Un clásico social: “Odio en las entrañas”

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez. LQSomos.

Tiempos eran tiempos: después de El espía que surgió del frío (The spy who came in from the cold, USA, 1965), el “black liste” Martin Ritt llevó a cabo otra adaptación literaria, concretamente de la novela Lament for the Molly Maguires de Arthur H. Lewis que aquí editó Bruguera como Te veré en el infierno, y el guion del también “black liste” Walter Bernstein. La película se llamó aquí Odio en las entrañas (Molly Maguires, 1970), que se centra en la actividad de la sociedad secreta de carácter sindicalista (y de autodefensa que no desdeña la acción terrorista) como los Molly Maguires, o los mineros de origen irlandés en las minas de carbón de Pennsylvania acogidos a verdadera de la antigua orden de los Hibernians, usado como núcleo argumental.

Se trata de un enérgico testimonio fílmico sobre esta lejana liga de los Molly MagGuire, y en la que se ofrece una penetrante aproximación al tema de la traición de clase, un tema inherente al movimiento obrero, concretamente a unos inicios de sindicalismo basada en la acción directa, y la contra-violencia proletaria que antecede la creación de la Industrial Workers of the World (IWW).

Aunque fue un fracaso en su momento, se trata de una película que ha ido ganando reconocimiento con el tiempo, y que se ha erigido en un pequeño mito entre los propios obreros. El tono de trama de violencia y de traición se sitúa en una época (1876) en la que aparición de los primeros sindicatos obreros era combatida con la represión policíaca, complementada por la actuación especializada de los agentes de Pinkerton, la única fuente existente sobre los acontecimientos, lo que vale decir que la novela rescata la historia de las manos de los peores sabuesos. El film no se centra sólo en la crónica de unos hechos de base histórica, sino en las dudas morales del agente McParlan una vez ha conocido las condiciones de explotación de los activistas, y en el eterno debate sobre los fines y los medios.

Evoca el caso de un antiguo minero que “está cansado de mirar siempre hacia abajo”. Los activistas tienen que trabajar clandestinamente, utilizando muchas veces el amparo de sociedades religiosas, como es el caso de una comunidad minera situada en Pennsylvania. Los mineros son galeses o irlandeses, obligados a emigrar huyendo del hambre y en busca de su tierra de promisión. La represión patronal era especialmente brutal, y por lo tanto los métodos organizativos resultan muy estrictos ya que se tienen que enfrentar con la patronal, la policía y los “Peelers” o esquiroles.

Bajo el amparo de una organización religiosa y mutualista amplia, se esconden la Liga de los Molly Maguires, que toman el nombre de una banda rebelde que existió en Irlanda, y que no duda en emplear la contraviolencia cuando lo cree necesario.

A través del policía, que representa a la fuerza que salvaguarda el poder de los patronos, se describen las condiciones opresivas de vida y de trabajo de los mineros, los abusos en los salarios y en unas secuencias aparecen los esbirros empleados en las minas. Por un momento parece que el policía va a reaccionar y ser solidario con los compañeros, pero es lacayo al servicio de la represión brutal y no duda en el asesinato.

Obviamente, Martin Ritt nos hace simpatizar con los mineros que luchan por la justicia y padecen por ello. Esquemáticamente como corresponde a una situación de injusticia social flagrante, la película subraya la brutalidad de la represión, como en el plano final, donde el policía permanece impasible ante el cadalso que se prepara para dar muerte a los sindicalistas o en el empleo de la fuerza sucia por parte de la policía. Los Molly Maguires aparecen como un grupo que no descarta la acción terrorista y que llega a emborracharse con la violencia a la que se han acostumbrado (secuencia en la que destruyen e incendian el almacén de ropa) y apenas se indican las causas de sus acciones de sabotaje.

