Vegetarianos y carnívoros

Nònimo Lustre*. LQS. Enero 2020

Servidor-de-dios-y-de-usté no sabe si el Homo sapiens comenzó siendo carnívoro o vegetariano. Y no lo puede saber porque no sabe -no sabemos- cuándo y dónde ubicar temporal y espacialmente el origen del mentado Homo: ¿hace tres millones de años con Lucy en el Rift?, ¿300.000 años con los sapiens saliendo de África?, ¿100.000 con esos mismos señores y señoras haciendo monerías que, evidentemente, no eran simiescas sino humanas? Más todavía, si, antes de analizarlo, damos por zanjado el problema del dónde y cuándo, aún estaría lejos de ser realmente resuelto puesto que seguiríamos sin poder responder a la pregunta clave que hoy abordamos: el Sapiens se irguió siendo ¿carnívoro o vegetariano? El sentido común nos aconseja contestar que depende. El bípedo implume se extendió por medio mundo y bueno es recordar que en esa mitad hay una enorme variedad de ecosistemas. Por ende, depende: no puede ser lo mismo comer carne -o carroña- en lugares donde hay pedradores que, velis nolis, facilitan el carnivorismo que en sitios donde hay cierta abundancia para recolectar vegetales. No son lo mismo la sabana africana y la taiga que las mesopotamias o los estuarios. En el primer caso, el Sapiens comenzó a serlo priorizando la carne -moluscos y peces incluidos- sobre las recolecciones de los escasos vegetales. En el segundo caso, al revés.

Pero el tema de hoy no es tan enjundioso como el que prefiguran las anteriores disyuntivas -en el fondo, no son dicotomías radicales sino modelos arbitrarios-, sino algo más sencillo, más visible, más epifenoménico si se quiere, más pata rajá pata en el suelo: la sospecha de que el imaginario occidental se nutre casi exclusivamente de la opción carnívora, al menos en las ilustraciones -estáticas y no digamos animadas-. Llevamos bastante tiempo observando los registros gráficos y podemos asegurar que la inmensa mayoría reproduce escenas de caza. Da igual que retraten a homininos que a homínidos, a sinensis que a javanensis, a neanderthales que a cromañones, todos ellos salen en la foto matando mamíferos -a ser posible, megafauna- y devorando chuletones. Raras veces se atiende a la recolección y ninguna a la casquería carroñera. Sin embargo, es obvio que la opción vegetal fue la preferida en los biotopos que así lo aconsejaban a sus huéspedes sapiens. Por ello, hoy trataremos de compensar ese desequilibrio recogiendo unas pocas de las escasas ilustraciones de la Prehistoria ‘vegetariana’.

Por supuesto, a efectos de continuar analizando esta vieja polémica, también cabe preguntarse si los animales son carnívoros o vegetarianos. Popular y clarísimamente, muchos lo son en uno u otro sentido. Nadie le ofrece carne a un bóvido -excepto las empresas ganadero-cárnicas que les atiborran con hormonas, antibióticos… y carne. Y nadie le ofrece verduras a un gato -aunque su pienso industrial contenga de todo y no todo bueno. Dejando aparte estos extremos, veamos una lista de animales ‘vegetarianos’:

Algívoros….. Algas….. Cangrejo, krill, flamenco, erizo de mar
Frugívoros… Frutas…. Un tipo de lemures
Folívoros…… Hojas….. Koala
Nectívoros… Néctar…. Zarigüeya mielera
Granívoros… Semillas. Un pájaro hawaiano
Palinívoros… Polen…… Abeja
Mucívoros…. Fluidos vegetales, saviasÁfidos
Xilófagos…… Madera.. Termitas

Reconstrucción del cráneo OH5
Reconstrucción del cráneo OH5
Zdenek Burian: mujer recolectora u hortelana

Si hay infinidad de animales ‘vegetarianos’, no ocurre lo mismo con el Homo. Al parecer, sólo hay registro de un antiquísimo antecesor cuyo fósil indica que era vegetariano: el Paranthropus boisei. Este medio austropecino medio Homo, de hace 1,75 millones de años, fue estudiado en 1959 por Mary Leakey en la fructífera garganta de Olduvai y es la excepción no sólo de la regla general del carnivorismo prehistórico humano sino también de la frase antecitada sobre la propensión a la carne que facilitaba la sabana africana. Por ahora, no hemos encontrado otro ejemplo de (pre)Homo vegetariano (OH5).

