Y Alfonso XIII mandó al Ejército contra el pueblo

Arturo del Villar*. LQS. Abril 2019

La intención del Alfonso XIII era muy clara: enfrentar al Ejército armado contra el pueblo que se manifestaba pacíficamente sin armas contra su persona a favor de la libertad

El exrey en la cola de los parados

Hay historiadores que enaltecen la actitud de Alfonso XIII, por haber decidido exiliarse aquel histórico 14 de abril de 1931, para evitar un enfrentamiento entre el Ejército y el pueblo. Según el artículo 52 de la entonces vigente Constitución de 1876, “Tiene el mando supremo del Ejército y Armada, y dispone de las fuerzas de mar y tierra”, de modo que sus órdenes debían ser acatadas y cumplidas sin discusión.
Es cierto que las elecciones municipales celebradas el día 12 habían dado en total la victoria a las fuerzas monárquicas, que obtuvieron 22.150 concejales, frente a la conjunción republicano-socialista, que solamente logró 5.875, pero en las capitales de provincia el triunfo había sido para los republicanos. En Madrid, por poner un ejemplo, la conjunción sumó 270.954 votos, traducidos en 39 concejales, mientras los monárquicos no pasaron de 84.893 votos, que les proporcionaron 20 concejales.
Eso sucedió en las capitales, en donde es claro que los votantes se hallaban mejor informados que en los pueblos, en aquellos años en los que el número de analfabetos rondaba el 70 por ciento. Una de las primeras medidas que tomó el Gobierno provisional de la República, nada más constituirse, fue crear escuelas para que todos los ciudadanos aprendieran a leer y escribir, lo que les permitiría adquirir conocimiento del mundo, y también de la política. Eso era lo que no deseaban las dos fuerzas dominantes hasta entones, el altar y el trono, en alianza para mantener el oscurantismo popular que aumentaba su poder.

Un triunfo republicano

El pueblo interpretó el resultado de las elecciones, aunque fuesen municipales, como una invitación al cambio de régimen. Representaba el rechazo de Alfonso XIII, apodado burlonamente Gutiérrez, despreciado porque dedicó su reinado solamente a distraerse tirando al plato, a coleccionar automóviles de gran cilindrada, a estuprar doncellas, y a enriquecerse tanto que durante los diez años de exilio vivió majestuosamente en Roma, mantuvo a su mujer en Lausana, y a sus hijos por el mundo, sin que ninguno de ellos necesitara trabajar para ganarse la vida, como tampoco la barragana oficial y los bastardos que dejó bien provistos en Madrid.
A las 7 de la mañana del que iba a ser histórico 14 de abril Eibar colocó la bandera tricolor en su Ayuntamiento, por lo que recibió el título de Muy Ejemplar Ciudad. Otras localidades siguieron su ejemplo. Al mediodía la bandera republicana ondeaba en el Palacio de Comunicaciones de Madrid, en la plaza de la Cibeles. El pueblo español, radiante de entusiasmo, se echó a las calles cantando el Himno de Riego y dando mueras al odiado rey y vivas a la República.
El Gobierno provisional se había reunido en el chalé de Miguel Maura, antiguo compañera de juergas del rey, pasado a las filas republicanas porque le pidió ayuda para su suegro en situación apurada, y se la negó. Esta conversión ajena al raciocinio hizo que su actuación como ministro de la Gobernación en el Gobierno provisional resultase catastrófica, hasta su dimisión por estar en contra de la política religiosa adoptada en el proyecto de Constitución. La República se equivocó al elegir a algunos ministros provisionales, que nunca debieron serlo.

Por su parte los monárquicos se hallaban divididos, entre quienes pensaban que unas elecciones municipales no tenían carácter de plebiscito, y quienes opinaban que el rey había quedado desautorizado para continuar ni un día más en el trono. La disparidad se dio en el Consejo de Ministros celebrado en la tarde del día 13 en la Presidencia del Gobierno, calificado por el conde de Romanones en su Historia de cuatro días como “el de las lamentaciones”, porque fue lo único que se escuchó.

