Traición flagrante a los claveles de abril

Traición flagrante a los claveles de abril

A medida que nos acercamos al 40º aniversario de la Revolución de los Claveles, que puso fin a 48 años de dictadura fascista en Portugal el 25 de abril de 1974, está cada vez más claro para todos que la palabra “conmemoración” puede adoptar una amplia gama de significados. Y también queda en evidencia que este tipo de ceremonias no son políticamente neutrales, ya que cualquier mirada penetrante hacia el pasado está cargada de temas de actualidad. Es como la celebración ecuménica de una novela hagiográfica, con todo el contenido subversivo suprimido por si los valores expresados ​​pudieran arrojar luz sobre el presente. Hemos sido testigos de esta gran omisión, por ejemplo, con la celebración del bicentenario de la Revolución Francesa. El alcance revolucionario de este acontecimiento que provocó una ruptura histórica fue borrado tan cuidadosamente que sólo quedó en pie un denominador común privado de sentido.

Es evidente que en el contexto actual, para los que ven la vida en Portugal –un país dirigido por un gobierno de derecha que obedece las órdenes de la troika Comisión Europea, FMI, Banco Central Europeo– aproximándose cada vez más a niveles de sufrimiento social cercanos a los habituales en la época de la dictadura fascista –con una reanudación masiva de la emigración, por ejemplo– este aniversario no puede estar desprovisto de significado presente.

Lo que prueba su relevancia son los rechazos sucesivos por parte del Tribunal Constitucional de las medidas de austeridad adoptadas por el Gobierno en la medida en que éstas violan la Constitución, la misma Constitución producto de la Revolución de los Claveles. Con una arrogancia característica, una delegación de la Comisión Europea destacada en Portugal acusó al Tribunal de practicar el “activismo político” y de ser un problema para el país, a la vez que la troika daba a entender a cada oportunidad que el Gobierno debía hallar maneras de violar la Constitución y hacer cumplir las medidas de austeridad. Se trata de las mismas personas que no sienten ninguna vergüenza de dar lecciones a todos de democracia y respeto de la ley en lo que respecta a Ucrania. Es difícil pasar por alto la contradicción inherente.

Vale la pena recordar las conmemoraciones del 30º aniversario, en 2004, que el Gobierno de entonces quiso encubrir bajo el lema “El 25 de abril es evolución”, afirmando que se trataba de superar su “carga ideológica”, según las palabras del entonces primer ministro. Este juego de manos político levantó tal protesta en Portugal que miles de manos anónimas añadieron metódicamente erres mayúsculas en todos los carteles oficiales, a fin de recuperar el carácter revolucionario intrínseco del 25 de abril. El año siguiente, el partido derechista del primer ministro de entonces sufrió un desastre electoral. Dicho primer ministro era José Manuel Durão Barroso, actual presidente de la Comisión Europea.

Todo ello demuestra que la derecha portuguesa sigue siendo incapaz de convivir con la dimensión revolucionaria de este acontecimiento, y nunca anda escasa de ideas para tratar de minimizar su impacto. El último hallazgo de la lluvia de ideas de este año corrió a cargo del presidente de la Asamblea de la República (Parlamento), Assunção Esteves, quien sugirió que se buscasen patrocinadores privados para financiar la celebración 25 de abril. Esta audaz idea ofrecería una oportunidad a las grandes marcas del capitalismo portugués –como Champalimaud, de Mello, Espírito Santo, que florecieron durante el período fascista sobre todo en las colonias– de patrocinar la conmemoración de la Revolución que llevó a la independencia de las colonias y la nacionalización de estas empresas. Es un poco como buscar el patrocinio de los herederos de los capitalistas colaboradores con una potencia ocupante para financiar las celebraciones de la liberación.

Esta sugerencia es absurda, por decirlo suavemente. Uno está tentado a preguntar qué estaba fumando este hombre. Pero incluso después de recibir una escéptica, hasta cáustica, recepción, la derecha portuguesa no abandonó sus esfuerzos para distorsionar el acontecimiento. Así, los dos partidos de derecha se han opuesto a que se autorizase a oficiales del ejército, algunos de los cuales fueron participantes del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) que puso fin a la dictadura, a hablar ante la Asamblea Nacional en la conmemoración oficial. Había sido una tradición, desde hace mucho tiempo, que representantes del MFA participasen en las ceremonias oficiales, pero desde hace dos años los oficiales se han negado a hacerlo, en signo de desaprobación de un poder del Estado que ha “dejado de ser un reflejo del régimen democrático surgido del 25 de abril”, según sus propias palabras. Los partidos de derecha han tratado de justificar el veto sobre la base de que el reglamento interno de la Asamblea no permite que representantes no elegidos tomen la palabra. Este falaz argumento fue barrido por una figura emblemática de los “Capitanes de abril”, Vasco Lourenço, quien recordó que en numerosas ocasiones personalidades exteriores a la Asamblea han sido capaces de expresar sus ideas en el Parlamento. Pero si no cambia nada con respecto a esta decisión, él duda mucho que los oficiales tomen parte en las conmemoraciones oficiales.

No obstante, es probable que el pueblo esté presente de forma masiva en los principales eventos de celebración de la Revolución, al grito de “25 de Abril sempre, fascismo nunca mais!” Con la multitud y dentro de ella habrán muchos soldados y policías, como en años pasados.

* Traducción de S. Seguí para Rebelión

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