Un virus no es una bacteria

Francisco Cabanillas. LQS. Abril 2020

… para la inmensa mayoría de bacterias existen antibióticos
y existe tratamiento. Para la inmensa mayoría de virus, no.
Enrique Royuela Casamayor

Cada vez el azar
nos depara una combinación nueva.
Por eso no es posible dejarlo todo
al azar.
Rafael Acevedo

PRIMERA PARTE

I

Ahora que el coronavirus nos tiene encerrados, el poeta —quizás un personaje de la literatura de Yván Silén, Rafael Acevedo, Marta Aponte Alsina, Yoss, José Rabelo…— se mira frente a la pared, no al espejo, en busca del reflejo que no existe. Sin saberlo, desde el otro lado del mundo, un ensayo le pisa los talones: “El individualismo frente al espejo” (Pablo Hidalgo Cobo, 2020).

Hay que viajar, dice frente al muro blanco. Hay que salir.

Piensa en las Crónicas de Indias; en Alonso Ramírez, en Cabeza de Vaca. Recuerda el viaje en barco de vapor de Eugenio María de Hostos a Suramérica (Colombia, Panamá, Perú, Chile, Argentina) a principios de 1860.

Pasa las páginas; como si fueran horas interminables metido en una nube de humo que lo conecta con todo, lee, en la pared en blanco que tiene en frente, el torrente de literatura que fluye, incluidos textos de la “La biblioteca de los libros no leídos” (2019) de Cristian Vázquez; hasta que un poema agresivo, “Paraísos” (2006), sin ampararse en el quietismo, detiene el flujo de imágenes para crear su propio sentido del movimiento.

Tensión. Movimiento retórico, demasiado político, contenido en una hilera de preguntas. Un cuestionamiento en cadena que arma la primera estrofa de siete versos-oraciones-preguntas del breve poema en prosa de dos estrofas, once versos y nueve preguntas en total, cuya primera interrogación marca los parámetros del resto del poema:

“¿Cuánto de lo que se guarda en paraísos fiscales viene de visitas a paraísos artificiales?”

Clave. Coordenadas (paraísos fiscales y paraísos artificiales) dentro de las que se mueven las ocho variaciones siguientes a la pregunta inicial; versiones que moldean en gran parte el poema de nueve preguntas, hasta que, al final, en poco más de dos versos, una propuesta (quizás también una respuesta) contundente lo acopla todo a una escena callejera (de la que se hablará más adelante).

II

La primera pregunta, parafraseada en breve, prende la llama poética: ¿cuánto de la economía oculta viene del narcotráfico? Muchísimo, parece contestar, mediante preguntas, “Paraísos”; el torrente de dinero que fluye por las venas de Wall Street y sus paraísos fiscales —para un botón reciente, los Panama Papers (2016)— registra visitas (¿inyecciones de El Chapo?) a los paraísos artificiales del narcocapitalismo.

La geopolítica de la llamada “guerra contra las drogas,” que empieza el presidente Richard Nixon en 1972, ha sido por ello consistente. Extinguir por un lado la resistencia al capitalismo en Nuestra América, para promover por el otro el narcotráfico, ahora con bases en Colombia y México, de modo que el mercado más grande de los paraísos artificiales esté en Estados Unidos y la violencia a borbotones en América Latina.

Inmediatamente, la segunda pregunta que moviliza el poema,

“¿Dónde están los paraísos fiscales?”

desacelera el impulso de la pregunta inicial:

“¿Cuánto de lo que se guarda en paraísos fiscales viene de visitas a paraísos artificiales?”

Desaceleración crítica. Pausa estratégica. Al plantear una interrogación sobre lo que se sabe —la geografía de los paraísos fiscales—, la segunda pregunta abre el foco de la respuesta a otras dimensiones; lo que permite una propuesta como ésta: en términos relacionales, los paraísos fiscales están en todas partes (en este caso, no solo en Suiza, Islas Caimanes o Panamá).

Inscritos a lo largo y a lo ancho del narco-neoliberalismo-neofascista actual (por lo menos hasta el brote de coronavirus), la voluntad de los paraísos fiscales llega a todas partes; sintiéndose duramente en el día a día de los que padecen los programas de austeridad del FMI y el Banco Mundial.

Abierta, pues, a las conexiones entre el capital y la cocaína, la tercera pregunta,

“¿Cuánto por la nariz se viaja a los secretos?,”

apunta hacia la geopolítica entre el “polvo blanco” y los privilegios y beneficios de una economía oculta, paradisíaca, casi mágica, que hace de la evasión de impuestos para los grandes capitales una realidad paralela, virtual; capaz de transformar la ficción de una dirección postal-fantasma en las Islas Caimán, en la realidad concreta y sonante de un apartamento multimillonario en la 5ta Avenida de Manhattan.

Geopolítica; línea recta entre la nariz y la secretividad financiera, al final de la cual rigen los misterios, cábala plutocrática, que solo el llamado capitalismo de casino (sinónimo de neoliberalismo) puede descifrar:

“¿Cuáles son los números de la quiniela?”