La última real orden

Miguel Maura estaba, pues, en primera línea de los acontecimientos. En sus memorias Así cayó Alfonso XIII…, escritas para engrandecer su figura y menoscabar la de Manuel Azaña, por quien demuestra sentir un profundo rencor, relata la conversación mantenida por Alfonso XIII con Mariano Marfil, subsecretario del Ministerio de la Gobernación, alrededor de las siete de la mañana del 14 de abril:

Don Alfonso preguntó a Marfil si era muy nutrida la manifestación que ya en aquella hora tan temprana ocupaba la Puerta del Sol.
Contestó Marfil que todavía no, pero que crecía por momentos.
El breve diálogo entre el rey y don Mariano Marfil siguió exactamente en estos o muy parecidos términos, según me contó el propio subsecretario, unos meses después en mi casa:
–Y, ¿qué gritan?
–Señor, gritan de todo.
–¿Es verdad que gritan “muera el rey”?
–No es posible, señor, saber exactamente lo que dicen, desde aquí no se oye bien.
–Bueno, pues tienen que cesar esas manifestaciones en seguida. Me importa mucho que en el día de hoy no haya tumultos. Mañana ya será otra cosa. ¿Quién está de guardia en Gobernación?
—El capitán… (No recuerdo su nombre. Se trataba de un capitán laureado, muy adicto al rey.)
–Dile, de mi parte, que salga con sus hombres a la Puerta del Sol y, sin violencia, despeje. Repito que hoy no quiero escándalos en la calle.
–Esta bien, señor.
Llamó Marfil al capitán en cuestión y le transmitió la orden del rey. El capitán se cuadró y, sin vacilar un momento, le dijo al subsecretario:
–Dígale a Su Majestad que, por obedecer sus órdenes, estoy dispuesto a salir yo solo a la Puerta del Sol para que las turbas me despedacen si quieren, pero no puedo ordenar a la fuerza que salga, porque no me obedecerían los soldados. (Barcelona, Ariel, 1966, páginas 162 s.)

La intención del rey era muy clara: enfrentar al Ejército armado contra el pueblo que se manifestaba pacíficamente sin armas contra su persona a favor de la libertad. Pero los soldados, hijos del pueblo obligados a prestar el servicio militar, no obedecerían la orden criminal de su jefe supremo.
El mismo cronista relata que poco después de las once de la mañana se presentó en su domicilio, en el que estaba reunido el Comité Revolucionario dispuesto a constituirse oficialmente en Gobierno provisional, el general Sanjurjo, director general de la Guardia Civil. Aunque vestía de paisano, se cuadró ante él y le saludó como ministro de la República, poniéndose a sus órdenes así como al cuerpo que presidía, y lo mismo repitió ante Niceto Alcalá—Zamora, a quien reconoció como presidente del Gobierno provisional republicano.

No se marchó, lo echaron

A las cinco de la tarde se celebró en palacio la última reunión del Consejo de Ministros presidida por Alfonso XIII. El monarca les preguntó qué debía hacerse, y solamente el ministro de Fomento, Juan de la Cierva, aconsejó mandar al Ejército y la Guardia Civil contra las multitudes que en todas las plazas españolas vitoreaban a la República. Pero el rey sabía que no podía contar con ellos, y Romanones dio cuenta de la orden tajante del Comité Revolucionario: el rey debía salir de España esa misma noche. El pueblo madrileño ya había dado por segura su marcha, y cantaba alborozado por las calles “¡No se ha marchao, que lo hemos echao!”, y tenía razón, porque se iba muy en contra de su deseo, forzado por la indefensión en que había quedado tras el abandono de las fuerzas armadas. Su primera intención fue ordenar a los militares cargar contra el pueblo indefenso. Si no lo hizo fue porque no pudo, no por falta de voluntad.
Iba preparado el monarca, conocedor de la situación, con un manifiesto dirigido a la opinión pública, redactado por su amigo el duque de Maura, hermano de Miguel. Es un escándalo de impudicia y procacidad. Reconoce en él que “Un Rey puede equivocarse, y sin duda erré yo alguna vez”, pero no se arrepiente de nada, y tiene la inmensa chulería de afirmar como despedida a sus vasallos ansiosos por dejar de serlo:

Soy el Rey de todos los españoles, y también un español. Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas, en eficaz forcejeo con quienes las combaten. Pero, resueltamente, quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en fratricida guerra civil. No renuncio a ninguno de mis derechos […]

Hasta el último día fue cínico y desvergonzado. Ya no era rey de ningún español, porque el pueblo no lo admitía. Mentía al decir que disponía de medios para mantener su tiranía. No utilizó su prerrogativa de lanzar al Ejército y la Guardia Civil contra el pueblo porque sabía que no iban a obedecer esa orden criminalmente tiránica, pero lo había intentado sin conseguirlo. Se iba, pero no renunciaba a sus derechos dinásticos, lo que carecía de importancia para el país, ya que el 20 de noviembre las Cortes Constituyentes le privarían legalmente de todos sus títulos, que no podría utilizarlos, así como ninguno de sus descendientes.
Ese día terminó legalmente la dinastía borbónica en España, porque la instauración de la monarquía del 18 de julio por el genocida dictadorísimo fascista vencedor de la guerra originada por él mismo y sus compinches traidores fue absolutamente ilegal. España no tiene rey, y en tanto no recupere la legalidad republicana que le fue arrebatada por los militares golpistas permanecerá en un régimen ilegítimo, contrario a los deseos del pueblo. Por eso repetimos como los revolucionarios el 18 de setiembre de 1868: ¡Viva España con honra! ¡Abajo los borbones, enemigos del pueblo!

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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Dos placas… dos historias

Cristina Calandre Hoenigsfeld. LQS. Abril 2019

Dos placas restituyen la legalidad republicana, que el ministro monarquico – franquista, Pedro Sainz Rodríguez abolió en 1938

Recientemente se ha colocado por el Ayuntamiento de Madrid, una placa en el colegio público José Calvo Sotelo, restituyendo su nombre original, “Grupo Escolar 14 de abril” , en base a la aplicación de la Ley de la Memoria.

Todo gracias a la acción de una plataforma creada para la restitución de los nombres originales de los Colegios Públicos inaugurados en 1933-36 en Madrid, (basados en las ideas de la Institución Libre de Enseñanza), que también ha colaborado con el Ayuntamiento de Madrid y la Fundación Ángel Llorca en una interesante exposición “Madrid ciudad educadora 1898 -1938” (1).

Hace unos años, en el 2010, también se colocó una placa, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en honor de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), 1907-1939, en la fachada del edificio de Física – Química Rocasolano, del campus de dicha institución, gracias a un grupo de personas relacionadas con la ILE, entre los que yo me encontraba.

¿Qué tienen en común estas dos placas?

Pues que ambas restituyen la legalidad republicana, que fue transgredida por unos decretos firmados por el Ministro de Educación Nacional franquista, Pedro Sainz Rodríguez, que desde Burgos y antes de que finalizara la Guerra, en 1938 , para todo el territorio nacional incluido el que seguía bajo la legalidad de la II República, los firmó.

Para la placa de la JAE, lo hizo en el decreto de 19 de mayo de 1938, disolviéndola, cuando dicha institución siguió funcionando en los territorios republicanos de Madrid, Valencia y Barcelona hasta el final el 1 de abril de 1939 (2).

Para la placa de Grupo Escolar 14 de abril (y otros 16 mas) promulgo dos órdenes ministeriales, un del 22 de octubre de 1938 y otra que se basa en la anterior de 26 de abril de 1939, sobre el cambio de nombres, de los republicanos a los franquistas, cuando los grupos escolares estuvieron funcionando hasta 1938 (3) y (4).

