Trece tesis sobre el Dictado de Bruselas (II parte)

econo29Peter Mertens*. LQSomos. Septiembre 2015

Semanas después del Dictado de Bruselas, ha llegado el momento de hacer un balance preliminar. Es lo que hace Peter Mertens en un artículo en el sitio web dewereldmorgen.be que en cierto sentido podemos ver como una actualización del capítulo «Grecia» de su libro «¿Cómo se atreven? «. El autor resume la situación en trece tesis, con una crítica implacable de la toma del poder por Alemania sobre la zona euro, preparada desde 2011. Pero termina con una nota optimista: «La experiencia griega ha hecho reflexionar a millones de europeos, y eso es algo positivo.» (Leer primera parte, clic aquí)

8. Del fracaso del euro alemán, se extrae una conclusión: un euro todavía más alemán

«¿Cómo mantener este mosaico? Eso dependerá no sólo de factores económicos, sino también políticos. Dos enfoques son posibles. El primero es el aumento del autoritarismo en una Europa centralizada que sacrifica la soberanía de los Estados miembro. El segundo es un retorno al nacionalismo. En esta lucha política, las contradicciones internas de Alemania juegan el papel principal”, escribí en 2011 en ¿Cómo se atreven?

Esto es precisamente lo que está sucediendo. Para Ángela Merkel, su estricto pacto fiscal de 2013 no era suficiente. A finales de 2013, la canciller soñaba abiertamente con instrumentos vinculantes para imponer la disciplina fiscal y presupuestaria en los países que no están bajo la tutela de la Troika. Los países como Grecia, en los que la Troika está en el poder, deben aceptar las medidas obligatorias incluidas en sus memorandos. Otros países no. Merkel quiere establecer los llamados contratos de competitividad, un contrato bilateral entre los Estados miembros y la Comisión Europea en el que se definen reformas estructurales a cambio de ayuda financiera. Es decir: un memorando a medida de cada país. La proximidad de las elecciones europeas de 2014 hizo que la propuesta finalmente no viera la luz. Pero sin embargo el 23 de octubre de 2013 el Parlamento Europeo aprobó una moción sobre el Semestre Europeo. Se dice que la Comisión debe desarrollar rápidamente un instrumento de competitividad. Democristianos, liberales, y también socialdemócratas y Verdes votaron a favor de la moción. Siguen manteniendo su fidelidad con una Europa competitiva. Sólo el Grupo de la Izquierda Unitaria (GUE / NGL) votó en contra.

En medio de las nubes de polvo levantadas por la crisis en Grecia, el 22 de junio, los presidentes de las instituciones de la Unión Europea y de la UE presentaron su «Informe de cinco presidentes». El informe pide «más Europa» y una transferencia adicional de soberanía a Bruselas. En una primera etapa (hasta 2017), deben respetarse todas las reglas de manera más estricta. Todo debe ser presentado con antelación a la Comisión Europea y se imponen sanciones si las medidas no se ejecutan. Esta es la misma lógica y la misma política que se ha aplicado a Grecia. La única diferencia es que en Grecia se aplicaron medidas más extremas y radicales, lo que fue posible gracias a la toma de control por parte de la Troika. En una segunda fase (a partir de 2017), los cinco presidentes quieren llegar a establecer una especie de gobierno europeo con un modelo federal.

En el informe se propone que cada país de la zona euro establezca lo que podríamos llamar una Autoridad de competitividad. Esta Autoridad se reforzará con tecnócratas y se asumirá que es una «entidad independiente». Su misión: comparar las tendencias salariales con las de los países vecinos y emitir en base a ello «recomendaciones». Estas Autoridades de competitividad, que no son electas, coordinarán sus políticas a nivel de la UE. Podemos recordar que en Grecia, con la misma lógica, basándose en las recomendaciones de los «expertos» se violaron y suprimieron una serie de convenios colectivos de trabajo. Se formaliza la competencia entre los trabajadores de los distintos Estados miembros. Se enfrenta a todos entre sí y los países que recortan los salarios más drásticamente sirven como modelo. Los interlocutores sociales de cada país deben basarse en las recomendaciones de la Autoridad como hilo conductor en sus negociaciones salariales. Esto es lo que ocurre con las negociaciones salariales libres. Si se exige a los interlocutores sociales seguir las «recomendaciones» se entraría en violación abierta de las convenciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Los países que no sigan los «mejores ejemplos» de Europa serán castigados con las sanciones previstas en el Six-Pack.

