Una historia del «talego»

Por Manuel Salguero. LQSomos.

Presos a la calle y carceleros también
(Pintada)

“Ningún humano es suficientemente bueno para ser carcelero”.
Lewis*.

A finales de los 80 del siglo pasado, Instituciones Penitenciarias, dijo un año que no tenía presupuesto para la fiesta de navidades que solía hacerse, tanto en la cárcel de hombres de Carabanchel como en la de mujeres de Yeserías.
Las cárceles entonces además de estar a rebosar, la drogadicción y el SIDA estaban haciendo estragos, y los presos, tanto comunes como políticos, estaban olvidados, excepto los vascos que estaban organizados y se acordaban ellos mismos.

Desde Radio Vallekas, surge la propuesta de realizar esa fiesta desde fuera de la cárcel. Tomando el tema como que Instituciones Penitenciarias, o alguien, pretende penalizar a los presos de estas cárceles, porque era algo ya habitual que a final de año se hiciesen conciertos en los centros penitenciarios, y por el dinero tampoco, como se demostró.

Los colectivos que los hicieron no tenían un duro.

La condición para actuar era, que tenía que ser gratuita, como lo era toda la gestión, para organizar tres conciertos; dos en Carabanchel y uno en Yeserías.
Se daba el caso, de que alguno de los acompañantes de los instrumentos de quien iba a actuar, sí pedía que se le pagase, o algún viaje u otros gastos accesorios imprescindibles, para lo que se organizó un bote, en las distintas organizaciones, que simpatizaban con la idea.

Desde Radio Vallekas, el programa MAS (Muerte Al Sistema) y otros más, pasa a otras radios libres, que habría como diez o doce en Madrid, y comienzan a participar una amalgama de colectivos. El Ateneo Libertario de Vicálvaro, centros okupados, organizaciones de familiares de presos, el sov de la CNT de Madrid, organizaciones de jóvenes de autonomía obrera, del anarquismo, republicanos.
Actuarían también una lista variada: Chicho Sánchez, Ferlosio, Julia León, (cantautores), el Mecánico del Swin, (swin), Excálibur (rock, de Palomeras), Ruth y los… (rock-celta de Leganés), y otros grupos musicales de jóvenes que comenzaban en los barrios madrileños.

Desde dentro, un colectivo de presos periodistas filmó los conciertos, para aquellos que por cualquier circunstancia no pudiesen verlo y lo pasarían en las dos cárceles.
Entre medias estaban los controles, para entrar y salir personas, instrumentos y vehículos, con un arco anti metales graduado de tal manera, que si el día anterior habías comido lentejas, pitaba.

Chicho comenzó cantando “Me cago en la Ley”, luego, Julia “La chica de la gran ciudad”, y así uno tras otro fueron actuando, y se celebraron los conciertos, bajo el agradecimiento de los presos, que alguno no se llegaba muy bien a creer lo que veían.

Tras uno de los conciertos, el director de la cárcel de Carabanchel nos invitó a una cerveza en el bar de dentro del centro penitenciario. Durante el trayecto al bar, el director intentaba entablar conversación con Julia León sin conseguirlo, una vez dentro del bar, Chicho, le pregunta al director: ¿Cómo es posible con los controles tan férreos como nos hecho para entrar, se pueda introducirse droga en la cárcel?
Estaba visto que no era el día del director.

* Título y frase publicado en el libro de A. G. Rufo “Cualquier noche puede salir el sol”. 1978.

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Colonias penitenciarias – LoQueSomos

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