L’Eivissa que conocí

Llegué sin dinero, cosa que, naturalmente, me llenaba de orgullo, y me alojé en una pensión dónde, por 27,50 pesetas, compartía habitación con un escocés, dos holandeses y un canadiense. Como el París de Francis Scott Fitzgerald o el Montmartre de Picasso, Eivissa era en aquella época una fiesta dónde el tiempo no contaba y las noches parecían no tener fino

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