Sólo cuando asesinan al superintendente nuevo de la mina en un pueblo cercano dicen hacerlo a petición de los mineros de ese y debido a que el empleado abusaba de su posición y recortaba salarios. La película ha sido apreciada de modo diverso. Se le ha criticado el enfoque simplista, algo que suele ser habitual cuando el cine se pone al lado de los trabajadores. Cierto es que según como la lucha social puede aparecer como una cuestión “de cojones” para los mineros, y que el duelo entre los dos protagonistas, el que representa la fidelidad de clase y el turbio traidor, puede parecer propio de un “western”. Se puede decir que la película es mejorable desde este punto de vista, pero en lo fundamental, creo que todo resulta claro. Por ejemplo, cuando la chica que quiere salir de allí prefiere seguir en aquel “pozo” antes que transigir con la traición.

Odio en las entrañas no se habría hecho de no haber sido por el apoyo de su protagonista, Sean Connery que se encontraba en su mejor momento (gracias a su colaboración con Sidney Lumet en películas tan notables como La ofensa, o La colina, esta última es un árido alegato antimilitarista), que apoyó el proyecto e incluso hasta ejerció como coproductor. Le acompañaron con no menos convicción Richard Harris como el traidor, la estupenda Samantha Eggar (recién salida de El coleccionista), así como una buena lista de secundarios al frente del cual encontramos a Frank Finlay. La fotografía de James Wang Howe y la música de Henry Manzini han quedado para la historia del cine. Una película para recordar que la lucha por la dignidad de los trabajadores y trabajadoras sigue siendo una tarea primordial.

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Un comentario en «Un clásico social: “Odio en las entrañas”»

  • el 11 diciembre, 2021 a las 20:08
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    En EE.UU, primer Congreso obrero se celebró en Nueva York el 12 de octubre de 1845. En él se acordó la organización de una sociedad secreta para apoyar las reivindicaciones del proletariado americano.

    La Liga de las ocho horas que se organiza en Boston el año 1869, adoptó decididamente el programa socialista. En Filadelfia se organiza en el mismo año los Caballeros del Trabajo, asociación que entonces tenía grandes aspiraciones. De 1870 a 1871 empezaron a organizarse entre los alemanes residentes en los Estados Unidos las primeras fuerzas de la Asociación Internacional de los Trabajadores. La influencia que esta sociedad ejerció en el movimiento obrero americano fue notabilísima. Como consecuencia inmediata de la organización de La Internacional, se declararon en huelga en Nueva York más de cien mil obreros.
    Desde 1873 a 1876 huelgas en los estados de Nueva Inglaterra, Pensilvania, Illinois, Indiana, Misuri, Maryland, Ohio y Nueva York, viniendo a ser así como el preámbulo de los últimos acontecimientos.
    (Momento en que la pelicula presenta el tema).

    Las grandes huelgas de empleados de ferrocarriles en 1877 fueron el comienzo indudable del conflicto entre el capital y el trabajo.
    En 1880 quedó organizada la Federación de los trabajadores de los Estados Unidos y Canadá, y en octubre de 1884 se acordó en una reunión celebrada en Chicago, que se declarase el 1º de mayo de 1886 la huelga general por las ocho horas.
    El 11 de noviembre de 1887. Los mártires de Chicago: Cuatro hombres ahorcados, un suicidio y tres ciudadanos en presidio, todos ellos sindicalistas. El terror del Estado USA contra el sindicalismo norteamericano.

    En EEUU, desde el primer momento (1845), el movimiento sindical tiene que recurrir a organizaciones secretas para protegerse y defenderse, los trabajadores organizados eran lo más peligroso del mundo para el empresario y para el estado.
    En Europa, no recurrieron a organizaciones secretas hasta el Congreso Internacional Anarquista de 1881, en París. Los continuadores de la I Internacional, tras su disolución legal en 1876.
    El hecho de que a uno le podían matar por pedir 8 horas de trabajo, ya muestra la violencia inherente, aunque se tomase como algo normal y simple, metidos en el contexto.
    En Europa, entre 1825 y 1914, se van a cometer más de 30 magnicidios, y en su mayoría nada tenían que ver las organizaciones obreras. En EEUU la magnífica película sobre la constitución del estado en Nueva York, muestra que pacifica, no fue.
    La violencia ya estaba cuando se crearon las organizaciones obreras.

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