Un serial killer camino de Caracas, ¿piensa en Noriega o en algo peor?

Nònimo Lustre. LQS. Enero 2019

Una navaja con tres punta para cortarte / la cara/ y destrozar tu sonrisa de fila india / una bota de doble suela / para rajarte cabeza / llena de tu políticamente correcta indiferencia / gringuita de mierda…

El 25-1-2019, Trump designa a Elliott Abrams como special envoy para Venezuela -en castellano, Virrey Visitador. Horas después, Josep Borrell, el irascible ministro de Asuntos Catalanes del Kingdom of Spain que habla inglés, convence a los mandamases de la Unión Europea (UE) para que permitan que España sea la primera en dar un ultimátum al Presidente Maduro: si en ocho días, no convoca elecciones, reconocerán a Juan Guaidó como Presidente de Venezuela. Naturalmente, los mandamases le dan ese capricho y, minutos después, la Europa del más rancio imperialismo, corea al President of Spain. Sabemos que los caprichos salen caros pero ignoramos cuánto nos costará a los españoles este antojo de un furibundo ministro de Exteriores adicto a patear las normas básicas del Derecho Internacional y de la Diplomacia –“dialogar siempre, imponer nunca”.

O quizá no tengamos que pagar ningún tributo a la UE sino que corear a Borrell haya sido la extravagante manera que haya escogido la UE para felicitarle por algunas de sus fachochadas habituales. Por ejemplo, quizá por estas dos (pen)últimas perlas: en medio de los peores bombardeos contra los civiles yemeníes, Borrell justificó la venta de 400 bombas láser made in Spain a los genocidas de Arabia Saudita con el peregrino sadismo de que se trataba de un «armamento de precisión» que «no produce efectos colaterales» sino que «dan en el blanco con una precisión extraordinaria» (13.IX.2018) Segunda perla: “En los Estados Unidos no hay problemas de integración porque lo único que hicieron fue matar a cuatro indios» (Borrell, 27.XI.2018)

Pero, volviendo a Elliott Abrams (EA), sabemos perfectamente quién es este genocida profesional: 71 años, judío neoyorkino y fontanero de Reagan y de Bush Padre en cuanta guerra sucia mantuvieron los USA en Centroamérica. Guatemala, El Salvador y Honduras están hoy asfixiadas de racismo, maras, narcos, empresas ecocidas y escuadrones de la muerte porque EA sembró en esos países cuanta cizaña pudo –y minas antipersona. Pero fue en Nicaragua donde este serial killer de guante blanco llegó a la cumbre de su malignidad pues fue el director de la guerra de los Contras. Pero, ansioso por marcar muchas más muescas en su pistola, EA se excedió en su propia sinvergonzonería hasta tal punto que tuvo que ser condenado –regañado, más bien- en el escándalo IránContra o Irangate (1985-1986, un chanchullo prohibido en sus dos caras por el Senado gringo y con muchos narcos por medio, de ventas de armas a Irán para con ese dinero financiar a los Contras nicaragüenses)

Hoy, dejaremos a un lado a esos cuatro países para, sin respetar el orden cronológico de las barrabasadas del satánico EA, centrarnos en Brasil y, especialmente en Panamá.

Brasil, derrocamiento de 1992

A finales de los años 1990’s, quien suscribe padecía el insano prurito de consultar la propaganda de varias think tank gringas (depósitos de pensamiento o, mejor, tanques pensantes) Me fascinaba la insolencia dizque académica de eximios chiringuitos como, por ejemplo, la Hoover Institution, la Brookings Inst., la Rand Co. y el Hudson Institute. Con el tiempo, mi corazoncito se lo llevó la Rand pero el que hoy nos interesa es el Hudson Inst., por la sencilla razón de que, en uno de sus lujosísimos folletos, leí un artículo de EA en el que, a propósito de Brasil y de su entonces Presidente Collor de Melo, EA dictaba:

“Sin embargo, la situación no es crítica y, si la presidencia de Collor se ve acortada, uno no espera un estallido de violencia o un movimiento extra-constitucional de los militares” (EA, Hudson Briefing Paper, nº 139, pág. 10; mi traducción)