El euro desde el principio estuvo grabado en hierro alemán. Tras la crisis bancaria, se ha acelerado el proceso. Una y otra vez, a petición de Merkel y de los círculos financieros de Alemania. Salvo el grupo de Izquierda Unitaria (GUE / NGL), todos los grupos parlamentarios europeos apoyaron esta tendencia en diversos grados. Incluso los socialdemócratas y verdes. El domingo 12 de julio, Merkel tomó el control y dio órdenes de manera pública. Esto no era algo inesperado. Los seguidores alemanes de la línea dura llevan ocupados desde hace años fijando su lógica implacable – aquella con la que han dejado KO a los griegos- en una camisa de fuerza de pactos y tratados. También extraen lecciones del caso de Grecia. Menos laxitud, más control, más disciplina, más sanciones para imponer la política de ahorro rígido en todas partes. Es la parte trágica de esta historia. Del fracaso del euro alemán, sacan la siguiente lección: un euro aún más alemán, con puño de hierro.

9. Poner fin a la línea socialdemócrata de Schulz, Moscovici, Gabriel, Hollande y Dijsselbloem

En el debate parlamentario del 2 de julio, un enardecido Patrick Dewael (Open VLD) lanzó a la oposición socialdemócrata las siguientes palabras: «Hay dos tipos de socialistas. Por un lado los socialistas en el gobierno y la Comisión Europea. Asumen su responsabilidad, contribuyen a la búsqueda de soluciones. Por otro lado, están los socialistas en la oposición: tratan de hacer olvidar al público lo más rápido posible la responsabilidad que tienen. Hoy tratan como herejía el enfoque de la Unión Europea, pero en la legislatura anterior, nunca les he oído reserva alguna sobre el enfoque hacia la crisis griega, que el primer ministro Di Rupo contribuyó a definir.»

Dewael plantea un punto interesante. Durante las elecciones de 2012 en los Países Bajos, el SP de «izquierda radical» de Emile Roemer lideraba las encuestas. Pronto tuvo lugar un cambio en el discurso de los socialdemócratas holandeses Diederik Samson y Jeroen Dijsselbloem con palabras contra los bancos y los especuladores y declaraciones radicales que hacían palidecer las de Roemer. La estrategia funcionó. Los socialdemócratas holandeses entraron en el gobierno de Rutte II e hicieron lo mismo que el gobierno Rutte I y lo mismo que el resto de gobiernos europeos. Una política dura y fría de austeridad y recortes aún más fuertes apoyados por Moerdijk. Y Dijsselbloem. Sí, por Dijsselbloem. De hecho en la mayoría de los países europeos están convencidos de que Dijsselbloem es un miembro del partido liberal VVD.

Lo mismo ocurrió en Francia con François Hollande (PS). Para contrarrestar la subida del Frente de Izquierda, la retórica cada vez giró más a la izquierda. Hollande (más tarde Presidente) y Sapin (que más tarde sería ministro de finanzas) prometieron en su campaña electoral la revisión del Pacto de Estabilidad. Eso fue antes de que llegaran al poder. Una vez instalados en el Elíseo, nunca más lo volvieron a cuestionar. En vez de eso, se reforzaron los vínculos con Alemania. Hollande sacó pecho durante la campaña electoral, pero después se puso a los pies de Merkel.

Hemos visto utilizar las mismas tácticas retóricas en Alemania. «Por una Europa de la gente, no del dinero.» Este es el lema con el que acudió el SPD el año pasado a las elecciones europeas. Algo que cambió cuando el SPD entró en la gran coalición con la CDU de Ángela Merkel. El presidente del partido, Sigmar Gabriel se convirtió en Vice Canciller y se destacó en las últimas semanas como uno de los alemanes partidarios de la línea dura. Y no precisamente por la Europa los pueblos. Sino por la Europa del dinero. El vicecanciller socialdemócrata ni siquiera descarta un Grexit.

«Con Ángela Merkel, Wolfgang Schäuble y Sigmar Gabriel como troika berlinesa, Europa no tiene futuro» opina Sahra Wagenknecht, portavoz de Die Linke en el Bundestag. «Schäuble y Gabriel quieren una Europa alemana, no una Alemania europea. El legado de Helmut Kohl se abandona a la ligera y las relaciones con Francia e Italia se están deteriorando. El presidente del SPD ahora celebra la línea dura en materia de recorte de pensiones, aumentos del IVA y privatizaciones y, animado por sentimientos nacionalistas, supera con frecuencia a Ángela Merkel por la derecha. Es muy triste.»

Yascha Mounk, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Harvard y miembro convencido del SPD, pensó que era inaceptable y envió el 15 de julio pasado una carta abierta a Gabriel. Die Zeit publicó la carta. «Es la política de cortasmiras, nacionalista frente a Grecia, la traición del ideal de una Europa unida, y por eso me siento extraño al SPD. Durante semanas, el SPD colaboró voluntariamente con la campaña arrogante de Alemania contra Grecia. Usted ha decidido seguir a Wolfgang Schäuble, el ministro conservador de Finanzas. Usted ha decidido seguir al Bild, el mayor diario sensacionalista alemán, el especialista de la moral barata. Al igual que ellos, usted ha dado una lección a los griegos y ha sido duro contra de ellos diciéndoles que podían beber su propia sangre.»

