesias. Wikipedia. Entrevista a Álvarez del Vayo, Universidad de Alicante, Biblioteca Universitaria, Fonoteca.
2.- Entrevista a David Jorge, historiador en CTXT, 21 de diciembre de 2016
3.- Julio Álvarez del Vayo: Les Batailles de la liberté, F. Masperó, París, 1963, p. 302.

Inolvidable: Julio Álvarez del Vayo

Voluntarios judíos en las Brigadas Internacionales

Cristina Calandre Hoenigsfeld. LQSomos. Septiembre 2016

La lucha heroica y callada de los voluntarios judíos que combatieron en las Brigadas Internacionales

Así comienza la carta que el responsable de Prensa de las Brigadas Internacionales en Madrid, escribe al Presidente del Consejo de Ministros republicano , Don Juan Negrín a Barcelona, el 17 de enero de 1938.(Archivo Juan Negrín-Las Palmas de Gran Canarias)

Es conocido, que la mayoría de los voluntarios de las BI –Sanidad fueron judíos comunistas (franceses, alemanes, rusos, polacos, palestinos, etc. ), y que hicieron una gran labor en defensa de la legalidad republicana y de su Constitución de 1931.

Posteriormente, muchos de los supervivientes, acabaron exterminados en el Holocausto durante la II Guerra Mundial., como nos explica el Dr. Francisco Guerra en su obra monumental “La medicina en el exilio republicano”. (1)

En sintonía con ese antisemitismo europeo, fue la orden Ministerial que se apresuró a firmar y a aplicar, el ministro antisemita y fascista, Ramón Serrano Suñer, desde el Ministerio de Gobernación, sobre depuración de médicos judíos (junto a otros colectivos), de 6 de octubre de 1939. (2)

Ahora de nuevo nos encontramos con actitudes de este tipo, antisemitas, relativas al acto vandálico ocurrido en el Cementerio de Fuencarral, (3) sobre las tumbas a dichos heroicos voluntarios, que ha sido denunciada por la propia embajada de Rusia en España.

Actualmente, existen leyes que luchan contra esas manifestaciones antijudías, tanto desde España, con el Código Penal, o desde el Parlamento Europeo con la reciente resolución , aprobada en junio del 2017 (4)

Solo hay que tener la voluntad de aplicarlas.

Defender la memoria y honor de los voluntarios brigadistas judíos, es hacerlo con la II República y la legalidad de su Constitución de 1931.

Notas:
1.- Dr. Francisco Guerra: La medicina en el exilio republicano “ editorial Universidad de Alcalá de Henares, 2004
2.- ver attach
3.- Cementerio de Fuencarral
4.- Resolución del Parlamento Europeo, de 1 de junio de 2017, sobre la lucha contra el antisemitismo

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Juan Negrín, jefe del Gobierno republicano

Juan Negrín, presidente del Gobierno de la República, durante una visita al frente del Ebro en 1938. / Archivo Fundación Juan Negrín

Arturo del Villar*. LQSomos. Mayo 2017

El lunes 17 de mayo de 1937 el presidente de la República Española, Manuel Azaña, firmó en Valencia dos decretos históricos: por el primero admitió la dimisión presentada por Francisco Largo Caballero de sus cargos de presidente del Consejo de Ministros y ministro de la Guerra, y por el segundo nombró presidente del Consejo de Ministros y ministro de Hacienda y Economía a Juan Negrín López (Gaceta de la República, número 138, de 18 de mayo de 1937, página 751). Con Largo dimitió todo su Gobierno, del que formaba parte el doctor Negrín, como ministro de Hacienda, desde el 4 de setiembre de 1936.

La dimisión de Largo Caballero era una necesidad, debido a su inoperancia efectiva, demostrada sobre todo en el desempeño de sus funciones como ministro de la Guerra. Es cierto que los militares monárquicos sublevados contaban con la ayuda de combatientes y armamento enviados por la Alemania nazi, la Italia fascista y el Portugal salazarista, más el dinero recaudado por la Iglesia catolicorromana en sus templos de todo el mundo, pero también que la mala planificación táctica y la desorganización del Ejército Popular favorecían a los rebeldes, ante una falta de autoridad intolerable en aquella situación bélica.

