Mariano Muniesa*. LQS. Marzo 2018

Cuarenta y cinco años después, “The Dark Side Of The Moon” sigue siendo un icono de la cultura contemporánea, y a pesar de la crisis de la industria del disco, continua siendo un álbum que se reedita constantemente, que sigue vendiendo cantidades más que considerables cada año, máxime desde que se ha relanzado el vinilo como formato que cada vez gana más terreno en la distribución y ventas de discos, y cuya leyenda no deja de crecer y crecer

El brillo de la cara oculta de la luna

Hace cuarenta y cinco años, un 4 de marzo de 1973 comenzaba en la capital del estado de Wisconsin, Madison, la gira de presentación de la que está considerada una de las obras maestras más incontestables de toda la historia del rock y de la música popular contemporánea.

Esta masterpiece, que se había puesto a la venta justo unos días antes, el 1 de marzo, no era otra que “The Dark Side Of The Moon”. El disco que marca un antes y un después en la historia de Pink Floyd y que con el paso del tiempo, se convirtió en uno de los álbumes más multimillonarios de su historia: nº1 de Billboard y permanencia histórica en la mítica lista de la publicación norteamericana durante años y años, más de 15 millones de copias vendidas solo en Estados Unidos y su pertenencia a la selecta lista de álbumes que forman parte del catálogo de documentos preservados en el Registro Nacional de Grabaciones de los Estados Unidos por la Biblioteca del Congreso al ser considerado “cultural, histórica y estéticamente significativo” son tan solo algunos datos que explican por sí solos la enorme trascendencia histórica de este disco.

La historia de “The Dark Side Of The Moon” se ha narrado en numerosas ocasiones y es sobradamente conocida, aunque sin duda merece la pena detenerse en algunas pinceladas para poner en contexto la repercusión y la relevancia que adquirió la gira de presentación de este disco. Estamos ocupándonos de un trabajo que nace fundamentalmente de la inquietud creativa de Roger Waters, quien fue el miembro de la banda que más insistió en que Pink Floyd debían por un lado, evolucionar en su su mensaje, hacer un tipo de letras menos abstractas y que se centrasen de manera más clara y concreta más en los problemas, angustias y sentimientos que todo ser humano experimenta, y para que ese mensaje llegase más a sus seguidores, también debía de haber una evolución musical paralela, que les llevase a hacer piezas musicales más elaboradas, más trabajadas, abiertas a absorber otro tipo de influencias, como las del jazz, que aportó con un enorme talento el teclista Rick Wright y a introducir en el sonido de la banda elementos más vanguardistas, como por ejemplo los efectos de sonido que se pueden escuchar en temas como “Money”, “Time”, “On The Run” o “Brain Damage”, amén de la incorporación de instrumentos como el sintetizador VCS3, que ya habían usado los Who en discos como ‘Who’s Next’.
Roger Waters siempre reconoció que la influencia de las letras y de la música de los últimos Beatles tuvo una influencia muy directa en las ideas que quería desarrollar en “The Dark Side Of The Moon” y de hecho no es un coincidencia que la grabación se hiciera en los Abbey Road Studios de Londres y que el ingeniero de sonido fuera Alan Parsons, quien además de haber trabajado ya con Pink Floyd en “Atom Heart Mother”, había sido el ingeniero de sonido en las grabaciones de “Abbey Road” y “Let It Be” de los Fab Four de Liverpool.

