Una posibilidad de cambio

Juan Gabalaui*. LQS. Enero 2019

Las mentiras se rebaten con argumentos, con información y con datos. La estrategia es la pedagogía. Explicamos pero también señalamos las falsedades, las mostramos y las reducimos a lo que son. Simple palabrería

Debemos dejarnos de debates baldíos. Existe una corriente global que está dando una explicación de los problemas sociales y políticos con indudable éxito. Las narrativas populistas de la derecha extrema se están imponiendo en lugares tan variados como Filipinas, Estados Unidos o Italia. Son capaces de convencernos de que nuestros problemas son la [inventada] invasión inmigrante y no el cambio climático o que debemos de preocuparnos más de las políticas de género que de la desregulación económica que nos empobrece de forma sistemática. El VOX español es una variante nacional de lo que es el Frente Nacional en Francia, la Liga en Italia, Duterte en Filipinas o Trump en Estados Unidos. Estos son la punta del acero, el estilete, el alfiler que nos agujerea. Permiten que nuestra atención se traslade de Albert Rivera o Pablo Casado a un político mediocre y manipulador como Santiago Abascal. De repente, Rivera se convierte en una solución aunque sus planteamientos sean también peligrosos social y económicamente. Manuel Valls que expulsó a gitanos de Francia avisa de la necesidad de un cordón sanitario frente a VOX. Esta es la paradoja. Al que no le tembló el pulso a la hora de expulsar a familias gitanas de su país, nos pide ahora protegernos de aquellos que tampoco dudarían en expulsar a inmigrantes y sus familias. Entonces, ¿es Abascal una mayor amenaza que Rivera y Casado?

Las mentiras forman parte del argumentario de la derecha y de la extrema derecha. Son aquellas que nos hablan de las denuncias falsas en los casos de violencia de género, en su revuelta contra la teoría de género y sus implicaciones políticas, a pesar de que los datos lo niegan. Son las que nos dicen que estamos viviendo una invasión de inmigrantes cuando los datos lo niegan. Son las que nos dicen que lo sucedido en el año 2017 en Catalunya fue un golpe de estado o que un partido de práctica socialdemócrata, como Podemos, es comunista. No estamos hablando de un debate de ideas sino de la deformación de la realidad para defender un posicionamiento político. Es más eficaz manipular emocionalmente si construyo una realidad en la que se ha producido un golpe de estado realizado por separatistas que odian España y quieren liquidarla. Esta frase ha sido tan poderosa que la creen miles de españoles. Aunque sea falsa. Intentan aglutinar, alrededor de ideas falsas, a personas contra personas. Confrontan a la sociedad. Se posicionan contra las personas inmigrantes, contra las feministas, contra las defensoras del aborto, contra los que quieren tener la capacidad de decidir y, por supuesto, contra los perversos comunistas, actualmente inermes e inofensivos. Esta es la diferencia que existe entre los que se movilizan desde planteamientos izquierdistas y los derechistas. Estos últimos se movilizan contra derechos. Su objetivo es restringir, limitar o eliminar derechos fundamentales.

Las mentiras se rebaten con argumentos, con información y con datos. La estrategia es la pedagogía. Explicamos pero también señalamos las falsedades, las mostramos y las reducimos a lo que son. Simple palabrería. Gritar, insultar y ponerse como una hidra solo les hace más fuertes. Es más poderosa la firmeza y la claridad en la exposición. Es fundamental que no solo señalemos los problemas, y sus causas, sino también que los abordemos. Es fundamental un plan de acción que permita explicar que esos problemas, reales, que sufren las personas, reales, se pueden solucionar de una determinada manera, sin necesidad de confrontar a las personas, de señalar chivos expiatorios o violentar derechos básicos. Tenemos que crear nuevas narrativas que transformen las actuales explicaciones racistas o xenófobas de problemas reales, en problemas reales a los que se les va a dar una solución. A veces negamos la existencia de estos problemas porque nos centramos en las expresiones racistas [o discriminatorias de género o ideológicas] de aquellos que los sufren. Es este uno de los recovecos donde actúa la extrema derecha, que les reconoce su problema y les convence de que la solución es expulsar a los inmigrantes o eliminar las leyes de género o encarcelar a los disidentes. Los contextos de incertidumbre son idóneos para el crecimiento de fuerzas de extrema derecha. Por eso tenemos que transformar la incertidumbre en claridad, saber hacia dónde vamos y qué queremos.

El campo de batalla dialéctico tiene que desplazarse a aquellos que están en las antípodas ideológicas, moverse en territorios incómodos. No hay nada más improductivo que debatir ante un auditorio amistoso. No se puede convencer a los que ya están convencidos. Solo sirve para regocijarse en la arrogancia ideológica y la falsa autoridad moral. Lo realmente provocador, que supone un desafío intelectual, es defender tus ideas ante un auditorio esquivo. El funcionamiento electoral favorece los espacios estancos y el discurso dirigido al cercano. Los que están más apartados acuden a otros espacios donde se les refuerza en su idea. En esta dinámica es dónde se encuentran cómodos los partidos políticos. Lo contrario les enfrentaría a aterrizar sus ideas en la realidad y, no, esto no va con los partidos que se dedican a vender sueños. En este sentido el panorama es desolador. No hay partido político en condiciones de dar la batalla. El campo de batalla se debe dar, preferentemente, en los medios de comunicación y en las redes sociales pero, también, por ejemplo, en las conversaciones entre amigos. Cada vez que eludamos el debate con el menosprecio, la arrogancia o la etiqueta incapacitante, estaremos dando oxígeno a la derecha reaccionaria. Desplazar el debate, del insulto y el menosprecio a las ideas, nos situaría en un espacio más peligroso pero con mayor capacidad de transformación. La contrarreacción sería más virulenta pero ante las ideas, les desarmamos y abrimos una posibilidad de cambio.

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