Rebelión en Barcelona

La culminación de la ineptitud de Largo fue la pequeña guerra civil librada en Barcelona entre el 3 y el 8 de mayo de 1937, causa final de su dimisión forzada. Desde el mes de abril existía un enfrentamiento armado entre los anarquistas de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), por un lado, y el Gobierno de la República y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) por otro, con el resultado de asesinatos y desórdenes públicos. El POUM, que ni era un partido obrero ni marxista, pretendía destruir al Partido Comunista (PC), que sí lo era. Contaba entre sus militantes con fascistas infiltrados para torpedear la actuación del Frente Popular (FP), y en esos momentos decisivos también de las operaciones bélicas.

Era uno de los partidos firmantes el 15 de enero de 1936 del acuerdo constitutivo del Frente Popular, con Izquierda Republicana (IR), la Unión Republicana (UR), el Partido Socialista (PSOE), la Unión General de Trabajadores (UGT), la Federación Nacional de Juventudes Socialistas (FNJS), el Partido Comunista (PC), y el Partido Sindicalista (PS). Conforme a su política independentista, la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y la CNT se mantuvieron al margen, no solamente en la firma del pacto, sino incluso ante las decisivas elecciones generales del 16 de febrero, ganadas por el FP.

La CNT se había apoderado del edificio de Telefónica en Barcelona, desde donde espiaba todas las comunicaciones, incluidas las del presidente Azaña. El 3 de mayo de 1937 se disparó desde sus instalaciones contra una comisión que pretendía entrar en ellas. Fue la señal para una rebelión de la CNT y el POUM, que dividió a la ciudad: el Gobierno controlaba la parte izquierda de las Ramblas, y los rebeldes la derecha.

Una traición a la República

Esa guerra barcelonesa surgida en medio de la guerra española obligó al Gobierno republicano a distraer tropas de los frentes de batalla contra los militares monárquicos sublevados, para enviarlas contra los anarquistas y poumistas igualmente sublevados. La insurrección sólo puede ser calificada de alta traición contra la República y el Gobierno constitucional.

El presidente Azaña quedó sitiado en su residencia, con su familia y séquito, sin poder moverse, porque los sitiadores disparaban cuando alguien se asomaba al exterior. Aprovechó la forzosa inactividad política impuesta por el estado de sitio para revisar La velada en Benicarló, y eso es lo único positivo conseguido por la insurrección.

Desde el gabinete telegráfico de la Presidencia se reclamaba insistentemente al jefe del Gobierno, que se hallaba en Valencia, la adopción de medidas para liberar al presidente, pero Largo no hizo ningún caso de ellas. Por fin Indalecio Prieto, ministro de Marina y Aire, ordenó el envío a Barcelona de un acorazado y dos cruceros por mar, y de cuatro mil guardias de Asalto por tierra. Llegaron el día 6, se enfrentaron a los sublevados, y el día 8 quedó pacificada Barcelona. El 7 un avión trasladó al presidente Azaña al aeropuerto de Manises, en donde le esperaba casi todo el Gobierno, con su jefe al frente. Esta insurrección provocó alrededor de 500 muertos y más de mil heridos.

La crónica de esos días figura en el diario de Azaña, en el llamado cuaderno de la Pobleta, iniciado el 20 de mayo. Se encuentra reproducido en el sexto volumen de sus Obras completas, editadas por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2007, a partir de la página 291.

Un Gobierno inoperante

Si el desprestigio de Largo ya era grande, a consecuencia de su mala gestión en la marcha de la guerra, se acrecentó después de su probada ineptitud para impedir primero y resolver después la insurrección en Barcelona. El sábado día 15 el PC hizo público un comunicado, en el que proponía una serie de cambios en la política del Gobierno, que Largo rechazó. En cambio, envió a los partidos políticos y sindicatos una propuesta para remodelar el Gobierno. La oferta fracasó, porque solamente la aceptaron la Comisión Ejecutiva de la UGT, el Comité Nacional de UR, y el Comité Nacional de las Juventudes Socialistas Unificadas. El Consejo Nacional de IR respondió con una soflama totalmente extravagante.

