Tod@s somos elefant@s

"El simbolismo de este animal tiene cierta complejidad y determinaciones secundarias de carácter mítico. En el sentido más amplio y universal, es un símbolo de la fuerza … el uso del elefante en la Edad Media como emblema de la sabiduría, de la templanza, de la eternidad e incluso de la piedad."

Dicen que en Asia, el elefante es elegido como cabalgadura de los soberanos porque es símbolo: del poder, de la sabiduría, de la paz y de la felicidad. Lo que no dicen es que el pobre paquidermo está obligado a soportar sobre su lomo a los reales culos. Caramba… pero qué casualidad! –o más bien causalidad- la vida de las sociedades donde imperan monarquías, reflejan este “orden” según el cual un elefante carga sobre sí a los culos monárquicos… sobre las espaldas de miles de ciudadanos, trabajadores y trabajadoras, recae mantener a estas “realezas”.

Hace pocos días fue noticia en el caso del elefante que murió a manos del rey Borbón. El elefante  terminó  siendo la víctima del festín real que, impunemente le pegó un tiro para su sádico disfrute. En tanto que el rey disfrutaba de su tour de cacería con dineros del sufrido pueblo español, víctima del sadismo real.

Juan Carlos de Borbón, proclamado rey en 1975 tras la muerte de Franco, llegó al cargo por la  Ley de Sucesión a la Jefatura de Estado (1947) por la cual el “generalísimo” dejó sentada la continuidad de su régimen autoritario: el sucesor lo determinaba el “caudillo”. De hecho, designó a Juan Carlos de Borbón -salteando al sucesor a quien le hubiera correspondido el cargo- porque se aseguró un fiel continuador del franquismo que no dudó en jurar “fidelidad a los principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales del Reino”. Quedaba asegurada la continuidad del  franquismo. 

Tomemos los últimos meses en que la monarquía ha estado muy complicada y permanentemente en noticias lamentables en todos los medios. En el “tradicional mensaje” de Nochebuena de 2011, el rey Borbón  hizo referencia en la “necesidad de un comportamiento ejemplar por parte de todas las personas con responsabilidades públicas”.  Ya era de conocimiento público el affair de su yerno Iñaki Urdangarín y el desvío de fondos de manera irregular a sus cuentas de negocios… poco después varios correos electrónicos dejaron al descubierto que de los negocios de Urdangarín participa alegremente el rey. Quedó implicado seriamente en negocios non sanctos   de su yerno.

Pero claro, si leemos la Constitución española de 1978, en su artículo 56.3 relativo a la Corona, queda establecido que "la persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad", -recordemos que dicha constitución fue aprobada durante su reinado- y claro, ya lo decía aquél viejo dicho: “hecha la ley, hecha la trampa”.

Impunidad asegurada.

Después de la caída durante el safari en Botswana, quedó al descubierto el despilfarro -del dinero que la corona no se gana con el sudor de su frente sino que es fruto del esfuerzo de trabajadores y trabajadoras de España- en medio de una crisis horrible que las medidas del PP no hacen más que profundizar… toda una afrenta para los que han perdido su trabajo. En momentos en que son los jóvenes los grandes excluidos del mercado laboral, en que la tasa de paro entre los menores de 25 años alcanza un 52% para el primer trimestre de 2012.

Res non verba. Con el simple: “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir” que, con cara de (mal) estudiado  arrepentimiento con que salió a tratar de reparar el entuerto. No se puede tapar la burla del proceder amparado en siglos de monárquica impunidad sólo con palabras.

La actual es la pesada carga que les acomodó Franco para perpetuar a su régimen ilegal, instaurado tras el derrocamiento de la República que había sido elegida democráticamente.

El reinado de Juan Carlos vino a ser “el huevo de la serpiente” franquista.

Pero volviendo a los accidentes en plena cacería: resulta que  no son nuevos entre los conservadores gobernantes españoles, más bien una lamentable tradición más, que tal vez comienzan con la publicación de los Paramientos de la Caza de Sancho el Sabio de Navarra (S. XII), en donde leemos: “solo el Rey, los Ricos-hombres, los Infanzones y Caballeros podrán cazar. Prohibimos pues por este fuero, a toda persona de calidad inferior que se dedique a esta caza.”

Felipe IV era muy aficionado a la caza y organizaba espectáculos de lucha de fieras, con participación de osos, en el Alcázar. Los mataba con su arcabuz cuando ya se hallaban exhaustos, inaugurando una tradición que seguiría el actual rey, quien en 2006 disparaba también sin piedad a osos aturdidos por el vodka.

Otro de los monarcas Borbones pasó a la historia como Carlos IV el Cazador dado que gustaba de cazar en El Pardo a cañonazos: “Se levantaba siempre a las cinco de la madrugada, rezaba, oía dos misas en sus aposentos y salía a cazar, ya lloviese, nevase o cayesen chuzos de punta. Retornaba a mediodía para almorzar y salía de nuevo, para no retornar a palacio hasta bien anochecido. Daba audiencia entonces durante media hora a sus ministros, principalmente a Manuel Godoy, amante notorio de la reina, y luego jugaba a las cartas y cenaba, para reponer fuerzas, de tal modo que pudiera hacer al día siguiente exactamente lo mismo”.[1] Su hijo, “el deseado”, no escapó a la “tradición”.

En 1966, fue famoso el perdigonazo del titular de la cartera ministerial, Manuel Fraga Iribarne sobre el trasero de Carmen, marquesa de Villaverde, la hija del Caudillo por la gracia de dios y para desgracia del pueblo español. Los hechos tuvieron lugar mientras cazaba perdices, en una finca de en Santa Cruz de Mudela en Ciudad Real.

En 1961 Francisco Franco sufrió severas heridas durante una cacería en los jardines de El Pardo. Se ponía en evidencia ya por entonces no sólo la decadencia del caudillo sino la de su  régimen. Bien le cabe la frase aquella de Elliot: “última rama marchita de un linaje degenerado” [2].

La monarquía es fiel representación de privilegios, arbitrariedades y existe un paralelo entre la cacería de animales y la otra, la que operan contra los españoles y españolas con total desprecio e indignidad. Es obsceno el despilfarro de la monarquía boba en tanto que por el otro lado se le impone a un pueblo enormes sacrificios.

Los asiáticos ven al elefante como símbolo de fuerza, sabiduría e inteligencia… precisamente todo que le ha faltado a estos parásitos de cuatro suelas.

Sítios consultados:

– Foro por la Memoria

– Cubadebate

Joludi blog

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[1] http://joludi.tumblr.com/post/21138941704/el-pais-como-coto-todos-los-reyes-espanoles-sin

[2] La frase corresponde a John Elliot en “La España Imperial” refiriéndose a Carlos II Habsburgo.

Caricatura de http://kikelincaricaturas.blogspot.com.es/

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