Parece ser que la Comunidad de Madrid, no quiere que se restituyan los nombres originarios republicanos que tuvieron esos colegios antes dela Guerra civil española, así que por ahora tendremos que conformarnos con las 11 placas que tiene previsto colocar el Ayuntamiento de Madrid, (oficina de Derechos Humanos y Memoria), lo cual no está nada mal, empezando por esta del Grupo Escolar 14 de abril, inaugurado en el año 1933 por el Presidente de la Republica, Niceto Alcalá Zamora y homenajeado el 14 de abril del 2019 por el Ayuntamiento y las asociaciones.

Queda pendiente, derogar dichos decretos y órdenes ministeriales ilegales, restituyendo la legalidad republicana.

Notas:
1.- Madrid, ciudad educadora 1898/1938. Memoria de la escuela pública
2.- BOLETIN OFICIAL DEL ESTADO — 20 Mayo 1938
3.- BOLETIN OFICIAL DEL ESTADO. — 22 Octubre 1938
4.- BOLETIN OFICIAL DEL ESTADO. — 26 Abril 1939

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España se acostó republicana

Arturo del Villar*. LQS. Abril 2019

Y la República quedó implantada en el país, y en el corazón de los ciudadanos

Contaron los periodistas que en la mañana del lunes 13 de abril de 1931 llegó a palacio el jefe del Gobierno, el almirante Juan Bautista Aznar, para comentar con el rey Alfonso XIII el resultado de las elecciones municipales celebradas el día anterior. Le preguntaron si iba a presentar la crisis del Gobierno, a lo que respondió el almirante: “¿Qué más crisis desean ustedes que la de un país que se acuesta monárquico y se despierta republicano?” Estaba equivocado, porque España hacía tiempo que era republicana.
Así lo admitió uno de los mayores enemigos de la República, el general Emilio Mola, que en 1930 fue nombrado director general de Seguridad por el Gobierno dictatorial del general Berenguer. Al ser cesado tras la proclamación de la República se dedicó a escribir las que tituló Memorias de mi paso por la Dirección General de Seguridad, en tres volúmenes, impresos en 1933. En el primero, Lo que yo supe…, describe el ambiente contrario a la familia irreal en todos los espectáculos a los que asistía alguno de sus miembros, única manera aprovechada por los vasallos para demostrar su oposición a la monarquía, puesto que no se somete a elecciones o plebiscitos. En su opinión la mayoría de los españoles quería la República.
Una demostración incuestionable de que era así se observó en el mitin republicano celebrado en la plaza de toros de Madrid el domingo 28 de setiembre de 1930. Estuvo abarrotada de público, llegado para escuchar al autoproclamado Gobierno provisional de la República, entre el delirio de los asistentes. El Gobierno provisional salió de la reunión mantenida en San Sebastián el 17 de agosto de 1930, con participación de los principales líderes republicanos y la presencia a título personal del socialista Indalecio Prieto, ya que el Partido Socialista Obrero Español prefirió no comprometerse.

Manifiesto de la esperanza

El Gobierno provisional lanzó un manifiesto al país, profusamente distribuido, que empezaba así:

¡Españoles!
Surge de las entrañas sociales un profundo clamor popular que demanda justicia, y un impulso que nos mueve a procurarla.
Puestas sus esperanzas en la República, el pueblo está ya en medio de la calle.

