Guadi Calvo*. LQS. Marzo 2018

Todas las organizaciones salafistas de África a excepción de la somalí al-Shabaab, parecen estar jaqueadas y batiéndose en retirada tanto por los ejércitos nacionales o las fuerzas europeas y estadounidenses, que operan fundamentalmente en el Sahel. A estos embates militares, los grupos wahabitas están perdiendo la financiación saudita y qatari, sin duda por las presiones de Washington, que en su momento las ha tolerado

Mientras tropas francesas y norteamericanas baten, sin resultados, desde hace años el norte de Mali y Níger en búsqueda de muyahidines, vinculados tanto a al-Qaeda y al Daesh, este último viernes, en el barrio diplomático de la ciudad de Ouagadougou, capital de Burkina Faso, a unos 900 kilómetros al sur de aquellas áreas, fueron atacados de manera simultánea la embajada francesa y la sede del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas (EMGA), muy próximo a un instituto de enseñanza francés, por un número indeterminado de militantes, que han dejado según la fuente entre 18 y 42 muertos y cerca de 100 heridos.

Se cree que el ataque pudo tener como objetivo una reunión del G5 Sahel una organización fundada en 2014, compuesta por Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Níger, para la coordinación y seguimiento de cooperación regional para políticas de desarrollo y seguridad, que además administra los aportes de las potencias occidentales para luchar contra el terrorismo que golpea a esas naciones con una fuerza conjunta de 5 mil efectivos. El lugar del encuentro en dependencias del EMGA, había sido cambiado de salón a último momento, lo que salvó la vida de los participantes ya que la sala asignada en primer lugar resultó totalmente destruida por efecto de los combates.

El asalto fue rápidamente contenido por unidades especiales de las fuerzas de defensa y seguridad locales, la guardia de la embajada y reforzada rápidamente por efectivos de las comandos especiales franceses del grupo Sabre, acantonadas en la ciudad.

Apenas 24 horas después del doble atentado, se conoció un comunicado de Jama’at Nusrat-ul-Islam wal-Muslimin (Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (GSIM)), tributario de al-Qaeda, revindicado la acción en venganza por una operación de las tropas francesas en Mali, donde fue muerto el sheik Mohamed Hassan al-Ansari uno de sus comandantes. Jama’at Nusrat, que por estos días ha cumplido un año de su integración (Ver: Sahelistán del Nilo al Atlántico.) cuyo líder es otro veterano combatiente el tuareg Iyad Ag-Ghali, antiguó jefe de Ansar Eddine (Defensores de la Fe). La composición de esta organización es un cumulo de grupos integristas con importante presencia a lo largo del Sahel, con epicentro en el norte de Mali y Níger, donde “casualmente” se encuentran importantes yacimientos y explotaciones de uranio pertenecientes a empresas francesas. El surgimiento de Jama’at Nusrat, también ha generado gran inquietud por la seguridad de los países europeos del litoral mediterráneo.

Hassan al-Ansari, era uno de los hombres más próximos al argelino Mojtar Belmojtar, uno de los terroristas más buscados del mundo, jefe histórico del fundamentalismo wahabita en África, veterano de la guerra antisoviética de Afganistán, cabeza e ideólogo de innumerables ataques en su país y una amplia área del Sahel.

En el atentado del último viernes, murieron al menos ocho efectivos burkineses y siete atacantes mientras la lista de las otras bajas no se ha dado a conocer. El ataque es el tercero que se ha producido en esa capital en estos dos últimos años. En enero de 2016 los objetivos fueron el hotel-casino Splendid y el café Cappuccino, dejando más de 30 muertos y unos 180 heridos. Aquel ataque el más importante sufrido por la ciudad de Ouagadougou, fue revindicado por el grupo de Belmokhtar, al-Murabitun, (Los que firman con sangre) entonces tributario de al-Qaeda para el Magreb Islámico y hoy integrado al GSIM.

En agosto último otro sangriento atentado contra el restaurant turco Aziz Istanbul, situado a unos 200 metros del café Cappucino, dejó 18 muertos y 20 heridos, aunque la identidad de los ejecutantes nunca ha sido aclarada.
Estos no han sido los únicos atentamos de signo fundamentalista sucedidos en el país, ya son más de 80, aunque de menor gravedad, desde 2015, se contabilizan unos 135 muertos.