El profesor concluye su carta anunciando su renuncia: «En un artículo escrito con Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo y miembro del SPD, usted escribió que pasamos los últimos días una «prueba de la historia». Esto es una bajeza. La verdad es que ha contribuido a la destrucción de una comunidad, democrática y unida. Porque eso es realmente lo que significa el acuerdo que será aprobado en el Bundestag por una gran mayoría de «nuestros» parlamentarios. Después de estas terribles semanas de moralismo alemán y de la humillación de Grecia, la idea de una unión más estrecha entre las naciones de Europa se ha convertido en una reliquia del pasado. El SPD, teniendo miedo de la supuesta fuerza del sentimiento nacionalista de la población, se ha situado de nuevo entre los sepultureros de un pensamiento internacionalista noble. Los líderes que traicionan los principios del partido ante el menor signo de crisis no me representan. Por eso termino con mi afiliación ahora. «[xvii]

Y, en efecto, el viernes 17 de julio el SPD aprobó en el Bundestag el dictado de Bruselas por una abrumadora mayoría. 175 miembros del SPD votaron a favor, sólo cuatro votaron en contra. Los verdes alemanes también votaron a favor del acuerdo: 23 a favor, 2 en contra. Sin embargo, hubo muchas más abstenciones. Esta es la segunda vez que los Verdes alemanes y los socialdemócratas apoyan la Europa alemana, precisamente en los momentos decisivos. La primera vez ocurrió cuando el gobierno roji-verde organizó el dumping salarial en Alemania con las reformas Hartz (2001). Y ahora aprueban con los merkelianos un dictado neocolonial que refuerza el control de Alemania sobre la zona euro que hace imposible de facto la solidaridad en Europa.

Alemania, Francia, los Países Bajos e Italia, en todas partes vimos el mismo escenario. Discursos radicales antes de las elecciones para bloquear el ascenso de una izquierda consecuente. Una vez en el gobierno, aprueban la política de austeridad como cualquier otro, modificando algunas comas. Aprobando (PS y SP.a incluidos) el Pacto Fiscal de 2013. El apoyo abierto de Gabriel, Hollande y Dijsselbloem al Dictado de Bruselas pone al descubierto la línea dominante de la socialdemocracia europea. También se observa en los reconocidos socialdemócratas que ostentan un cargo en las instituciones europeas. Caminan bravamente al paso que marca Alemania. Martin Schulz (SPD) mostró su terquedad ante Grecia como presidente del Parlamento Europeo y Pierre Moscovici (PS) ha mostrado la misma dureza como comisario de la Comisión Juncker en las llamadas «negociaciones» con Grecia. Si realmente el SP.a quisiese romper con esta política se requeriría que Kathleen Van Brempt renunciara a su co-presidencia de la Alianza Progresista de Socialistas & Demócratas y que el sp.a rompiera también con el grupo europeo de socialdemócratas dominado por el SPD de Gabriel y el PS de Hollande.

10. En lugar de negociaciones, la UE lleva a cabo una guerra económica

«Me temo que el gobierno alemán, incluida su ala socialdemócrata, ha dilapidado en el espacio de una noche todo el capital político de una mejor Alemania que se había acumulado a lo largo de medio siglo»[xviii], afirmaba el filósofo alemán Jürgen Habermas la semana pasada. También dijo: «Alemania se proclamó sin ninguna vergüenza como el jefe disciplinario de Europa y ha reivindicado por primera vez de forma explícita una Europa bajo hegemonía alemana.» Habermas, uno de los grandes defensores de la integración europea desde el principio, se equivoca. La toma del poder alemán sobre la Unión Europea no es algo nuevo. Lo único nuevo es que con el dictado de Bruselas, esto se hace a plena luz del día y precisamente esta desfachatez ha abierto los ojos a millones de personas en el continente.