Demasiado extenso para copiarlo entero, lo reproduce uno de sus firmantes, Miguel Maura, en su libro de memorias Así cayó Alfonso XIII… (Barcelona, Ariel, 1966, páginas 97 y siguiente). Contenía la afirmación de que la Republica se hallaba preparada para triunfar enseguida.
El clima social estaba encrespado. En Madrid se organizó una huelga general el 15 de noviembre, y en Barcelona fue más larga, del 18 al 21. El Gobierno provisional decidió pasar a la acción, y preparó una insurrección militar para el 15 de diciembre, contando con la aprobación de varios jefes militares. Además, coincidiría con una huelga general promovida por el sindicato socialista Unión General de Trabajadores. Sin embargo, todo se desconcertó, la huelga se suspendió, y los únicos militares pronunciados fueron los de Jaca, el viernes 12, bajo la dirección de los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández. Detenidos y sometidos a juicio sumarísimo, fueron fusilados el domingo 14, con lo que su nombre pasó a significar el heroísmo, y fueron cantados en coplas y romances.
El mismo día 14 se detuvo en Madrid y encerró en la cárcel Modelo a los miembros del Gobierno provisional que fueron hallados en sus casas, porque algunos se exiliaron o escondieron. Al día siguiente unos aviadores pronunciados bombardearon Madrid con proclamas republicanas, antes de refugiarse en Portugal. El Gobierno decretó el estado de sitio en España, que se mantuvo hasta el 4 de febrero. Era imposible no enterarse de la existencia de un movimiento republicano activo.

Llamada a la liberación

El 11 de febrero, aniversario de la proclamación de la I República, se dio a conocer el manifiesto de la Agrupación al Servicio de la República, firmado por tres intelectuales prestigiosos, José Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala y Gregorio Marañón, que concluía así:

Nos alienta tan magnífico agüero, pero su realización supone que las almas españolas queden liberadas de la domesticidad y el envilecimiento en que las ha mantenido la Monarquía, incapaz de altas empresas y de construir un orden que a la vez impere y dignifique.
La República será un símbolo de que los españoles se han resuelto por fin a tomar briosamente en sus manos propias su propio e intransferible destino.

Todos estos acontecimientos tenían contrariado al general Berenguer, que era un dictador con espíritu de recluta. A su arte de gobernar se le ha llamado la dictablanda, por comparación con la dictadura de su predecesor el general Primo. Ideó organizar unas elecciones generales para el mes de marzo, a ver si el resultado calmaba los ánimos. Pero algunos políticos dinásticos, encabezados por el conde de Romanones, supusieron que constituirían un peligro para la monarquía, ante el impacto decisivo de los republicanos, y se opusieron al proyecto.
El rey aprovechó la oportunidad para aconsejar a Berenguer que dimitiera, siguiendo su costumbre de borbonear a los ministros, según la definió el general Primo, otra de sus víctimas. Encargó formar Gobierno a otro político veterano José Sánchez Guerra, quien aceptó, con la condición asombrosa de integrar en el gabinete a los republicanos presos. Los visitó en la cárcel Modelo, y les oyó decir que no servirían a la monarquía. En consecuencia renunció al encargo.

La presidencia de Aznar

La situación era tan grave que Berenguer, sin duda con el beneplácito real, convocó a unos políticos en el Ministerio de la Guerra, y tras cinco largas horas de debate les obligó a integrar un Gobierno, que se le ofrecería presidir al almirante Juan Bautista Aznar, ausente entonces de Madrid. Borboneado también, tuvo que aceptar no la formación de su Gobierno, sino la jefatura del que le presentaban. Juraron sus cargos el 18 de febrero, conscientes de entrar en un polvorín a punto de estallar. El primer acuerdo adoptado consistió en convocar unas elecciones municipales para el domingo 12 de abril, provinciales para el 3 de mayo, y generales para el 7 de junio. Solamente las primeras pudieron celebrase, porque de ellas derivó la caída de la monarquía, la huida del rey y la proclamación de la República.

El 5 de marzo comenzó una huelga en la Facultad de Medicina de la Universidad Central, derivada en continuos enfrenamientos de los alumnos con las fuerzas enviadas por el general Mola, una situación continuada hasta la proclamación de la República. Se había perdido el miedo al rey y sus fuerzas del orden, por lo que nada asustaba ya a sus vasallos.
El día 13 se celebró un consejo de guerra contra los militares implicados en los sucesos de Jaca, después del fusilamiento de Galán y García Hernández. Hubo una pena de muerte, otra de reclusión perpetua, y tres penas menores, por el delito de sedición para proclamar la República. Se convocaron manifestaciones callejeras exigiendo el indulto, y el Gobierno cedió, con lo que demostraba su falta de convicciones y de poder.