¡Bingo! El delirio de la nariz empolvada deriva en el triunfo de la fantasía financiera; musa que gana siempre las apuestas fiscales; que nunca pierde, por más que Wall Street destruya la economía en 2008, en el casino de la financiarización, mismo que se inventa paraísos para la economía ficcional.

El nudo corredizo entre los paraísos artificiales y los paraísos fiscales, ruta con carril exclusivo para la CIA, registra una política económica que, cuando el lazo se corre hacia el lado “benigno,” levanta sospecha:

“¿Dónde la frontera entre el cuento liberalizador y la cuenta secreta?”

Elipsis; presencia ausente del verbo “estar.” ¿Dónde está la frontera entre el cuento y la cuenta? Ausencia de verbo que desenmascara la sospecha. La frontera ESTÁ en el cruce de la legalización a la corporatización de los paraísos artificiales (como en el caso de la marihuana medicinal).

Inscrita en el ADN neoliberal, que traduce liberalización como monopolio y acumulación, la raya entre “el cuento liberalizador y la cuenta secreta” no se puede cruzar, porque la cuenta secreta marca el apetito feroz de la corporatización neoliberal.

“Cuenta secreta”; voracidad que, en el breve espacio de una pregunta,

“¿Cuándo se muere uno para llegar al paraíso?”

contiene la fuerza tanática característica de las medidas de desposesión, precarización y desconexión social del narco-neoliberalismo-neofascista; individualista, insensatamente solipsista, cuya desigual distribución necropolítica de la riqueza mata en vida a la clase trabajadora que desindustrializa en los países industrializados y que sobreexplota en los países en vías a convertirse en nuevas potencias económicas (como China e India).

¿Cuántas veces hay que morirse?

Si al paraíso se va después de la muerte, la primera estrofa de este poema en prosa termina con la única pregunta de rigor que cabe hacerse en el contexto neoliberal:

“¿Todo paraíso es fiscal?”

III

En la segunda estrofa de cuatro versos, la prosa poética plantea las dos últimas preguntas del poema, otra vez elípticas, pero ahora el verbo elidido es diferente; en vez de “estar,” un verbo bífido, “consumir/producir,” tramita en un caso el consumo de cocaína que produce riquezas en determinado paraíso fiscal y en el otro, el consumo de marihuana que produce riquezas en otro paraíso fiscal:

“¿Cuánto en polvo blanco en la Suiza nevada? ¿Cuánto / en papel bambú en las Islas Caimán?”

No es tanto que en la Suiza nevada se consuma mucho polvo blanco, sino cuánto del consumo globalizado de cocaína llega a los paraísos fiscales de la Suiza nevada, blanca y prístina, cuyo neoliberalismo blindado invisibiliza la pregunta; cuánta de la marihuana ilegalizada, que se fuma en papel bambú, se limpia en los paraísos fiscales de las Islas Caimán…

Al final de la segunda pregunta,

“¿Cuánto / en papel bambú en las Islas Caimán?,”

la prosa poética salta; se sale de las interrogaciones y se lanza al abismo de la representación.

Irrumpe, en los tres últimos versos del poema, resultado de la globalización neoliberal de los paraísos fiscales y artificiales; irrumpe una escena urbana, tipo respuesta tácita, poética, dramática, trágica, a las nueve preguntas anteriores. Escena que se ha hecho tópica en la literatura puertorriqueña de las últimas décadas: la del tecato (drogadicto) que pide dinero en los semáforos. Escena con la cual termina el poema:

“Y en medio / de las luces rojas un joven llagado como San Lázaro pide limosna para viajar al paraíso a través de las venas.”

Fin de un poema infernal: “Paraísos.” Término de una prosa interrogativa que plantea ángulos, cortes, del narco-neoliberalismo-neofascista globalizado, para estrellarse en la realidad callejera del Puerto Rico neoliberal, donde un tecato pide dinero en una luz roja para pincharse las venas con heroína.

(Por las noches, duerme en la acera de la Plaza de Beneficencia de Río Piedras).

IV

“Paraísos”:

“¿Cuánto de lo que se guarda en paraísos fiscales viene
de visitas a paraísos artificiales? ¿Dónde están los
paraísos fiscales? ¿Cuánto por la nariz se viaja a los
secretos? ¿Cuáles son los números de la quiniela?
¿Dónde la frontera entre el cuento liberalizador y la
cuenta secreta? ¿Cuándo se muere uno para llegar al
paraíso? ¿Todo paraíso es fiscal?

¿Cuánto en polvo blanco en la Suiza nevada? ¿Cuánto
en papel bambú en las Islas Caimán? Y en medio de
las luces rojas un joven llagado como San Lázaro pide
limosna para viajar al paraíso a través de las venas.”

SEGUNDA PARTE

V

“Paraísos” pertenece a la segunda de tres partes, “Economía de las pasiones,” “Prosa de la mundanal economía” y “Nombres del eco,” que componen Moneda de sal (2006) de Rafael Acevedo; un poemario antineoliberal,

“Yo no me opongo a ti como el capital / al trabajo,”

que muchas veces, como en “El sujeto proletario, ¿para qué?,” se refiere al intercambio económico-político desde el lenguaje sexual androcéntrico, y no por ello necesariamente macharrán:

“Tus muslos inician la fábrica.
Un problema de producción
y no de representación:
Tu brillo patronal,
mi sudor proletario.”

