Una declaración de guerra

diana344Gabalaui*. LQSomos. Julio 2015

La Unión Europea actual está viciada de inicio. Las críticas del modelo no surgen en la crisis financiera de finales de 2008 sino en plena construcción de la Unión, en la década de los 80 del siglo 20, que ya aventuraban lo que actualmente estamos viviendo. Europa fue construida de espaldas a los ciudadanos. Lejos de ser una unión de ciudadanos y países soberanos fue una unión de mercaderes que ha dominado la política económica europea en estas décadas. Pero, además, los ciudadanos dieron la espalda a la construcción europea. Una entidad extraña que no se sabía cómo encajar en lo nacional y lo local, desconocida por falta de interés pero también porque el Estado nunca ha tenido interés en dar a conocer. La aprobación del Tratado de Lisboa fue uno de los momentos más lamentables en la historia de la Unión, rematada con el doble referéndum irlandés. En el Estado Español, quienes votaron a favor del Tratado desconocían de qué trataba y los políticos del PSOE, que gobernaba en aquella época, basaban su narrativa en que votar en contra era una postura antieuropeísta en la línea de la ultraderecha de Le Pen. Con estos argumentos más el desinterés ciudadano por todo lo que venía de Europa, se consiguió el objetivo marcado por las instituciones europeas, que los ciudadanos votarán sin saber lo que votaban. En esto se puede resumir lo que han significado las personas en el proyecto europeo.

El uso de mecanismos democráticos no hacen democracia y si de algo carece la Unión Europea es de principios democráticos. Eso sí, elecciones cada cuatro años para elegir al Parlamento europeo. La ilusión de decidir inyectada en vena. Los que mandan, unos pocos. Los países menos soberanos y más obedientes. Las imposiciones, los chantajes y las amenazas una forma de hacer política. Y todo esto bajo el manto de la ficción democrática. No hay nada como ir a una reunión de primeros ministros para que te digan lo que tienes que hacer o te quiebran las piernas. La Troika o las Instituciones o como quieran llamarlos cumplen la misma función. Doblegar a los que defienden tesis diferentes, humillar a los que pretenden debatir en igualdad de condiciones y eliminar cualquier posibilidad de aplicar políticas contrarias a las impuestas. Es una agresión en toda regla. Somos testigos de la declaración de guerra de la Unión Europea a uno de sus países miembros por atreverse a contradecir sus órdenes, por intentar utilizar la democracia para fortalecerse ante las negociaciones con sus verdugos. ¡La democracia!, una herejía en la Europa de los mercaderes. Aquí solo vale obedecer. Sé obediente y te esquilmamos civilizadamente. Desobedece, aunque sea un poquito, y serás víctima de la ira de los dioses.

Grecia estaba vendida de antemano. Un país solo no puede hacer frente a la Unión. Su mínimo acto de desobediencia, aunque enorme en el desierto que le rodea, ha sido suficiente para sufrir la ira de los dioses. Nada cambiará en esta Europa si los pueblos no son conscientes. Si dejamos solos a quienes simplemente intentan resistir. Ser europeo pasa por rechazar a la Unión y lo que representa. No nos podemos quedar en el producto que nos han vendido, ese que habla de solidaridad, derechos humanos y democracia. Ninguno de los tres conceptos forman parte de los principios de quiénes lideran este proyecto fallido. La Unión Europea es el instrumento ideado para someter a los pueblos de Europa. Es la bota encima de nuestras cabezas. Ponernos frente a aquellos que representan a la nueva y moderna tiranía es un deber democrático. Grecia es España, Portugal, Italia y cualquier otro pueblo. Lo que hacen al pueblo griego se lo hacen a todos los pueblos de Europa. Solo es cuestión de tiempo…y un poquito de desobediencia.

* El Kaleidoskopio

Un comentario sobre “Una declaración de guerra

  • el 31 julio, 2015 a las 04:41
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    Siglo XX (y XXI) Cambalache, frenético y febril: una porquería, no hay quién lo niegue…
    La Bomba
    El Universo Mundo anda dividido entre ricos y pobres hace ya como ocho milenios de nada. Enfrentados. Las distintas oligarquías, desde el esclavismo al capitalismo, pasando por la servidumbre, han mostrado un rasgo patológico común, ,a lo largo de los siglos: además de su irrefrenable e insaciable codicia, su desprecio y miedo a las masas desposeídas. Es lo que les ha permitido arrastrar a naciones enteras y generaciones a guerras insensatas, a permanente penuria y hambrunas (incluidas las incompresibles de la actualidad) y las argucias demagógicas ‘reformistas’ y ‘democráticas’, o la descarnada violencia despótica, para conservarse en el poder (bebiendo sangre joven) y sus ganancias de la explotación (y el expolio nacional). Al desdén por los desfavorecidos, la mayoría «fracasada» (con algún colchón servil y consumista de clase «media») se añade el miedo. La conciencia de la injusticia permanente, el absurdo de un sistema que mantiene sus privilegios discriminadores y obsoletos, reflejado en el dolor de que son culpables. Es lo que exaspera su ensañamiento, contra la víctima constante y la potencial amenaza. Lo disimulan con grandilocuencua huera, Declaraciones, Derechos, Constituciones, Tradición, Patrias, Libertades…pero, a veces se les va la pinza y hablan claro: Kissinger, Roosevelt, Hitler y muchos otros, argumentaron contra la superpoblación, los improductivos o, simplemente, los infrahumanos. Defendieron genocidios reales o deseados, mientras practicaban masacres por acción u omisión (el incremento de muertes derivadas de la actual crisis en nuestro país, y la reducción de esperanza de vida para las masas del pueblo, son paradigmáticas). Pero, a lo que voy: este mes de agosto se recuerda el crimen de lesa humanidad (colofón o precedente de los bombardeos masivos de la Segunda Guerra Mundial, la de Corea, la de Vietnam-Laos-Camboya, la Palestina, entre otras masacres indiscriminadas contra onjetivos civiles, auténtico terrorsmo, incluidos el 11S, 11M y 7J)) cometido por el gobierno norteamericano al lanzar dos bombas atómicas contra el vencido imperio nipón, borrando dos ciudades y advirtiendo a Stalin del reparto asimétrico del mundo pajo su hegemonía (frenando definitivamente la Revolución Socialista durante el siglo XX). La única potencia mundial capaz de asesinar más de un cuarto de millón de personas con armas nucleares (y seguir «justificándolo») hasta la fecha, han sido los estadounidenses. Desprecio, racismo y clasismo, llevan a genocidios bélicos, sedición militar, invasiones, subversión y matanzas políticas, con total impunidad y cinismo. Olvidar es permitir la contumacia. Recordemos: el 6 y el 9 de agosto, Hiroshima y Nagashaki.

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