El PC, al que se le adjudicaban los ministerios de Instrucción Pública y Trabajo en esa proposición, se negó a aceptarlos, y la Comisión Ejecutiva del PSOE anunció que si los comunistas no figuraban en el nuevo Gobierno tampoco estarían los socialistas. El Comité Nacional de la CNT, a la que se le prometían las carteras de Justicia y Sanidad, exigió otras dos más para integrarse en el Gobierno.
A las seis de la tarde del día 16 se celebró una reunión en Capitanía General, sede de la Presidencia de la República, presidida por Azaña, con la intención de lograr un acercamiento entre las diversas posturas manifestadas por los partidos políticos y los sindicatos. El motivo de las discrepancias radicó en la negativa del PC a que la cartera de Defensa Nacional, en la que se integrasen los tres ejércitos, pudiera recaer en la misma persona que presidiera el Consejo de Ministros. Esta misma opinión fue defendida por otros grupos, pero absolutamente rechazada por Largo, que insistía en reunir los dos cargos, como hasta entonces.

José Díaz, secretario general del PC, en su deseo de alcanzar una pronta resolución de la crisis, propuso aplazar la decisión, para tener tiempo de dirigirse al Comité Central de su partido con la exposición de las discusiones habidas, lo que fue aceptado por todos. A las diez de la noche Díaz comunicó a Azaña que el PC se mantenía en la postura inicial, y no aceptaba que la cartera de Defensa Nacional recayese en el jefe del Gobierno. También le informó de esa resolución a Largo, quien anunció por teléfono al presidente de la República que declinaba los poderes que le había confiado.

El Gobierno de Negrín

A las 12,20 de la mañana del día 17 de mayo salió de Capitanía General el doctor Juan Negrín, con el encargo de formar Gobierno. Se dirigió en primer término a la Ejecutiva del PSOE, para solicitar su aprobación, y una vez obtenida por unanimidad de sus componentes, fue a visitar a Largo, con quien mantuvo una corta entrevista privada de diez minutos. A continuación marchó al palacio del Congreso, para entrevistarse con su presidente, Diego Martínez Barrio. Con posterioridad conversó con los dirigentes políticos y sindicales, para concretar la formación de su Gobierno.

En unas horas consiguió cerrar las carteras, y a las diez de la noche solicitó audiencia al presidente de la República para comunicárselas. La notoria hiperactividad del doctor Negrín quedó confirmada este día. A las 22,40 horas salió de Capitanía con la aprobación de Azaña al Gabinete, y 45 minutos después se hallaba en la sede del Ministerio de la Guerra, sede de la presidencia del Consejo de Ministros, para tomar posesión del cargo, que le confió Rodolfo Llopis, subsecretario de la Presidencia. Junto a él se hallaba Indalecio Prieto, quien prometió su cargo de ministro de Defensa Nacional, en la que se reunían los tres ejércitos.

A las 23,55 llegaron ambos al Ministerio de la Gobernación, en donde estaba convocada la primera reunión en Consejo de los nuevos ministros. Previamente Negrín se posesionó interinamente de esa cartera, en espera de que llegase desde Bilbao su titular, el periodista Julián Zugazagoitia. El Gabinete quedó constituido así: Presidencia, Hacienda y Economía, Juan Negrín (PSOE). Estado, José Giral (IR). Defensa Nacional, Indalecio Prieto (PSOE). Gobernación, Julián Zugazagoitia (PSOE). Justicia, Manuel Irujo (Partido Nacionalista Vasco). Instrucción Pública, Jesús Hernández (PC), Agricultura, Vicente Uribe (PC). Trabajo, Jaime Ayguadé (Esquerra Republicana). Obras Públicas y Comunicaciones, Bernardo Giner de los Ríos (UR).

Conforme a lo que sería habitual en la incansable energía del doctor Negrín, la reunión concluyó a las 2,30 de la madrugada del día 18. Entre los principales acuerdos aprobados destaca la supresión del Consejo Suprior de Guerra, sustituido por el Gobierno en pleno, y el reforzamiento del Estado Mayor Central. Se hizo pública una declaración de ocho puntos, en los que se resumió su política a aplicar inmediatamente, haciendo constar “la más viva protesta contra las restricciones que el Pacto de no intervención supone para sus derechos de gobierno legítimo”. A las doce de la mañana el Gobierno cumplimentó al presidente de la República, y seguidamente se reunió de nuevo en Consejo, para continuar las deliberaciones.