Más claro no canta un gallo; EA acababa de sentenciar al presidente de Brasil. Y, en efecto, EA publicó su ukase en abril de 1992 y, ocho meses después, en diciembre del mismo año, Collor de Melo fue dimitido. Tremendo poder el de EA cuando anunció tal cataclismo en un pinche artículo en una de las muchas think tank que ya había en los USA –aunque, las citadas eran las más escuchadas por la NSA-CIA para averiguar dónde sus finísimos matones tenían que machacar la democracia de turno-. Y, recordemos que Collor no era ningún comunista sino todo lo contrario, un demócrata profesional que, hasta la fecha, ha militado en ¡ocho partidos brasileños! (Ramón Tamames, chúpate esa) Pero, por boca de EA, le cayó mal a los gringos quienes no sólo le botaron de la Presidencia –tan amigo que era de los USA- sino que le condenaron al ostracismo durante varias décadas –sólo le dejaron aspirar a la gobernación de algún estado brasilero de quinta categoría-.

Panamá, invasión de 1989-1990

Lo de Collor de Melo fue una vulgar injerencia en las politiquerías brasileras pero tuvo un antecedente infinitamente más infame: la invasión de los marines contra Panamá allá por 1989. EA se botó: en esta su maldita hazaña, pagada por un mínimo muy mínimo de 3.000 civiles panameños asesinados, dejó chiquitas sus hazañas pasadas y ojalá que futuras –dicho sea pensando en su proyectada invasión de Venezuela-. Porque fue el mismísimo EA quien no sólo dinamitó todo el diálogo entre el presidente de facto (y por golpe) M.A. Noriega –tan amigo que era de los USA-, sino que escogió la vía militar o invasión pura y dura, amén de sangrienta.

Para lograr tan triste hombrada, no nos olvidemos que EA, pese a ser de religión judía, contrajo nupcias con el entonces Nuncio en Panamá, el arzobispo español José Sebastián Laboa Gallego. Este purpúreo diplomático, convenció con artes vaticanas a Noriega para que se asilara en la Nunciatura y, en cuanto el generalito ex amigo de la CIA cayó en la trampa, el Judas tonsurado le entregó a los marines. La continuación es bien sabida: enchironaron al panameño hasta la muerte. Y la coyunda USA-Vaticano tuvo (maldita) gracia: un EA que pocos años antes había sido condenado por su propio Senado acusándolo de amistades con los narcos, acusó a Noriega de narcotraficante. “Aparta negro, le dijo la sartén al cazo”.

¿Y Venezuela?

Hace escasos días, Guaidó habló de que, en sus planes como Presidente Absoluto, entraba “amnistiar a Maduro”. Increíble pero, enfin, se le ve aficionado a vender la piel del oso antes de matarlo. Pese a ello, rutinas de campaña electoral aparte, su atrevimiento me llamó la atención fundamentalmente porque se olvidó de China, Rusia, etc. Y, cuando supe del nombramiento de EA, la atención se encrespó, los cabellos se me erizaron y la conclusión no se hizo esperar: ¿Trump ha enviado a EA para repetir con Maduro la jugarreta panameña? Y, en tal caso, el Judas de turno, ¿también estará tonsurado? Y, mucho más importante, ¿EA estará pensando “sólo” en un segundo Noriega o estará masturbándose con la suerte de Sadam Hussein y de Gadaffi?

Sea como fuere, termino con la primera estrofa de American Girl, un poema de la limeña Rocío Silva-Santisteban. Y se lo dedico a EA porque le joderá puesto que es poesía escrita por mujer sudaca:

Una navaja con tres punta para cortarte / la cara/ y destrozar tu sonrisa de fila india / una bota de doble suela / para rajarte cabeza / llena de tu políticamente correcta indiferencia / gringuita de mierda…

NB. Quien suscribe no es chavista, ni madurista, ni nunca lo ha sido. Pero no puede tolerar que asesinos profesionales como EA sigan llevando la muerte gringa a América Latina.

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