Ya el 30 de enero 2015 – apenas unos días después de la investidura del nuevo gobierno griego – el nuevo ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, recibió en su despacho la visita del presidente del Eurogrupo Jeroen Dijsselbloem. Allí Dijsselbloem le planteó claramente una disyuntiva: «memorándum o cerrar los bancos.»[xix] Desde el principio estaba claro que los virtuosos profesores de esta Europa liberal no dejarían espacio para una política distinta. El hecho de que la población griega hubiese dado una señal masiva contra las políticas de austeridad inhumanas de la troika en las elecciones no tenía ningún valor. «Las elecciones no cambian nada. Lo único que importa son los acuerdos»[xx], con estas palabras me recibió Schäuble el 20 de febrero en Bruselas», dijo Yanis Varoufakis. «Cuando a principios de febrero, asistí a mi primera reunión en Bruselas, ya existía en el euro una gran mayoría con el Ministro de Finanzas de Alemania como centro de gravedad. Esta mayoría tenía una misión: bloquear cualquier acuerdo sobre los puntos básicos de convergencia entre nuestro nuevo gobierno y el resto de la zona del euro.»

Varoufakis: «al estar dentro, se confirmaron mis peores temores. La total falta de escrúpulos democráticos de los supuestos defensores de la democracia europea. Personas muy importante te miran a los ojos y te dicen: ‘Tenéis razón, pero os vamos a aplastar de todas formas’. Expones un argumento en el que has trabajado realmente para asegurar que sea lógicamente consistente, pero te encuentras en frente de miradas vidriosas. Es como si no hubieras hablado. Si hubiese cantado el himno nacional sueco se habría obtenido la misma respuesta. «[xxi]

Para los partidarios del capitalismo calamitoso, Grecia era un laboratorio. Los hechos más graves de la guerra económica aún estaban por venir. El saqueo de los bancos griegos por el Banco Central Europeo. Esta receta drástica viene directamente de la doctrina del shock, que Naomi Klein ha descrito magistralmente hace tiempo en el libro del mismo nombre. Es un chantaje estilo «muerte súbita». No hay dinero, se cierran los bancos, se congela la economía. Se tenía que dar un ejemplo con Grecia.

Sin embargo, los negociadores griegos, a falta de algo mejor, siguieron intentando de convencer racionalmente a otros países europeos con argumentos económicos. Como si se tratase de negociaciones sobre un pie de igualdad y no una guerra económica por parte de la nación más poderosa financiera y económicamente. Incluso en este dramático pasado fin de semana, cuando se impuso el Dictado desde Bruselas, los griegos siguieron apegados a la estrategia de convencimiento y sin tener el más mínimo medio de presión de ningún tipo de plan B. «El ministro de Finanzas Euclide Tsakalotos se preparó muy en serio. Se había preparado toda una serie de argumentos y esperaba que se le opusiesen contra argumentos desarrollados con precisión. Pero en lugar de eso, encontró frente a él a personas que recitan interminablemente reglas, procedimientos, etc. «[xxii], dijo Stathis Kouvelakis, de Syriza.

La guerra económica contra Grecia también fue posible porque el país fue aislado. Después de la victoria electoral en enero, los griegos habían contado con un mínimo de apoyo de la Francia de Hollande y la Italia de Renzi, por lo menos. Pero ya en febrero Tsipras y Varoufakis regresaron con las manos vacías de París y Roma. Estaba claro que los gobiernos socialdemócratas se vendieron a esta Europa liberal y no iban a mover un dedo para hacer otra política con los griegos. Entre los opositores más frontales a Grecia estaban también los países con problemas similares, como Italia, España y Portugal. No concedieron nada a los griegos, ya que de hacerlo habrían hecho más visible aún su propia capitulación. Varoufakis: «Desde el principio, estos dejaron muy claro que ellos eran los enemigos más activos de nuestro Gobierno. Su peor pesadilla era nuestro éxito. Si teníamos éxito en la negociación de un mejor trato para Grecia, ellos tendrían que dar explicaciones a sus pueblos de por qué ellos no lo habían hecho. «[xxiii]

11. En los días posteriores al referéndum, el «ΟΧΙ» de la gente se ha corregido en un «ΝΑΙ» impuesto

En el referéndum del Domingo 5 de julio la población griega votó abrumadoramente «no» a las demandas de la Troika. En los barrios obreros, el «no» obtuvo más del 70%. En los barrios más ricos, el “si” alcanzaba hasta el 70% de los votos. Pero en última instancia el «no» ganó en todos los distritos del país. El resultado fue particularmente notable en los jóvenes. Más del 85% de los jóvenes de 18 a 24 años votó «no». Es una generación que ha sido completamente sacrificada por los memorandos políticos de la troika y la quiebra política tanto del PASOK (socialdemócrata) como de Nueva Democracia (conservador). El referéndum también desencadenó un proceso de radicalización, con los eventos más destacado en las manifestaciones del viernes anterior.