En otros poemas, como “Criminalidad,” Moneda de sal pasa del intercambio erótico-económico a la violencia sistémica neoliberal:

“Es sencillo.
Salarios más bajos
y menos protección laboral.
Nada complicado.
Por eso hay más cuchillos
tratando de cortarse el pan
en el cuello
de las víctimas.”

VI

Sorpresivamente, en “Fantasma recorriendo,” la poesía, como si se saliera del poemario publicado en 2006, se deja seducir por la perversidad del coronavirus que nos ataca. De repente, el poema que empieza con el juego sexual de rigor,

“Lo que produce esta mano ahí.
Los engranajes humedecidos por mi deseo
que quiere hacerse estructura
con tu carne
–por favor, no hablemos del espíritu ahora—.”

toma un giro inesperado.

La poesía salta hacia nuestra realidad, que es una pesadilla en pleno devenir vírico; desplazamiento que crea, en otro poema de Moneda de sal (2006), “Vientos,” un remolino de ambigüedad siniestra:

“Soplan vientos como aquellos tiempos.”

Sí; aprehensión. Ante la turbulencia de aquellos vientos, una nueva piel, como si fuera una membrana de hule, le crece a la segunda y última estrofa de “Fantasma recorriendo”; fragmento de un imán que empieza con esta pregunta:

“¿En qué estación ha quedado
el fantasma que recorría
el mundo?”

La idea de que el virus se haya quedado varado en una estación sin nombre en tierra de nadie, conmueve. Pero la seducción poética dura poco. La poesía, contrario a lo que pensaba Platón, no engaña, por lo cual, la próxima pregunta del poema crea una fricción literaria parecida al ruido:

“¿Qué debe morir para que reaparezca?”

La pregunta no parece tener mucho sentido, a menos que, lo que produce escozor, pensemos en rebrotes. Por ejemplo, una vez aplacado, para que reaparezca el virus debe morir la solidaridad que vela por el bien común. Independientemente de cómo se entienda la pregunta, la respuesta espanta: si se abre la economía antes de tiempo, como quiere el neofascismo trumpista, debe morir gente…

Reajuste; cambio de enfoque. El poema le da la vuelta, en busca de “lo contrario,” a la pregunta friccional,

“¿Qué debe morir para que reaparezca?”

lo que transforma el fantasma en un ente filosófico más denso:

“El otro, espectral,
se abre paso con su máscara letal.”

Sentimos el frío en los pies. Nos parece verle la máscara al otro letal del coronavirus en su macabra danza de la muerte de Wuhan a Nueva York, pasando por Italia y España. Sobre todo, el caso de los asintomáticos, que bailan al son de una música que desconocen, rompe los cánones de la perversidad viral.

El efecto poético nos vuelve a golpear; esta vez, desde el último verso, con un golpe de oxígeno. Intensidad de una sintonía que incide intersubjetivamente en la pregunta contraria que plantea el poema al final:

“¿Qué hacer para que desaparezca?”

Sí, ¡qué se vaya!

VII

Un virus (el neoliberalismo) es peor que una bacteria (el capitalismo).

En “Mi bolsillo,” Moneda de sal (2006) lo esboza así:

“Tengo seis dólares en el bolsillo. Tres veces más que 2,861 millones de personas en este momento.”

Con fuerza para voltear el mundo, el virus, que es, según Zizek, lo más “estúpido” de la creación, pone en jaque la “peor forma” de capitalismo (paráfrasis de Chomsky).

El neoliberalismo se muerde la cola:

“La pandemia del coronavirus ha paralizado a la globalización neoliberal hegemónica, que pasa de ser un modelo de puertas abiertas a terminar acuartelada en las casas de la población mundial” (Eduardo Arroyo Laguna, 2020).

Colofón. Como medida antineoliberal, preventiva de los excesos del capitalismo de casino, el “Tratado para una nueva economía” de Moneda de sal (2006), valiéndose de un imaginario erótico, le hace frente a la cultura del individualismo posesivo del narco-neoliberalismo-neofascista de la modernidad-colonialidad, reivindicando el valor de uso desde un verbo con pronombre recíproco:

Sobrio propongo esta nueva economía:
Intercambiarnos,
asumir la lentitud de las transacciones,
trabajar el sudor con artesanal paciencia,
desacelerar hasta el cansancio.”

Más artículos del autor
* Francisco Cabanillas (1959, Puerto Rico) enseña lengua castellana, cultura y literatura hispanoamericana en Bowling Green State University, Ohio. Ha publicado cuatro libros de ensayo: Escrito sobre Severo (1995), Pedreira nunca hizo esto (2007), K-lores del trópico: ensayos transboricuas (2012) y Ensayos silenistas (2014). Miembro de LoQueSomos

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