Clamor por la República

El 20 comenzó el consejo de guerra contra los seis presos del Gobierno provisional, en la Sala de Plenos del Palacio de Justicia, elegido porque se preveía una asistencia masiva de público, como así sucedió, un público que aplaudía a los procesados y vitoreaba a la República. La sentencia condenó a cada no de ellos a seis meses y un día de reclusión, pero les aplicaba la condena condicional, por lo que quedaron en libertad inmediatamente, y convertidos en héroes populares. La Justicia reconocía que la República se hallaba implantada en el ánimo popular, y no se atrevió a condenarla.
Los apoyos a la República se multiplicaron después en un mitin celebrado el día 23 en la Casa del Pueblo de Madrid, y en una manifestación estudiantil que recorrió las calles al día siguiente. El Gobierno quiso demostrar su poder y clausuró la Facultad de Medicina, pero se hicieron fuertes los alumnos, y desde el tejado y las ventanas repelieron a la fuerza pública. Murieron un sargento y varios estudiantes y viandantes. Por ese motivo la huelga se extendió a todas las universidades españolas. Cada medida gubernamental levantaba más hostilidad.
En este clima se llegó a las elecciones municipales del domingo 12 de abril. Solamente si carecía de información sobre la realidad del reino puede aceptarse la frase del almirante Aznar, cuando dijo que los españoles se acostaron monárquicos aquella noche. No era creíble esa suposición. El rey y sus cortesanos fueron los únicos que debieron de intentar dormir, probablemente sin conseguirlo, a no ser que tomasen algún somnífero. El 13 la Hoja del Lunes, único periódico autorizado entonces para esos días, anunciaba el triunfo republicano en las elecciones. Y España se despertó tan republicana como se había acostado.

La voz de España

En la Presidencia del Gobierno se reunió el Consejo de Ministros a las 17 horas, para analizar la situación, que estaba muy clara. Al mismo tiempo el Gobierno provisional, todavía no reconocido, pero efectivo, hizo público un comunicado que concluía así:

El día 12 de abril ha quedado legalmente registrada la voz de la España viva; y, si ya es notorio lo que ansía, no es menos evidente lo que rechaza; pero si, por desventura para nuestra España, a la noble grandeza civil con que ella ha procedido no respondiesen adecuadamente quienes con violencia desempeñen o sirvan funciones de Gobierno, nosotros declinaremos ante el país y la opinión internacional, la responsabilidad de cuanto inevitablemente habrá de acontecer, ya que, en nombre de esa España mayoritaria, anhelante y juvenil que circunstancialmente representamos, declaramos públicamente que hemos de actuar con energía y presteza a fin de dar inmediata efectividad a sus afanes implantando la República.

Con esa advertencia no debieron de dormir tranquilos aquella noche el rey y su camarilla. Quizá tampoco los republicanos, ansiosos por ver el triunfo de sus ideas. Efectivamente, España era republicana, y el martes 14 se levantó tan republicana como se acostó. En Eibar, la adelantada, se proclamó la República aquella mañana, y después en otras localidades.
En palacio todo era un avispero, en tanto los establecimientos de tejidos se quedaban sin telas de los colores rojo, amarillo y morado. El rey envió a gentes de su confianza para parlamentar con el Gobierno provisional, pero solamente había un acuerdo posible: el rey debía exiliarse esa misma tarde. A las 17 horas el rey presidió su último Consejo de Ministros, en el que leyó el manifiesto que le había redactado el duque de Maura para despedirse de la nación, y después se despidió de sus ministros, para escapar rápidamente de palacio, hacia Cartagena, en donde inició el exilio del que no había de regresar en vida.
A eso de las veinte horas y treinta minutos quedó queda constituido el Gobierno provisional de la República en el Ministerio de la Gobernación, en una Puerta del Sol desbordada de gentes, y Niceto Alcalá—Zamora se convertía en presidente del Gobierno provisional. Él mismo dictó los decretos con los nombramientos de los ministros presentes: de Estado, Alejandro Lerroux; de Justicia, Fernando de los Ríos; de la Guerra, Manuel Azaña; de Marina, Santiago Casares Quiroga; de Gobernación, Miguel Maura; de Fomento, Álvaro de Albornoz, y de Trabajo, Francisco Largo Caballero, tal como los publicó la Gaceta de Madrid al día siguiente, aunque la lista quedaba incompleta, por estar ausentes algunos de los electos.
Y la República quedó implantada en el país, y en el corazón de los ciudadanos.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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De real sitio a solaz de los madrileños

