Una escuela que no se lo come todo

¿Qué hay detrás de una “comida feliz”?

Hambre y obesidad, consecuencias de la globalización agraria y alimentaria

¿Cómo y cuándo educar en un consumo responsable a niñ@s y adolescentes?

La inseguridad alimentaria hoy es también un problema educativo.

La inseguridad alimentaria en lo que respecta a la cantidad y distribución de los alimentos, es un problema antiguo y sangrante por ser la causa directa de la malnutrición, el hambre y la muerte de una parte significativa de la población mundial. Esta es la dimensión cuantitativa de la inseguridad alimentaria.

La calidad y la seguridad de los alimentos que comemos está cada vez más en entredicho a raíz de los escándalos alimentarios. Con ello, crece la desconfianza de la población. A su vez, se han puesto de manifiesto las contradicciones de la alimentación actual. Los ingredientes: dioxinas en los pollos, priones locos en las vacas, transgénicos y antibióticos para el engorde; las formas y condiciones de producción y de trabajo en el campo y en las industrias de transformación:

Intensificación de cultivos y ganado, alteración de los procesos naturales, competitividad y abaratamiento de costes a ultranza, mano de obra precarizada en las industrias de transformación y empleada en condiciones de esclavitud en los invernaderos; las formas de distribución y consumo:

Concentración y monopolio de empresas transnacionales que controlan producción-distribución-consumo, predominio de grandes superficies que ofrecen gran variedad de alimentos importados a bajo coste y que emplea a jóvenes mediante contratos basura, generalización de restaurantes de comida rápida, etc. Esta es la dimensión cualitativa de la falta de seguridad alimentaria que afecta a la salud.

En un lado, las cifras del hambre que no han parado de incrementarse desde que, bajo el marco de Hot Sprints en 1943, se crea la FAO (Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación) encargada de emprender políticas mundiales para resolver este problema.

Actualmente hay 842 millones de personas hambrientas2. A su vez, el 20% de la población mundial padece una subnutrición crónica, o lo que es lo mismo, no dispone de los medios para alimentarse adecuadamente3.

En el otro lado, las cifras de una obesidad creciente, que se aproxima rápidamente al número de personas subalimentadas. Unos 1000 millones de personas en el mundo tienen un peso superior al normal y el número de personas obesas se ha duplicado prácticamente en 10 años.

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* Centro de Asesoría y Estudios Sociales

Antonia Galván, por parte de la Plataforma por la Defensa de la Escuela Pública

Pilar Galindo, por parte del Grupo Autogestionado de Consumo (GAK) de CAES

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