Silvia Delgado*. LQSomos. Octubre 2016 Cuando muere un poeta no pasa nada, apenas ni nos damos cuenta, ni la lluvia queda quieta, ni las estrellas se descuelgan, ni los niños dejan de jugar a la rayuela. Nada. No pasa nada. Todos los días nos morimos. Limosneros de pan y de ternura, dejamos la vida como si tal cosa. Como dejamos los poemas sobre mesas, o en paredes o en plazas donde se amontonan las huellas de los besos y de las quejas. No pasa nada cuando nos morimos, porque somos muchos muriéndonos clandestinos, en lugares sombríos de humanidad, porque somos…
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