Después del referéndum, la oposición estaba en las rodillas. Tanto el Pasok como Nueva Democracia habían fracasado. Incluso más que en las elecciones de enero de 2015. Apenas unas horas tras el resultado, el líder de Nueva Democracia, el ex primer ministro, Antonis Samaras, renunció. Su rescate vino de… Tsipras. El primer ministro griego tomó la iniciativa de crear un «consejo de líderes políticos» bajo la dirección del Presidente de la República, quien estaba abiertamente en el campo del «sí». En este encuentro, la dinámica nacida del referéndum se frenó. Se decidió que Grecia permanecería a toda costa en la zona euro y que el referéndum no era un mandato para romper las negociaciones, sólo un mandato para lograr una posición más favorable en las negociaciones.

El gobierno Tsipras, que de facto se convirtió en un gobierno de «unidad nacional» puso sobre la mesa un nuevo plan con medidas que había rechazado el referéndum. El «no» del referéndum se cambió en «sí» en las negociaciones. Y así es como el nuevo ministro de Finanzas Euclid Tsakalotos – Yanis Varoufakis, su predecesor, había dimitido – y el primer ministro Alexis Tsipras fueron desarmados en las negociaciones con, respectivamente, el Eurogrupo (los ministros de Finanzas) y el Consejo Europeo (jefes de gobierno). El resultado es conocido. Alemania sabía muy bien que Grecia estaba desesperada por permanecer en la zona euro y los griegos han sido crucificados públicamente con el dictado humillante que el Parlamento griego se vio obligado a aprobar igualmente. «Nos enfrentábamos a la elección de ser ejecutados o de capitular. Tsipras decidió que la capitulación era la mejor estrategia»[xxiv], dijo Yanis Varoufakis tiempo después.

De acuerdo con la Constitución griega, el resultado de un referéndum es una ley tan válida como cualquier otra aprobada por el Parlamento. El resultado sólo econo2puede ser cancelado por un nuevo referéndum. Mediante el referéndum del 5 de Julio el pueblo griego rechazó una serie de medidas concretas propuestas por la Troika. Que el Parlamento griego se haya visto obligado a aceptar un gran número de estas medidas el Miércoles 15 de julio es hasta inconstitucional. Pero a los jerarcas de la Europa neoliberal la suspensión del Estado de Derecho en Grecia ni les importa lo más mínimo. «En una democracia, no hay punto muerto. El pueblo ha hablado. Expresó un gran NO al ultimátum, al chantaje, la intimidación, la propaganda y el terror. Un NO a los memorandos», dijo la presidenta del parlamento griego, Zoe Konstantopoulou, en aquel famoso miércoles 15 de julio mientras se sometía a votación el Dictado de Bruselas. «No tenemos el derecho de convertir este NO de la gente en un SI mediante nuestro. Tampoco tenemos el derecho de interpretarlo como un NO con condiciones. Cada una de las medidas contenidas en dicho acuerdo fue rechazado por los ciudadanos con una mayoría ensordecedora. Estamos obligados a defender su veredicto, porque nuestro poder reside en ellos. «[xxv]

El discurso de la Presidenta del Parlamento no tuvo éxito. La declaración de la mayoría de los miembros del consejo de Siriza, del comité central, a favor de rechazar el Dictado de Bruselas tampoco sirvió para nada. Una gran mayoría del Parlamento griego ratificó el Dictado, siguiendo una lógica política del «mal menor» y bajo una fuerte presión para hacer dimitir a los «disidentes» de sus funciones. Es lo se produjo tras la votación. El ex ministro de Energía, Panagiotis Lafazanis relata: «El chantaje directo y brutal dirigido por los maestros del neocolonialismo europeo no basta como excusa. No acepto esta calle de un solo sentido. Como tampoco acepto sanciones ineptas o acusaciones de «deserción» en contra de aquellos que se oponen a ellas. Los responsables, por el contrario son el Parlamento griego y los partidos políticos que han aceptado el «protectorado» sobre Atenas, que se han posicionado como ovejas en silencio o han aceptado el nuevo protocolo como un «mal necesario».”[xxvi] Así que en apenas diez días, el» ΟΧΙ «(no) de la gente se convirtió en un» ΝΑΙ «(sí) impuesto.

Mientras tanto Syriza se transforma rápidamente en la fuerza, que durante el Tercer Memorando, continuará con el régimen de semicolonia endeudada. La «limpieza» en Syriza continúa. En los últimos días ya son diez los ministros o viceministros que han dejado su trabajo o han sido despedidos. La llamada ayuda financiera, que en su mayoría regresará inmediatamente a las cuentas bancarias de los prestamistas extranjeros, sólo vendrá por partes y poco a poco. Y con cada préstamo, la Troika exigirá más sangre de la población griega. La completa humillación del gobierno Tsipras tendrá lugar sin ninguna duda. La Troika perseguirá esta humillación hasta el final, lo que obligará al gobierno a adoptar medidas que ningún gobierno había tomado hasta ahora. Hasta que el gobierno Syriza pueda ser tirado a la papelera como un pañuelo usado.

