Vicente Cuervo: olvido sobre olvido y van 41

Iñaki Alrui. LQS. Febrero 2021

Éramos jóvenes, inquietos, y la protesta política siempre cargada de ilusiones estaba acompañada de impaciencia cultural por descubrir muchas páginas de la vida que recibíamos tapadas de mano de la dictadura…

Yo no puedo callar
cuando el corazón me da gritos.
Fiódor Dostoyevski

Este 10 de febrero se cumplen 41 años del brutal asesinato de Vicente Cuervo Calvo. Le cercenó la vida una bala disparada por un fascista a corta distancia, apuntando a matar, desde la frialdad con la que las bandas fascistas ejecutaban sus crímenes en aquellos años de sangrienta transición.

Sobre Vicente me atreví a escribir algo en 2005, los recuerdos de aquel día siguen estando frescos (1), y los de los días anteriores también: Vallecas se organizó días antes para responder a la visita de provocación fascista que tenían prevista los acólitos de Fuerza Nueva. Fueron días de mucha actividad en el barrio y una de las pocas ocasiones, en aquellos años, en las que confluimos todas las fuerzas políticas y asociaciones del barrio, marxistas o anarquistas. Nadie estaba dispuesto a ceder a la provocación del fascismo que campaba por las calles de Madrid, siempre con la connivencia de la policía, que en decenas de ocasiones hacía bloque con ellos tras muchas de las siglas que utilizaban para sus constantes fechorías.

El domingo 10 de febrero de 1980, los alrededores de lo que se conocía como plaza del cine París era un hervidero de gente no solo del barrio, sino de todo Madrid. El Madrid antifascista estaba concentrado, con la tristeza y rabia por el asesinato de Yolanda González (2) todavía fresco en las cabezas de tod@s. Los fascistas que llegaron en su mayoría camuflados en taxis apenas pudieron dar cuatro gritos y tararear su canción. De hecho, para salir de la plaza tuvieron que venir de nuevo a buscarlos taxis de todo Madrid (la logística corría a cargo de las FOP). La policía, como era habitual, cargó contra quienes protestábamos ante la presencia de Fuerza Nueva, una organización que carecía de representación en Vallecas. Vinieron las carreras, la dispersión, los “saltos” de protesta… Algunos grupos de fascistas salieron en bloques compactos (sin ocultar las cadenas o las barras de hierro)… Hace 41 años, era domingo.

Vicente hoy tendría 62 años, tendría cientos de historias para compartir…

Algo de luz se ha ido arrojando en estos últimos años sobre todo aquello. En 2017 el diario “El Mundo” (3) publicaba una breve nota con algunos casos, entre ellos el de Vicente Cuervo, y el pasado año el diario “El País” (4) daba nuevos detalles sobre este caso. Pero la gran verdad es que los crímenes de la transición siguen tapados, ocultos, es la zona negra de la democracia. ¿Dónde están los asesinos? ¿Los cómplices? ¿DÓNDE ESTA ENCERRADA LA VERDAD? Cuesta mucho creer en un sistema que habla de libertades pero apenas juzgó esos crímenes, y los pocos condenados nunca cumplieron sus penas de prisión. Se ha construido el relato de la democracia sobre cientos de asesinados en la transición y de la mano de la impunidad con los criminales (5).

La represión tenía —y tiene— la función clara de mostrar las consecuencias que puedes encontrarte si tu nivel reivindicativo supera los límites aceptados por el sistema. Y lo que andaba en juego en aquellos años no solo eran determinadas reivindicaciones sociales, sino particularmente el modelo de organización política que iba a regir el futuro del estado español, y los mecanismos de libertad o represión que regirían las relaciones y conflictos entre grupos y clases sociales. De aquellos polvos, estos lodos…

Yo no conocía a Vicente, ni a los miles de jóvenes que en aquellos años nos juntábamos en Madrid para pelear por los derechos, para hacer un mundo mejor del que recibíamos, pero sí sé que compartíamos muchas cosas, las más importantes. Éramos jóvenes, inquietos, y la protesta política siempre cargada de ilusiones estaba acompañada de impaciencia cultural por descubrir muchas páginas de la vida que recibíamos tapadas de mano de la dictadura; escuchábamos a Lou Reed con la misma intensidad que el folk del Nuevo Mester de Juglaría, leíamos Trabajo asalariado y capital de Marx combinándolo con El hombre rebelde de Camus, aprendíamos, trabajábamos, estudiábamos, vivíamos haciendo nuestro camino vital, político, forjábamos nuestros sueños.

Sin conocer a Vicente, sé que compartí con él los gritos de justicia en la calle, la solidaridad con el otro, la defensa de las utopías.

Vicente hoy cumpliría 62 años, tendría cientos de historias para compartir. Cuarenta y un años después de su asesinato, y los que hagan falta, seguiremos nombrándole en nuestros relatos, su nombre es parte de la historia de nuestra vida. A Vicente le cortaron de raíz algo que compartíamos en los inicios de la década de los ochenta: ¡la alegría de la vida!

¡¡¡No olvidamos!!! La transición fue sangrienta. ¡Verdad, Justicia, Reparación!

#VicenteCuervo41AñosContigo

Notas:
1.- Crimen contra Vicente Cuervo Calvo
2.- Yolanda González
3.- Los grandes olvidados de la Transición española
4.- Atisbos de luz en el asesinato de Vicente Cuervo
5.- En la actualidad hay varios proyectos de plasmar en papel, aportando nuevos datos, los crímenes de la transición. Pero siempre nos quedaran estas dos obras trabajo de investigación:
La sombra de Franco en la Transición. Alfredo Grimaldos Feito
La transición sangrienta. Mariano Sánchez Soler
Y en esta web: La Transición ensangrentada

Más artículos del autor. Miembro del Colectivo LoQueSomos. En Twitter: @IkaiAlo

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