Llamó la atención que los atacantes del viernes llevaran uniforme militar, según declaraciones del Coronel John Arthur Diasso, director de comunicaciones del Ministerio de Defensa, todavía no se sabe si habían sido comprados o parte de los 400 uniformes robados a una tienda de ropa militar en marzo de 2017.

En plan de conjeturas es importante señalar que el lunes 26, habían comenzado los juicios a una importante cantidad de militares involucrados en la intentona golpista de 2015, por lo que el ataque del viernes de alguna manera podría estar relacionado a los juicios.

¿Qué hacer con el Sahel?

A la presencia militar en el norte de Mali, con la operación Serval de 2012, seguida de la Barkhane que a partir de 2013, mantiene unos 3 mil efectivos intentando controlar la actividad terrorista en gran parte del Sahel, desplegados en una línea de campamentos militares que se extienden desde Mauritania hasta el Chad, a esta estrategia se le ha sumado desde un tiempo indeterminado efectivos norteamericanos, que de manera muy sigilosa operaban en Níger cerca de la frontera con Mali.

En esa amplia geografía también existe la presencia de la fuerza de la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Mali (MINUSMA), que desde 2013 brinda apoyo al gobierno de Bamako, con una fuerza de 13 mil hombres. Que ha sido atacada en diferentes oportunidades por los takfiristas que ya ha producidos la muerte de unos 120 cascos azules. Los últimos cuatro el 28 de febrero pasado.
El mundo junto al pueblo norteamericano se desayunó el 4 de octubre pasado que los Green Berets (boinas verdes), del SOC África-(Comando de Operaciones Especiales para África) no solo tenían funciones de entrenamiento a las fuerzas nigerianas, sino también de combate. Tras haber sufrido una emboscada que le costó la vida a cuatro militares norteamericanos y cinco nigerinos del poderoso Batallón nigerino de Seguridad e Inteligencia (BSR) tras sufrir una emboscada en la región suroccidental de Tillabery, próxima a la frontera con Mali (Ver: Cacería en el Sahel y Trump emboscado en el Sahel.). Los efectivos norteamericanos con base en Ouallam, a unos 100 kilómetros de Niamey, la capital de Níger, fueron atacados por un grupo que se transportaba en unos diez vehículos y veintena de motocicletas. Estas muertes produjeron un tormenta política dentro de los Estados Unidos, que ha salpicado no solo al presidente Trump, y el Departamento de Estado, sino y fundamentalmente a la CIA, que no había informado cabalmente la situación en el sector de la emboscada.

La emboscada además dejó al desnudo la intentona norteamericana de afianzarse en el Sahel, y hoy es más que evidente que con la excusa de vengar la muerte de los Green Berets, el Departamento de Estados se ha involucrado tanto como los franceses en la guerra que va teniendo cada vez más volumen de fuego.

A pesar de las operaciones que se han activado contra estos grupos, las actividades no se limitan al norte de Malí, sino como acabamos de ver se extienden cada vez con más frecuencia a Burkina Faso, llegando a Costa de Marfil, y amenazado Guinea y Senegal. A este cuadro hay que sumarle la siempre revulsiva presencia desde el sur de Boko Haram en Nigeria, que también ataca a Camerún y Chad.

Todas las organizaciones salafistas de África a excepción de la somalí al-Shabaab, parecen estar jaqueadas y batiéndose en retirada tanto por los ejércitos nacionales o las fuerzas europeas y estadounidenses, que operan fundamentalmente en el Sahel. A estos embates militares, los grupos wahabitas están perdiendo la financiación saudita y qatari, sin duda por las presiones de Washington, que en su momento las ha tolerado.

Así todo el día de la “victoria” sobre el terrorismo todavía está tan lejano, ya que mientras la miseria, la desocupación, las hambrunas, las epidemias, la violencia estatal, la explotación y la corrupción le sean impuestas al continente, seguirán surgiendo miles de jóvenes que se entregaran a esta guerra, o cualquier otra, enloquecidamente aunque sepan que tarde o temprano la vayan a perder. Mientras el fantasma de la muerte sigue recorriendo el Sahel con su reguero de sangre.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
África – LoQueSomos

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