Traidores, comunistas y fascistas

Juan Gabalaui*. LQS. Enero 2019

La lógica de la confrontación encumbró a VOX. Ciudadanos y Partido Popular apostaron por quemar las naves con la situación en Catalunya. Avivaron el enfrentamiento, fomentaron la escalada y adoptaron el papel del “padre severo”

A veces, paseando por la ciudad, te encuentras con imágenes que simbolizan el momento que vivimos. Algunas sutiles. Otras más toscas. Escribir la palabra fascista en el pedestal de la estatua a Largo Caballero en los Nuevos Ministerios de Madrid es una de las más groseras. En estos tiempos de confusión inducida, tachar de fascista a una persona, que luchó contra el fascismo y pasó casi dos años en el campo de concentración nazi de Sachsenhausen, es un ejercicio de funambolismo. La derecha, extrema y no tan extrema, convierte el agua en vino, los antifascistas en fascistas. Esta pericia la han extendido a otros campos. Podemos se ha convertido, por arte de birlibirloque, en un partido comunista. Pedro Sánchez en un traidor, amigo de los independentistas. Comunistas, traidores y fascistas. Y de fondo la unidad de España.

La unidad de España ha desatado los demonios. La percepción de que está en peligro. Se ha transformado la violencia de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado en violencia de las masas manipuladas por el independentismo. La lucha por el derecho a decidir en un ataque a la democracia. La discrepancia política en traición. Los balcones se llenaron de banderas españolas, se reprodujeron los polos, tirantes, pulseras, collares de perro, pegatinas y lazos en los coches con el color rojigualdo. Se reivindicó el orgullo de ser español. Y así, como sin querer, se reprodujo el nacionalismo español, larvado, libre de ataduras. Los fascistas, los de verdad, se convirtieron en demócratas enfurecidos, vociferantes y provocadores.

Si votas a VOX no eres fascista. Antes los votantes de Fuerza Nueva se reconocían orgullosos como franquistas pero, ahora, decir esto es una simplificación y ejemplo de ignorancia sobre la naturaleza de los votantes de VOX. Defienden y apoyan medidas propias de la extrema derecha pero no son extremistas, ni fascistas ni nada que se le parezca. El principio de la navaja de Ockhman no se aplica en este caso. Nos dicen que sus políticas antimigratorias, antifeministas y nacionalistas no nos pueden llevar al error de pensar que son extremistas y que Podemos es un partido comunista, a pesar de la retórica de sus líderes y sus políticas socialdemócratas. Son las verdades del barquero. En esta lógica, tan loca, entra llamar fascista a un superviviente de un campo de concentración nazi.

La lógica de la confrontación encumbró a VOX. Ciudadanos y Partido Popular apostaron por quemar las naves con la situación en Catalunya. Avivaron el enfrentamiento, fomentaron la escalada y adoptaron el papel del “padre severo”. Había que dar una lección a los hijos descarriados defendiendo la aplicación de las máximas consecuencias. Abrieron la caja de Pandora y de ella surgieron Abascal y sus camaradas. Con la defensa de la unidad de España hemos topado. El ADN del franquismo se llama ahora constitucionalismo. Y las fuerzas autollamadas constitucionalistas se han convertido así en garantes de la democracia frente a los que intentan destruir España. Por fin pueden decir las cosas como las piensan. Los inmigrantes son invasores, las feministas supremacistas, los independentistas violentos y los animalistas maestros del odio. La diferencia entre ellos solo es de grado. No de contenido.

¿Por qué llaman traidor? Porque la palabra tiene una resonancia en la derecha que activa emocionalmente y les mantiene alerta. No hay mayor traición para la derecha que la traición a España y a esto remite directamente este calificativo. ¿Por qué llaman comunistas? Porque el condicionamiento mental durante las décadas del franquismo provoca un rechazo visceral. Se podría decir que se ha transmitido de forma intergeneracional, casi sin darnos cuenta. ¿Por qué llaman fascistas? Porque así se aprovechan del rechazo social que provoca el fascismo. Podemos pensar como un fascista pero no nos identificaremos como tal. Esto se llama disonancia cognitiva. De esta manera, eligiendo bien los términos en un contexto de tensión, movilizas emocionalmente y manipulas. Solo hay que conocer y activar los estímulos condicionados de la derecha para poner a sus militantes donde uno quiere. La razón queda así arrinconada.

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