Otro ejemplo de imagen excepcional la conseguimos entre los miles de dibujos del artista checo Burian. Vaya la ilustración de abajo en su homenaje (ya citamos a Burian en el poste “Miscelánea Neolítico-Moderna”; 13.I.2019; y lo acompañábamos con un comentario sobre el hirsutismo femenino).

Si nos allegamos hasta el presente, reconocemos que el omnivorismo es la regla cuasi general en las sociedades actuales. Pero, como toda regla y/o modelo, también tiene sus excepciones. Los jainitas, los hindúes en general y hasta minorías como los Amish son vegetarianas. Y si nos referimos a los póngidos como simios más cercanos al Homo, recordemos que los gorilas comen hierba y frutos de los árboles pero que los chimpancés (Pan troglodytes) y sus primos pequeños, los bonobos (P. paniscus), son omnívoros.

Por otra parte, dícese que los colmillos señalan con certeza la dieta de su propietario. Si eso fuera totalmente verdad, los caninos identificarían a los carnívoros mientras que las muelas redondas, planas y con corona, serían exclusivas de los vegetarianos. Cierto… aproximadamente porque que el Homo tenga caninos algo prominentes no es garantía absoluta de que seamos obligatoriamente carnívoros mientras que el hecho de que los gorilas luzcan unos impresionantes colmillos es convencionalmente contradictorio con su dieta herbívora.

Dieta paleolítica para gentes que no viven en nada ni remotamente parecido al Paleolítico -y que habitan en paisajes cero ‘prehistóricos’

Por todo ello, son ridículas la gran mayoría de las dietas recomendadas por los nutricionistas charlatanes. Su éxito -cuasi imposible de verificar por terceros-, depende más de la persistencia del ingenuo -léase, su fanatismo light-, que de las propiedades dietéticas que venere. Pero no creamos que la dietética fashion se limita a los ricos occidentales porque las preferencias del imaginario permean incluso los presupuestos etnográficos; ejemplo: en los años 1970’s y 1980’s, se puso de moda creer que el ansia por las proteínas de alto grado -las de origen animal-, condicionaban algunas sociedades ‘primitivas’. Incluso ilustrísimos legos como Marvin Harris pontificaron que los Yanomami estaban en guerra perpetua merced a su obsesión por acceder a territorios fértiles en caza -una moda basada en datos apresurados que el tiempo se encargó de reducir a su justo término.

Pues bien, de todas esas dietas milagrosas, la más estrambótica es la moda de la “dieta paleolítica” (ver gráfico abajo) Para empezar, da por hecho que el Homo era carnívoro primero y omnívoro a la vez o después pero ¿a qué Homo se refiere?, ¿solamente al del Paleolítico mediterráneo-mesopotámico o también al javanés o al azteka? Para continuar, ¿cómo cocinar esos ingredientes? Si los freímos, ¿cuánta elaboración del aceite podemos admitir? Si los asamos, ahumamos, desecamos, etc., ¿hasta dónde debemos llegar en esas manipulaciones? Y para finalizar: hagamos lo que hagamos, no vivimos en el Paleolítico sea de donde sea y, por supuesto, nuestro entorno natural no es paleolítico. Ni, para concluir, nuestra sociedad es la de entonces ni podemos reconstruirla. Moraleja: unos estómagos entrenados en el primitivismo no son suficientes para modificar ni al individuo ni, mucho menos, a la sociedad.

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