Tararira, allá a lo lejos Europa

Que África comienza en los Pirineos es algo bien sabido por todos aunque tachen esta verdad en los libros de texto. Ya los Asnos de Europa esperan a los nuestros con ganas de saber cuales tienen la gloria en mayo  de ocupar un pesebre por su Rebuznar y otras mil prendas.

Anochece aquí, y vemos a Taquín jugando a las tabas, diciendo:

-Ya hay chanza, alegría con bulla y voces clamando por un puesto en Europa, sala o cuadra grande. Yo, el elogio del Rebuzno a nadie, que de la chanza se alimenta la panza.

La Musa de todas las naciones movía en el aire una especie de pandero o  cometa, sacudida, desenvuelta y de mal euro.

Los perros mordían con  los dientes el tiempo taratántara empleado en la ejecución de una cosa que todos hacemos.

Taquín seguía hablando a los cuatro vientos:

-Yo haré lo posible por llegar tarde a escuchar el discurso de cualquiera designado a su asinino plectro. El cuento de “otra Europa es posible”, es eso, puro cuento leído a la sombra de un pesebre, como cantaba Virgilio en su Eneida. Una Tarara a sazón y madurez de una política asnal bien motejada.

Y sigue:

-Chisme, trastajo inútil es el ir a votar, como el golpe dado con el tapón de una botella de champán de la risa al destaparla. Ojala que todos los que sean elegidos por la gracia y victoria del voto elijan el oficio de fabricar tapones para tapar las heridas políticas y sociales y su último fin sea el de obstruir con tapones la cavidad de su propio culo, que su lira tan solo bien o mal canta,

-Bastará comprobar que estos elegidos, que sueltan la tarabilla o tropel de palabras sin orden ni concierto, todos, antes usarán embozo o disfraz para no ser conocidos, reservando su disimulo para disfrazar la verdad constituida por estiércol de Burro conservado en oroya, cesta o caja, de cuero por lo común, que, pendiente de dos argollas, correrá por la tarabita para cruzar los ríos de Europa, como hacen en América.

Los Asnos de Iberia irán por mar, tomando el camino de Malta.

Prosigue Taquín:

-Tarín, barín, sobre poco más o menos, el Rebuzno tendrá una extraordinaria habilidad como el gruñido de los cerdos. Por mi parte, yo, las dos papeletas del voto las meteré entre los dedos, batiendo una con otra, haciendo un ruido acorde, a tiempo bellamente, dando idea de lo que es sufrir a lo Jumento las circunstancias de autoridades y gobiernos vejaminosos, monarquías tastas, pasadas y revenidas.

Se hace un silencio. Abre la boca, saca la lengua, la sube hasta la nariz y se lleva a la boca un moco.

Y sigue:

-No extrañe mi osadía. Contra la Academia de Rebuznos  lanzaré esa piedra a que se atribuía la propiedad contraria al imán, o sea, la de apartar o desviar el Rebuzno. O sea, el Teame. Y, para servir a la historia universal del entendimiento humano,  a Rebuznar con gran garbo, que son dos días, por cierto.

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