Trip Advisor para una mesa de paz

Por Nònimo Lustre. LQSomos.

Gomel en el siglo XII

Dado nuestro proverbial afán por ayudar a esos Servidores de la Verdad que son los medios de comunicación y sabiendo que son algunos los periodistas que están cubriendo en la ciudad bielorrusa de Gomel las conversaciones de paz que hoy han comenzado entre Rusia y Ucrania, hemos redactado estas sugerencias por si les llegaran antes del fin de las chácharas.

Señoras y señores informadores: están ustedes a 130 kms de Chernóbil. Entre el medio millón de los habitantes de Gomel, hay muchos con cáncer de tiroides, diabetes mellitus, inmunodeficiencia (VIH Chernóbil), distonía, encefalopatía y un sinfín de dolencias causadas por la radioactividad que surgió del estallido en 1986 de aquella tristemente famosa central nuclear. ¿Cuántos son muchos? Ay!, eso querríamos saber pero las autoridades (“siempre competentes”) no nos lo permiten porque, dicen, somos demasiado infantiles para entender sus excelsas cogitaciones epidemiológicas. A falta de mejores tareas, entretengámonos con unas postales turísticas:

Gomel. El palacio de los Paskevich, junto con los Rumyantsev, el duopolio de señores feudales de la comarca durante tres siglos

Después del turismo, pasemos al trabajo. Señoras y señores enviadas especiales, ¿qué preguntas pueden hacer a los delegados ruso-ucranianos? Puesto que, independientemente de que en Gomel se encuentren muchos o pocos periodistas europeos, lean y entiendan o no una palabra de ruso, como sus crónicas serán las que nos tenemos que tragar –en un alarde de su férrea defensa del derecho a la información, Europa ha dictado que las fuentes rusas están radicalmente prohibidas-, les pediremos que no hagan demasiadas preguntas y así nos ahorrarán leerles con la nariz tapada. Pero hay una inevitable: observadores oficiales u extraoficiales de OTAN-Europa, pese a que ustedes están inmersos en las consecuencias que acarrea la energía nuclear, ¿Europa sigue sosteniendo que lo nuclear y el gas son energías verdes? Todos sabemos la respuesta. A falta de mejor salida, al menos podrían avisarles de que, en Ucrania –donde la mitad de su energía es nuclear-, existen 15 reactores atómicos en 4 plantas eléctricas nucleares. Una mísera bala perdida podría desencadenar una catástrofe. Y, para que sepan de nuestra neutralidad, nos apena informar a los genocidas nazis que llevan ocho años masacrando a las dos repúblicas populares que forman el Donbas que, en la de Donetsk, cualquier día estalla la mina radiactiva de Yuny Komynar (Yunkom)

La foto de portada nos lleva a la repetida tesis de que Ucrania está dominada por una turba neo-nazi que hemos estudiado en notas precedentes. Si incluimos esta foto es porque la chulería tabernaria de los fachas –que en España conocemos de sobra-, es propia del autoritarismo extremo… y porque no la ponen muy fácil.

Por ello, la siguiente pregunta es para los periodistas teutones: no se la tomen como algo personal pero, ¿saben ustedes que, exactamente en Gomel, el 26.oct.1941, los nazis ahorcaron a tres partisanos bielorrusos: Maria (Masha) Bruskina (17 años), Volodia Shcherbatsevich (16 años) y el veterano de la I Guerra Mundial Kiril Trus? Pues si no lo sabían, ya lo saben.

Los tres partisanos, con los brazos atados a la espalda, se encaminan al patíbulo

Por ello, la siguiente pregunta es para los periodistas teutones: no se la tomen como algo personal pero, ¿saben ustedes que, exactamente en Gomel, el 26.oct.1941, los nazis ahorcaron a tres partisanos bielorrusos: Maria (Masha) Bruskina (17 años), Volodia Shcherbatsevich (16 años) y el veterano de la I Guerra Mundial Kiril Trus? Pues si no lo sabían, ya lo saben.

Los suplicios de la niña Masha et al tienen un relato ordinario: los partisanos fueron acusados de haber disparado contra los soldados de la Wehrmacht, fueron paseados por la ciudad para escarmiento público y fueron ahorcados. Pero, probablemente porque era judía, resulta que el nombre de Masha no fue recuperado hasta 1968 –los nombres de Shcherbatsevich y del baqueteado Trus fueron reconocidos enseguida. Llama la atención que Zoya Kosmodemyanskaya fue un caso similar pero Zoya era eslava pura y rápidamente la homenajearon. Sólo en 2009, develaron una lápida en honor a Masha.

Un milico nazi especializado en asesinar a niñas, imberbes y ancianos eslavos. En internet hay otras fotos de aquel triple asesinato, algunas incluso más desagradables que esta, pero no las utilizaremos

Si observamos los largos años transcurridos entre el asesinato de Masha y la recuperación de su nombre, colegiremos que hostilizar al nazismo ucraniano con métodos tan autoritarios como los militares, no es la mejor idea -ok, lo mejor es enemigo de lo bueno. En otras ocasiones aseveramos que tampoco era buena idea que una Europa –en esta guerra y en tantas otras, mamporrera de los EEUU-, amenazada por la extrema derecha ayudara a Ucrania sin distinguir a quién entrega las armas: ¿al pueblo o a los innumerables batallones Azov cuya aplastante influencia nos ha vuelto a recordar la foto del delegado macarra? En contacto con los azovianos, el latente fascismo europeo corre el riesgo de derivar en fascismo patente.