12. El euro crea sus propios sepultureros

«Simplemente no podían creer que los europeos reaccionasen como realmente respondieron», [xxvii] dijo Stathis Kouvelakis, de la plataforma de izquierdas en Syriza. «Tsipras y la dirección de Syriza siguieron de manera muy consistente la misma línea desde el principio. Pensaron que obtendrían concesiones mediante la combinación de un enfoque «realista» en las negociaciones con una cierta firmeza retórica. Sin embargo se han visto atrapados cada vez más en su línea, y cuando se quisieron dar cuenta no tenían ninguna estrategia alternativa.» Kouvelakis continúa: «Creo que Tsipras cree honestamente que podía obtener un resultado positivo mediante un enfoque centrado en la negociación y mostrando pruebas de buena voluntad. Por eso dijo constantemente que no tenía ningún plan alternativo. Pensó que recibiría algún tipo de recompensa si se mostraba como un «europeo» leal, sin «agenda oculta».

La experiencia griega muestra que en esta Unión Europea, bajo el cuidado del puño de hierro Merkel y de toneladas y toneladas de pactos y tratados, en los que la austeridad se esculpe en piedra, no hay margen para la plegar o adaptar prudentemente la obsesión alemana por la austeridad. Incluso los «leales europeos» son descartados sin piedad por Berlín en cuanto cuestionan la política oficial. «Creo que dice mucho acerca de cómo está la izquierda hoy en día. La izquierda está llena de gente de buena voluntad, pero totalmente impotentes en el campo de la política real. Estas personas llegaron a creer firmemente que se podía conseguir algo de la Troika. Pensaban que iban a encontrar una solución de compromiso entre «socios». Pensaban que compartían ciertos valores fundamentales como el respeto al mandato democrático o la posibilidad de una discusión racional basada en argumentos económicos», afirma Kouvelakis. Esto demuestra que la UE no se basa en los valores racionales de la Ilustración francesa, si no que reposa, como cualquier otro proyecto capitalista, en la correlación de fuerzas.

A pesar de diversas advertencias, el gobierno de Syriza no vio que la Unión Europea realmente no quería negociar. La Unión Europea nunca ha tenido la intención de llegar a un acuerdo. Quería destruir a Syriza o al menos su programa y, al hacerlo, terminar con la esperanza que había nacido entre las víctimas de la catástrofe humanitaria. «Tuvimos el optimismo y la ingenuidad de creer que las negociaciones podrían llevar a un acuerdo justo, honesto y sostenible. Subestimamos su voluntad de destrucción. Sin un plan B, estábamos atrapados»[xxviii] afirmó el ex ministro de Energía Panagiotis Lafazanis.

«Quizá pude haber sobrestimado la competencia del Gobierno griego. Sorprendentemente, pensó tras el referéndum que podía obtener mejores condiciones sin tener en el bolsillo un plan de contingencia, un plan B. Ahora tienen condiciones claramente peores. Naturalmente, es un shock.», [xxix] dijo Paul Krugman. Según Yanis Varoufakis, llegado el momento se había constituido un pequeño grupo para preparar una salida del euro, pero este plan había tropezado con un «no» del primer ministro Tsipras. Así que el plan no se llevó a cabo. Tampoco habría sido fácil. Tras la salida del euro y la devaluación del nuevo dracma, la cuestión de la deuda seguiría estando abierta. El gobierno de Syriza siempre dijo que quería seguir pagando a cambio de un alivio de la deuda. Pero ni siquiera eso le fue concedido. El objetivo político era estrangular al gobierno griego hasta que le sobreviniese la muerte. Por eso es muy probable que los griegos tampoco hubiesen obtenido un alivio de la deuda si saliesen de manera conflictiva del euro. Además las deudas deberían pagarse en un euro más caro y no en la nueva moneda devaluada. En caso de falta de pago de las deudas, probablemente habría tenido lugar un boicot internacional. Probablemente se hubiesen creado bonos para el racionamiento de la energía y los alimentos. Con la esperanza de que más adelante la economía se liberase, gracias a las ventajas de la devaluación (exportaciones, nuevas inversiones). Puede ser el Grexit sea viable a corto plazo, pero lo que es seguro es que un plan de este tipo debe estar sólidamente elaborado y desarrollado.

