Tauromaquia, esa indecencia que ni edades respeta

niño-tauramaquia-lqsomosJulio Ortega Fraile*. LQSomos. Agosto 2016

El humano tiene siete años, ¿a qué jugabas tú a esa edad? Sí, ya sé que hay zonas del planeta donde incluso con menos años ya son esclavos o guerrilleros pero, ¿esto no era esa Espada moderna y ejemplar miembro del G12 que abomina de todo eso o de lo que se le parezca? El crío se llama Marco. El otro probablemente no llega a ocho meses y lo que es seguro es que juntos no suman edad suficiente para merecer conocer el sadismo y el sufrimiento -realmente ninguna lo es, aunque en algunas resulte todavía más doloroso y aberrante ver sus consecuencias-. Entre los dos atesoran una inocencia infinita que ya dejó de ser eterna (en la infancia tantas cosas adquieren esa condición irreal) y ahí están, obligado el uno por la fuerza bruta y el otro por el abuso moral a formar parte de un ritual como víctima y verdugo. No es un juego, no es interpretación, disfraz ni maquillaje, aquí la partida es real y el game over es un rife en. La del animal no humano siempre, a veces la de los dos.

Obligados por adultos que sonríen, que ríen y aplauden una estampa que produce rabia, tristeza y ganas de vomitar a menos, así de claro, que se sea un malnacido, o naciendo bien que la vida te haya convertido en él. Y después podrán actuar como personas intachables en otros aspectos de su conducta pero no hay ofrenda en el cepillo dominical que te salve por robar en el supermercado (hay que hacerlo desde el partido por ejemplo en Valencia para que quede en un pelillos a la mar y el culo en el senado), ni caricias a tu perro o a tu hijo que te salven por empujar al último a torturar a un toro. Bueno, a un becerrito de momento, que todo llegará.

Imagino que los padres de ese niño le estarán mirando desde la barrera y se sentirán orgullosos. Quizás hayan avisado a familiares, amigos y vecinos para presumir de vástago y levantar alguna que otra envidia. En eso se parecen al papá cazador que cuelga en foros la foto de sus hijos con un rifle más largo que ellos y sonriendo sobre el cadáver ensangrentado de algún corzo o jabalí. Tal vez sueñen los papás de Marco con que acabará siendo una gran figura del toreo y que llenará sus apellidos de fama y sus cuentas de dinero, puede que piensen bastante menos -y si lo hacen no parece pesar demasiado-, en que una tarde muera corneado en algún albero -eso es gloria para el torero y vida para el toreo, según dice el cantante taurino José Manuel Soto-, y lo que sin duda ni se les pasa por sus cabezas es el miedo y el sufrimiento físico de la otra criatura, la del animal, ¿para qué?, cuando se lanza a un hijo de siete años a la violencia y no duele el hijo que ¿cómo va a atormentar aquel que ni es hijo y ni de la misma especie?

Hay padres que venden a sus hijas todavía niñas como mercancía marital a adultos, los hay que las abandonan en orfanatos a la búsqueda de un varón, quienes los introducen en el mundo del narcotráfico para continuar con el negocio familiar, los que ponen un arma en sus manos y les dicen: lucha como un hombre, soldado. Y los hay que los meten en un ruedo sometiéndolos a la violencia contra sí mismos y contra otro ser. Hay padres que lo son en el aspecto biológico y poco más. Y no me hablen de legalidad que las leyes están repletas de indecencias y de crímenes en este mundo.

Y hay gobiernos que se sustentan en parte del tráfico de drogas, los que lo hacen de las guerras, los que regentan orfanatos que son cloacas y los que permiten la tauromaquia con toda su carga de ignominia y crueldad y la participación directa o la entrada de niños en ella, y si alguna cosa no autorizan -de esto último la Infanta Elena se cree aforada en eso también- y aquí, como con lo de Valencia (por citar un lugar, que el mapa de la corrupción de alto standing acapara latitudes y longitudes), sigue sin pasar nada. La multa ni es para ella ¿cómo osar?, y para la plaza sale a cuenta pagar 10.000 €, barata la publicidad real.

Aquí la monarquía seguirá haciendo lo que salga de las prebendas aunque huela mal o no esté incluido en ellas.

Aquí el partido azul continuará siendo el más votado aunque huela peor.

Y aquí un niño de siete años podrá torturar a un becerrito que no llega a uno porque esta Espada monárquica por obligación y pepera por devoción también es taurina aunque ese crimen legal, cobarde y violento le repugne a más de un 75% de la población. El problema es que en el otro menos del 25% hay un 2% aproximadamente con gran poder. Monárquicos y del PP la mayoría, claro. Suele ir ligado.

Y Marco soñará con ser un héroe porque en un ejercicio repugnante de prostitución de su mente infantil le enseñaron que torturar y matar a un toro era heroísmo.

Antes llamé víctima al becerrito y verdugo al humano, aunque no es estrictamente correcto: ese niño de siete años también es víctima de momento, cuando tenga la edad de Talavante habrá perdido por completo esa condición y sólo le quedará la de verdugo.

Ejemplos de cómo importa dónde (país y hogar) nazcas para que te conviertas en una cosa u otra. Ejemplos de cómo importa qué nazcas (especie) para que se te pueda torturar y matar impunemente o no.

Y una fotografía que rompe el estómago y el corazón. A todos no

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@JOrtegaFr
#TauromaquiaEsViolencia

LoQueSomos – Maltrato animal: Un crimen legal

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