Arturo del Villar*. LQS. Abril 2018

El 19 de abril de 1931 Ignacio Bolívar, director del Museo de Ciencias Naturales y numerario de la Academia Española, encabezó una lista de firmas, en la que se pedía que el real sitio de la Casa de Campo madrileña, coto de caza y disfrute de los reyes desde los tiempos de Felipe II, pasara a ser propiedad del pueblo. La petición fue inmediatamente acogida por el ministro de Hacienda, Indalecio Prieto, que el día 20 sometió el decreto correspondiente a la firma del presidente del Gobierno provisional de la República, Niceto Alcalá Zamora, favorable a su contenido.

La Casa de Campo tiene 1722,6 hectáreas, que le convierten en uno de los mayores del mundo, seis veces y media más extensa que el famoso Hyde Park londinense. El lugar linda con el monte del Pardo, por lo que Felipe II decidió comprarlo en 1562. Pensó que le sería útil como medianería entre el alcázar destinado a su residencia, y el monte, y así disfrutar con más comodidad de uno de sus deportes favoritos, el de la caza que le gustaba casi tanto como quemar a herejes en la hoguera pública.

Tanto los monarcas de la Casa de Austria como los borbones ordenaron obras de conservación y adorno del lugar, reservado para su complacencia. En tiempos de Fernando VI y de Carlos III se levantó un muro de ladrillo y mampostería de 16 kilómetros de largo, para cercarlo y así preservarlo sin intrusos. Dada la abundancia de fauna, eran muchos los cazadores furtivos que se acercaban por allí para cobrar piezas, no por deporte como hacían los reyes y sus cortesanos, sino para distraer el hambre endémica en la población española durante la monarquía de cualquier clase.

Además, se creó un cuerpo de guardas armados, con orden de disparar contra los furtivos. Sería útil conocer el número de españoles abatidos por los guardas reales, al servicio de los reyes contra el pueblo hambriento. Los monarcas, que según sus aliados los obispos lo son por la gracia de Dios, poseen el dominio absoluto de las tierras constitutivas de su reino heredado, y de las vidas de sus habitantes, que son sus vasallos por el hecho de nacer en ellas. Para preservar ese poder cuentan con la colaboración de sus servidores, tanto guardas como policías, militares como jueces, fiscales como carceleros. Unos tienen las leyes y otros las armas, todas vueltas igualmente contra el pueblo.

Para los madrileños

Indalecio Prieto acogió bien la propuesta de Bolívar y sus amigos, y el día 20 de abril de 1931, a menos de una semana de la proclamación de la República, quedó firmado el decreto el Ministerio de Hacienda por el que la Casa de Campo dejaba de ser un real sitio privado para convertirse en público. Ya no habría más cazadores furtivos muertos por intentar dominar el hambre con uno de los conejos propiedad del rey, a los que mataba para satisfacer sus instintos, no por necesidad para alimentarse, puesto que su mesa se hallaba bien provista de los más ricos manjares. Apareció en el diario oficial, la Gaceta de Madrid, número 112, correspondiente al día 22, en la página 263. El preámbulo explica bien su carácter popular:

No dispone actualmente la villa de Madrid de bosques, parques y jardines en la proporción que exige la densidad de su población. La inmediata incautación por el Estado de los bienes que formaban el Patrimonio que fue de la Corona, facilita al Gobierno provisional de la República el medio de satisfacer aquella necesidad. Entre estos bienes figuran la “Casa de Campo” y el parque del “Campo del Moro”, cuya cesión al Ayuntamiento de Madrid, para ser destinados a solaz y recreo de los habitantes de la capital de la Nación, ha sido reiteradamente reclamada. El Gobierno se regocija de que con el advenimiento de la República española haya sobrevenido la posibilidad de con-vertir en realidad aquel legítimo deseo de todos los madrileños.

De conformidad con el decreto, el 1 de mayo el alcalde madrileño, Pedro Rico, recibió en representación del Ayuntamiento aquel real sitio reservado a la caza y el disfrute de la llamada familia real y sus cortesanos, que a partir de ese día se destinaba al “solaz y recreo” del pueblo. El Gobierno provisional se interesaba desde el primer momento por garantizar el bienestar de los ciudadanos. Tal es la mayor diferencia entre la monarquía y la República. Mientras en las monarquías el poder se transmite de padres a hijos por una razón genética, y acceden al dominio total de cuanto existe en el territorio de su herencia, incluidas las vidas y haciendas de sus vasallos, en la República nadie es mayor que otro ni posee mayores atribuciones que los demás, y cualquier ciudadano con prestigio puede ser elegido para desempeñar cualquiera de las funciones públicas. Toda persona en su sano juicio puede valorar las dos opciones políticas y decidir cuál le conviene, si ser vasallo o ser ciudadano.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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Colegio Público 14 de Abril

Redacción. LQSomos. Julio 2017

El Consejo Escolar del Colegio Público «José Calvo Sotelo» ha aprobado en la tarde de este pasado 29 de junio de 2017 un escrito para conseguir que se restituya su nombre original: COLEGIO PÚBLICO 14 DE ABRIL.

El colegio fue inaugurado el 6 de noviembre de 1933 con la presencia del Presidente de la Republica D. Niceto Alcalá-Zamora. En esta época la II República construyó numerosos colegios en todo el Estado español, contribuyendo con esta y otras medidas a una importante mejora de la educación.

“… ¡Y vaya colegio! Tenía amplias y luminosas aulas con grandes ventanales orientados al norte para que la luz iluminase las aulas sin molestar, amplias galerías en cada planta por donde su pudieran mover los alumnos, jugar en los recreos o hacer otras actividades fuera de clase. Disponía de una casa para el conserje y su familia. Un enorme y luminoso patio por el que los niños podían moverse con libertad, una bien dotada biblioteca escolar, gimnasio, un edificio auxiliar con laboratorios, talleres y hasta una “piscina”. Contaba con médico y enfermera y personal auxiliar para los más pequeños y con un comedor donde los niños podían desayunar y comer, en muchos casos becados y un equipamiento (muebles, material, etc.) que ya lo quisieran muchos colegios de hoy día. También se contaba con un “solarium”, en la terraza del edificio auxiliar, donde los niños subían a tomar el sol pues los baños solares moderados eran y son una buena terapia preventiva de enfermedades y una forma de fijar la vitamina D en el cuerpo…”

La labor educativa de la II República es algo incuestionable. Injusta e ilegalmente la dictadura Franquista le cambió su nombre original.

Con esta decisión del Consejo Escolar se hace justicia histórica. Ahora hace falta que la Dirección de Área Territorial de Madrid Capital de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid respete esta decisión democrática y el colegio volverá a llamarse 14 de Abril a todos sus efectos.

Más información:
* Amigos del Colegio Público 14 de Abril (Distrito de Retiro)
El Colegio Público “14 de Abril”, ahora “José Calvo Sotelo”
Petición de firmas: Restaurar el nombre original al Colegio Público 14 de Abril. Hoy Colegio José Calvo Sotelo