malloArturo Seeber Bonorino*. LQSomos. Noviembre 2015

Ernesto Mallo es uno de los grandes autores argentinos de novela negra actual. Con su personaje, el comisario Lascano, apodado el “perro”, ha dejado tres novelas que, en España, llevaron los títulos de Crimen en el barrio del Once, Los hombres te han hecho mal y El policía descalzo de la Plaza San Martín, trilogía agrupada posteriormente en un solo tomo.

En un estilo llano, directo, sin florituras, sin sobrante de palabras, al más puro estilo de la novela negra norteamericana, estas obras breves (bien se ha dicho que una novela no necesita ser grande para ser una gran novela) han sabido condensar, en pocas páginas, lo peor del mundo del hampa argentino, la corrupción policial y de las instituciones, la prepotencia de los militares que a golpe de fusiles se hicieron reiteradas veces con el poder en el país.

Anunciaba la continuación del “perro” Lascano, y se la esperaba con inquietud. Y llegó La conspiración de los mediocres. Y así como la leímos, nos decepcionó.

Ernesto Mallo se mete en lo que no es su terreno. Acaso quiere ser “más literario”, y abunda en imágenes pobres, tópicas y las más de las veces indescifrables.

El primer capítulo de la novela, que es del que se espera enganche al lector, ya nos introduce en el mundo de lo inverosímil. Un jerarca nazi refugiado en Argentina recibe la visita de un miembro del Mossad que va a matarlo. Por una extraña decisión, que no hay dios que la entienda, el asesino, tras quitar todas las balas de su pistola y alinearlas sobre una mesa “en línea perfecta” y dejando una sola en el arma, se la extiende a su próxima víctima y espera a que se suicide y también espera, claro, que esa bala no se la dirija a él. ¡Vaya sicario!

Su prosa confusa se puebla de cacofonías, de larguísimas descripciones costumbristas inútiles, de las que utilizan muchos escritores para agrandar, como quien le echa más agua a la sopa, y, en una rara mezcla de Musetta y de Mimí, mete a saco a los nazis, a la subversión, a la represión, al asesinato del comisario Villar, todo amalgamado con el romance de Lascano con una estudiante judía que, en el más trágico final romántico, da broche final a la novela con su muerte.

En fin, que mediocre, más que el título, ha resultado la novela. Si no supiéramos que es de Mallo, sospecharíamos que es obra de un principiante, su primera novela. Pero no hay que alarmarse. La inspiración, en muchos autores, no suele ser uniforme. El académico argentino de la lengua Ángel Battistessa que a los grandes artistas, como a las grandes cadenas montañosas, hay que juzgarlos por sus picos más altos. Si debiésemos considerar a Cervantes por su pobre poesía y por sus malas novelas, como La gitanilla, nadie nos podría convencer de que es el genio literario.

Sería, pues, bueno que Ernesto Mallo olvide esta obrilla, reflexione y pueda retornar a la recta vía que ha perdido. Lo esperamos en su próxima novela.

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* Arturo Seeber es miembro de la Asamblea de redacción de LoQueSomos

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