Venezuela, otra estrella

Silvia Delgado*. LQS. Febrero 2019

Y yo me pregunto dónde está la paz.
Digan a qué abismo la arrojaron
cuando el mundo comenzó a andar
y éramos apenas invitados de la tierra

De nuevo las bestias entraron a saco en Venezuela. Lo cierto es que nunca se fueron.
Su historia es de sangre, de águilas sobrevolando su cielo siempre al acecho.
Su historia guarda silencio cuando hay que hablar de lo importante, cuando calumnian a quienes defienden sus calles hermosas, sus selvas dañadas, sus pueblos coloreados con niños que cantan y ríen. Y ríen y bailan. Y sueñan con crecer saludables.
Su historia presente calla o nos miente.
Porque codician su tuétano negro y espeso, sus brazos baratos, sus hijos esclavos. Ansían poner de rodillas a quienes se alzan desafiantes entre el murmullo de cómplices.
Su historia presente secuestra y embarga los víveres, los libros, las medicinas acusando a Bolívar.
Y hoy Venezuela no puede rendirse.
Sin brújula perderá el rumbo, naufragarán los pueblos, anclarán sus esperanzas al imperialismo.
Hoy Venezuela encaja los golpes y resiste.
Sobre la lona fascista, en un combate amañado, aún se defiende.
Anochece en América latina.
Están lapidando una estrella.

¿Dónde está la paz?

Y yo me pregunto dónde está la paz.
Digan a qué abismo la arrojaron
cuando el mundo comenzó a andar
y éramos apenas invitados de la tierra.

Dónde la escondieron esos dioses
que empalaron la alegría
y dejaron que los pueblos murieran
de miedo al pecado que no conocían.

Dónde está, en qué mazmorra,
en qué fuego se quema,
desde qué océano pide auxilio,
entre qué cadáveres se pudre
como si no tuviera prisa en morirse,
como si aún pudiera agarrarse a nuestras vidas
y convertir su agonía en trigo que se multiplica.

Dónde está, porqué nunca supimos
cómo se respira con su aliento puro,
por qué conocemos de ella sólo su nombre breve,
sólo su idea truncada,
sólo sus enemigos temibles.

Dónde está, dónde.
Desde algún lugar debe oír que la llamamos.
En selvas y en volcanes. En calles y mares.
En guerras, en hambre.
Con voces roncas en mil idiomas.
Dónde estás, maldita sea,
Dónde.

– Ilustración de ENEKO
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