Los primeros síntomas ya son evidentes: no triunfa la unanimidad racional sino el Pensamiento Único -antesala del fascismo. Alemania se rearma, el sacrosanto deporte deja de ser apolítico y tanto el ajedrez y el ballet clásico como Tólstoi corren riesgos. Es previsible que crezcan los mercenarios -las mafias rusas se frotan las manos. Más siniestro es que las ucranianas, vientres de alquiler preferidos por las empresas española de ‘reproducción asistida’, se vean aún más obligadas a fabricar bebés rubios. Y un pequeño detalle: Suiza olvida su neutralidad fundacional y se apresta a robar los activos rusos. Mientras tanto, los periodistas occidentales mutan en bomberos pirómanos – es impensable que se declaren en huelga en solidaridad con sus colegas rusos. Todo ello mientras docenas de guerras olvidadas intencionalmente siguen causando muchos más muertos que los contabilizados en Ucrania-Rusia. Esta infecta asimetría nos irrita especialmente.

Contra ello, prohibir que los europeos conozcamos la parte rusa de la moneda, es no sólo pésima idea por inútil en la Era Internética sino que, amén de infantilizar a la ciudadanía, es un paso infinitamente canalla en el desprecio que Europa siente hacia esas libertades elementales que cacarea a toda hora. Veámoslo ad hominem:

Historia emocional

Las guerras europeas despiertan las pasiones más inconfesables. Las otras guerras también pero dellas sólo sabemos lo que nos explican paternalmente los intelectuales europeos, como si les fueran ajenas. La guerra actual ha estimulado la cochina envidia que Josep Borrell (75 años) siente hacia Javier Solana (79), su amigo, su correligionario y su predecesor en las intrigas palaciegas que se firman en Bruselas aunque se cocinan en Washington. Entendemos su desazón. Mientras que, a finales del siglo XX, el entonces secretario general de la OTAN Javier Solana se abandonó al placer de destrozar Yugoslavia por el expeditivo método de bombardear sus ciudades durante meses, Borrell ha de contentarse con comprar armas para los nazis ucranianos por el no menos expeditivo método de dilapidar en artefactos de muerte los bienes comunes ahorrados por los europeos. Peor aún para Borrell: ahora tiene que predicar que la UE siempre ha defendido la ley universal que prohíbe seccionar los Estados y atentar contra la soberanía de cualquier país –salvo que sean Yugoslavia y la larguísima lista de los países que Occidente ha aniquilado desde hace cinco siglos.

Otrosí, Solana firmaba la Muerte en gabinetes secretos pero la implementaba en vivo televisivo. Borrell mata vociferando que ha regalado a (buenos) nazis eslavos los cientos de millones apalabrados para un Fondo europeo ‘por la Paz’. Borrell sólo sabe este latinajo: “Si vis pacem, para bellum”. Por su lado, Solana no necesitó convencer a nadie de que, si quieres paz, prepárate para la guerra –aunque quizá su vesania le sobrevino por no saber latín. En definitiva, Borrell sólo es un heredero vicario de Solana aunque, probablemente, está preparando la puerta giratoria que le lleve a presidir la OTAN -un trono con más cuchillos que cualquier serie televisiva. Por lo pronto, ya ha instaurado la censura sobre los medios rusos, no fuera a ser que los ingenuos niñatos europeos caigan en las maquiavélicas mentiras moscovitas. Muy bien, nos parece buena estrategia esta de ocupar la poltrona de la OTAN habiendo previamente borrado el derecho a la información. Excelente tarjeta de presentación ante los milicos transatlánticos. Seguro que en su CV la ilustra con las fotos que se hizo en Barcelona al lado de los franquistas de Vox. No en la plaza de Colón, dios nos libre, sino durante la invasión de Catalunya que se perpetró desde el Pikolín, aquel grotesco paquebote de turismo infantil donde los agresores se robaban mutuamente –la cabra tira al monte aunque sea en el agua.

Item más, Borrell está más horrorizado con la invasión de Ucrania que, por ejemplo, con los bombardeos de Yemen por parte de Arabia Saudí -lógico, en el bazar de las armas, ‘el cliente siempre tiene razón’. El colmo de su espanto lo reserva para ese ‘enloquecido’ Putin que ha puesto a su fuerza nuclear en estado de alerta. Espantosísima amenaza ante la que nos preguntamos, “Ah!, pero ¿todas las potencias nucleares no están permanentemente en ese estado?”. Por ello y para finalizar, nos permitimos recordarle una sola palabra: Palomares. Por si padece mala memoria, le informamos que, en 1966, esa aldea de la costa de Almería fue bombardeada con cuatro (4) bombas nucleares. Sería por accidente y éste lo sería por diseño (poco) inteligente del Altísimo o por acumulación de aviones ‘estratégicos’ gringos sobrevolando España pero el resultado fue que España es el único país europeo que ha sufrido un ataque nuclear.

– Imagen de cabecera: Gomel, conversaciones de paz. La bandera ucraniana está en manos de un delegado con gorra, seguramente un neo-nazi, gente que no cuida ni las formas ni las vidas ajenas.
Todas la imágenes se amplían pinchando sobre sobre la imagen y abriendo en otra pestaña con el cursor derecho

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