«La mayoría de la población griega no quiere una salida del euro. En contraste con Yanis Varoufakis, para Alexis Tsipras era una línea roja a no traspasar. Para Tsipras todo paso hacia el Grexit, o que simplemente amenazase en esa dirección, era un tabú. El juego de póquer se terminó allí. Las promesas electorales, el no del referéndum, gran parte de su credibilidad… todo esto fue sacrificado para mantener a Grecia en el Eurogrupo. Como Tsipras no quería preparar la bomba monetaria, estuvo expuesto al chantaje. Un pájaro para el gato alemán», [xxx] escribe Paul Goossens. Y tiene razón. Pero la «opinión pública» no es un dato inerte. La opinión pública también puede cambiar. El problema es que el gobierno de Syriza desde el principio cerró la puerta a la preparación de la opinión pública para una hipotética salida de la jaula del euro. Durante la campaña del referéndum, las líneas se podían mover. Día tras día los medios de comunicación en manos de oligarcas afirmaban que votar no implicaría invariablemente un Grexit. A pesar de este chantaje, los griegos votaron abrumadoramente no, sabiendo de alguna manera que esto podría conducir a una salida de Grecia de la zona euro.

«Si hay una cosa que podemos culpar Tsipras y a su partido, es haber sido demasiado eurófilos «[xxxi], escribe Koen Haegens en Groene Amsterdammer. «Siguieron creyendo en Europa hasta el final. Así que en los últimos meses se negaron constantemente a prepararse para el escenario del Grexit. Con el resultado de que cuando en las últimas semanas esta amenaza tenía visos de producirse, tuvieron que mendigar de rodillas ante Merkel poder seguir dentro. A cualquier precio. Ningún gobierno digno del adjetivo «izquierda» será tan ingenuo en el futuro. Está claro, de una vez por todas, que el que quiera otra política, más social, no puede guardar esperanzas dentro del euro. En un fin de semana, en todo el continente, los críticos moderados de la moneda única se transformaron en feroces oponentes. El euro crea sus propios sepultureros.»

«La competencia y búsqueda del beneficio forman la base de la Unión Europea. Están inscritos en los textos fundacionales de la Unión. Asfixian y pudren todo», escribí en 2011 en ¿Cómo se atreven?» No debemos rehabilitar este edificio o darle una nueva capa de pintura a sus desequilibrios. Necesitamos otras fundaciones. La cooperación y la solidaridad deben sustituir a la competencia y la desigualdad. Esto requiere una Europa diferente.» Estas palabras parecen más actuales que nunca. La experiencia de Grecia nos muestra que en esta Unión Europea no hay espacio alguno para una política basada en la cooperación, la solidaridad, inversiones equilibradas o para el desarrollo regional. Es imposible cambiar los tratados europeos, dicen los Juncker y Schäuble. Pero cuando les conviene, son los primeros en cambiar «las reglas». Así sucedió cuando Alemania y Francia incumplían las normas de Maastricht, así fue durante la crisis bancaria y todavía sigue sucediendo cuando se amenaza a Grecia con ponerla de patitas en la calle de Euroland, algo que no está previsto en ningún tratado. Debemos aprovechar esta crisis para revisar críticamente los tratados existentes. Debería ser posible autorizar transferencias financieras solidarias, desarrollar monopolios públicos, intervenir políticamente con el Banco Central Europeo y utilizar el presupuesto para las necesarias inversiones industriales sociales y ecológicas sin las constringentes normas de austeridad. Si Europa quiere sobrevivir, tendrá que cambiar sus fundamentos. La alternativa es que la Unión explote y que las tensiones nacionalistas de principios del siglo 20 rehagan su entrada en este joven siglo 21.

13. La experiencia griega ha hecho pensar a millones de europeos

«Tenemos que estar agradecidos a Tsipras y los suyos por haber provocado fisuras en la carcasa de hormigón del conformismo de Bruselas. Han hecho reflexionar a millones de europeos, hasta el último bar de pueblo»[xxxii] escribe Geert Van Istendael en la revista MO.

Van Istendael tiene razón. Los pueblos de Europa han ganado una experiencia y se piense lo que se piense de Syriza, gracias a un cierto grado de confrontación entre el gobierno griego y los prefectos de la disciplina alemana de la Unión, se abrieron ojos en todas partes. En el periódico financiero Trends, el editor de Jozef Vangelder señala: «Según algunos, es un gran estratega, según otros un narcisista habilidoso. Pero hay que reconocer algo: Alexis Tsipras se enfrentó durante seis meses a una líder mundial como la canciller alemana Ángela Merkel, y junto a ella, a todo el resto de pesos pesados europeos. No está nada mal para el primer ministro de un peso económico pluma. La proporción del producto interno bruto de Grecia en la zona euro el año pasado fue del 1,8%.»[xxxiii] Al final, el peso pluma Tsipras fue noqueado por el buldócer alemán y sus aliados. El hecho es que desde la introducción del euro en 2002, ningún gobierno se había atrevido a levantar la mano contra la política de austeridad monetarista introducida por Frankfurt en todas las leyes y tratados de la Unión Europea.