Una consigna certera

Las presuntas democracias firmantes del Pacto de No Intervención siguieron impidiendo a la República recibir ayuda de otras naciones, con las únicas excepciones de la Unión Soviética y los Estados Unidos Mexicanos, que no toleraron la iniquidad de esa decisión injusta, mientras ignoraban la injerencia de la Alemania nazi, la Italia fascista y el Portugal salazarista a favor de los militares monárquicos sublevados.

Ya que el Partido Socialista Obrero Español solamente responde a la realidad del nombre en el hecho de hallarse siempre partido y aun repartido, el presidente Negrín debió intentar congeniar las tres facciones en que estaba escindido entonces, capitaneadas por Prieto, Largo y Julián Besteiro. A pesar de todas las dificultades, incluida la negativa de la República Francesa a permitir el paso por su territorio de las armas enviadas desde la Unión Soviética al Gobierno leal, la guerra continuó, y el presidente lazó una consigna acertada: “Resistir es vencer.”

Sabía Negrín, como otros dirigentes mundiales, que las agresiones constantes de Hitler no podían continuar, y se hacía inevitable una declaración de guerra contra Alemania. Cuando eso ocurriera, sin tardar mucho, los firmantes del Pacto de No Intervención en España lo desactivarían, para a partir de entonces colaborar con la República Española contra el enemigo común.

Otra rebelión fascista

Así hubiera podido ser, y la suerte de España otra, si el coronel Segismundo Casado no hubiera imitado a los militares monárquicos sublevados en 1936, sublevándose a su vez el 5 de marzo de 1939, con la colaboración de militares traidores y de individuos pertenecientes al PSOE, la CNT, la UGT, IR y UR. Formaron un Consejo Nacional de Defensa que entregó Madrid, inexpugnable hasta entonces, conocida como la Capital de la Gloria, a los primeros rebeldes, con lo que terminó la guerra el 1 de abril. Conforme a la predicción de Negrín, cinco meses después, el 1 de setiembre, comenzó la guerra en Europa contra las naciones nazifascistas.

Sería incomprensible en otro partido lo que hizo el PSOE, al considerar un héroe al traidor Besteiro, el que habló por Unión Radio y Radio España aquel nefasto 5 de marzo, pero en el PSOE resulta natural. Lo mismo que los acontecimientos posteriores, solamente lógicos en un partido absurdo siempre dividido en facciones irreconciliables.

El presidente Negrín ordenó reunir las incautaciones de dinero y joyas hechas a los fascistas, para enviarlas a México, en donde se había refugiado la mayor colonia de republicanos exiliados. Las embarcó en el yate Vita, que había sido propiedad de Alfonso XIII con el nombre entonces de Giralda. Con ese dinero pretendía fletar barcos para seguir recogiendo a los exiliados y transportarlos a México, en donde el presidente Lázaro Cárdenas había ordenado que se aceptase a todos los republicanos españoles supervivientes del desastre. Pero en Veracruz una mala jugada de Prieto le permitió apropiarse del cargamento. Desde entonces Prieto distinguió con su odio a su antiguo presidente Negrín. En agosto de 1939 imprimió en París un libro con la correspondencia cruzada entre los dos socialistas enemigos, que continúa reeditando la Fundación Indalecio Prieto con el título de Epistolario Prieto-Negrín.

Dada la importancia adquirida por Prieto en el exilio, consiguió que el 23 de abril de 1946 el PSOE expulsara de su militancia al doctor Negrín, algo sólo admisible en ese partido cainita. Hasta el 5 de julio de 2008, en el XXXVII Congreso del partido, no se readmitió a Negrín, en tanto se organizaban homenajes al traidor Besteiro. Fue un político demasiado importante como para pertenecer a ninguna de las facciones supuestamente socialistas, aunque no lo es ninguna.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio

En recuerdo del presidente Juan Negrín

Juan Negrín, presidente del Gobierno de la República, durante una visita al frente del Ebro en 1938. / Archivo Fundación Juan Negrín

Cristina Calandre Hoenigsfeld. LQSomos. Enero 2017

Acto de recuerdo en el Ateneo de Madrid del presidente Juan Negrín y para recordar lo que tenemos que hacer los republicanos.

El pasado día 22 de diciembre, tuvo lugar en el Ateneo de Madrid un homenaje a Juan Negrín López, gran científico y último Presidente de Gobierno de la República, con motivo de su fallecimiento, hace 60 años (1).