Según cuenta el batería de la banda Nick Mason en su libro “Dentro de Pink Floyd” (Ma Non Troppo Ediciones, 2007) “The Dark Side of The Moon” estuvo a punto de no editarse en Estados Unidos, donde alcanzaría con los años cifras de ventas estratosféricas. Hasta 1973, aunque el grupo tenía contrato discográfico con EMI, la distribución y comercialización de los discos de Pink Floyd en América correspondía a Capitol Records, pero el grupo se sentía enormemente frustrado por el hecho de que la distribución de Capitol era muy deficiente y las ventas en América, en comparación con el tirón y la popularidad que el grupo tenía allí, y que se reflejaba claramente en las ventas de tickets para sus conciertos, eran muy pobres. Convencidos de que este disco era algo muy especial, en el que habían invertido muchísimo tiempo de trabajo -las primeras grabaciones se remontan a febrero de 1972- y que era su álbum definitivo, llegaron a decir a la dirección de la compañía que antes de que el disco se perdiera en una distribución irregular y llena de fallos, preferían que “The Dark Side Of The Moon” no se editase en América, llegando a amenazar con romper el contrato con EMI. Sir Joseph Lockwood, presidente de EMI en aquel momento llamó al nuevo director de Capitol en América, Bhaskar Menon, licenciado de Oxford y de la Financial Doon School de la India, que era consciente del problema. Menon se reunió con la dirección de EMI, el manager Steve O ‘Rourke y el grupo al completo en enero de 1973 en Marsella, donde se encontraban preparando la gira, todo el plan de distribución en América se reestructuró por completo y a partir de entonces la situación cambió radicalmente.
Si el disco supuso un paso adelante espectacular en la progresión de Pink Floyd, la gira que tuvo como telón de fondo este disco no lo fue menos; más aún, significó el salto definitivo de Pink Floyd al mainstream de la industria del rock. Y ello fue posible gracias al talento como iluminador y escenógrafo de un verdadero genio de la producción de conciertos: Arthur Max.

Licenciado en arquitectura y operador de cámara con Chip Monck durante el Festival de Woodstock 1969, su visión del espacio le llevó a concebir la puesta en escena de los shows desde un punto de vista completamente nuevo, convenciendo al grupo de que abandonase las viejas diapositivas de los conciertos de la etapa de conciertos psicodélicos en clubes y apostase por hacer una iluminación que realzase todo el espectáculo visualmente de manera lo más impactante posible. Cuando Pink Floyd debutaron en esta gira de presentación del disco en América, toda la prensa y medios especializados que cubrieron los conciertos no dejaron de maravillarse ante las innovaciones técnicas que el espectáculo traía, no solamente por lo original de la iluminación y el tiro de luz de los focos, sino por las torres de luces móviles, que se elevaban al comienzo del concierto y la pantalla circular al fondo del escenario, que desde entonces se convertiría en una de las señas de identidad más características de los conciertos de Pink Floyd en vivo. Y además de todo ello, había más efectos visuales, tales como un avión de cinco metros iluminado que descendía por un cable por encima del público hasta estrellarse en el escenario con una estela de fuego sincronizada a la perfección con la explosión que introdujeron como efecto de sonido en el tema “On The Run” y películas que se proyectaban al fondo del escenario para acompañar la música, como la animación que se creó para mostrarse mientras el grupo tocaba “Time”.

45 años después, “The Dark Side Of The Moon” sigue siendo un icono de la cultura contemporánea, y a pesar de la crisis de la industria del disco, continua siendo un álbum que se reedita constantemente, que sigue vendiendo cantidades más que considerables cada año, máxime desde que se ha relanzado el vinilo como formato que cada vez gana más terreno en la distribución y ventas de discos, y cuya leyenda no deja de crecer y crecer. Entrar a analizar las razones del porqué de ese éxito merecería un artículo que excede con mucho el espacio que le podemos dar en estas páginas, y sin duda son innumerables los factores determinantes de ese éxito tan absolutamente masivo que alcanzó. Pero tal vez una de las más importantes sea la que adujo un crítico de rock británico al publicar su reseña del disco: “The Dark Side Of The Moon” es un disco magnífico para hacer el amor. En opinión de este crítico, es un álbum puramente sexual. Tanto que Nick Mason y Rick Wright aseguraron años más tarde en varias entrevistas que les consta que en varios clubes sexuales de Hamburgo, Ámsterdam o Estocolmo los temas de “The Dark Side Of The Moon” se escuchaban frecuentemente en sus cabinas y habitaciones.

¿Podría ser usted un “hijo” de “The Dark Side Of The Moon”…?

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* Publicado en el diario “La Región”

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