Por múltiples razones, el gobierno de Syriza no podía ir más allá de lo que le permitían sus medios. Para un peso pluma humanista, un poco ingenuo, era imposible ganar en una categoría de peso superior al suyo. Pero por haber cedido ante un chantaje inhumano, no se puede actuar como si el gobierno griego no hubiese luchado. En 2011 hablé del carácter dictatorial de la Unión Europea y de la necesidad de repensar completamente Europa. Pero eso era un libro. Gracias a la experiencia de confrontación del gobierno griego con las instituciones de la UE, actualmente millones de personas en Europa han comprendido la naturaleza de esta Unión. Este entendimiento no puede ser simplemente ignorado. Necesitábamos la experiencia de que la actitud conciliadora del gobierno griego con esta Unión era un callejón sin salida. Y no es un detalle sin importancia. Para las luchas por venir en Europa es una lección que muchas personas han aprendido. «Toda una generación que creció con la idea de que Europa es una garantía política y económica de paz, progreso, cooperación y solidaridad empieza a dudar de Europa»,[xxxiv] escribe el editorialista Yves Desmet en De Morgen. «La imagen de Europa como un gigante benévolo y protector ha sido hecha pedazos. La Europa de hoy es la de los acreedores, y no la de los endeudados. Es la Europa del 1% más rico, de las élites y los bancos cuyos grupos de presión son infinitamente más fuertes e influyentes que el griego medio.»

Por el otro lado también se ha aprendido la lección. «Estoy especialmente preocupado por los riesgos de contagio político e ideológico. A veces parece que algunos políticos e intelectuales en Europa están dispuestos a cuestionar todo en Europa, los tratados, pero también la forma de pensar tradicional en Europa, la integración europea y nuestros valores»[xxxv], dijo Le monde el Presidente Europeo, Donald Tusk. «Rusia no es el elemento más importante de esta amenaza. Creo que el ambiente de hoy es muy similar al de 1968 en Europa. Siento un estado de ánimo, que tal vez no sea revolucionario, pero sí impaciente. Pero cuando la impaciencia se convierte en un sentir colectivo, puede conducir a una revolución. El desempleo masivo de la juventud es quizá la razón más clara y visible.

La experiencia griega terminó en una derrota temporal. Pero si las lecciones del drama se difunden en los nuevos movimientos de lucha en Europa, éstos sólo pueden fortalecerse.

(Leer primera parte, clic aquí)

* Fuente: Solidaire
Traducción: Asociación Cultural Jaime Lago

Notas:
[xvii]Die Zeit Online, 15 de julio 2015
[xviii]The Guardian, 16 juillet 2015,
[xix]Le Journal des Rédacteurs20 de julio 2015
[xx]Die Zeit, 15 de julio 2015
[xxi]New Statesman 7 de julio de 2015
[xxii]Jacobin Magazine16 de julio 2015
[xxiii]New Statesman 7 de julio de 2015
[xxiv]RT, 18 Julio 2015
[xxv]CADTM 20 de julio de 2015
[xxvi]News, 18 de julio 2015
[xxvii]Jacobin Magazine16 de julio 2015
[xxviii]L’Humanité, 13 de julio 2015
[xxix]FAZ, 20 de julio 2015
[xxx]De Standaard, 18 de julio 2015
[xxxi]De GroeneAmsterdammer, 13 de julio 2015
[xxxii]MO, 20 de julio 2015
[xxxiii]Trends, 17 Julio 2015
[xxxiv]De Morgen 16 Julio 2015
[xxxv]Le Monde, 13 Julio 2015

Un comentario sobre “Trece tesis sobre el Dictado de Bruselas (II parte)

  • el 28 septiembre, 2015 a las 12:01
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    Hola compañer@s.Desde coca cola en lucha queremos pediros vuestra ayuda por las redes si es posible o como podais divulgarlo.

    La Audiencia Nacional quiere cargarse la sentencia suya y del Tribunal Supremo y quiere aplicarla en los términos de la empresa, es decir, recolocandonos en puestos de trabajo que nunca han existido en nuestro convenio y abriendo como almacén , cosa que venimos denunciando hace mucho tiempo que no tenia ningun futuro .

    Después de 20 meses muy duros de lucha se quieren cargar la sentencia que nos readmitia en las mismas condiciones, es decir, como centro productivo.

    Por eso os pedimos toda la presion posible contra este pucherazo y la Audiencia Nacional. Esta manipulacion de la sentencia va en contra de una sentencia y contra la democracia de este pais.No es posible que tengan miedo a aplicar el artículo 284 que le obligaria a abrir en las mismas condiciones o a seguir pagando hasta readmision en mismas condiciones.

    Muchas gracias.

    Salud.

    Dani

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