Moderado por Juan Iglesias, intervinieron la profesora Mirta Núñez Díaz-Balart, Miguel Pastrana y Joan Garcés. En el video de Youtube podemos ver las interesantes intervenciones que tuvieron lugar en el acto (2).

Quiero detenerme en la intervención de Joan Garcés, abogado, profesor, escritor (“Soberanos e Intervenidos”), y nombrado Premio Nobel alternativo en 1999.

Nos explicó los tres principios que el Dr. Negrín planteó para negociar la paz, antes de partir al exilio:
1.- Independencia de España.
2- El Pueblo español puede decidir sobre su forma de gobierno.
3- No habrá represalias.

Desgraciadamente, explicó el profesor Garcés, ninguno de estos tres principios se han cumplido.

El primero, el de la independencia de España, sigue sin resolverse, ya que al día de hoy, no solo tenemos a tropas extranjeras en nuestro territorio (se refiere a las bases de la OTAN), sino que tenemos además el escudo antimisiles (el que está en Rota), lugar al que irían dirigidos directamente, en caso de ataque, los misiles “del enemigo ruso”.

Carecemos también, con la moneda del euro, capacidad para dirigir nuestra política económica y, en caso de crisis, no se puede ni devaluar, ni hacer política monetaria, sujetos a la moneda europea.

En el segundo principio, el pueblo español sigue sin poder decidir su forma de gobierno, y tenemos impuesta esta Monarquía, que para nada es igual de querida y deseada como la que tienen los británicos.

Finalmente, en el tercer principio, hoy en día, 80 años después, siguen las represalias contra los republicanos vencidos en la Guerra de España (Guerra Civil Española), como se constata en la “NO” anulación de los consejos de guerra por parte del Tribunal Supremo, en los asesinados que siguen en las cunetas, en las desapariciones forzosas y en otras muchos delitos, consecuencia de la GCE.

En su intervención, Joan Garcés hizo una referencia al Cuerpo de Carabineros, y cómo el Dr. Negrín, nombró Director General a otro científico y médico amigo suyo, (no dijo el nombre, yo si lo digo, el Dr. Méndez), y de cómo cuando éste protestó, diciendo que él no quería esa responsabilidad, que era un científico, Negrín le contesto:
“Pues si usted conoce perfectamente el método científico, aplíquelo a su gestión”.

Y así fue, ese cuerpo de Carabineros funcionó perfectamente con grandes científicos (muchos de ellos pertenecientes a la Junta para ampliación de Estudios) como mi abuelo, el Dr. Luis Calandre Ibáñez, director del Hospital de Carabineros, situado en la Residencia de Estudiantes, donde se curó a cientos de milicianos de una grave epidemia de malaria desatada por los frentes de Madrid.

Por lo bien que cuidó de los edificios, fue nombrado por el Secretario de la Junta Para Ampliación de Estudios (JAE), subdelegado en Madrid, en octubre de 1938.

Caían tantas bombas nazi-fascistas, que la II República hizo construir un bunker, que todavía no ha sido reconocido, inventariado y protegido (3).

Esto sería otra prueba más de cómo sigue vigente la represalia a todo lo que tenga que ver con la II República, su patrimonio y de cómo si pueden, lo destruyen, como ha pasado con dicho bunker.

El Dr. Calandre y muchos otros millones de republicanos fue duramente represaliado por los franquistas, con tres consejos de guerra sumarísimos, cárcel, multa y además, a día de hoy, el Colegio de Médicos de Madrid, no quiere anular la sentencia que le impuso al depurarle, (de no ejercer la medicina por cinco años), “por curar demasiado rápido a los enfermos en el Hospital de Carabineros”, entre otras acusaciones.

Estos tres principios para la Paz, articulados por la II República y por parte del último Presidente del Gobierno republicano, el Dr. Negrín, siguen pendientes de que se cumplan, y nosotros tendremos que ocuparnos de hacerlos cumplir, cosa que debió hacerse en la Transición, hace 40 años, en 1977, pero se hizo todo lo contrario, liquidarlos.

Notas:
1.- Homenaje a Juan Negrín en el 60 Aniversario de su muerte en el Exilio
2.- Homenaje a Juan Negrín en el 60 aniversario de su fallecimiento – Ateneo de Madrid
3.- El Refugio del Hospital de Carabineros de Madrid

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